San Juan Bautista

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martes, 4 de septiembre de 2018

Protocolos de los Sabios de Sion y la actualidad - Julius Evola 1937


     


     Los Protocolos contienen el plan de una guerra oculta, que tiene por objeto, ante todo, la destrucción completa de todo lo que en los pueblos no hebreos es tradición, casta aristocracia, jerarquía, como asimismo de todo valor ético, religioso, sobrenatural. A tal propósito, una organización internacional oculta, presidida por jefes reales que tienen noción clara de sus finalidades y de los medios apropiados para realizarlas, habría iniciado desde hace tiempo y seguiría desarrollando una acción unitaria invisible, a la cual habrían de referirse los principales focos de perversión de la civilización y de las sociedades occidentales: liberalismo, individualismo, igualitarismo, libre pensamiento, iluminismo antirreligioso, con todos su derivados y apéndices, que conducen hasta la rebelión de las masas y al propio comunismo. Es importante poner de relieve que los Protocolos reconocen la absoluta falsedad de todas estas ideologías; se las habría creado y propagado únicamente como instrumentos de destrucción, y, en cuanto al comunismo, se declara lo siguiente: “El hecho de que hemos logrado hacer que los no hebreos concibieran una idea tan errónea, constituye la prueba irrefutable del mezquino concepto que los mismos tienen de la vida humana, en comparación con el que tenemos nosotros, en lo que consiste nuestra esperanza de triunfo” (Protocolo XV). Pero no se habla solamente de ideologías políticas que han de infundirse sin que resulten comprensibles su significado y sus finalidades; también se habla de una “ciencia” igualmente creada a los fines de una acción desmoralizadora general, y se hacen significativas referencias a la superstición del progreso, al darwinismo, a las sociologías marxista e historicista, y a este propósito se dice: “Los no hebreos ya no son capaces de razonar, en materia de ciencia, sin nuestra ayuda”; y al mismo tiempo, se reconoce la falsedad de todas estas teorías (P. I.II. XIII). En tercer lugar, una acción propiamente cultural: dominar los principales centros de enseñanza oficial, controlar la opinión pública mediante el monopolio de la gran prensa, difundir en los países dirigentes una literatura desequilibrada y equívoca P. XIV), es decir, ocasionar un derrotismo ético, como complemento dl derrotismo social, que se acrecentará mediante un ataque contra los valores religiosos y sus representantes, que no ha de llevarse a efecto de frente y abiertamente, sino fomentando la crítica, la desconfianza, el descrédito con respecto al clero (P. XVI, IV). Se indica la “economización” de la vida como uno de los medios destructores más importantes: de aquí la necesidad de contar con una falange de “economistas”, instrumentos conscientes o inconscientes de los jefes disimulados. Una vez destruidos los valores espirituales, que fueron base de la antigua autoridad, reemplazándolos con cálculos matemáticos y necesidades materiales, debe empujarse a los pueblos hacia una lucha universal en que creerán perseguir la satisfacción de sus intereses y no se percatarán del enemigo común (P. IV); finalmente, alentar las ideas ajenas, y, en lugar de atacarlas, utilizarlas para la realización del plan final, por lo que se reconoce la oportunidad de defender los puntos de vista más diversos, desde el aristocrático o dictatorial hasta el anárquico o socialista, siempre que sus erectos converjan en el sentido del fin único (P. V, XII). Asimismo, se considera la necesidad de destruir la vida familiar y se pone de relieve su influencia espiritualmente educadora (P. X); la necesidad de embrutecer a las masas con deportes y distracciones de todo género, y de fomentar el lado pasional e irracional de las mismas, para quitarles toda facultad de discriminación (P. XIII).

     Esta es la primera fase de la guerra oculta: su objetivo es la creación de un enorme proletariado, es la reducción de los pueblos a un amasijo de seres sin tradición y sin fuerza interior. Después de lo cual, se proyecta una acción ulterior, basada en la potencia del oro. Los jefes ocultos controlarán el oro del mundo y, por su medio, el conjunto de pueblos desarraigados, con sus dirigentes aparentes y más o menos demagógicos. Mientras que por un lado la destrucción procederá por medio de venenos ideológicos, rebeliones, revoluciones y conflictos de todo género, los amos del oro fomentarán las crisis internas generales, reduciendo a la humanidad a tal estado de postración, de desesperación, de completa desilusión con respecto a todo ideal y a todo régimen, hasta convertirla en un objeto pasivo en manos de los dominadores invisibles, que entonces se manifestarán y se los afirmarán como jefes absolutos del mundo. En la cúspide estará el Rey de Israel, y toda antigua promesa del Regnum del “pueblo elegido” se realizará.

     Esta es la esencia de los Protocolos.



     … Nada es más significativo que el siguiente paso de los Protocolos (. XV): “Siendo de mentalidad puramente animal, los no hebreos son incapaces de prever las consecuencias a que puede conducir una cusa presentada bajo una luz dada. Y es precisamente en esta diferencia de mentalidad existente entre nosotros y los no hebreos donde podemos reconocer fácilmente que somos los elegidos de dios y comprobar nuestra naturaleza sobrehumana, en comparación con la mentalidad instintiva y animal de los no hebreos. Éstos sólo ven los hechos, pero no los prevén y son incapaces de inventar cosa alguna, a no ser material”. Y agrega (P. XV): “Por lo que se refiere a nuestra política secreta, todas las naciones se hallan en estado infantil, y así también sus gobiernos”

     El hecho es que el contenido de los Protocolos, en su primera parte, referente a las fases y vías de destrucción, corresponde de manera impresionante a lo que se ha verificado o se viene verificando en la historia de los últimos tiempos: casi como si los jefes de los distintos gobiernos, los dirigentes aparentes de los distintos movimientos y todos aquellos que durante el último siglo han hecho la historia, no hubiesen sido sino ejecutores inconscientes de otras tantas partes de un plan establecido, preanunciado desde hacía mucho tiempo, así sea por ese texto como por otros. Hugo Wast pudo escribir “Los Protocolos serán falsos… pero se cumplen maravillosamente”, y Henry Ford,  en el diario World del 17 de febrero de 1921, dice: “La única apreciación que puedo formular acerca de los Protocolos, es que concuerdan perfectamente con lo que está sucediendo”.



Prólogo a “Los Protocolos de los Sabios de Sion” Ed. Temas contemporáneos. 1984. Págs. 14-18.


Nacionalismo Católico San Juan Bautista



2 comentarios:

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    1. Cierto, no se porqué será. Voy a averiguar. Gracias por el dato

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