Miles Christi - 22/05/2026
“Siempre he visto en la Corredención el típico caso
erróneo de búsqueda de la dogmatización como el premio gordo de una devoción
particular, con el añadido de la creencia supersticiosa de que, convirtiéndolo
en dogma, se resolverán todos los problemas de la Iglesia por arte de magia
cual nuevo Pentecostés. (...) ¿Que hemos visto? Histerismos por doquier,
ataques ad hominem al Tucho y al Papa, golpes de pecho y rasgamiento de
vestiduras para demostrar lo católicos y devotos de la Virgen que somos, no
como esos publicanos… digo, modernistas.”[1]
Hace unos días
se publicó en el portal digital Wanderer
una nota firmada por Eck intitulada San Bernardo, Tucho y los títulos marianos,
en la que se defiende la nota del Dicasterio para la Doctrina de la Fe que se
opone al título mariano de corredentora, trazando un paralelo con la actitud de
San Bernardo, quien fue contrario, en su momento, a la Inmaculada Concepción.
Sin embargo, lo
menos que puede decirse es que la comparación resulta inadecuada, pues hay una
disimetría manifiesta entre ambos casos. Por un lado, en pleno siglo XII, la
cuestión de la Concepción Inmaculada de María era materia opinable, y la
reflexión teológica al respecto no estaba suficientemente madura, lo que
explica que hayan transcurrido siete siglos hasta que la Iglesia finalmente
declarara el dogma de la Inmaculada Concepción.
Mientras que,
en lo que a la Corredención se refiere, existe un sólido cuerpo doctrinal en el
magisterio ordinario en su favor, a punto tal que hubo una importante petición poco
antes del CVII, dirigida a los Padres conciliares, para que se proclamara el quinto
dogma mariano, el de la Corredención y la Mediación universal de María,
doctrina que se hallaba presente de manera unánime, ampliamente desarrollada,
en los principales manuales de teología de la época.
Debo reconocer
que me cuesta mucho comprender cómo católicos tradicionales, inteligentes e
instruidos, pueden ser tan reacios a aceptar esta doctrina claramente expuesta
por el magisterio, y que reposa en sólidos fundamentos patrísticos y
escriturísticos.
Para colmo, el
tono sarcástico y despectivo empleado en el artículo hacia quienes hemos
reaccionado negativamente a la nota del DDF -asimilando nuestra posición al
fariseísmo-, ha provocado que, al desconcierto intelectual mayúsculo causado
por semejante postura doctrinal antimariana, se añada un malestar personal
profundo, emocional y espiritual a la vez que, no lo ocultaré, me ha afectado
considerablemente.
El hecho de que
católicos tradicionales se declaren contrarios a la atribución de un nuevo
título de gloria para Nuestra Señora, tomando públicamente partido a favor de
un documento pergeñado por quien es manifiestamente un hereje y un impío, un
enemigo declarado de Dios y de la Iglesia, es algo que supera mi capacidad de
comprensión y que me lleva a interrogarme acerca del estado espiritual en que
se encuentra el catolicismo argentino.
Porque estamos
hablando de católicos de élite, es decir, de intelectuales cuya palabra y
ejemplo moldean el pensamiento y dirigen la acción de muchos católicos de a
pie. Es muy decepcionante comprobar que su prestigio e influencia mediática se
ponen al servicio de los enemigos de la Iglesia. Y, peor aún, sin caer en la
cuenta de lo que están haciendo. Es como si fueran víctimas de una inquietante
ceguera espiritual, precisamente ahora, cuando la batalla por la verdad arrecia.
La publicación
recibió muchos comentarios, tanto críticos como laudatorios, con un porcentaje
equivalente en ambos bandos, entre quienes se manifestaban a favor o en contra
de la decisión vaticana de proscribir el título mariano. Seguidamente
transcribo los que efectué, por si pudieran servir como argumento en la defensa
de los títulos de gloria que sin duda la Iglesia terminará adjudicando algún
día a la Santísima Virgen María, Corredentora del género humano y Mediadora
universal de todas las gracias.
I. La falsedad contenida en Mater Populi
Fidelis acerca de la inconveniencia de aplicar a María Santísima los
títulos de Corredentora y Mediadora es total. Intentaré explicar muy
sucintamente los motivos por los que esos títulos son legítimamente aplicados a
la Madre de Dios en la teología católica, contrariamente a lo que se pretende
en este sofístico y malicioso panfleto, urdido en las oficinas del Vaticano
conciliar, modernista, ecuménico e interreligioso.
En efecto, es
algo perfectamente establecido en el magisterio y en la tradición de la Iglesia
que María, la nueva Eva, fue asociada a la redención de Cristo, el nuevo Adán,
de modo análogo al que desempeñó Eva respecto de Adán en la caída original.
Eva fue
indisolublemente asociada al pecado del padre del género humano pues, sin su
intervención, éste no se hubiese producido. Del mismo modo, Dios quiso asociar
a María a la redención operada por su Hijo al encarnarse en su seno sagrado,
requisito indispensable dispuesto por la Divina Providencia para que pudiera
efectuarse la redención del género humano, a través del sacrificio redentor de
Jesucristo en el altar de la Cruz.
Igualmente, así
como Eva fue la “mediadora” de las desgraciadas consecuencias penales
resultantes del pecado de Adán respecto a su posteridad -mediante el acto
generativo que transmite la falta-, de manera análoga María fue libremente
constituida medianera de las gracias que manan de la Cruz, a través de su
maternidad espiritual (“He ahí a tu madre”, Jn. 19, 27).
Fue por su
mediación que la humanidad de Nuestro Señor llegó hasta nosotros para
entregarse como víctima propiciatoria por nuestros pecados y abrirnos las
puertas del Cielo. Cristo constituyó a María madre nuestra en el orden
espiritual, es de ella que recibimos la vida sobrenatural, ella es el canal por
el que fluye la gracia divina que brota del Calvario.
Su misión de
mediadora entre Jesús y los hombres está claramente simbolizada en el papel que
tuvo María respecto al inicio de la vida pública de Jesús -narrado en el
episodio de las bodas de Caná-, cuando Nuestro Señor realizó su primer milagro
a instancias de su madre.
Entonces, dado
que la redención es fruto de la oblación de la humanidad de Jesús en el
Calvario -hipostáticamente unida al Verbo de Dios-, y que dicha humanidad la
recibimos de María, se desprende de ello que Dios dispuso en su sabiduría
infinita que María fuera el canal destinado a distribuir las gracias que fluyen
del Sacrificio Redentor de Nuestro Señor Jesucristo.
Esto es lo que
enseña el magisterio de la Iglesia, lo que está contenido en la Sagrada
Escritura y lo que cree el pueblo fiel, por más que Bergoglio, Prevost y el “Tucho”
Fernández se empeñen impíamente en negarlo…
Hay muchos
papas que han sostenido la corredención de la Santísima Virgen María. En aras
de la brevedad, suministraré sólo una cita, tomada del magisterio
extraordinario de la Iglesia. En la bula Ineffabilis Deus, que
proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción en 1854, Pío IX escribió:
“En
consecuencia de eso, así como Cristo, Mediador entre Dios y los hombres,
asumiendo la naturaleza humana, destruyó el decreto de condenación que había
contra nosotros, clavándolo triunfalmente en la Cruz, así también la Santísima
Virgen, unida a Él por un enlace estrechísimo e indisoluble, fue, juntamente
con Él y por medio de Él, la eterna enemiga de la venenosa serpiente, y le
aplastó la cabeza con su pie virginal.”
Como se puede
apreciar, la idea de la corredención está claramente expresada en el texto
pontificio, aunque no aparezca la palabra “corredentora”.
Mientras el
Vaticano recorre el “camino sinodal”, lucha contra el “cambio climático”,
implementa la “fraternidad universal”, promueve el cuidado de la “casa común” y
se hermana con todas las “tradiciones religiosas”, los católicos nos volvemos
hacia nuestra bendita Madre del Cielo, implorando su protección y pidiéndole la
gracia de la fidelidad a la fe católica en estos tiempos de apostasía…
Para quien
deseara ahondar en el tema, recomiendo vivamente la siguiente lectura: La
Virgen María. Teología y Espiritualidad Mariana, R. P. Antonio Royo Marín
O.P., BAC, p. 140 a 203. La primera edición es del año 1955, lo cual prueba de
modo irrefutable que la doctrina de la corredención y la mediación
universal mariana está firmemente establecida en la teología católica desde
hace, por lo menos, 70 años.
Esto explica
también el hecho de que durante el CVII varios obispos hayan pedido la
declaración de un nuevo dogma al respecto. Como es bien sabido, esta propuesta
no prosperó a causa del modernista giro “ecuménico” decidido por Juan XXIII,
puesto bajo la dirección del cardenal Bea, que en 1960 fue designado primer
presidente del Secretariado para la promoción de la unidad de los
cristianos.
El R. P.
Merkelbach, en su Mariología, del año 1939, también expone
brillantemente la doctrina católica sobre el tema. Ver extractos escogidos en
el siguiente artículo:
https://www.infocatolica.com/blog/praeclara.php/2511080605-title
O bien leer
directamente en el texto de la obra, p. 414 a 512, edición española Desclée
de Brower, 1954:
II. Respondo diciendo que negar que María sea la nueva
Eva es señal de una profunda ignorancia bíblica, patrística y magisterial. Si
bien no ha habido hasta ahora una declaración dogmática del magisterio al
respecto, la corredención de María forma parte de la revelación divina. Su
fundamento escriturístico es innegable. Éste consiste en el paralelo y en la
analogía existente entre Eva y la Santísima Virgen. Paralelo y analogía que se
manifiestan en el papel desempeñado por ellas en relación, por un lado, con
Adán en la caída original y, por el otro, con Jesucristo, nuevo Adán (Rm. 5, 14
- I Cor. 15, 22), en la reparación de la misma.
En efecto, del
mismo modo que Eva participó en la caída de Adán, por su falta de fe y su
desobediencia, María lo hizo en la redención, a través de su fe y su obediencia.
Con su “fiat” y su consentimiento al sacrificio salvador de Jesús, María hizo
posible la Redención, así como Eva, tentando a Adán a instancias de la
Serpiente, había hecho posible la falta original. Es Adán quien la comete, pero
Eva está íntimamente vinculada a ella, no como artífice, sino como partícipe
necesaria y a modo de causa instrumental.
De manera
análoga, María, nueva Eva, participa en el acto redentor realizado por
Jesucristo, nuevo Adán, no como autora, sino como partícipe necesaria -Dios así
lo dispuso en su Divina Providencia-, y como causa instrumental -con su “fiat”
libremente otorgado, María suministró la “materia” del sacrificio redentor, es
decir, el cuerpo de la víctima expiatoria-.
Es en este
sentido que debe entenderse el término “corredención” aplicado a María, como
expresión de su íntima participación en la obra redentora consumada por su
divino Hijo -autor
exclusivo de la misma-, y no como si la redención hubiera sido realizada por
ambos, en el mismo sentido y en un pie de igualdad, como si fuesen coautores
del hecho.
Así pues, a
semejanza de Eva, que interviene de manera decisiva en la caída del género
humano provocada por la falta de Adán, la Santísima Virgen María, Eva de la
Nueva Alianza, está estrechamente involucrada en la redención operada por el
nuevo Adán, Jesucristo.
Veamos lo que
dice al respecto San Ireneo, Padre y Doctor de la Iglesia, discípulo de San
Policarpo, quien, a su vez, lo había sido del apóstol San Juan, en su
obra “Contra los herejes”:
“En
correspondencia encontramos también obediente a María la Virgen, cuando dice:
«He aquí tu sierva, Señor: hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38); a Eva en
cambio indócil, pues desobedeció siendo aún virgen. Porque como aquélla, (…)
habiendo desobedecido, se hizo causa de muerte para sí y para toda la
humanidad; así también María, teniendo a un varón como marido, pero siendo
virgen como aquélla, habiendo obedecido se hizo causa de salvación para sí
misma y para toda la humanidad (Heb 5, 9). (…) Así también el nudo de la
desobediencia de Eva se desató por la obediencia de María; pues lo que la
virgen Eva ató por su incredulidad, la Virgen María lo desató por su fe.”
Citemos ahora
al gran doctor mariano San Luis María Grignon de Montfort, en su Tratado de la verdadera devoción a la Virgen
María:
“Lo que Lucifer
perdió por orgullo lo ganó María con la humildad. Lo que Eva condenó y perdió
por desobediencia lo salvó María con la obediencia. Eva, al obedecer a la
serpiente, se hizo causa de perdición para sí y para todos sus hijos,
entregándolos a Satanás; María, al permanecer perfectamente fiel a Dios, se
convirtió en causa de salvación para sí y para todos sus hijos y servidores,
consagrándolos al Señor. 53 (…) Lo que digo en
términos absolutos de Jesucristo, lo digo, proporcionalmente, de la Santísima
Virgen. Habiéndola escogido Jesucristo por compañera inseparable de su vida,
muerte, gloria y poder en el cielo y en la tierra, le otorgó, gratuitamente -respecto
de su Majestad- todos los derechos y privilegios que Él posee por naturaleza:
“Todo lo que conviene a Dios por naturaleza, conviene a María por gracia”,
dicen los santos. 74.”
Cito ahora por
partida doble a Pío XII, primero en una alocución dirigida a los peregrinos de
Génova del 22 de abril de 1940:
“De hecho, ¿no
son Jesús y María los dos amores sublimes del pueblo cristiano? ¿No son acaso
el nuevo Adán y la nueva Eva a quienes el Árbol de la cruz une en el dolor y el
amor para redimir el pecado de nuestros primeros padres en el Edén?”
Y luego, en su
constitución apostólica Munificentissimus Deus, en la que definió
solemnemente el dogma de la Asunción de María al Cielo en cuerpo y alma:
“Pero ya se ha
recordado especialmente que desde el siglo II María Virgen es presentada por
los Santos Padres como nueva Eva estrechamente unida al nuevo Adán, si bien
sujeta a él, en aquella lucha contra el enemigo infernal que, como fue
preanunciado en el protoevangelio (Gn 3, 15), habría terminado con la plenísima
victoria sobre el pecado y sobre la muerte, siempre unidos en los escritos del
Apóstol de las Gentes (cfr. Rom cap. 5 et 6; 1 Cor 15, 21-26; 54-57). Por lo
cual, como la gloriosa resurrección de Cristo fue parte esencial y signo final
de esta victoria, así también para María la común lucha debía concluir con la
glorificación de su cuerpo virginal (n. 39).”
Transcribo
seguidamente otras citas pontificias sobre esta cuestión:
León
XIII: “Cuando María se ofreció a si misma completamente a Dios junto
con su Hijo en el templo, ya estaba compartiendo con Él la dolorosa expiación a
favor de la raza humana. Es seguro, por tanto, que sufrió en lo más profundo de
su alma con los sufrimientos más amargos y los tormentos de Él. Finalmente, fue
precisamente frente a los ojos de María que el sacrificio divino, por el cual
Ella había nacido y alimentado a la víctima, tuvo que ser consumado; vemos que
estuvo Su Madre frente a la Cruz de Jesús (…) voluntariamente ofreciendo a su
Hijo a la divina justicia, muriendo con Él en su corazón, atravesada con la
espada de dolor”. Encíclica Jucunda Semper, 1894.
San Pío
X: “A todo esto hay que añadir, en alabanza de la santísima Madre de
Dios, no solamente el haber proporcionado al Dios Unigénito que iba a nacer con
miembros humanos la materia de su carne con la que se lograría una hostia
admirable para la salvación de los hombres; sino también el papel de custodiar
y alimentar esa hostia e incluso, en el momento oportuno, colocarla ante el
ara. De ahí que nunca son separables el tenor de la vida y de los trabajos de
la Madre y del Hijo.” Encíclica Ad diem illum, 1904.
Benedicto
XV: “El hecho de que Ella estuvo con su Hijo, crucificado y agonizante,
fue de acuerdo al plan divino. Hasta tal punto entregó sus derechos maternales
sobre su Hijo para la salvación del hombre, y lo inmoló -hasta donde le fue
posible- para calmar la justicia de Dios, que podemos correctamente decir que
redimió a la raza humana junto con Cristo.” Carta Apostólica Inter
Sodalicia, 1918.
Pío XI: “O
Madre del amor y de la misericordia quien, cuando vuestro dulcísimo Hijo estaba
consumiendo la Redención de la raza humana en el altar de la cruz,
permanecisteis de pie junto a Él, sufriendo con Él como la Corredentora. (…)
Conserva en nosotros, os lo suplicamos, e incrementa día a día, los frutos
preciosos de Su Redención y la compasión de su Madre.” Oración en la
clausura del Jubileo de la Redención, 1933.
Pío XII: “Fue
Ella quien, libre de toda mancha personal y original, unida siempre
estrechísimamente con su Hijo, lo ofreció como nueva Eva al Eterno Padre en el
Gólgota, juntamente con el holocausto de sus derechos maternos y de su materno
amor, por todos los hijos de Adán manchados con su deplorable pecado; de tal
suerte que la que era Madre corporal de nuestra Cabeza, fuera, por un nuevo
título de dolor y de gloria, Madre espiritual de todos sus miembros.” Encíclica Mystici
Corporis, n. 51, 1943.
III. Oración de Reparación a la Santísima Virgen María
Corredentora, indulgenciada por San Pío X en 1914:
“Santísima
Virgen, Madre de Dios, mira con bondad desde el cielo, donde reinas, a este
miserable pecador, tu siervo. Consciente de su indignidad, en reparación por
las ofensas cometidas contra ti por lenguas impías y blasfemas, desde lo más
profundo de su corazón te bendice y exalta como la más pura, la más bella y la
más santa de todas las criaturas. Bendice tu santo nombre, bendice tus sublimes
prerrogativas como verdadera Madre de Dios, siempre Virgen, concebida
sin mancha de pecado, como corredentora del género humano. Bendice
al Padre eterno, que te eligió de manera especial como su Hija; bendice al
Verbo Encarnado, que, al asumir la naturaleza humana en tu purísimo seno, te
hizo su Madre; bendice al Espíritu Santo, que te eligió como su Esposa.
Bendice, exalta y da gracias a la augusta Trinidad que te eligió y te favoreció
tanto que te elevó por encima de todas las criaturas a las más sublimes
alturas. Oh santa y misericordiosa Virgen, implora el arrepentimiento de tus
ofensores y acepta este pequeño homenaje de tu siervo, obteniendo también para
él, de tu divino Hijo, el perdón de sus pecados. Amén.”[2]
El 22 de enero
de 1914 San Pío X concedió que los fieles que recen esta oración con corazón
contrito y devoto obtengan una indulgencia de cien días, aplicable también a
los difuntos. La indulgencia es válida a perpetuidad.
IV. Brindo a continuación tres citas de San Alfonso María
de Ligorio, Doctor de la Iglesia, tomadas de su obra Las glorias de
María:
“Dice san
Bernardo que, conforme un hombre y una mujer cooperaron a nuestra ruina, así un
hombre y una mujer debían cooperar a nuestra reparación, y éstos fueron Jesús y
su Madre María. ‘No hay duda -dice el santo- de que Jesucristo él sólo se basta
para redimirnos, pero fue más congruente que a la hora de nuestra reparación
estuvieran presentes los dos sexos que lo habían estado cuando la caída’. Por
eso san Alberto Magno llama con razón a María colaboradora en la redención. Y
ella misma reveló a santa Brígida que como Adán y Eva por la fruta prohibida
vendieron al mundo, ella con su Hijo con un solo corazón rescataron al mundo.
‘Bien pudo Dios crear el mundo de la nada’, dice san Anselmo; ‘pero, habiéndose
perdido el mundo por la culpa, no ha querido Dios repararlo sin la cooperación
de María. El que pudo hacerlo todo de la nada no quiso repararlo sin
María’.” P. 63.
“María es
llamada la cooperadora de nuestra justificación porque a ella le ha confiado
Dios todas las gracias que se nos dispensan. Por lo que, afirma san Bernardo,
‘todos los hombres, pasados, presentes y por venir, deben ver en María como el
medio de lograr la salvación y la negociadora de la misma durante todos los
siglos’.” P. 64.
“Al morir
Jesús, María unió su voluntad con la de su Hijo de tal manera que ambos
ofrecieron un mismo sacrificio, y por eso dice el mismo santo abad que así es
como el Hijo y la Madre realizando la redención humana obtuvieron la salvación
de los hombres; Jesús, satisfaciendo por nuestros pecados; María, impetrando
que se nos aplicara semejante satisfacción. (…) Siendo María por los méritos de
sus sufrimientos y del ofrecimiento de su Hijo madre de todos los remedios, se
ha de creer que sólo por ella se otorga la leche de las divinas gracias, que
son los méritos de Jesucristo, y los medios para conseguir la vida eterna. A
esto se refiere san Bernardo al decir que Dios ha puesto en manos de María el
precio de nuestra redención. Con lo que el santo nos da a entender que por la
intercesión de la Virgen santísima se aplican a las almas los méritos del
Redentor y que por sus manos se dispensan las gracias, que son
precisamente el precio de los méritos de Jesús.” P. 151.[3]
Concluyo con
una edificante cita de «Francisco» al respecto:
“Fiel a su
Maestro, que es su Hijo, el único Redentor, jamás quiso para sí tomar algo de
su Hijo. Jamás se presentó como corredentora. (…) Nunca robó para sí nada
de su Hijo (…) María mujer, María madre, sin otro título esencial. (…) Y tercer
adjetivo que yo le diría mirándola, se nos quiso mestiza, se mestizó. (…) Se
mestizó para ser Madre de todos, se mestizó con la humanidad. ¿Por qué? Porque
ella mestizó a Dios. Y ese es el gran misterio: María Madre ‘mestiza’
a Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, en su Hijo. Cuando nos vengan
con historias de que habría que declararla esto, o hacer este otro dogma, no nos perdamos
en tonteras: María es mujer, (…) mujer de nuestros pueblos, pero
que ‘mestizó’ a Dios.”[4]
V. La cooperación de María a la obra redentora no es
comparable a la de Judas o a la de los soldados romanos -como absurdamente
sostiene el anterior comentario-, porque, en el caso de María, y a diferencia
de ellos, Cristo quiso que su madre estuviese asociada a la obra de la
salvación de una manera íntima, consciente y libre, de modo que ella fuese la
nueva Eva, acompañando indisociablemente la obra redentora efectuada por el
nuevo Adán. Ésa ha sido su voluntad, y negar esto es despojar a María de uno de
sus principales títulos de gloria. Si Eva ha sido partícipe necesaria en la
caída de Adán, de un modo análogo también lo ha sido María en la redención operada
por el nuevo Adán. Francamente, no me parece algo muy complicado de entender.
Brindo
seguidamente un pasaje del esquema conciliar original de la Constitución
Dogmática sobre la Virgen María, tal cual había sido redactado por la Comisión
Preparatoria antes de la apertura del concilio. En ella figura claramente tanto
la corredención como la mediación universal de todas las gracias de María
Santísima. Es cierto que no figuran las palabras «corredención» ni
«corredentora», pero lo esencial es que está presente el concepto:
«Por este consentimiento, María, hija de Adán, no solo
se convirtió en la madre de Jesús, el único Mediador y Redentor divino, sino
que también, con Él y bajo su influencia, asoció su obra a la redención del
género humano. (…) Puesto que la Santísima Virgen fue predestinada desde la
eternidad a ser la madre de Dios y de los hombres y, por la divina Providencia
que dispuso así estas cosas, fue una generosa colaboradora de Cristo en la
obtención de la gracia para los hombres, con razón y merecidamente se la
considera administradora y dispensadora de las gracias celestiales.»
El texto
original: “Quo consensu, Maria, filia
Adae, facta est non tantummodo mater Iesu, unici divini Mediatoris ac
Redemptoris, verum etiam cum eo et sub eo, operam suam consociavit in humani
generis redemptione peragenda. (…) Cum itaque beatissima Virgo ab aeterno
praedestinata ut esset Dei hominumque mater, divina Providentia sic disponente
hisce in terris Christi passibilis fuerit generosa socia in gratia pro
hominibus acquirenda, caelestium quoque gratiarum administra et dispensatrix
iure meritoque salutatur.”[5]
VI. El comentarista anterior se obstina en eludir la
argumentación central -fingiendo no comprenderla-, y exigiendo que yo me salga
del tema, respondiendo a sus sofismas. Vamos de nuevo. El paralelo teológico
entre lo acaecido, por un lado, con Adán y Eva en la caída original y, por el
otro, con Jesús y María en la redención, es un lugar común en Padres, Doctores,
Teólogos y Actas del Magisterio. He suministrado varias citas en los
comentarios precedentes. Eva es parte integrante de la falta cometida en los
orígenes, como partícipe necesaria, sin la cual la caída no habría tenido
lugar.
Del mismo modo,
María, la Eva de la Nueva Alianza, se halla unida de manera indisociable con el
sacrificio redentor llevado a cabo por su divino hijo, Jesucristo, el nuevo
Adán, en el altar de la Cruz. El pecado original compete a Adán, por ser la
cabeza del género humano, así como la redención es realizada por Cristo, el
nuevo Adán. Pero eso no obsta para que, en el plan de Dios, Eva y María hayan
intervenido de modo esencial, como partícipes necesarios y causas
instrumentales, en las acciones realizadas por Adán y Jesús. Ésa es la forma en
que se han desarrollado ambos momentos cruciales de la historia de la
humanidad.
Esto es
doctrina católica cierta, fundada en la Sagrada Escritura, en la tradición y el
magisterio eclesiástico. Si así no fuera, ¿sería posible que esta doctrina
figure en los manuales teológicos preconciliares? He mencionado a Merkelbach y
a Royo Marín, reconocidísimos y respetados autores eclesiásticos, pero hay
varios más. Si la corredención no fuera doctrina segura, ¿acaso se habría
podido exponer esta idea en el esquema conciliar preparatorio, como lo refleja claramente
la cita que suministré anteriormente? La respuesta es evidentemente negativa…
VII. Estimado
Wanderer: ¿Por qué me censura este
comentario? No veo que contenga nada reprensible. Éste es el tercer intento que
hago…
Un comentario
final, que me parece decisivo para clarificar el debate. El Dicasterio para la
Doctrina de la fe afirma que “el Concilio Vaticano II evitó utilizar el título
de Corredentora por razones dogmáticas, pastorales y ecuménicas” (MPF, 18). Sin
embargo, es falso decir que haya habido razones dogmáticas o doctrinales para
prescindir del título mariano en cuestión, ya que, en el documento al cual se
hace referencia, se afirma claramente la veracidad y la justeza del término. En
efecto, en las “praenotanda” del esquema de 1962 sobre la Santísima Virgen, se
nos dice que:
“Se han omitido ciertos términos y expresiones
utilizados por los pontífices romanos que, aunque son muy verdaderas en sí
mismas (“in se verissima”), pueden resultar difíciles de entender para los
hermanos separados (como los protestantes). Entre tales palabras se pueden
enumerar las siguientes: «Corredentora de la raza humana», [San Pío X, Pío XI],
«Reparadora del mundo entero» [León XIII]; (…) «Con razón se puede decir que
redimió al género humano con Cristo» [Benedicto XV], etc.”
Es decir que el
título de “Corredentora” fue omitido del esquema de 1962 porque se consideró
que era “difícil de entender para los hermanos separados”, lo que implica que
no se omitió por razones dogmáticas, sino exclusivamente «ecuménicas», puesto
que se dice claramente que el título “Corredentora” forma parte de expresiones
que son “muy verdaderas en sí mismas”.
El texto
original latino: «Omissae sunt
expressiones et vocabula quaedam a Summis Pontificibus adhibita, quae,
licet in se verissima, possent difficilius intelligi a fratribus
separatis (in casu a protestantibus). Inter alia vocabula adnumerari
queunt sequentia: « Corredemptrix humani generis » [S. Pius X, Pius
XI]; « Reparatrix totius orbis » [Leo XIII]; « materna in Filium iura pro
hominum salute abdicavit » [Benedictus XV, Pius XII], « merito dici queat Ipsam
cum Christo humanum genus redemisse » [Benedictus XV], etc»[6]
Concluyo con un
hermoso texto de Pío XII:
“Ella, la que, libre de toda mancha personal y
original, unida siempre estrechísimamente con su Hijo, lo
ofreció como nueva Eva al Eterno Padre en el Gólgota, juntamente con el holocausto de sus
derechos maternos y de su materno amor, por todos los hijos de Adán manchados
con su deplorable pecado; de tal suerte que la que era Madre corporal de
nuestra Cabeza, fuera, por un nuevo título de dolor y de gloria, Madre
espiritual de todos sus miembros.” Mystici Corporis, n. 51.
VIII. Wanderer: Estimado, se lo censuraba porque usted aprovechaba su
mensaje para publicitar su blog.
IX. Hice eso sólo en mi primer mensaje, no en el segundo,
justamente, a fin de no seguir dándole un argumento para vetar la publicación
del mismo. Pero no importa, prefiero pasar página, lo esencial es que,
finalmente, ha publicado el mensaje, que me parece importante, ya que revela el
engaño de la infame nota vaticana acerca de la inconveniencia «dogmática» que
supondría el título «corredentora» aplicado a Nuestra Señora…[7]
PARA MÁS INFORMACIÓN
“Apostasía vaticana”
https://gloria.tv/post/7ynAG7ZfxBvK1MBD4MqN3aMxn
“Diez años con Francisco”
https://gloria.tv/post/UEqqVjZCCVLQ6g89ps67irXSM
MIS BLOGS
Miles Christi
https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi
Super Omnia Veritas
https://gloria.tv/user/uCZ9iiNQ3eKS1zgLg6MSCmbjY
Miles Christi English
https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi%20-%20English
MIS PUBLICACIONES
Impresas:
https://saint-remi.fr/fr/35-livres?q=Filtre%20Auteur-MILES%20CHRISTI-MARIE%20Alexandre
Digitales:
[1] https://elwanderer.com/2026/05/18/san-bernardo-tucho-y-los-titulos-marianos/ - Publicado en mi blog “Super Omnia
Veritas”: https://gloria.tv/post/UCYu64cV61Ut2YhBZokULxgZU
[2] https://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-06-1914-ocr.pdf - P. 108 y 109.
[4] http://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2019/documents/papa-francesco_20191212_omelia-guadalupe.html - El video: https://gloria.tv/post/BQBmbvf7hzNa6xpitoGcE9zML
[5] https://archive.org/details/ASI.4/page/n89/mode/2up - Líneas 5 a 8 y 22 a 26.
[6] https://archive.org/details/ASI.4/page/n95/mode/2up - P. 95, IV, 3, a.
[7] Recomendado: “En defensa de la Corredención de
María” https://gloria.tv/post/Td9KiqLvfphy131LRBv2qJQ6n

No hay comentarios.:
Publicar un comentario