San Juan Bautista

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martes, 14 de mayo de 2013

¿El Papado en su hora más dramática? (Página Católica)


  La revolución protestante, no se acaba en la rebelión religiosa encabezada por Lutero sino que incluye otros factores necesarios para su triunfo.
  Los príncipes alemanes, grandes electores del poder imperial, vieron en la protesta del monje de Wittemberg la posibilidad de emanciparse del Emperador del Sacro Imperio Románico Germánico; por eso lo apoyaron, comenzando una serie de graves guerras que durarían 100 años, dejarían diezmada a Europa y dividirían definitivamente la Cristiandad, asestándole un golpe mortal.
  Una vez reducido o eliminado el poder imperial, la última garantía de sus súbditos contra el abuso de los señores dejó de existir.

  Análogamente, así como se comenzó la destrucción de la Cristiandad, aquel cuerpo en el que tenía vigencia el Reinado Social de Jesucristo, atacando al Emperador en su carácter de vicario de Cristo en el Orden Temporal, así tambien, los enemigos que maquinan la destrucción del Cristianismo, vienen ejecutando planes de larga data para eliminar el Papado o, en su defecto, reducirlo a la impotencia. Por lo que se ve, algún éxito han tenido.

  Basta recordar que, a modo de ejemplo, hasta el Beato Pío IX, el Papa era el Soberano Temporal de Roma y de los Estados Vaticanos, de los que fue despojado con el apoyo de la Masonería. Basta recordar también, que al ser transmitida una disposición de San Pío X o del Siervo de Dios Pío XII, era difícil oír públicamente alguna discrepancia, aunque luego sotto voce algunos se le opusieran. Hoy dia, hasta los jesuitas, que tienen como cuarto voto la obediencia directa al Papa, lo contradicen públicamente.

  A raíz del accionar del adversario, uno de los puntos de mayor polémica durante el Concilio Vaticano II, fue el tema de la Colegialidad Episcopal. A punto tal que se hizo necesaria una intervención directa del Papa para que las cosas no salieran de quicio.

  Pero ya la cizaña estaba sembrada, y si bien los Obispos forman un Colegio como sucesores de los Apóstoles, cuya cabeza es el Santo Padre sin el que nada pueden hacer, muchos actúan como si el Vicario de Cristo fuera uno más de ellos.
Claro que por guiar la Iglesia que presidió San Pedro, se le debe cierta consideración ... honorífica, pero nada más que eso. Por eso a los progresistas se les cae la baba por llamarlo: Obispo de Roma. "Obispo", es decir, uno más de nosotros.

  Cabe pensar si a la descomposición litúrgica que siguió al Concilio, aún en acelerado curso, no corresponde también la desintegración de la autoridad, que va provocando está lenta disgregación del Cuerpo Eclesial.
Cómo no pensar que si la savia, es decir la Liturgia y la Doctrina que viven nutriéndose recíprocamente, se distorsiona, se seca, y aún muere, no se secará también la vida de la Iglesia que pierde el alimento de ellas derivado. ¿O es que se espera que obedezcan los que son capaces de reducir la Sagrada Liturgia a un circo de mal gusto... por desobediencia?

  Y un día Pedro se quitó la Tiara. Seguramente lo habrá hecho por modestia, pero cabe pensar si tal actitud no habrá sido tomada como "la señal de los festejos". Porque desde aquellos tiempos, en que "el humo de satanás ha entrado en el Templo de Dios", hay un crescendo de desdén y de desobediencia hacia la autoridad Papal, que parece reducida a su mínima expresión.
Autoridad que, por ejemplo, se vio obligada a aceptar la rebelión Holandesa, que terminó imponiendo, en el universo mundo, la desgraciadísima y sacrílega costumbre de comulgar en la mano.

  Los "Nuevos Príncipes Protestantes" están de fiesta desde algunas décadas atrás. Tienen al emperador jaqueado, mientras ellos meten mano en sus territorios donde hacen lo que se les viene en su real gana. Y eso suele ser frecuentemente el abuso litúrgico, y también el de autoridad. Total, mientras el Jefe está lejos y desarmado por nuestra infidelidad, nosotros tenemos la sartén por el mango; así que: ¡Los fieles a aguantar!

  Probablemente así pensará, por ejemplo el Cardenal Bergoglio, que ha negado sistemáticamente todos los pedidos de aplicación del Motu Proprio en su Arquidiócesis (como se ha informado aquí), disciplinando a los sacerdotes que quisieron cumplirlo.

  Probablemente también, así pensará el Cardenal Karl Lehmann, Obispo de Mainz, que ha tenido la desfachatez de decir, ver aquí  apenas promulgada la Instrucción Universæ Ecclesiæ:
"¿Administrar la Confirmación en el Rito Antiguo?: No lo voy a hacer. Creo que es una tontería de los fieles el pedirlo. Los que lo deseen que se vayan a otro lado".


  ¡Bravo, señor Cardenal! ¿Dónde quedan los derechos de los laicos y su condición de pueblo de Dios, que tanto predica el progresismo?

  Se recordará que en vísperas de ser Mons. Lehmann elevado a la púrpura, el Vaticano tuvo que hacer una extensión a la lista original de cardenales que presentara con anticipación, para incluirlo. Dicen que el entonces Cardenal Ratzinger le pidió, de rodillas, a Juan Pablo II que no lo creara. No sabemos si es verdad, o el rumor se generó debido al extraño procedimiento de corregir una nómina de próximos cardenales ya publicada, pero si así hubiera sido no se equivocó.

  Si esta rebelión contra disposiciones tan queridas por el Santo Padre, tan necesarias para el bien de la Iglesia, y tan publicitadas por los medios, aún los profanos, se extiende y profundiza, se debilitará aún más la autoridad Papal, con consecuencias gravísimas. Lo saben los enemigos de la Iglesia que realizan estas campañas.

  La solución no podrá venir de abajo sino desde la Cima: de Dios que ha prometido a su Iglesia la victoria final contra las puertas infernales. Pero también de arriba porque es necesario que el Papado sea restaurado en todas sus prerrogativas para que aquella se verifique.
Aún en el caso de los tiempos finales, en los que está predicho que no abundará la fe sobre la tierra, el pequeño rebaño resultante ha de estar firmemente unido junto a Pedro, para que lo guíe hasta el "lugar" donde vendrá el Señor.

  Roguemos, pues, que los rebeldes cesen en su insensato accionar, y sea respetada y acatada cabalmente la autoridad del Vicario de Jesucristo. De otro modo: ¡que se levante Pedro y los desbarate con su báculo!


Nacionalismo Católico San Juan Bautista


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