San Juan Bautista

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jueves, 29 de agosto de 2013

DECAPITACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA - Visiones de Catalina Emmerick

Juan libre dentro del casillo
  Durante algún tiempo, habían permitido a Juan acudir a los alrededores del castillo, y sus discípulos también podían ir y venir como ellos quisiera. Un par de veces él dio un discurso público en el cual Herodes mismo estuvo presente. Habían prometido su liberación si él aprobaba el matrimonio de Herodes, o al menos, que nunca lo condenara de nuevo. Pero Juan lo denunciaba cada vez más enérgicamente. Herodes, sin embargo, pensaba en liberarlo durante su propio cumpleaños, pero su esposa en secreto alimentaba pensamientos muy diferentes. Herodes habría deseado que Juan circulara libremente durante las festividades, y que los invitados pudieran apreciar su indulgencia en el tratamiento del preso.

Juan se encierra en su celda en protesta contra Herodes
Recién se habían iniciado los juegos y el banquete cuando comenzaron el vicio y los disturbios en Maqueronte, entonces Juan por si mismo se encerró en su celda de la prisión y mandó a sus discípulos a que se retiraran de la ciudad. Ellos acataron y se fueron a la región de Hebrón, donde ya muchos estaban reunidos.

Naturaleza de las personalidades de Herodías y Salome
  La hija de Herodías había sido entrenada completamente por su madre, quien la había acompañado desde sus tiempos más tempranos. Ella estaba en la flor de su juventud, con su conducta audaz y su atavío desvergonzado. Por un largo tiempo Herodes la había mirado con ojos lascivos. Esto la madre lo veía con complacencia y elaboró sus proyectos en consecuencia. Herodías misma tenía un aspecto muy sorprendente, muy audaz, y ella usaba toda su habilidad para resaltar sus encantos. Ella ya no era tan joven, y había algo agudo, astuto, y diabólico en su semblante que a los hombres malos les gusta ver. En mí, sin embargo, ella provocaba repugnancia y aversión como la produce la belleza de una serpiente. No puedo encontrar ninguna comparación mejor que esta, ella me recordaba a las diosas paganas antiguas. Ella ocupaba un ala del castillo cerca del magnífico patio, que estaba algo más alta que el pasillo opuesto, donde se celebraría el banquete de cumpleaños. De la galería fuera de sus apartamentos, uno podía mirar abajo, al patio abierto de los pilares.

La danza de Salomé ante Herodes y el espectáculo de la fiesta
  Cuando Herodes encaminó sus pasos hacia el arco de triunfo, él fue recibido por un conjunto de muchachos y muchachas que bailaban, Salomé estaba al medio de ellos. Ella se presentó ante el con una corona, que descansaba sobre un cojín cubierto de brillante ornamentación y cubierta por un velo trasparente, llevada por niños de su cortejo. Estos niños estaban vestidos con prendas delgadas y ajustadas a sus cuerpos y sobre sus hombros llevaban imitaciones de alas. Salomé llevaba un largo traje transparente, abrochado en algunas partes sobre sus muslos con broches destellantes. Sus brazos estaban adornados con cintas de oro, pulseras con perlas, y anillos de diminutas plumas; su cuello y pecho estaban cubiertos con perlas y cadenas brillantes y delicadas. Ella bailó durante un rato ante Herodes; el que, muy deslumbrado y encantado, dio expresión a su admiración, a la que todos sus invitados se adhirieron con entusiasmo. Ella debía, le dijo él, repetir ese placer para él a la mañana siguiente. Y ahora el desfile entró por el pasillo, y el banquete comenzó... Mientras tanto, yo vi a Juan en su celda arrodillado en oración, con los brazos extendidos y sus ojos elevados al cielo. Todo el lugar alrededor de él estaba iluminado por una luz, pero era una luz muy diferente a la que brillaba en el salón de Herodes. Esta última comparada con la primera, parecía como una llama del Infierno. La ciudad entera de Maqueronte estaba iluminada por antorchas y por el fuego, y se reflejaba a lo lejos, en las montañas circundantes.

  …Cuando todos habían comido y el vino había fluido libremente, los invitados solicitaron a Herodes que permitiera a Salomé bailar otra vez, y por esta razón, ellos dejaron suficiente espacio para una pista de baile retirándose hacia las paredes…

  Salome pide a Herodes la cabeza de Juan luego de danzar por segunda vez 
  Salomé apareció con algunos de sus compañeros de baile rodeados de una luz y vestida con un traje trasparente. Su pelo estaba entretejido en parte con perlas y piedras preciosas, mientras la otra parte de sus rizos flotada alrededor de su cabeza. Llevaba una corona y era la figura central del grupo de bailarines. El baile consistía en un movimiento constante de inclinación, una suave oscilación y giro. Todo su cuerpo parecía no tener huesos. Apenas tomaba una posición cuando se deslizaba a otra. Los bailarines portaban coronas y llevaban pañuelos en sus manos, que agitaban suavemente tocándose unos a otros. Todo el movimiento expresaba las pasiones más vergonzosas, y en ello Salomé superaba a todas sus compañeros.

  Yo vi al diablo a su lado doblándose y torciéndose para producir este abominable efecto. Herodes estaba totalmente arrebatado y hechizado por estos movimientos. Al final de uno de los actos, Salomé se presentó ante el trono; mientras los otros bailarines siguieron concentrando la atención de los invitados, y sólo aquellos en la vecindad inmediata del trono oyeran decirle a Herodes a ella: "pídeme lo que quieras y yo te lo daré. Y le juró: Todo lo que me pidas te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino "(Mc 6:22-23) Salomé dejó el salón y muy apresuradamente fue al lugar donde se encontraban las mujeres, y consultó a su madre. Ésta le ordenó directamente que ella pidiera la cabeza de Juan sobre una bandeja.

  Salomé volvió apresurada donde Herodes, y le dijo: " quiero que ahora mismo me des como única cosa la cabeza de Juan el Bautista sobre una bandeja” (Mc.6:25) Sólo algunos de los aliados más confidenciales de Herodes oyeron la petición. Herodes miraba como golpeado por una apoplejía, pero Salomé le recordó su juramento. El entonces ordenó a uno de sus guardias a llamar a su verdugo, a quien dio la orden de decapitar a Juan y dar la cabeza, sobre un plato, a Salomé. El verdugo se retiró, y en pocos segundos Salomé lo siguió. Herodes, súbitamente indispuesto, abandonó el salón con sus aliados. Él estaba muy triste. Yo oí a sus seguidores que le decían que él no estaba obligado a conceder tal petición; sin embargo ellos prometieron el mayor secreto, para no interrumpir las festividades. Herodes, sumamente preocupado, siguió caminando como un demente por las habitaciones más remotas de su palacio; pero el banquete siguió sin inconvenientes.

Decapitación y descripción de la muerte de Juan el Bautista
  Juan estaba en oración. El verdugo y sus criados ordenaron a los dos soldados de la guardia de la prisión de Juan a entrar a la celda junto con ellos. Los guardias llevaban antorchas; pero yo vi el espacio alrededor de Juan tan intensamente iluminado que la llama de las antorchas se opacó, como una luz durante la claridad del día.

  Salomé esperaba en la entrada de la enorme e intrincada prisión.

  Con ella estaba una criada quien entregó al verdugo un plato envuelto en un paño rojo. Este último se dirigió a Juan: "Herodes, el Rey, me envía para llevar tu cabeza sobre este plato a su hija Salomé. " Juan le permitió un poco de tiempo para explicarse. Él permaneció arrodillando, e inclinando su cabeza hacia él, le dijo: "Yo sé por qué has venido. Tú eres mi invitado, uno a quien he esperado mucho tiempo. Conozco el arte que tu sabes hacer, tu no quieres hacerlo. Estoy listo." Entonces el giró su cabeza y siguió su oración delante de la piedra del frente, donde siempre se arrodillaba a orar. El verdugo lo decapitó con una máquina que puedo compararla, nada más que con una trampa de zorro. Un anillo de hierro fue puesto sobre sus hombros. Este anillo estaba provisto de dos láminas afiladas, que, con una presión repentina dada por el verdugo, se cerró alrededor de su garganta y en un abrir y cerrar de ojos, separó la cabeza del tronco. Juan aún permanecía de rodillas.

  La cabeza cayó a tierra, y un chorro de tres corrientes de sangre salía del cuerpo rociando a su vez, la cabeza y cuerpo del santo, como si estuviera bautizándose con su propia sangre. El criado del verdugo levantó la cabeza por los cabellos; lo insultaron, y luego lo puso sobre el plato, que su maestro sostenía. Este posteriormente se lo presentó a la expectante Salomé. Ella lo recibió alegremente, a pesar de no poder ocultar su horror secreto y con el afeminado aborrecimiento hacia la sangre y las heridas, que tienen aquellos, que son dados a pecar. Ella llevó la cabeza santa cubierta por un paño rojo sobre el plato. La criada iba delante, llevando una antorcha encendida por los pasos subterráneos. Salomé sostuvo el plato tímidamente alargando sus brazos hacia delante, su cabeza aún cubierta por sus adornos, girada hacia el lado con repugnancia.

  Así ella atravesó los pasillos que conducían hasta una especie de cocina que estaba bajo el castillo de Herodías. Aquí fue encontrada por su madre, quien levantó la cubierta de la cabeza santa, y la cargó con insultos y despóticamente. Luego tomó una daga afilada de la pared, donde había herramientas enganchadas, y con ella perforó la lengua, las mejillas y los ojos de la cabeza. Después de esto, mirando más bien como un demonio, que un ser humano, ella lanzó la cabeza con un puntapié a través de una apertura redonda, hacia abajo por un hoyo por donde expulsada la basura de la cocina.
Entonces aquella mujer infame, junto a su hija, volvió a la juerga ruidosa y malvada del banquete, como si nada hubiese pasado. Yo vi el cuerpo sagrado del santo, cubierto con la piel que él habitualmente llevaba, colocado por los dos soldados sobre un sillón de piedra.

Ocultamiento de la verdad sobre el desaparición de Juan
  Los hombres quedaron muy preocupados de lo que fueron testigos.

  Ellos después fueron liberados de pagar impuestos y encarcelados, ya que no podían revelar lo que ellos sabían del asesinato de Juan.

  Todo lo qué tenía relación con ello, estaba destinado al más riguroso secreto. Los invitados, sin embargo, no pensaron en ningún momento en Juan. Así su muerte permaneció oculta por largo tiempo. Se informó que él había sido puesto en libertad. Las festividades continuaron. En cuanto a Herodes, dejó de tomar parte en ellas, y Herodías comenzó a divertirse. Cinco de aquellos que estaban enterados de la muerte de Juan fueron encerrados en mazmorras; los dos guardias, el verdugo, su criado, y la criada de Salomé quien había mostrado compasión por el santo. Otros guardias fueron puestos en la puerta de la prisión, ellos en turnos, a intervalos regulares fueron substituidos por otros. Uno de los seguidores secretos de Herodes, con regularidad llevaba alimento a la celda de Juan, por consiguiente no se tenía la menor idea de lo que había ocurrido.

 Visto en: www.visionesemmerick.net


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