San Juan Bautista

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lunes, 27 de noviembre de 2023

Filosofía arrabalera contra los doctos aburguesados – Augusto Torchson

 


Si hay algo que estos tiempos nos pueden dejar de enseñanza dentro de lo terrible de la situación que vivimos, es que, tanto en la plandemia como en el circo democrático actual, quedó absolutamente claro que había muchos de los que estaban entre nosotros pero no eran de los nuestros.

No es ningún descubrimiento el acertado dicho popular que reza que “todos son machos hasta que suena el primer disparo”. Pero los otroras cruzados de las redes sociales y de tertulias de salón, lejos de quedarse solamente agazapados bajo la mesa, salen a justificar su nuevo status con argumentos que el peor de los sofistas en la época de Platón se hubiera sentido avergonzado de utilizar.

Si la desesperación es mala consejera en cuestiones políticas, mucho peor es el miedo exacerbado. Y si hay dos características que podemos señalar como distintivas en estos tiempos, son la hipocresía y la cobardía. Y los cobardes ahora son más hipócritas que nunca, y si ahora usan pañales para evitar que se haga patente la consecuencia de sus actitudes eunucas, sabrán argumentar “científicamente” los beneficios prácticos que brindan dichas “prendas” en tiempos en los que es preferible estar prevenidos, resaltando las virtudes del hombre prudente y precavido.

Y los justificadores que se rejustifican y contrajustifican cambiando sus discursos originales sin retractarse de los primigenios, no solo omiten mencionar dichas posturas anteriores sino que aspiran a que sus oyentes pretendan no haber escuchado algo diferente de sus propias bocas no mucho tiempo atrás.

Los esgrimidores de tan cambiantes como elaborados argumentos, suelen ser gente instruida (o medianamente, o que simulan serlo); pero si hay algo que queda claro, es que las más heroicas gestas leídas por un eunuco, pueden servir para encendidos discursos, pero difícilmente se traduzcan en acciones nobles y valientes, mostrando lo difícil que es recuperar la virilidad perdida. Y así como el actual “ungido” por el vulgo soberano, estos tales siempre sostienen que son de los pocos que “resisten un archivo”[1], pero habría que preguntarles si los mismos tienen período de caducidad.

Pero lo concreto es, hablando gauchamente, que “en la cancha se ven los pingos”, demostrando estos eruditos que leen para la tribuna (y adecuan su prédica a la misma y a las circunstancias) que son el paradigma vivo no ya del “haz lo que yo digo y no de lo que yo hago”, sino del “haz lo último que yo dije, y si mi acción no se condice en ese caso, espera que prepare mi próximo decir”. Es claro que estos cada vez más numerosos personajes, pueden negociar sus principios pero nunca perder vigencia, a pesar de las más vergonzosas claudicaciones y autohumillaciones a las que de continuo se ven expuestos.

“El liberalismo es pecado”, solían decir, pero ahora, y bien entendido, podría encontrarse algún escrito eclesiástico que se pueda interpretar como la solución al problema de encontrar la cuadratura del círculo en esta cuestión. “La democracia es la enfermedad”, repetían (con tanta convicción como un periodista del canal de TV estatal), pero descubren finalmente que con los argumentos adecuados, no hay patógeno que no pueda ser vencido, o más bien remedio que no cure la enfermedad pero oculte algunos síntomas. Y así resultó que lo que pensábamos que era la “casta” no era la casta, o que cambió la no casta para pasar a ser casta, y que ahora la no casta que es casta resultó no ser tan mala.

A estos modernos sofistas podemos oponer el más elemental sentido común del laburante de la calle que afirma tener claro que al día siguiente de las elecciones, gane quién gane, el que pierde es el pueblo. A este trabajador, que con mucho esfuerzo consigue llevar el pan a su casa, la experiencia le demostró sobradamente que nunca se pudo creer en una promesa electoral y que tampoco hubieron consecuencias para los que prometieron y no cumplieron. Entiende con toda claridad este argentino, con el que completamente nos identificamos, el inmensamente básico silogismo referido a la ridícula posibilidad de creerle al mentiroso.

Sin embargo, los grandes pensadores aburguesados ante esta situación se empeñan en buscar los más enrevesados razonamientos (hablar en difícil, como decimos en el barrio), para que al no entenderse los mismos, él débil oyente y “likeador” de sus exposiciones, concluya que el “confíe en nosotros, somos especialistas” no puede fallar, sobre todo en personas con tanta exposición en las redes.

Otro argumento sostenido por los malabaristas del conservadurismo disfrazados de intelectuales católicos o nacionalistas, es que finalmente descubrieron que para cambiar la “realidad” (en vez de combatir sus atroces consecuencias), hay que comprometerse. Y el compromiso del “buen ciudadano” es el llevado a cabo anónimamente y sin ninguna consecuencia personal en el altar de la sacrosanta democracia que es la “inmaculada urna”, inmunda caja de cartón repleta de figuras de malolientes vendepatria, que se terminaría transformando por medio de una adecuada publicidad, en la forjadora del destino de una nación. Y así nos va, mientras seguimos cabeceando la pared. “Los problemas de la democracia se solucionan con más democracia”, diría un iluminado detractor del sentido común.

Finalmente, y para concluir con esta humilde observación de la triste actualidad de nuestra patria, (nuestra Iglesia, y hasta del mundo entero), afirmamos que en el caso argentino, ante la correcta y heroica opción de resistir el mal en todas su variantes y aún contra toda posibilidad de victoria, estos traidores formadores de opinión de gente poco instruida o de débil carácter; tenemos que advertir que se apoyó y fomentó al candidato que habló y propuso las políticas y principios más contrarios a los más elevados valores fundacionales de nuestra nación y a los más elementales principios religiosos católicos, ensalzando y priorizando las naciones y religión enemiga por sobre nuestra Patria y nuestra Fe. Hablamos del que sin sonrojarse afirmaba que no le gustaban las banderas porque era como poner muros, para no enarbolar la enseña nacional, pero sin embargo sin empacho y con orgullo levanta la bandera del Estado Sionista.

Recordemos que los pecados mortales conducen al Infierno por igual, pero los carnales nos asimilan a las bestias, y los espirituales, que son los que en este caso se distinguen más claramente en la opción de los apóstatas y cipayos sofistas aburguesados a los que nos referimos, nos asimilan a los demonios y por su naturaleza tienen una gravedad infinitamente superior a los primeramente mencionados.

Como anónimos laburantes y muchachos de barrio, seguiremos siendo simples soldados de a pie de Cristo Rey y de nuestra amada Patria, y sosteniendo que el pasto es verde y el agua moja, aunque los respetos humanos lo desaconsejen; y nos jactamos especialmente de seguir resistiendo aún cuando las probabilidades nos sean más esquivas. Y tal vez humanamente nos toque perder, y ustedes consigan alguna efímera gloria humana, pero recuerden despreciados enemigos internos:

 

"Roma traditoribus non praemiat”

 

Augusto Espíndola



[1] https://www.tiktok.com/@c5n/video/7293689597442231558




10 comentarios:

  1. Se va a acabar
    Se va a acabar
    La sinagogaaaa liberalllll

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  2. Buen día. ¿A quiénes se refieren cuando hablan de personas que antes decían que no había que votar y ahora militaron por Milei?

    ¿El padre Olivera Ravasi? ¿Cristian Iturralde? ¿Fernando Romero Moreno?

    Digo si se trata de acusar de hipocresía, mejor dar nombres. Sino caen en la misma bolsa personas que nunca renegaron de la vía electoralista.

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    1. No son los únicos, pero encuadran perfectamente en el escrito. Por lo demás, al que le quepa el sayo que se lo ponga.

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    2. Si ud no militó por Milei, no se dé por aludido. Y no hacen falta nombres. Se dice el pecado y no el pecador.

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  3. Lo que nadie dice, ningún Olivera Ravasi dice (ya que le estamos pegando al susodicho, él se presta), es de la extrema gravedad del pecado de apostasía. Milady, entre otras cosas, es un apóstata de la fe. Algunos que lo conocen, caso G. Moreno, aseguran que era de ir a misa los domingos. Ahora abraza la religión judía. Pero no importa. Milady es fantástico!

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    1. Se ve que iba a Misa el domingo y después practicaba el "sexo tántrico".

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  4. La falta de sentido común es lo principal. A quién se le ocurre que semejante monigote pueda resolver algo, y copados los puestos claves por la judería cómo hace Argentina para llegar a buen puerto.
    Augusto Margueirat

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  5. Saludos!! Y felicitaciones! Una pluma impecable! (Herta)

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