San Juan Bautista

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miércoles, 2 de abril de 2014

CELO BIEN ORDENADO - Por Catalina SCJ


  Nota de NCSJB: El siguiente artículo fue escrito por nuestra lectora Catalina SCJ, quién generosamente comparte con nosotros su sabiduría en este tema tan importante para nosotros y para quienes buscan defender los Derechos de Dios sin caer en excesos o falta de caridad, a la que estamos tan propensos, como consecuencia de nuestra naturaleza caída.
 
  Agradeciendo profundamente su reflexión, esperamos que les sea de provecho de la misma manera que lo fue para nosotros, invitándola a ayudarnos nuevamente en este humilde apostolado con su inspiración que sabemos proviene del Espíritu Santo como consecuencia de su profundo amor a Dios.


CELO BIEN ORDENADO  

  El celo santo por la gloria de Dios, es virtud; dejarse llevar de un celo desordenado puede desembocar en ira y eso no estaría bien, y no agradaría a Dios. A veces nos sentimos interiormente interpelados y nos decimos: ¿Seremos justos y equitativos a la hora de expresar nuestro descontento por lo que acontece en la Iglesia, o no nos dejaremos llevar de forma inconsciente de un celo desmedido?

  Esto lo digo porque en algunos comentarios se percibe cierta preocupación, para no traspasar el límite debido, a fin de que la corrección produzca frutos. Para que la denuncia del mal sea eficaz debe hacerse no solo con verdad, sino con caridad y con templanza.

  En este blog, no me cabe duda que tanto los que escriben los artículos como los que hacen los comentarios buscan la verdad, “porque el amor de Cristo los apremia” (2Cor 5,14). Pues bien, si alguien tiene alguna duda o escrúpulo de conciencia, conviene saber que, los que viven en “la verdad de Jesús” (Ef 4,21) tienen la obligación moral de combatir el error. Y éste se combate, poniendo en alto “la Luz verdadera que ilumina a todo hombre, cuando viene a este mundo. Pero los hombres aman más las tinieblas que la luz porque sus obras son malas. Pues todo el que obra el mal odia la luz y no se acerca a ella, para que nadie censure sus obras”   (Jn 1,9.10).

  Para alzar la voz en defensa de Jesucristo y de “la sana doctrina según el Evangelio de la gloria de Dios” (1Tim 1,10.11), hay que tener “virtud y valor” (Flp4,8)  porque es difícil decir la verdad a una multitud de gente que vive en la mentira. En ellos se “cumple la profecía de Isaías: Oír oiréis, pero no entenderéis; mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos y han cerrado sus ojos. ¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen”. (Mt 13,14-16).

  Hablando del celo santo, hoy día, más escaso que el oro de Ofir, quiero recordar a Moisés y a Elías, en ambos se da el celo y la ira, pero dejaré de lado la ira, cosa natural a la flaqueza humana; para centrarme en lo que nos ocupa, que es, dónde está el límite entre el celo ordenado y el desordenado.

  Es fácil perder la compostura ante tantos hechos lamentables. De ahí la lucha entre “el hombre viejo nacido del pecado, y el hombre nuevo” Col 39.10) “revestido de Cristo” (Gál 3,27).

  San Pablo, que conoce por propia experiencia lo que sucede dentro del mismo hombre, dice: “Yo sé que nada bueno hay en mí, es decir, en mi carne; puesto que no hago el bien que quiero sino que obro el mal que no quiero” (Rom 7,18.19). Creo que con decir la verdad, es suficiente, y no hace falta añadir más, pues la verdad hiere, y califica a los que viven en la mentira. 

  Volvamos nuestros ojos a la Palabra de Dios, fuente de vida y santidad, y detengámonos “en Moisés, a quien el Señor hablaba cara a cara, como habla un hombre con su amigo” (Ex 33,11).  Moisés subió al monte Sinaí y allí permaneció durante mucho tiempo en oración y en ayuno. “El pueblo, al ver que Moisés tardaba en bajar, dijo a Aarón: Anda haznos un dios que nos guíe” (Ex 32,1). Al contemplar el becerro de oro, los gritos de júbilo y las algarabías se oyeron por todo el campamento. “El Señor dijo a Moisés. ¡Anda baja! Porque se ha pervertido tu pueblo el que sacaste del país de Egipto. Moisés se volvió y bajó del monte con las dos tablas de la Ley. Las tablas eran obra de Dios y la escritura, era escritura de Dios grabada en las tablas y las hizo añicos al pie del monte. Luego tomó el becerro que habían hecho y lo quemó” (Ex 32,7.15.16.19.20). Moisés al ver cómo el corazón de este pueblo se había prostituido adorando a un dios falso, sintió celo por la gloria de Dios, rompió las tablas y destruyó al becerro.

  Elías era un profeta del Altísimo “su palabra ardía como fuego, quemaba como antorcha” (Eclo 48,1). En tiempos de Elías, como también sucede hoy, proliferan los falsos profetas, que dicen a los hombres aquello que quieren oír, que les agrada y que acaricia sus oídos. Elías como cualquier buen profeta habla en nombre de Dios, y denuncia aquellas cosas que están mal y que algunos, no quieren ver ni oír.  
   

   “Elías se acercó a la gente y les dijo: ¿Hasta cuándo vais a estar cojeando sobre dos muletas? Si el Señor es vuestro Dios, seguidlo; si es Baal, seguidlo a él. Los profetas de Baal eran cuatrocientos cincuenta, y Elías estaba sólo, tuvo miedo y huyó para poner a salvo su vida. Llegó al monte de Dios el Horeb. Allí se introdujo en una cueva. El Señor le dijo: ¿Qué haces aquí Elías? Él respondió: Ardo en celo por el Señor mi Dios, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derribado tus altares y han pasado a espada a tus profetas. Solo quedo yo y tratan de quitarme la vida. Él le dijo: sal y permanece de pie ante el Señor.  Entonces hubo un huracán tan violento que hendían las montañas y quebraba las rocas a su paso.   Pero en el huracán no estaba el Señor. Después del huracán un terremoto. Pero en el terremoto no estaba el Señor. Después del terremoto, fuego. Pero en el fuego no estaba el Señor. Después del fuego vino el susurro de una brisa suave que rozó su frente, al oírla, Elías se tapó el rostro con el manto, porque allí sí estaba Dios. Le llegó una voz que le dijo: ¿Qué haces aquí Elías?  Y él respondió: Ardo en celo por el Señor mi Dios” (1R 18,20.22.19,3.9.11-14).

  Estos pasajes bíblicos, son sublimes, y profundos; y tienen tanta luz y claridad, que no necesitan ninguna explicación.

  Moisés como Elías trataron de acercar las gentes a su Dios. “Moisés se plantó a la puerta del campamento y exclamó: ¡A mí los del Señor!, y se le unieron todos los hijos de Leví” (Ex 32,26) Y Elías dijo: “Si el Señor es vuestro Dios seguidlo (1 Re 18,21).  Haciéndoles ver que aquellos que no están con el Señor están contra Él. En este camino, no hay un término medio, o se está con Cristo, o contra Cristo. “Pues el que no está conmigo, está contra Mí; y el que no recoge conmigo, desparrama” (Mt  12,30). 

Catalina SCJ

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6 comentarios:

  1. Primero felicitar a la autora de este excelente artículo. Es un placer leerla y me pone usted a sus pies desde ya.
    Y al dueño del blog por subirlo y "ficharla" para el equipo. Maginfico equipo, por otra parte .

    Y entrando en materia, diré que tras leerlo, me vino como un rayo de luz que ilumina una estancia lúgubre a la mente una frase de San Jerónimo que hago íntegramente mía, con todas sus consecuencias: "Los enemigos de la Iglesia deben ser mis enemigos". ¿Y quiénes son los enemigos actuales de la Santa Iglesia Católica?, debemos preguntarnos para focalizar el ataque. A veces tengo la terrible impresión que muchos católicos de buena fe no saben con quién se la juegan en esta batalla por la dignidad de la Iglesia y su santo dueño, Cristo. ¿Quiénes son los enemigos en estas horas aciagas por la que pasa la Iglesia? El enemigo mortal de la iglesia en este preciso momento de la historia, señores, es ni más ni menos que Satanás. Siempre lo ha sido, ciertamente, pero ahora, su presencia, su asquerosa y terrible presencia, su hediondo olor y el hedor de su ser se hace más patente y visible que nunca. A través de logias masónicas y agentes infiltrados del Mal han copado y corroído la cúpula de la Iglesia. Empezando por el papado y acabando por el último cardenal amancebado con el mundo. Esto a más de uno puede parecerle ciencia ficción, personalmente, a mí mismo me lo hubiera parecido hace un par de años.
    Ante tan repugnante y malvado enemigo, ustedes me perdonaran, uno no está para muchas “misericordinas”, ni caridades, ni remilgos, y mucho menos, para falsos respetos humanos. Por señalar la falsa humildad que se gasta Bergoglio, y que sólo es un embeleco para incautos distraídos en sus quehaceres diarios, me han tachado repetidamente de “resentido”. Sí. Soy el prototipo “malage” y triste del célebre “pepinillo en vinagre”. Y es gracioso porque yo, más que Pepinillo en vinagre, me siento Guindilla de Tudela, que pica más y llega hasta el tuétano.
    Ahora hablando en serio, o llegamos con nuestros justos ataques al tuétano del enemigo, o estos malvados se cargan la Iglesia. Sí, ya sé que Cristo Jesús, no lo permitirá, pero por el camino de perdición que llevamos se perderán muchas almas. El cristiano, creo que era León XIII el que lo afirmaba, ha nacido para la lucha. Es momento para la misericordia, siempre lo es, pero tan de Dios es Su Misericordia, como Su Justicia. Y en la lucha, al igual que en la guerra, uno debe ser el primero que golpea para hacer el bien.
    Por resumir, al catolicismo de nuestros días le sobra ciencias y lecturas y le falta las agallas de un temido San Fernando Rey. Celoso como el que más de Nuestro Señor Jesucristo. ¿No provoca escándalo en los católicos la serie de herejías y apostasía que diariamente se producen desde la jerarquía y el clero y sí lo producen las palabras duras destinadas a luchar por el bien de la Iglesia? Pues bien, si esto es así, y lamentablemente está siendo así, el problema no es del que en su celo y su amor por la iglesia se enciende en su defensa y macha con su lengua sino del cuerpo corrupto que admite las herejías como una lluvia fina que impregna el alma.

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  2. Catalina SCJ3/4/14 17:21

    Bate he leído su comentario y le doy las gracias por su amabilidad. Lo que dice referente al famoso "pepinillo en vinagre" a sí como, "y es gracioso, porque yo, más que pepinillo en vinagre, me siento Guindilla de Tudela, que pica más y llega hasta el tuétano". Sus palabras me han hecho reír, y según mi parecer, "usted no tiene malaje" sino ángel, y un gracejo andaluz, que en los tiempos que corren esto se agradece. En mi artículo he dicho que siempre se debe denunciar el error, pero hay muchas formas de denunciarlo y de combatirlo; cada cual en la presencia de Dios, debe saber a qué atenerse. "No buscando agradar a los hombres, sino a Dios, que examina nuestras intenciones. Tampoco debemos buscar la gloria humana, ni de nosotros ni de nadie" 1Tes 2,4.5.
    Hay distintas forma de combatir error, de vencer a los enemigos del alma. El Señor venció a Satanás "no con la fuerza corporal ni con el poder de las armas sino que sometió al ejecutor del castigo con la Palabra de Dios" (Sab 18,22) . Queda claro que con la "Palabra de la verdad" (Ef 1,13) se combate la mentira, y se denuncia el error.
    Sólo Dios sabe, los esfuerzos que tengo que realizar para que mi caballo llamado Trueno, no se desboque, porque muchas veces tiende a desparramarse, a correr por las praderas tras las raposas, y demás alimañas, esas que devoran los animales muertos. Lo peor de este caballo es que tiende a escalar por montañas y altas cumbres, y esto es muy peligroso, pues se ha abierto la veda, y por doquier hay cazadores con la escopeta cargada dispuestos a disparar a todo lo que se mueve. He de tener en cuenta el peligro que corre, porque si matan, o hieren a mi caballo, se acabaron las aventuras, la lucha y el combate. Claro está, que, lo que para mí sería pérdida, se convertiría en alivio para los cazadores furtivos, que suelen ir siempre tras aquel caballo que planta cara, que lucha y se defiende.
    Ante estos peligros yo digo a mi caballo, reprime tus impulsos, caballo mío, porque los impulsos no controlados son malos consejeros. Con tal motivo le digo: Aquí quien lleva las riendas soy yo, que para este menester me dotó el Señor de inteligencia y de voluntad.
    Para pensar así, hay que haberse caído muchas veces del caballo, eso da cierta experiencia para saber que no triunfa el caballo más fuerte, sino aquel que está en manos de un buen jinete, con paciencia para esperar el momento oportuno, y la serenidad y "el dominio de sí mismo" (Gál 5,23) para vencer todos los obstáculos.
    Ciertamente los enemigos de Cristo son mis enemigos. Pero como buenos discípulos del Maestro, debemos prestar atención a sus palabras. Hablando de los enemigos Jesús nos dice: "Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues Yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan. Porque si amáis a los que os aman, ¿Qué recompensa vais a tener? ¿No hacen lo mismo los paganos? Vosotros, pues sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial" Mt 5,43,44.46.-48) . Por tanto se nos dice: "Recibid con docilidad la palabra sembrada en vosotros, que es capaz de salvar vuestras vidas. Poned por obra la Palabra y no os contentéis solo con oírla, engañándoos a vosotros mismos" (Sant 1,21.22)

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  3. Anónimo4/4/14 9:17

    Bate,tus comentarios dejan traslucir un amor a Cristo fuerte, intrépido y comprometido. Ojala que muchos de los que se denominan católicos lo tuvieran.
    La guindilla de Tudela no la puede comer todo el mundo. A un estómago fuerte le calienta y estimula, pero a un estómago débil le quema y le puede perjudicar....
    Dices que, muchos católicos de buena fé no saben con quien se la juegan...por estos no hay que preocuparse pues si les falta luz no creo que el Señor se lo tenga en cuenta. Por otro lado la Iglesia tiene que ser purificada. Pasará por la pasión, lo mismo que su Esposo y esto nosotros no lo podemos evitar. No seamos como Pedro que ante el anuncio por parte del Señor de su pasión, le dijo: De ninguna manera Señor eso te puede pasar a ti....
    Nuestra esperanza es que despues de su purificación resurgira resplandeciente y sin mancha, aunque eso algunos no lo veamos aqui en la tierra.
    Un don extraordinario que tiene el hombre y que le ha dado Dios es,su inteligencia para pensar por si mismo y saber discernir y esto nadie se lo podrá quitar. Es lo que diferencia "al hombre" de la "masa", que se deja arrastrar por las corrientes dominantes ". Pero dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oidos porque oyen" (Mt 13,14-16). Un saludo y ánimo

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  4. Anónimo4/4/14 11:51

    Anónimo 9 :17, me gusta su comentario por varias razones , una de ellas es la alusión que hace usted al uso de la inteligencia.El mantra bergogliano "¿ Quién soy yo para juzgar?", ha calado muchísimo en las mentes de los bautizados, dado que ha encontrado ya el caldo de cultivo apropiado para florecer, un caldo de cultivo constituido, por buenismo y respetos humanos , cuando no de cobardía y de apostasía, y hay una persecución que flota en el ambiente - a veces muy , muy sutil-, hacia aquellos que osan utilizan este don en favor de la Verdad.
    De la pasión de la Iglesia ya nos habla el artículo 675 del Catecismo, y hoy querría compartir estas palabras del Beato Juan Pablo II sobre la misma:

    “Nosotros debemos prepararnos para sufrir grandes pruebas dentro de poco, tales que demandarán de nosotros una disposición a perder la vida, y una total dedicación a Cristo y por Cristo... Con vuestras oraciones y las mías es posible mitigar esa tribulación, pero ya no es posible apartarla, porque solo así la Iglesia puede ser efectivamente renovada. ¿Cuanto tiempo llevará la renovación de la Iglesia surgida de la sangre? Ese tiempo, demasiado, no será de otra manera. Nosotros debemos ser fuertes y estar preparados, y confiar en Cristo y en su Madre, y ser muy, muy asiduos en el rezo del Rosario.”
    Papa Juan Pablo II
    Fulda, Alemania (1980)


    Actualmente también contamos para nuestra defensa de alma y cuerpo con el Sello del Dios Vivo dado a María de la Divina Misericordia. Dios no nos deja solos.



    Filomena de Pasamonte

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    1. Anónimo6/4/14 4:27

      Graves pruebas por su gran culpa por no haber hecho la consagración .

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  5. Anónimo4/4/14 17:17

    Gracias Filomena, todos unidos al Señor y a la Madre. Si sufrimos con paciencia alcanzaremos la santidad. Es una promesa del Señor.Un saludo

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