San Juan Bautista

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jueves, 3 de diciembre de 2020

Tríptico sobre el Nacimiento de Jesucristo - Antonio Caponnetto

 


-I-

 

“El Nacimiento se compara al rocío, a la lluvia y al germen”

Santo Tomás de Aquino, Super Isaiam ad littertam, 45

 

Como la escarcha sabe que el enigma del frío

descifra su secreto transitando hacia el alba,

Señor, tu Nacimiento, se compara al rocío.

 

Al calor de la siega es la nube que salva

-celajes con relentes del agua tempranera-

aromas de romero, de lises y de malva.

 

Como la lluvia sabe que al caer es arriera

de chubascos fecundos sobre el calmo retoño,

Señor, tu Nacimiento, semeja una aguadera.

 

Simiente en el sembrado, trigos para el otoño,

la tierra que se empapa cual arena en la orilla,

una vendimia antigua con un ramo bisoño.

 

Como el germen ya sabe que brota de la arcilla

el árbol de Jesé, vivero del que es Justo,

Señor tu nacimiento nuestra lucha acaudilla.

 

Haciendo de los astros un mirador augusto,

atalaya del héroe, del santo y del profeta,

una lanza en la mano sobre el pecho robusto.

ººº

Rocío, lluvia, germen, la tríada completa,

mas no se olvide el nombre que al yermo aboliría,

el nombre ante el que el Ángel, de rodillas respeta:

<Has hallado la gracia, ya no temas María>.

 

 

-II-

 

“Cristo, contrariamente a los que se vanaglorian, quiso nacer en una ciudad oscura, y padecer oprobio en una ciudad noble”.

Santo Tomás de Aquino, S.T, III, q. XXXV, a. 7 y 8.

 

Fue Belén la asignada por linaje y promesa,

Monárquico abolengo, oblación a David.

Progenie y juramento que la historia atraviesa.

 

José y María oyeron: <¡marchad y concebid!>,

y fueron betlemitas los hombres, el pesebre,

testigos primordiales de la Perfecta Vid.

 

Fue en Belén. Que el profeta su oráculo vertebre:

<¡Casa de Pan te llaman, serás templo y palacio,

tu abad cuanto tu trono las obras de un Orfebre!>

 

Ciudad regia y sagrada como un iconostasio,

sacerdocio o realeza guardarán tus murallas,

un mugido de bueyes, un lucero topacio.

 

 

Fue en Belén, quede dicho, nació por dar batallas

en el tiempo oportuno de oscuras servidumbres

cuando enfermaba el mundo sin honores ni agallas.

 

Alumbró a los que estaban rumiando pesadumbres

<de asiento en las tinieblas y en sombra de la muerte>.

Quito penas al alma y al cuerpo quitó herrumbres

 

ººº

Juramento o progenie, dejamé agradecerte

tus magos, tus rebaños, la pastoril pobreza;

traenós a la patria tu Belén claro y fuerte

la salud de sentarnos, Señor, junto a tu mesa.

 

 

-III-

 

“Querían por lo tanto conocer su casa para acercarse a él con frecuencia conforme al consejo del sabio: <Y si vieres un hombre cuerdo, madruga a él>”

Santo Tomás de Aquino, In Joan, I

 

Buscaban tu morada solariega y terrena.

<¿Dónde moras, Maestro, cuál tu puerta o tu umbral?

Velaremos las jambas como el guardia a la almena.

 

Si nos trazas un mapa, los lindes de un mural,

la senda peregrina para hallar tu cancela,

el viaje será presto, orante y agonal>

 

<¡Venid y ved mi casa en cualquier ciudadela>,

les respondió iniciando una lección eterna,

la lección salvadora que rescata y consuela.

 

Son cuatro los caminos. Como en una cisterna

donde se albergan capas de antiguos manantiales

dan bebida al sediento con prontitud fraterna.

 

Están las obras buenas, visibles y frontales,

el reposo del alma con fiel recogimiento,

el saborear dulzuras, cañal, cañaverales

 

de Dios, que no se deja ganar en sentimiento.

Y están los corazones levantados en vilo,

palpando con las manos como nos palpa el viento.

ººº

¿Dónde moras, Señor? Vuelve ya, pronto dilo,

en estas Navidades al pie de tu boyera

estaremos izando la Cruz y la Bandera

una moharra enhiesta con su alerta de filo.


Antonio Caponnetto 


miércoles, 2 de diciembre de 2020

"Acá no hay dos vidas" - Alejandro Sosa Laprida

 “Acá no hay dos vidas”

Miles Christi - 01/12/2020

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“Acá no hay dos vidas, como dicen algunos. Acá claramente es una sola persona y lo otro es un fenómeno que no está correctamente utilizado. Si no fuera así, estaríamos ante el mayor genocidio universal.” [1]

Esto es lo que acaba de decir en el Congreso de la Nación el Ministro de “Salud”, Ginés González García, en el debate sobre la legalización del aborto que se inició hoy. Se supone que este señor es médico. Alguien debería explicarle que, a partir de la concepción, se inicia una nueva vida, distinta de la de la madre, con un ADN único, personal e irrepetible.

Y que esa nueva vida es, obviamente, una vida humana, como la de cada uno de nosotros, quienes todos, sin excepción, hemos pasado por esa situación. Y hoy no estaríamos aquí si nuestras madres hubiesen reclamado el fantástico “derecho” a “disponer de sus cuerpos” en detrimento nuestro. Es decir, el falso “derecho” a despedazarnos en el mismo vientre concebido para nutrirnos y protegernos durante los primeros nueve meses de nuestra existencia.

Este señor tal vez haya prestado alguna vez el juramento hipocrático, que dice:

“Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a mujer alguna. Por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura”[2].

Juramento que, por cierto, parece haber olvidado. Este señor nos explica, además, muy orondo, que con la legalización del aborto se “elimina una causa de muerte”. Aparentemente, no solo ha olvidado los fundamentos de su arte, sino también los de la lógica más elemental, pues tener que “matar para evitar muertes” es una idea de lo más extraña…

Este prohombre de la medicina también nos ilustró con la siguiente sentencia:

“En toda mi vida me he dedicado a esto por tres razones centrales: prevenir que las cosas no ocurran y tengan menos consecuencias. La segunda es una razón de derechos y la tercera es una cuestión de justicia social.” [3]

Un breve comentario al respecto. Primeramente, para tratar de evitar que muera gente en el marco de un embarazo, debe alentarse la maternidad con una auténtica política natalista, que cuide y recompense a la mujer que da a luz, en vez de proponerle que asesine a su hijo. Y debe igualmente desalentarse por todos los medios la práctica inhumana del aborto, lo que supone su penalización efectiva, principalmente -y de manera ejemplificadora-, la del personal médico que se preste a cometer semejante delito.

En cuanto a la preocupación de este triste galeno en querer respetar los “derechos”, es un hecho manifiesto que él los conculca soberanamente, ya que desprecia el derecho a la vida que tiene todo ser humano, que naturalmente incluye el de los niños en gestación.

Finalmente, su alusión a la “justicia social” es demagógica y falaz, pues la justicia se basa en el principio de “dar a cada uno lo suyo”[4] y es, por tanto, incompatible con el horrendo crimen del aborto, por el cual se quita cruelmente la vida a un ser humano inocente y completamente indefenso en el seno materno.

Este médico desnaturalizado a quien, por surrealista que parezca, ha sido confiada la “salud” de los argentinos, haría bien en sacar la conclusión que se impone de lo dicho, y que él mismo enunció, en un atisbo de lucidez, en su lamentable intervención ante el Congreso -a pesar de no reconocerse en ella-, a saber que, con la legalización del aborto, se perpetra un AUTÉNTICO GENOCIDIO DE NIÑOS POR NACER, y que el mote de GENOCIDA es el que corresponde a todos aquellos que, de una u otra forma, cooperan con la realización de este crimen abominable.

“Argentina dice NO al crimen del aborto”:        https://gloria.tv/post/yn1a69jLRPMM4kzuutvjSaTXB

“La Rata”: https://gloria.tv/post/j89bbJeXH2sw4Sc4YNyHQvpEu

“El aborto legalizado de facto en Argentina”: https://gloria.tv/post/WMnUssXcinSP6dN4FnRgSgZC2 

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, EN VOS CONFÍO.

 

INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, RUEGA POR NOSOTROS.

Para mayor información:

https://gloria.tv/user/PsqnxVeozUAb11SRjPVhdKjWu

https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi%20-%20English

domingo, 29 de noviembre de 2020

Domingo Primero de Adviento - Leonardo Castellani

 


Hay cosas que no pueden saberse sin volverse loco, antes de saberlas o después de saberlas.

Imaginemos por ejemplo que un sanjuanino hubiese conocido de antemano el terremoto de San Juan ¿no era como para volverse loco? ¿Y si hubiese tenido que anunciarlo? Pobre de él...

Cuenta el historiador Josefo, en La Guerra Judaica, que antes de la destrucción de Jerusalén apareció en sus callejas uno que no se sabía si estaba loco o inspirado, venido nadie sabe de dónde, que tenía el mismo nombre de Nuestro Señor (Ieshua), el cual recorría la ciudad sagrada –y deicida– gritando sin cesar “¡Ay de Jerusalén! ¡Ay del Templo!...”. Fue detenido, interrogado, reprendido, amenazado, castigado y azotado, como “derrotista” y sacrílego; y todo fue inútil; nadie pudo hacerle abandonar su estéril tarea, hasta que un día fue herido en la frente por un proyectil arrojado de una catapulta; y cayó muerto gritando: “¡Ay de mí!”.

Es un ejemplo de lo que decimos: este cuitado había visto la realidad antes que los demás. El que tiene razón un día antes, veinticuatro horas es tenido por irrazonante –dice un proverbio alemán–.

Hay muchas palabras en el Evangelio que son o de un Dios o de un loco; y que no pueden ser de un hombre común; y el Discurso Esjatológico es una de ellas. Sobrecoge el ánimo imaginarse a ese grupo de pescadores y labradores galileos sobre el borde Norte de la ciudad (sobre el Templo y mirando a Jericó); rodeando a Ieshua-ben-Nazareth y escuchando salir de sus labios, a manera de relámpagos que rompen la noche del futuro, palabras desmesuradas como éstas:

“Será la tribulación más grande que ha existido desde el principio del mundo; más grande que el Diluvio...

Se secarán los hombres de miedo y de expectativa ante las convulsiones del Universo...

Las fuerzas cósmicas se descompaginarán...

Habrá signos en el sol, en la luna y en las estrellas; y gran presión entre los pueblos...

Entonces alegraos [!] porque está cerca vuestra redención...

Verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes del cielo con gran majestad y poderío...

El cielo y la tierra, pasarán; mis palabras no pasarán”.

 

Hay muchos lugares en el Evangelio en que Cristo pronuncia palabras que a ningún puro hombre serían lícitas, palabras que rompen el equilibrio humano y muestran como en un relámpago los abismos de la Eternidad; y sin embargo no están pronunciadas con énfasis ni ahuecando la voz, como hacen los poetas humanos que se tienen por “os magna sonaturum”–y Olegario Andrade y su maestro Hugo en esto de hacerse los “bíblicos” llegan muy lejos– sino más bien atenuadas y como puestas en sordina. Estas palabras sobrehumanas fueron notadas desde el primer momento: “¿Quién es Éste? Éste no habla como los demás rabbies. “Nadie ha hablado jamás como este hombre!...”. Efectivamente.

El apokalypsis de Lucas, cuya perícopa final se lee en este Domingo primero del año litúrgico, es el más breve de todos; y aquel en que está en cierto modo indicada la división de la doble profecía; de los signos de la cuida de Jerusalén hasta el versillo 25; y los de la agonía del Universo del 25 al 32; puesto que lo que hay que decir, como vimos, de esta dificultosa escritura, es que predice a la vez el fin de una época de la historia del mundo y el fin de toda la historia del mundo: en dos planos subordinados, que se llaman typo y antitypo. Pero en este evangelio esos signos se pueden distinguir más o menos en dos secciones, de las cuales la primera mira más bien el fin de Jerusalén y el Templo, y como fondo al fin de la Cristiandad y el mundo; y la segunda más bien el fin del mundo. Cosa análoga sucede, como ya hemos notado, en el discurso de la Promesa de la Eucaristía (Jn VI, 22-58): trata del “Pan de vida”, es decir, a la vez de la Fe y del Sacramento; y primeramente la fe está delante como figura y el sacramento detrás como fondo; y luego paulatinamente el Sacramento de la Fe ocupa sin solución de continuidad el primer plano.

El año 1941 este mismo Domingo primero de Adviento, prediqué este evangelio en la Iglesia de Don Bosco de la ciudad de San Juan; tengo todavía los apuntes: el evangelio de los Terremotos. Si hubiese sabido que poco después San Juan iba a ser probado por la Calamidad y la Catástrofe, ciertamente no hubiese podido ni nombrarlo al terremoto. Mas Nuestro Señor dice aquí que habrá “entonces terremotos grandes por varios lugares, y pestilencias y hambre, y terrores desde el cielo, y grandes renales...”. Enseguida después de la tribulación de aquellos días –especifica San Mateo– el sol se oscurecerá, la luna se pondrá sangrienta y las estrellas caerán del cielo –sol en la Escritura es el símbolo de la verdad religiosa; luna, de la ciencia humana; estrellas son los sabios y doctores– porque “las fuerzas cósmicas se desquiciarán” que así se traduce mejor lo que la Vulgata vierte: “las virtudes del cielo se conmoverán”; pues el texto griego dice literalmente “las energías uránicas” (“dinámeis toon ouranoón”).

Los intérpretes se preguntan si estos signos en el cielo tan extraordinarios serán físicos o metafóricos; si hay que tomar esas palabras del Profeta como símbolos de grandes desórdenes y perturbaciones morales, o si realmente las estrellas caerán y la luna se pondrá de color de sangre; en cifra, si los “terremotos” profetizados serán los terremotos de San Juan visibles o bien los invisibles –y mucho peores– terremotos de Buenos Aires. Probablemente las dos cosas; porque al fin y al cabo, el universo físico no está separado del mundo espiritual –los ángeles mueven los mundos, decían los antiguos filósofos– y estas dos realidades, materia y espíritu, que a nosotros aparecen como separadas y aun opuestas, en el fondo no son sino como dos rostros de la misma realidad fundamental. Esas “fuerzas del Cielo” de que hablamos, para los filósofos griegos eran espíritus, para los científicos modernos son vibraciones del éter; y esas “energías cósmicas”, que somos advertidos “se desquiciarán”, el hombre ya les ha encontrado el quicio, porque ha penetrado en ese éther (áitheer) que los griegos tenían por el alma del fuego o el fuego esencial; y Santo Tomás ensenó es el dominio propio de los ángeles. El hombre moderno ha penetrado en este dominio de los ángeles guiado quizá por uno de ellos ¿chi lo sí? Lo cierto es que los grandes astrólogos, alquimistas y hechiceros de nuestros días han realizado un enorme progreso: han inventado el instrumento con el cual se puede destruir el mundo; o por lo menos “la tercera parte de él”, como dice el Apokalypsis. “Las energías uránicas se desquiciarán...”. Bien, la bomba atómica la fabrican hoy con un metal llamado uranio, al cual lo desquician o desintegran.

Lo que tiene que ser, será. El tiempo no vuelve atrás. La creación madura. El drama de la Humanidad pecadora, redimida y predestinada, tiene que tener su desenlace. El Bien y el Mal han ido creciendo en tensión desde el principio del mundo, como dos campos eléctricos; y algún día tendrá que saltar la chispa. Ese día no es un día perdido en la lejanía de lo ilimitado, porque Cristo por San Juan pronunció categóricamente que sería –relativamente– pronto; y por San Lucas y los otros Sinópticos recomendó que estemos ojos abiertos para verlo venir. “Mirad la higuera: cuando reverdece vosotros sabéis que está cerca el verano; así cuando veáis que comienzan estas cosas, sabed que está cerca vuestra redención.”

Las primeras generaciones cristianas vivieron en la ansiosa expectativa de la Parusía, conducidas a ello por el versículo oscuro y ambivalente de cuya dificultad hemos hablado; mas no es verdad lo que dicen los racionalistas actuales, que se “han equivocado” propiamente, pues una cosa es temer, otra es afirmar; y así vemos, por ejemplo, que San Pablo reprende a los de Tesalónica los cuales temerariamente “afirmaban”; declara y reitera que “él no sabe”, ni nadie, cuándo será el Advenimiento; reta a los temerarios o perezosos que arreglaban su vida sobre la base de esa afirmación; y les notifica que no puede aparecer el Anticristo mientras no sea retirado el “Obstáculo” –ese misterioso “katéjon-katéjos” que está una vez en género neutro y otra en masculino– y que el “Obstáculo” todavía está allí “¿No recordáis que os lo dije?”, reprende el Apóstol. “A ellos se lo dijo, a nosotros no”, se queja San Agustín.

A pesar de eso, este eco del versículo difícil se dilató y resuena aún en la Epístola CXXI, § 11, de San Jerónimo, siglo V; cuando vencido y muerto el “Imperator” Estilicón por el vándalo Alarico, los reyes bárbaros desbordaron la frontera de Milán y tomaron y saquearon a Roma, haciendo temer al solitario de Belén que había sido retirado el

“Obstáculo”; el cual para él no era otra cosa que el Imperio y la Civilidad Romana; lo mismo que para Agustín[1] y la mayoría de los Santos Padres antiguos.

Solamente cuando los sucesos mismos mostraron que aquella raya de Esta Generación no pasará” se aplicaba solamente a la Pre-Parusía (el fin de la Sinagoga) y no a la Parusía, repararon bien los cristianos en los varios rasgos que en el Evangelio indican el Intersticio; como por ejemplo el patente versillo de Lucas XXI, 24, donde se predice la matanza y la dispersión de los judíos por todo el mundo, y que “Jerusalén será pisoteada por los Gentiles hasta que llegue el tiempo (del Juicio) de las naciones”. Luego uno fue el Juicio de Israel, otro será el Juicio de las Naciones: dos sucesos separados contemplados como en uno.

Este versillo dice con claridad un intersticio o intervalo entre los dos sucesos (Pre-Parusía y Parusía), claridad que resulta meridiana si se repara en que el versillo alude a la Profecía de las 70 Semanas de Daniel, donde paladinamente se predice la destrucción de Salen y su Santuario por un Príncipe y su ejército, y después la “Abominación de la desolación que durará sobre la Ciudad Santa y Deicida hasta que el mismo Devastador [el Imperio Romano, la Romanidad] sea a su vez devastado”; que es lo que se diría está pasando o por pasar ahora; a 1.900 años de la devastación de Salen por Tito César.

Del Libro de las Instituciones Divinas de Lactancio, libro XII, capítulo 15.

Título.- Que la submersión del lagartón y los Egipcios, y la liberación de los Hebreos de la servidumbre egipcia prefigura la liberación de los elegidos y la reprobación de los condenados que ha de ser en el fin del mundo. Y que muchas señales precederán a la liberación ésta, igual que aquella. Y que antes desaparecerá el Imperio Romano. Y que la hegemonía total retornará al Asia...

Tenemos en los arcanos de las Sacras Letras [escribe Lactancio y traduzco en el mismo tono retórico del autor] que el Patriarca de los Hebreos pasó al Egipto con toda su familia y parentela apremiado por la carestía de alimentos; y que su posteridad, habiendo habitado mucho tiempo en Egipto y crecido en sector numeroso, siendo oprimida con yugo de esclavitud grave e intolerable, hirió Dios a Egipto con llaga insanable y libertó a su pueblo sacándolo por el medio del mar, rasgadas las aguas y apartadas a una y otra parte, para que el pueblo caminara por lo seco; mas tentando el Rey de los Egipcios seguir a los fugitivos, volvió el piélago a sus cauces, y el Rey fue atrapado con todo su ejército. Prodigio tan claro y tan asombroso, aunque por el momento mostró el poder de Dios a los hombres, sin embargo fue principalmente signo y prefiguración de una cosa mayor, la cual parecidamente Dios ha de hacer en la última consumación de los tiempos. Pues liberó a su gente de la pesada esclavitud del mundo. Pero como entonces era uno solo el pueblo de Dios, y estaba en una sola nación, entonces sólo Egipto fue golpeado. Mas ahora, porque el pueblo de Dios congregado de entre todas las lenguas, habita entre todas las gentes, y es dominado y oprimido por ellas, ocurre que todas las naciones, es decir, el orbe entero, sea azotado con justo flagelo, para librar al pueblo santo y cultor de Dios. Y como entonces acontecieron prodigios con que la futura derrota de Egipto se mostrara, así en el final sucederán portentos asombrosos en todos los elementos, por los cuales se entienda por todos el final inminente.

Aproximándose pues el término de este ciclo, es forzoso que se inmute el estado de las cosas humanas y caiga más abajo aún, a causa de la maldad creciente; de tal modo que aun estos tiempos nuestros en que la injusticia y la malignidad creció al sumo grado, en comparación con aquel mal extremo e insanable, se podrían tener como felices y realmente áureos.

Pues de tal manera escaseará la justicia; y crecerán de tal modo la codicia y la lascivia, que si algunos entonces fueren buenos, serán presa de los malevos y atropellados de todos modos por los injustos;

sólo los malos serán opulentos, y los buenos se debatirán la pobreza y en las velaciones.

Se contusionará todo el derecho y perecerán las leyes. Ninguno entonces poseerá nada si no fuere adquirido o defendido malamente: la audacia y la fuerza lo poseerán todo. No habrá confianza en los hombres ni paz ni humanidad ni pudor; ni verdad. Y así tampoco habrá seguridad ni gobierno derecho, ni refugio contra los males.

Toda la tierra se alborotará, y rugirán guerras por doquiera; todas las gentes andarán en armamentos y se resistirán mutuamente. Las naciones fronterizas pelearán entre sí. Y Egipto el primero de

todos pagará el castigo de sus estúpidas supersticiones y será cubierto de un río de sangre. Entonces la espada recorrerá la tierra, segándola toda y postrando las cosas como mies madura[2].

Y de esta confusión y devastación, la causa será que el nombre Romano, por el cual hoy se rige el orbe (me horroriza el decirlo, pero lo diré porque ha de suceder) será quitado de la tierra y el dominio volverá al Asia, y de nuevo mandará el Oriente; y el Occidente servirá.

Ni debe extrañar a nadie que un reino tan potentemente cimentado, tanto tiempo y por tan magnos varones valido, y con tan grandes munimentos confirmado, todo no obstante un día caerá. Nada hay creado por fuerzas humanas que las mismas fuerzas humanas no puedan destruir: porque mortales son las obras de los mortales; pues los otros reinos anteriores, habiendo luengamente florecido, sin embargo también murieron”...

No sabemos de dónde sacó el insigne predecesor y maestro de San Agustín en el siglo m esta descripción y predicción de unos tiempos que, en nuestra opinión, se dan un aire a los del siglo XX... Pero allí está ella; y yo la he copiado al pie de la letra.

Cristo quizá advirtió a sus oyentes –como algunos quieren creer– que los dos Grandes Sucesos no eran Uno sino en reflejo; pero no así el Evangelista a sus lectores. San Pablo dijo a los de Tesalónica cuál era el “Obstáculo” que impedía la manifestación del Anticristo; “pero no a nosotros”, exclama dolido San Agustín. La Primera Venida de Cristo fue marcada por Daniel profeta con una cifra exacta de años109; pero no así la Segunda. Varias veces la Cristiandad (siglo IV, siglo X, siglo XIV) ha temido ya estar delante de “la Hora temida y el Día definitivo” como decía San Jerónimo el año 409; y se ha equivocado; pero algún día no se equivocara.

Yo sé decir que si todos mis conciudadanos supieran algo que yo sé, habría más golpes de pecho y menos risotadas en la República Argentina. Desdichado del que ha sido escogido para saber cosas que no se pueden decir; pero feliz en definitiva el que ha sido escogido para saber cosas; y mil veces feliz si esas cosas son “las que te van a salvar” (“ea quae sunt ad pacem tibi”, Lc 19, 42). Como el pobre loco Ieshua de Jerusalén, que las paso muy malas; pero al fin y al cabo, él sabía, y los demás estaban ciegos.

 

Leonardo Castellani. “El Evangelio De Jesucristo”

 

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[1] De Civitate Dei, XX, 19.

[2] Egipto figura de la capital opresora, sea cual fuere. Ver Apokalypsis XI, 8

viernes, 27 de noviembre de 2020

El providismo y su afán de seguir cabeceando la pared - Augusto TorchSon


Mañana sábado 28 de noviembre del año de la encerrona global, se realizará una marcha más en contra de la legalización del aborto, que es oficial y oficiosamente practicado por diferentes medios, todos estos promovidos y apoyados por los últimos gobiernos hasta el día de la fecha ininterrumpidamente con o sin ley.

La respuesta una vez más, es mostrar que "somos muchos", "somos más", que la "verdadera Argentina" es provida, y con una descomunalmente grande muestra del poder del número y la "fuerza" de la masa, hacerle entender a los gobernantes, que tienen que cambiar de rumbo y que están equivocados. "!Qué hermoso poder manifestarse libremente en democracia¡".

Lo absolutamente claro y empíricamente demostrado hasta el hartazgo, es que los gobiernos del mundo entero, no promueven todas las perversiones habidas y por haber por ignorancia, por "estar equivocados", sino por seguir las eugenésicas y endemoniadas políticas impuestas por el verdadero poder detrás de los gobiernos del que tanto y tantas veces hablamos en este portal.

La experiencia también nos demostró claramente que nunca una manifestación, por más multitudinaria que sea en la Argentina, y ahora lo vemos en el mundo en contra de la Plandemia, cambiaron las políticas genocidas y orwellianas para someter o aniquilar la población, especialmente a la de verdadero riesgo, es decir, la que pone en peligro el bienestar o estabilidad del verdadero gobierno oculto (y ocultista) del mundo. La lógica también indica que es una necedad intentar convencer al necio, o lo que es peor, pretender hacer recapacitar o reflexionar al que tiene su voluntad absolutamente dirigida hacia el mal. 

Seguir confiando en la fuerza del número, mayormente embozalado y cuidadosamente distanciado como lo dicta las normas cívicas de "resistencia aborregada", es hacer cada vez más fuertes a los gobernantes que saben que pueden ir a fondo con cualquier plan genocida o de absoluto control de las mentes y las almas, porque comprobaron que nunca va a haber una resistencia proporcional y adecuada, así quieran esterilizarnos, lobotomizarnos, matarnos o pervertirnos (en especial a los niños).

En las marchas globeras lo que reina es el espíritu de alegría, jolgorio por la "celebración de la vida", cuando deberían ser concentraciones amenazantes, a cara de perro y vestidos de luto.

Con esto no solo no pretendo convencer a nadie (todavía no me pegó el providismo), sino que además no me caben dudas que más probablemente voy a aumentar la cantidad de los odiadores del "odiador" TorchSon, incluso perder algunos de los pocos seguidores de estos escritos. Menos mal que ni el número (ni los likes) me interesan, para que mis móviles sigan siendo los mismos que fueron desde el principio, a pesar de mis muchas flaquezas.

Una vez más cabe la pregunta retórica que tantas veces se hicieron muchos de los que mañana van a ir a la marcha: ¿Qué hubieran hechos nuestros héroes en esta situación? Sabiendo la respuesta, quienes en otro momento intentaron ser coherentes, hoy sin embargo, cuando casi inequívocamente estamos en el principio de fin de la Historia, de la inminente aparición de Hombre de Iniquidad; se deciden por convertirse en apóstoles del "algo hay que hacer", no importa qué, ni para qué, ni en compañía de quién. Lo importante es unir fuerzas, que como mencionamos precedentemente, nos hacen cada vez más débiles ante los cada vez más poderosos; todo esto gracias al pusilánime accionar de los "cruzados del amor". Mi pregunta sería ¿Qué pensarían Carlomagno, San Luis Rey de Francia o San Fernando de Castilla, al ver a estos "guerreros" con globos por estandartes y cartelitos de "salvemos las 2 vidas" por escudos?

Yo por lo pronto, prefiero quedarme en casa rezando un Rosario por los miles de niños que se abortan "sin ley" o con contraceptivos y por millares en fertilizaciones asistidas ante la indiferencia globera, los que perdieron el trabajo y están cada día más cerca de la desesperación, los que están aterrados hasta de su sombra cuidándose hasta de respirar, los que murieron sin ser atendidos de enfermedades comprobables en una autopsia, o los que fueron "protocoleados" sin atender a sus existentes patologías, y a los cada vez más acechados jóvenes y niños por las perversiones mediáticas, que hoy son la única alternativa que tienen de contacto con una "realidad" cada día más distópica. Pero por sobre todas las cosas, para pedir que se acorten los tiempos, y como bien aconseja un amigo, al mismo tiempo y no menos importante, voy afilando el cuchillo.

Trabajando para que Cristo Reine y vuelva pronto

 

Augusto Espíndola

  

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