Se
cumple el 90 aniversario del valeroso Alzamiento de 1936, que puso en marcha
una verdadera Cruzada para rescatar primero y reconstruir después a la amada
nación española. Cabrían muchos modos de rendirle homenaje a esta fecha y a sus
protagonistas. Dadas las circunstancias hemos elegido recordar el caso ejemplar
de Fray Anselmo Polanco, Obispo de Teruel; uno de los trece obispos mártires asesinados
vilmente por el marxismo. Su cadáver fue quemado y arrojado a un barranco con propósitos
ultrajantes. Sirvan de modelos las figuras de estos genuinos príncipes de la Iglesia,
cuando la misma, hoy, está invadida, vilipendiada y gobernada, aún desde muy altos
estrados, por sujetos inmorales y ruines, enemigos declarados de la Fe
Católica.
Y
sirvan asimismo de causalidad ejemplar para que España, quitándose de encima lo
mucho que hoy la corrompe, vuelva a ser Una, Grande y Libre.
¡Arriba
España! ¡Viva Cristo Rey!
Fueron
trece contigo, como en la Última Cena.
Se
sabe que a ninguno los doblegó la pena.
En
Jaén, Orihuela, Barbastro o Tarragona,
en
Lérida, Sigüenza, Guadix o Barcelona
cabalgaron
la muerte con alegre corcel,
las
riendas de tu gozo cabestreaban Teruel.
Pues
allí donde el Reyno de Aragón se gloriara
no era
justo que el diablo a España derrotara.
No era
justo, decías, abandonar el risco
cuando
el lobo se encuentra tan cerca del aprisco.
Y como
buen pastor te quedaste en la guardia,
tu
mano alzaba el cáliz; tu mano era vanguardia.
Prisionero
doliente te querían los rojos,
sin
saber que el martirio ilumina los ojos
si se
elevan buscando más allá de las rejas
las
almenas del cielo con palomas bermejas.
Muy
cerca del barranco, cayó tu cuerpo al lazo
partido
por la fuerza del odio y del trallazo.
El
fuego te rocía y un féretro te labra,
las
llamas se rendían al oír tu palabra.
Comenzaba
febrero del año treinta y nueve,
la
victoria se asoma en su carro de nieve.
Habrá
flores tempranas muy cerca del barranco.
Reirán
primaveras porque se acerca Franco.
Antonio
Caponnetto
