San Juan Bautista

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martes, 12 de marzo de 2013

41 Aniversario del Nacimiento a la Eternidad de Fray Mario José Petit de Murat OP


  El día de la fecha,  debería ser memoria obligatoria para todo católico, y sobre todo para los católicos tucumanos, el recordar y venerar la vida y obra de un hombre de Dios como pocos: Fray Mario Petit de Murat, hombre completo y eminente, al decir del P. Castellani al referirse a su persona.

  Por esos designios de la Providencia, hoy 8 de marzo podemos celebrar al P. Petit y su obra, que es su legado espiritual.  Y podemos iluminar y disipar con la luz que resplandece de ellas, la obscuridad de este  mundo mundano, que precisamente hoy nos impone celebrar la destrucción de la mujer y su dignidad, que irónicamente se presenta como “conquista”, como “reivindicación de sus derechos”, Un modelo de mujer emancipada de Dios, que se baja del pedestal que Dios le dio en la creación, y desciende hasta los abismos de las bestias.

  El P. Petit en dos de sus muchos escritos: “El amanecer de los niños” y “El buen amor” nos muestra la verdad sobre el hombre y la mujer: ni machismo ni feminismo logran dar con la realidad, ofreciendo solo una imagen distorsionada de nefastas consecuencias.  El misterio del hombre y la mujer debe ser visto desde el  Plan del Creador: ambos, complementarios el uno del otro, constituyen la naturaleza humana. Así lo quiso Dios al principio, cuando “los hizo varón y mujer”y les dio una misión “creced y multiplicaos”… ”(Gn 1,27-28),

  No es mi intención detenerme en este asunto, sino y sobre todo poner a disposición de camaradas y amigos una breve semblanza de Fray Petit. Esta breve reseña es obra de un discípulo suyo el Dr. Pascual Viejobueno, y está copiada de manera casi textual a como aparece en una de las obras del Padre.

  Espero que este pequeño aporte sirva como un estímulo a algunos para conocer un poco más acerca de este gigante hombre de Dios, que este suelo tuvo lo gracia de acoger en su seno. Y al que lamentablemente muchos no recibieron, cumpliéndose un poco la Escritura cuando dice: “Nadie es profeta en su tierra”(Mc 6,4).

Leonardo, AMDG

Fray Mario José Petit de Murat OP

  Nació en 1908 en Buenos Aires, en el seno de una familia que se caracterizó por el profundo sentido de la belleza y por la estrecha y alegre convivencia del clan alrededor; principalmente de una madre que tuvo como desvelada misión educar de manera interna las pasiones y el espíritu de sus hijos.

  Mario recibiría a fuego esa impronta, que luego sería perfeccionada por la labor profunda, persistente y humilde de su inteligencia.

  En 1930, en la austera provincia de La Rioja, donde fue a recuperarse de una enfermedad, Jesús, el Cristo, le atrajo para Si con el Sermón de la Montaña. “Mi entrada a la Iglesia fue por las Sagradas Escrituras”, confiesa.

  A partir de allí, se planteó forjar su vida como el artista una obra. Conocedor de que no nacemos hechos, configurados, sino que la naturaleza humana es la más plástica del universo, acometió pujantemente la talla de su propia personalidad, de terminar de darse forma humana a sí mismo, en cuya tarea mostró un marcado espíritu de conquista de la sabiduría.

  A los 30 años de edad, después de madurar serena y reflexivamente su vocación, ingresó en la Orden de los Predicadores, realizando estudios en los conventos de San Maximino (Francia) y Salamanca (España). Fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1946 en San Miguel de Tucumán, donde se quedaría para siempre.

  Por esa época escribe: “Señor, mándame la muerte el día que me veas caer en la rutina, en desprecio de lo que me confías. Sobre todo: el día que sea ladrón de almas. Si viniéndote a buscar las aficionara a mí. Si hago mi mansión en la tierra”.

  A partir de su ordenación comienza años de intenso ministerio sacerdotal y arduos trabajos con la única finalidad de ganar almas para Cristo. La predicación, la dirección espiritual, las horas largas en el confesionario-porque sabía dar a cada penitente el tiempo que necesitaba-no impide que se dedique con el mismo celo apostólico, al gobierno como subprior y prior de los P.P dominicos en Tucumán en diversos periodos y a la docencia. En este campo enseñó Teología, Metafísica, Psicología, Filosofía del Arte e Historia del Arte, y fue uno de los principales propulsores de los “Cursos de Filosofía Tomista”, y que fueron el antecedente académico del “Instituto Universitario Santo Tomás de Aquino”, o sea, de lo que en la actualidad es la “Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino”.

  En los años 1959 y 1960 es enviado a Buenos Aires como maestro de novicios y estudiantes de la Orden. Allá, en contacto directo con hermanos y con religiosos del país y  extranjeros de distintas ordenes e incluso del clero secular, llega a palpar la disgregación y el individualismo de la vida religiosa contemporánea (fruto amargo del veneno de la secularización de la vida religiosa).

  Vuelto a Tucumán y tras esa amarga comprobación, decide profundizar en su vocación monástica inicial. Con esta convicción dice: “Di lo que llevaba en el alma: el santo Evangelio y la búsqueda de la perfección. El fruto que recogí fue que, cuando las aguas del entusiasmo se asentaban, la gran mayoría de los que se habían acercado, mostraban un fondo de piedras que no permitía crecer la semilla. La ciudad impone muchos cuidados (vanidades); los cristianos inconscientemente se contaminan y aficionan por cosas adversas a Cristo, las cuales impiden que la gracia realice toda su obra de regeneración. Comprendí que esos obstáculos no se quitan sólo con las palabras, sino con el ayuno y la oración. Y reapareció aguda, la necesidad de equilibrar a Marta con María”.

  Dotado de una notable capacidad intelectual que supo desplegar en los ámbitos universitarios, fue sin embargo su desvelada tarea sacerdotal, ya en la encendida predicación desde el pulpito, ya en la paciencia misericordiosa del confesionario, la que haría de él una figura imborrable para quienes lo conocieron.

  Murió el 8 de marzo de 1972 a los sesenta y cuatro años cumplidos, atendiendo una capilla en el campo tucumano.

  Así lo recordaba el P. Leonardo Castellani: “Mucho siento la desaparición del P. Petit de Murat. Sus ensayos no me consuelan, antes  me desconsuelan al ver lo que hemos perdido. En fin, él nos ayudará desde donde está. Tengo grandísimo aprecio de ese hombre completo y eminente”. 



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

4 comentarios:

  1. Anónimo4/9/13 9:44

    No puedo evitar las lágrimas leer la muerte de estos Santos. Si Dios quisiera mandarnos un Fray Petit, un Cura de Ars en cada diocesis, recemos por ello.

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  2. Anonimo, Dios nos manda a ser santos a nosotros. No esperemos de los demás lo que podemos dar nosotros.

    Hacerle honor a la muerte de Fray Petit es empezar a desarmar nuestra cultura burguesa, en la que vos y yo vivimos inmersos.

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  3. Disculpe, pero no me cuadran las matemática, si nació en 1908 y murió en 1972, debió morir a los 64 y no a los 62; por favor aclarar o corregir

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    1. Es como usted dice. Gracias por la observación.
      Corregido.
      Saludos en Cristo y María

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