San Juan Bautista

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miércoles, 21 de agosto de 2013

EL PROGRESISMO ES JUDAICO – Por Carlos A. Manfroni


  Si hubiera de elegirse una característica del pueblo judío que pinte a éste de un solo trazo, esa tendría que ser -a nuestro juicio- su temporalismo; es decir, su tendencia a rebajar permanentemente lo eterno al nivel de lo temporal, espiritual al de lo material o sobrenatural al de lo natural, y lo religioso al del rito vaciado de sentido y al campo puramente social o político. Es por ello que esto pueblo, que llegó a hacer cosas extraordinarias por medio de la Fe, se transformó -a partir de la pérdida culpable de esta Virtud- en un pueblo materialista. El pasaje vétero-testamentario del becerro de oro (Ex. 32; 1-6) nos ofrece la imagen real de quienes, abandonando su Fe en el Único Dios Verdadero, depositaron todas sus esperanzas en el brillo deslumbrante del poder material. Esta exterioridad, unida a la soberbia, hizo de los judíos un pueblo inconverso (salvo en una pequeña minoría que abrió su corazón a la Gracia) lo que les valió  los severos juicios y advertencias de Nuestro Señor Jesucristo y los Profetas:

"Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que sólo son preceptos de hombres".(Mt. 15;8-9 / ls.29; 13)
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia"(Mt. 23; 27)

"¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas". (Le. 11; 43)

"Vosotros juzgáis según la carne
"Vosotros sois de abajo.
Yo soy de arriba.
Vosotros sois de este mundo
Yo no soy de este mundo.
Ya os  he  dicho que  moriréis  en
Vuestros pecados' (Jn. 8; 23*24)



  El Antiguo y Nuevo testamento están colmados de advertencias que, como las transcriptas, revelan la resistencia del pueblo judío a pasar del mero hecho social, político o ritual, a la realidad trascendente del Espíritu y del Mensaje Divino.

  Los Evangelios muestran a cada paso el rechazo de Jesús a las tentaciones del desierto en las que el demonio pretende reducir la Potestad Divina de Cristo a un mero poder temporal; tentaciones —todas ellas— de materialismo y soberbia, sobre las que Nuestro Señor nos advierte: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". (Mt. 4; 4/Dt. 8; 3)
 "Mi Reino no es de este mundo..."(Jn. 18; 36)

  El pueblo no quiso entender a Jesús. Sólo esperaba la simple restauración temporal del reino de Israel y la liberación de los romanos. No pasó del hambre de pan de trigo al hambre de pan de Vida. No vio a la Tierra prometida más allá del suelo que pisaba. En una democrática elección ante Pilatos, liberó a Barrabás y condenó a Jesucristo, y luego injurió al Salvador camino del Calvario.

  Desde entonces, más que nunca, el judaísmo acentuó su exterioridad y su carácter de doctrina política por la que se instruye a los hijos de Sión para conquistar el poder y construir -como en la pretensión de la Torre de Babel— un paraíso en la Tierra. El capitalismo y el marxismo muestran el rostro vivo y feroz de dos intentos de instaurar la tierra prometida en este mundo, al margen de Dios.

  Hoy, el demonio – a través del progresismo- hostiga a la Iglesia con las tentaciones del desierto que Cristo rechazó y el judaísmo aceptó.

  No faltan en el seno de nuestra Santa Madre Iglesia quienes pretenden convertir al cristianismo en una simple doctrina político-social. Las llamadas "Teologías de la Liberación" y su sostenedor: el "tercermundísmo", son la versión "cristianizada" de la exterioridad judaica.

   Los progresistas - consciente o inconscientemente— libran una batalla sin tregua para conseguir la secularización de la Doctrina, de los Sacramentos y de la Liturgia.

  Del mismo modo como el demonio pretendió reducir la Gloria de Cristo a vanagloria mundana y los judíos esperan del Mesías la hegemonía política, así el progresismo lucha por transformar, frente a los ojos de los fieles, la liberación de la muerte, del pecado y de la carne, en liberación política; la Caridad en amor natural; la igualdad cristiana en igualitarismo; la Paz de Cristo en la paz del mundo; la alabanza a Dios en veneración del hombre; el  Santo Sacrificio de la Misa en asamblea del pueblo; la pobreza de espíritu en pobreza material, y la Universalidad   trascendente del Cristianismo en universalismo absurdo, temporal y apátrida.

  Culpablemente destacan la Naturaleza Humana de Cristo omitiendo hablar de su Naturaleza Divina; sobrevaloran la vida terrenal en desmedro de la Vida Eterna, el pan de trigo con menoscabo de la Sagrada Eucaristía y los llamados "derechos del hombre" en detrimento de los Derechos de Dios.

  De mala fe tergiversan los Evangelios para convertirlos —si fuera posible— en un manifiesto político-social, y reducen la realidad trascendente de las profecías a su sentido puramente histórico.

  Hablan mucho de amor a los pobres aunque los ayudan poco, pero sí inculcan el odio a los ricos porque eso les vale ser saludados en las plazas públicas.

  En definitiva, el progresismo lleva el estigma del temporalismo judaico y masónico que pretende proclamar la “religión del hombre” en contra de la Religión de Cristo.

  Al igual que la tentación del desierto, viene disfrazado de una falsa religiosidad, frente a la cual conocemos ya la mejor respuesta: “Al Señor tu Dios adorarás, solo a Él darás culto”.

                                                REVISTA CABILDO 2da. Epoca – Año VIII – 1983 -  N° 70 - Págs. 29-30.


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