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miércoles, 7 de octubre de 2020

A propósito de una guerra negada - Antonio Caponnetto

 

 

        Hoy es la Festividad de Nuestra Señora del Rosario, y un nuevo aniversario de la gloriosa batalla de Lepanto, librada victoriosamente por la Hispanidad contra los infieles mahometanos.

           En estos mismos días, para nuestra deshonra y vergüenza, Bergoglio ha dado a conocer su “Carta Encíclica Fratelli tutti”, tristísimo compendio de obscenidades ideológicas, y prueba ya inequívoca y rotunda de que su gestión está confesamente al servicio de judíos, masones y marxistas. Sí; es un funesto pero comprobado hecho: para ellos trabaja de modo activo y orgánico, lacayuno y patente. Podemos probarlo hasta la minucia y la náusea.

            Pero bástenos decir en este 7 de octubre, que repudiamos la propuesta bergogliana de declarar abolida la doctrina de la guerra justa (F.T,par.256  y ss), a la par de pedir –tergiversando la letra y el espíritu de San Francisco de Asís- que los católicos se sometan antes quienes no comparten nuestra Fe. Expresión que aplica de un modo específico a los sarracenos (Ibidem, par. 3). Bergoglio se convierte así en el adalid de la rendición y del oprobio, de la traición y del escarnio,del deshonor y de la felonía más artera.

             En homenaje a los héroes de Lepanto, y a todos aquellos que regaron su sangre en la batalla justísima contra el infiel, hemos escrito estos versos de remembranzas cidianas, para pedirles a los nuestros, a nosotros mismos, que no abandonemos el deber cristiano de la lucha:

 

A tí Álvar Fañez

 

Sólo quedamos dos,Minaya, hermano;

Álvar Fañez tu nombre y yo Rodrigo.

Tanto teme a tu ardor el enemigo

como de mí la justiciera mano.

 

Duro ha sido el galope y el destierro

del Valle de Orbaneja hasta Zamora,

hubo un tajo en tu adarga cada hora

y una sangre en el filo de tu fierro.

 

Ninguna queja tengo:días, noches,

te has jugado la vida a cara o ceca;

tu corcel secundó al impar Babieca,

si quisieras volver, no habrá reproches.

 

Vuelve al León natal que vio tu infancia,

con tu esposa Maior, tus tres retoños,

un hogar solariego y la fragancia

para gozar la paz y la abundancia

esperando el añil de los otoños.

 

Yo seguiré empuñando la Tizona,

eterno enamorado de Jimena,

vasallo fiel del Rey y la Corona.

En vida o muerte el Sol no me abandona,

me dirán Campeador en cada almena.

 

Aguarda, hermano Fañez, no hay urgencia...

Si acaso resultara una violencia

despedirte al salir de la muralla

y olvidar la razón de tu vehemencia.

A mí me encontrarás siempre en batalla.

 

Antonio Caponnetto

 

 

Ciudad de la Santísima Trinidad, 7 de octubre de 2020.

 

 

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