San Juan Bautista

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lunes, 28 de julio de 2014

¿La felicidad según nuestra fe o según Francisco? - Por Alejandro Sosa Laprida



El decálogo de la felicidad según Francisco



  La verdadera felicidad es la que se recibe de Dios, al descubrirnos amados por El y al corresponderle libremente en ese amor infinito que lo llevó a entregar su vida por nosotros en la Cruz para redimirnos. Pretender que se pueda hallar una felicidad auténtica al margen de Dios es lisa y llanamente una locura. Pero eso es precisamente lo que sugiere Francisco, quien no menciona a Dios ni tan siquiera una vez en su "decálogo para la felicidad", en el cual llega a afirmar  que el domingo no debe ser laborable porque es un día "para la familia"...Según esta persona cuya impiedad supera ya todo lo imaginable, y para la cual "no existe un Dios católico", el primer paso para ser feliz y alcanzar la paz consistiría simplemente en... "vivir y dejar vivir": novedosa visión de la felicidad cristiana ésta que preconiza Francisco a través de su pseudo-magisterio mediático y que, a decir verdad, no se parece mucho que  digamos a la que Nuestro Señor nos prometió en las Bienaventuranzas...Pero resulta que el cristiano sabe perfectamente que la auténtica felicidad, plena y definitiva, será aquella de la que gozaremos en el Cielo, en la vida eterna junto a Dios, en compañía de sus Ángeles y de sus Santos, y que a ella llegaremos cumpliendo los 10 Mandamientos de la ley de Dios, no siguiendo el nuevo Decálogo naturalista, puramente terrenal y new-age que propone insensatamente Francisco, falso profeta con apariencia de Cordero pero que a todas luces habla como un Dragón (cf. Ap. 13,11)...

  Un joven preguntó a Jesús: ¿Maestro que he de hacer para conseguir la vida eterna? y El le contestó: (...) “Si quieres entrar en la vida eterna, cumple los Mandamientos” (Mt.19,16-17).

  ¿Maestro, cuál es el Mandamiento más importante de la Ley? Jesús le respondió: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y más importante. Pero hay otro semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Toda la Ley se basa en estos dos Mandamientos” (Mt. 22,36-38).


Alejandro Sosa Laprida


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