San Juan Bautista

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sábado, 20 de noviembre de 2021

Desagravio a la Vuelta de Obligado - Antonio Caponnetto

 

 

Un <canciller> salvajemente ignorante, fruto opimo de una raza de corruptos: Santiago Cafiero, desconoce la fecha de la honrosa batalla. Lo corrige el más crápula de los fernández con patente de corso y diploma de imbécil, y el <canciller> vuelve a confundirse y ríe estúpidamente ante su propia salvajada.

 

Una mujeruca abortera y a favor de la contranatura, Estela Díaz, a cargo del autodenominado Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad, en el gheto de Kicillof, exalta el papel de las mujeres en aquella gesta, acusando al patriarcado historiográfico de haberlas silenciado. Como si los nombres de esas ilustres matronas fueran un reciente hallazgo arqueológico y no una presencia ya registrada en los mejores historiadores que supo tener la patria.

 

 Y el postre de esta comilona putrefacta y maloliente: un <presidente> que pretende analogar su inventado e insostenible triunfo ético en las últimas elecciones con la victoria moral de la perpetua hazaña de Obligado. Confundiendo a mansalva la inexorable e inicua ley numérica del sufragio universal – quien  gana es el dueño de la mitad más uno, a secas- con la ley de la guerra justa, en virtud de la cual, como sucedió el 20 de noviembre de 1845, el vencedor puede serlo cualitativamente.

 

Porque en esa Ley del Buen Combate, el éxito de las cifras no legitima necesariamente el triunfo. Todo lo contrario de lo que sucede al amparo de la leguleyería democrática, según la cual no hay otra victoria que la que determinan fatal y fríamente  los dígitos computados. La retórica hiperbólica que ha querido instalar nuestro primer pelele, no se aplica a la contabilidad de las urnas escrutadas. Un papelito más, ganan; uno menos, pierden. Así de simple y de perverso. 


          Varias veces nuestros amables, queridos y pacientes lectores se nos quejan diciéndonos que para entender algún fragmento o palabra de lo que escribimos tienen que acudir a algún diccionario. Creo que esta vez no tendrán problemas de inteligibilidad. Estos peronistas que gobiernan, diciendo y haciendo roñas –con la historia y con todo lo demás- y estos liberales que fungen de oposición, empezando por los sedicentes derechoides de todo pelaje, son todos unos hijos de puta. No sé si me explico.


 La gloriosa y memorable fecha del 20 de Noviembre, no les pertenece a quienes oficialmente la festejan. Tampoco al partido que representan, ni a los agentes regiminosos que alrededor de ese partido medran y lucran corruptamente. Rosas no admite comparación con sus ídolos populistas, ni cuadra su presencia en ninguna “galería de próceres latinoamericanos”, a más de uno de los cuales hubiera lanceado a campo traviesa. Las celebraciones gubernamentales son ultraje y mentira.  El Rosas que reivindican no existió. El Rosas que existió los habría fusilado o pasado a degüello.


 Nada de esto ya importa. Vencedor del tiempo y del espacio —como los héroes genuinos— los argentinos cabales rinden tributo a su memoria, a quienes cayeron en la Vuelta de Obligado, y a quienes —cuando hacerlo supuso riesgos fieros— reivindicaron, en soledad y contracorriente, la verdadera talla del Ilustre Restaurador de las Leyes. Quieran hacer justicia los versos que enhebramos:

 

Ni cuzcos ladradores ni doctores me traigan,

ni tibios lomos negros de chiripá o levita,

que no vengan logistas a hollar estas barrancas,

donde el duelo y la sangre supieron darse cita.

 

Auséntense los torvos, cismáticos o flojos,

espadas sin cabeza, sin blasón ni coraje,

esta Vuelta del río reclama en sus orillas

la vieja aristocracia del sufrido gauchaje.

 

Ninguna voz rendida se escuche en el remanso

del Paraná poblado de recuerdos fecundos,

ninguno se presente de los que han hocicado,

una vez y por siempre los he llamado inmundos.

 

Que no lleguen tampoco los que enturbiaron nombres

de patriadas antiguas galopando en montón,

ni los profanadores de la historia se acerquen,

sólo quiero a los fieles de la Federación.

 

¡Encadene el oleaje, mi General Mansilla,

atenace torrentes, eslabone los vientos,

que silven los boyeros, y en las cañas tacuaras

flameen los pendones amarrados con tientos!

 

¡Usted, Coronel Thorne, desenvaine cañones,

camarada Quiroga: honre al padre que hereda,

Capitán Tomás Craig, ancle el buque al pellejo

y usted, Ramón Rodríguez, con su furia proceda!

 

Si la tierra trepida sabrán los extranjeros,

que las almas batallan con leal veteranía

invisible y perenne como un yelmo de plata

como ajorca que enlaza la fiel soberanía.

 

Comandante Barreda, Artillero Palacios,

alumbren las estrellas de este patrio noviembre,

y en el último ataque que cada puño sea

la semilla que labre, que coseche y que siembre.

 

Nada importa esta tarde que la proa invasora

nos aventaje en fuego de metrallas filosas,

mis mazorqueros tienen bayonetas caladas

y me sigo llamando Don Juan Manuel de Rosas.

 

Resistí a los falsarios, la conjura de escribas,

en mil páginas negras que fraguó belcebú,

venceré a los que intenten torcer mi empuñadura,

yo soy el heredero del sable de Maipú.

Mañana cuando lleguen las horas más aciagas,

aunque ni un ceibo quede en mi pampa plantado,

Señor, se alce una boca para gritar de nuevo:

No han de pasar por esta Vuelta de Obligado.

 


Antonio Caponnetto

 

 

 

 

3 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo con la gesta de la Vuelta de Obligado. Solamente quisiera que me explique (y no hay doble ni mala intención en mi pregunta). Porque Rosas se exilió en la perfica y masónica Albion, y no en Paraguay por ejemplo como hizo Artigas. Con respeto y admiración, Daniel Nqn.

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  2. HUIIIIIIIJAAAAA !!!! grande MAESTRO !!!!

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  3. Gracias Antonio, Usted, como de costumbre, nos provee de una bocanada de aire fresco en éstos momentos, en los que intentan mantenernos sumergidos en tanta hediondez.

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