San Juan Bautista

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viernes, 30 de marzo de 2018

Francisco niega la existencia del infierno - Alejandro Sosa Laprida


Miles Christi - 29/03/2018
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El diario italiano La Repubblica publicó en la edición de ayer una nueva conversación de Francisco con Eugenio Scalfari, en la que Bergoglio, además de reivindicar el “honor” de ser llamado “revolucionario”[1], negó la existencia del infierno y la inmortalidad de las almas. Transcribo a continuación el pasaje en cuestión:

-Su Santidad, en nuestra reunión anterior me dijo que nuestra especie desaparecerá en algún momento[2] y que Dios siempre creará otras especies a partir de su semilla creadora. Nunca me habló de las almas que murieron en el pecado y se van al infierno por toda la eternidad. Me habló, por el contrario, de buenas almas y me admitió la contemplación de Dios. ¿Pero las almas malas? ¿Dónde están castigadas?

-No son castigadas. Las que se arrepienten obtienen el perdón de Dios y van a la filas de las almas que lo contemplan, pero las que no se arrepienten y por lo tanto no pueden ser perdonadas, desaparecen. No existe un infierno, existe la desaparición de las almas pecadoras. [3]

Ante el revuelo que provocó la noticia, la oficina de prensa del Vaticano se limitó a publicar un escueto comunicado en el que se afirma que “ninguna cita del mencionado artículo puede considerarse una transcripción fiel de las palabras del Santo Padre.”[4] Lo cual, por cierto, dista de ser un desmentido formal de las mismas.

Ya son legión las publicaciones de las conversaciones de Scalfari con Bergoglio durante los cinco nefastos años del actual “pontificado”, siempre escandalosas, repletas de herejías de todo tipo, y invariablemente seguidas por un lacónico comunicado vaticano emitiendo “reservas” en cuanto al carácter fidedigno de las transcripciones efectuadas por el periodista italiano, confidente privilegiado y portavoz oficioso del inquilino de Santa Marta. 

Creo que no es necesario precisar que nos hallamos ante una maquiavélica estrategia de comunicación, manifiestamente deliberada y meticulosamente ejecutada, cuyo único propósito es el de sembrar confusión y crear caos entre los creyentes. Este desagradable y bochornoso incidente, acaecido en plena Semana Santa, en la víspera del Jueves Santo, no es sino una enésima muestra de la maldad diabólica y del cinismo a toda prueba que animan al “Santo Padre”, siempre fiel a su detestable costumbre de “hacer lío”…[5]





[2] « Dios es luz que ilumina las tinieblas y que aunque no las disuelva hay una chispa de esa luz divina dentro de nosotros. En la carta que le escribí recuerdo haberle dicho que aunque nuestra especie termine, no terminará la luz de Dios que en ese punto invadirá todas las almas y será todo en todos. »  Entrevista publicada el 1/10/2013 en La Repubblica - https://www.aciprensa.com/entrevistapapalarepubblica.pdf (cf. p. 10) - Huelga decir que la especie humana no se “extinguirá” nunca: ésa es una idea que está en total contradicción con la revelación divina -quien desearía eso es el demonio, enemigo jurado del género humano-. Y que la “luz divina” no “invadirá todas las almas”, precisamente porque Dios no habitará con su gracia en aquellas que se hayan condenado y que se encuentren en el infierno, cuya existencia Francisco niega, en total coherencia con su ideología gnóstica y evolucionista, ya que ¿cómo podría concebirse la condenación eterna del infierno, la cual implica una separación irreversible con respecto a Dios, en una lógica panteísta, en la que, por definición, nada puede sustraerse a la única substancia divina y de la cual toda « dualidad » se encuentra excluida (creador-creatura, gracia-naturaleza, cielo-infierno, etc.)? Ahora bien, si no existe la posibilidad de condenarse, tampoco existe el pecado, ni, por tanto, la necesidad de la redención, la cual, a fin de cuentas, no consistiría sino en la « toma de               conciencia » de nuestra prístina naturaleza divina, logrando, mediante este acto « salvador » -de carácter inmanente-, disipar la ilusoria « dualidad » de nuestras vidas, divisoria y « excluyente », pretendida raíz de todos los males que padece la humanidad.                                                                            

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