San Juan Bautista

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lunes, 8 de julio de 2013

Comunismo y Judaísmo - Abolición de la propiedad privada y capitalismo - Por Esteban J. Malanni

Los Judíos en el plano sobrenatural
  .…es evidente que hay una serie de factores psicológicos y culturales que explican o iluminan la predisposición de los judíos al comunismo, además del factor sobrenatural que significa su condenación; efectivamente, el mismo movimiento que llevó a los judíos antiguos a destruir el cuerpo real de Cristo, los siguió llevando, a destruir su cuerpo místico: la Iglesia, y la sociedad cristiana. Sin duda alguna antes de la Encarnación de Cristo, ya eran perseguidos los judíos; pero, aparte del hecho de que en su mayor parte eran poco piadosos, e inclusive impíos, vivían entonces entre los pueblos virtualmente idólatras y politeístas. Podría, pues, atribuirse, en último extremo, las persecuciones de que fue objeto a razones derivadas de su monoteísmo y la necesidad de conservar la Revelación intacta. Pero una vez perfeccionada la Revelación con la Encarnación redentora del Mesías, ya no puede hablarse de persecuciones de índole religiosa. Al contrario, hay algo de diabólico en su conducta. Queriendo atesorar la Revelación sólo para ellos, para dominar a los demás pueblos por imperio divino, cayeron en poder del demonio. Mientras no reciban, pues, al Mesías y acepten su mensaje de salvación universal, católica, seguirán sometidos a las potestades de las tinieblas, vale decir, malditos. ¿Y cómo se ha de manifestar esa maldición sino por actos perversos, que por fuerza les acarrean las iras de los otros pueblos, cumpliéndose las iras de los otros pueblos, cumpliéndose así el alto designio divino?

El racismo materialista y el cultural
  Por lo que respecta a los factores naturales debemos andar con cuidado para no caer en las ingenuidades del racismo materialista, que no es otra cosa que un determinismo de orden Psico-físico. No creemos nosotros que, por el solo hecho de nacer de padre y madre judíos, muestre un individuo el carácter que comúnmente se adscribe a los judíos, determinado por la avaricia, la falta de sentido sobrenatural, o materialismo y el espíritu de análisis. No podemos desconocer, por cierto, los fenómenos atávicos, pero éstos se presentan con formas y direcciones muy generales, casi meras disponibilidades, y sólo las influencias de la crianza, la tradición del grupo que se vive, y la concepción del mundo vigente en una época logran imprimírselas. En otras palabras, el judaísmo de un individuo no está determinado por una conformación peculiar, interna o externa, de sus  tejidos no tampoco de su mente, sino por la vida común dentro del ambiente judío, o bien, dentro del ambiente cristiano, frente al ambiente judío.

  Conviene, pues, eludir los tembladerales del racismo y considerar el judaísmo como un fenómeno de orden cultural – además de sobrenatural-. Y bien, puede negarse que la tradición cultural judía tiene bastante siglos de nomadismo, de desarraigo, y por consiguiente, de indiferencia frente al gran valor de la propiedad privada, que constituye una de las columnas maestras en que se asienta nuestra civilización. “El mismo instinto de propiedad, que resulta del apego a la gleba –dice Kadmi Cohen, uno de los más lúcidos observadores del alma judía-, no existe entre los semitas, nómades que nunca han querido poseerlo. De allí provienen sus innegables tendencias comunistas desde la más remota antigüedad”

    Ahora bien, los pueblos pastoriles en general adolecen del mismo defecto: son errantes, nómades; con sus rebaños y sus tiendas, pueden viajar sin más limitaciones que las que impone la falta de alimentación para aquellos; inclusive, sus migraciones o invasiones son motivadas no pocas veces por la necesidad de buscar nuevos campos de pastoreo; no tienen sentido de estructuración de un Estado. Las formidables invasiones mongólicas, tártaras, árabes, que padeció Europa, muestran claramente ese carácter de los pueblos pastoriles. ¿Por qué todos esos pueblos orientales se abatieron violentamente sobre Occidente y luego desaparecieron , como factores históricos, sin dejar casi rastros, mientras que estos otros nómades usaron el procedimiento de infiltración y siguen todavía enquistados en Occidente, sin cesar un momento en su papel de importante factor histórico? Dejando de lado las razones de orden sobrenatural, las de cohesión de grupo u la de no haber alcanzado nunca una culminación nacional imperialista, tras la cual vendría su decadencia, hay un hecho muy importante que explica por que el judío pudo mantenerse de acuerdo a sus hábitos tradicionales en las ciudades europeas, donde no podía apacentar rebaños ni quería poseer bienes inmuebles. Este hecho es el dinero, que no solo puede transportarse a todas partes como el ganado, e inclusive sin limitación alguna, sino que también se reproduce por sí solo, por el mero hecho de cambiar temporalmente de mano. “Dineros paren dineros”, reza un viejo refrán español, y no puede ser más exacta la imagen: así como las ovejas paren corderos,  las monedas paren monedas. Este elemento fecundante en este caso es el principio del interés, o USURA. Gracias al dinero, o bien circulante, pudieron los judíos atacar la propiedad privada sin peligro para ellos. En efecto, ¿Cuándo se ha oído hablar de la propiedad privada del dinero? El solo hecho de que los judíos pudieran conservar intactas, y aún acrecentarlas varias veces, las riquezas acumuladas en sus épocas de esplendor nacional, mientras que las tierras y las casas cambiaron en el mismo lapso de propietario, prueba que las revoluciones territoriales no les afectan en lo más mínimo. Obsérvese, por último, que al producirse el transito moderno del capital, industrial o de trabajo, los judíos implementaron el principio, bien respetado por los gobiernos en los contratos de concesiones de servicios públicos, de las amortizaciones financieras, o sea, el derecho del capital invertido, no solo a ganar intereses sino también a reconstruirse, de modo que a los pocos, o muchos años de iniciar la explosión, el capitalista encuentra de nuevo en su bolsillo el dinero que emprendió aquella. Desde entonces, sus  fábricas no son más que epifenómenos, superfetaciones financieras, y el capitalista no debe temer confiscaciones ni daños, pues su capital no está arraigado al suelo sino a su cuenta bancaria, y puede perfectamente hacerlo viajar de un lado a otro mediante un simple papel escrito llamado CHEQUE o LETRA.

Esteban J. Malanni “Comunismo y Judaísmo” Editorial La Mazorca 1944. Páginas 21 al 26.




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

1 comentario:

  1. Pregunta y respuesta en un blog, acerca de los desvíos de cierta parte de la Jerarquía:

    Padre: lo que usted describe…¿no guarda un sorprendente paralelismo con la penosa situación en la que cayo la Jerarquía del Israel Antiguo al despreciar a Cristo Jesús?

    Sacerdote: es el mismo pecado de orgullo, porque no creyeron en Cristo. Creyeron sólo en idea humana del Mesías y no podían admitir que el Mesías ya había aparecido en Jesús; que Jesús era el Mesías. Despreciaron la Palabra de Jesús, del Verbo Encarnado, y pusieron su ley: hay que matar a Jesús. Hay que acabar con los Profetas de Dios. El problema en esa Jerarquía es que mataron a Dios y, por eso, su pecado es una blasfemia contra el Espíritu Santo. Por eso, la religión hebrea termina ahí, ya no tiene continuidad. Lo que han hecho es sólo seguir esperando una ilusión y construyendo una nueva forma de servir al Mesías que todavía esperan. Y eso les lleva al Anticristo. Los judíos que no creyeron en el Mesías son los constructores de la nueva religión mundial. Son el fundamento de la masonería. Son el instrumento del demonio para destruir la Iglesia Católica, que es la Obra del Mesías.

    Fuente: http://josephmaryam.wordpress.com/2014/05/06/el-orgullo-de-francisco-para-legalizar-el-pecado/

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