San Juan Bautista

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miércoles, 24 de junio de 2020

San Juan Bautista: Nuestro Patrono (Repost) - Por Augusto TorchSon


Juan el Bautista es el único santo cuya fiesta se celebra en el día de su nacimiento.

Fue concebido a pesar de la esterilidad de su madre y la vejez de ambos padres.

El Ángel Gabriel al anunciar a su incrédulo padre la llegada de su hijo, dijo: “No tengas miedo, Zacarías; pues vengo a decirte que tú verás al Mesías, y que tu mujer va a tener un hijo, que será su precursor, a quien pondrás por nombre Juan. No beberá vino ni cosa que pueda embriagar y ya desde el vientre de su madre será lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos para Dios”.

San Juan Bautista no nació en pecado como el resto de los hombres ya que fue purificado en el seno materno ante la presencia de Jesús en el vientre de la Santísima Virgen María.

En el “Cántico de Zacarías” al referirse a la misión de su hijo, éste decía: “‘y tú niño serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos, para hacer conocer a su Pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados”.

Y en la preparación de los caminos de Nuestro Señor, Juan predicaba el bautismo de penitencia, y esa predica no era dulce y suave a los oídos, sino más bien recia e imperativa: “convertíos”, de ninguna manera buscando agradar, sino queriendo hacer tomar conciencia del pecado.

Hoy asistimos a la pérdida casi absoluta del sentido del pecado. El querer ser como dioses que hizo caer a Adán y Eva, nos lleva también a nosotros a determinar el bien y el mal. La prédica del pecado y del Infierno, son temas mayoritariamente tabúes en la Iglesia cuando deberían ser no solo una obligación, sino un deber de caridad, advertir a nuestros hermanos para que no se pierdan eternamente. Sin embargo, hoy desde las más altas jerarquías se promueve la tolerancia, no ya hacia quien yerra, sino al error mismo; se promueve el “respeto humano” hacia las diferentes y falsas religiones, en donde debemos dejar de lado la propuesta evangélica de llevar la Buena Nueva al mundo entero, para no molestar a los no católicos o como se dice actualmente: “no querer imponer nuestras ideas”, como si la verdad fuera una cuestión ideológica.

Por eso al elegir el nombre de Nacionalismo Católico San Juan Bautista, lo hicimos con el propósito de pedir la protección de este gran santo de quién dijo Jesús: “No ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista”. Asimismo, le pedimos asistencia para estar dispuestos a seguir su ejemplo aun cuando eso implique ser perseguidos por la ira y la venganza de los adúlteros de la libertad y la justicia; pudiendo ser fuertes y no desistir ante ninguna amenaza, del cumplimiento de nuestros cristianos deberes.

San Juan predicaba la necesidad de conversión para la venida del Señor, y hoy tenemos que hacer lo mismo pero esta vez para su regreso cada vez más cercano.

En tiempos en donde el sostenimiento de la verdad va a implicar el martirio como lo fue para el Bautista con su decapitación, queremos prepararnos sabiendo, que a pesar de que para el catolicismo liberal imperante, esta predica pueda sonar pesimista, nosotros sabemos que Dios saca provecho aún del mal.

Rogamos al Bautista para que interceda por nosotros ante Dios, y así poder imitar su ejemplo sin buscar protagonismos, como cuando dio un paso al costado diciendo: “conviene que él crezca y que yo mengüe”; y en la convicción que la victoria no nos corresponde, solamente la lucha; podamos dar el buen combate, predicando el Evangelio a tiempo y destiempo y quiera Nuestro Señor que como su Siervo y Santo Precursor, podamos también ser “una voz que clama en el desierto”.

Augusto TorchSon


viernes, 23 de junio de 2017

San Juan Bautista: Nuestro Patrono (Repost) - Por Augusto TorchSon


     Juan el Bautista es el único santo cuya fiesta se celebra en el día de su nacimiento.

       Fue concebido a pesar de la esterilidad de su madre y la vejez de ambos padres.

       El Ángel Gabriel al anunciar a su incrédulo padre la llegada de su hijo, dijo: "No tengas miedo, Zacarías; pues vengo a decirte que tú verás al Mesías, y que tu mujer va a tener un hijo, que será su precursor, a quien pondrás por nombre Juan. No beberá vino ni cosa que pueda embriagar y ya desde el vientre de su madre será lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos para Dios".

       San Juan Bautista no nació en pecado como el resto de los hombres ya que fue purificado en el seno materno ante la presencia de Jesús en el vientre de la Santísima Virgen María.



    En el “Cántico de Zacarías” al referirse a la misión de su hijo, éste decía: “‘y tú niño serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos, para hacer conocer a su Pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados”.

     Y en la preparación de los caminos de Nuestro Señor, Juan predicaba el bautismo de penitencia, y esa predica no era dulce y suave a los oídos, sino más bien recia e imperativa: “convertíos”, de ninguna manera buscando agradar, sino queriendo hacer tomar conciencia del pecado.

     Hoy asistimos a la pérdida casi absoluta del sentido del pecado. El querer ser como dioses que hizo caer a Adán y Eva, nos lleva también a nosotros a determinar el bien y el mal. La prédica del pecado y del Infierno, son temas mayoritariamente tabúes en la Iglesia cuando deberían ser no solo una obligación, sino un deber de caridad, advertir a nuestros hermanos para que no se pierdan eternamente. Sin embargo hoy desde las más altas jerarquías se promueve la tolerancia, no ya hacia quien yerra, sino al error mismo; se promueve el “respeto humano” hacia las diferentes y falsas religiones, en donde debemos dejar de lado la propuesta evangélica de llevar la Buena Nueva al mundo entero, para no molestar a los no católicos o como se dice actualmente: “no querer imponer nuestras ideas”, como si la verdad fuera una cuestión ideológica.

    Por eso al elegir el nombre de Nacionalismo Católico San Juan Bautista, lo hicimos con el propósito de pedir la protección de este gran santo de quién dijo Jesús: “No ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista”. Asimismo le pedimos asistencia para estar dispuestos a seguir su ejemplo aun cuando eso implique ser perseguidos por la ira y la venganza de los adúlteros de la libertad y la justicia, y podamos ser fuertes y no desistir ante ninguna amenaza del cumplimiento de nuestros cristianos deberes.
  
     San Juan predicaba la necesidad de conversión para la venida del Señor, y hoy tenemos que hacer lo mismo pero esta vez para su regreso cada vez más cercano.

     En tiempos en donde el sostenimiento de la verdad va a implicar el martirio como lo fue para el Bautista con su decapitación, queremos prepararnos sabiendo que a pesar de que para el catolicismo liberal imperante esta predica pueda sonar pesimista, nosotros sabemos que Dios saca provecho aún del mal.

     Rogamos a San Juan interceda por nosotros ante Dios para poder imitar su ejemplo sin buscar protagonismos, como cuando dio un paso al costado diciendo: "conviene que él crezca y que yo mengüe"; y en la convicción que la victoria no nos corresponde, solamente la lucha; podamos dar el buen combate, predicando el Evangelio a tiempo y destiempo y quiera Nuestro Señor que como su Siervo y Santo Precursor, podamos también ser "una voz que clama en el desierto"


Augusto TorchSon




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 24 de junio de 2014

Infancia de San Juan Bautista - Visiones de Ana Catalina Emmerick


Santa Isabel huye al desierto con el niño Juan

  Zacarías e Isabel conocían el peligro qué amenazaba a los niños, porque creo que la Sagrada Familia les envió un mensaje de confianza. He visto a Isabel llevándose al niño Juan a un sitio muy retirado del desierto, a unas dos leguas de Hebrón. Zacarías los acompañó hasta un lugar donde atravesaron un arroyuelo, pasando sobre una viga tendida. Allí se separó de ellos y se encaminó a Nazaret por el camino que María había tomado cuando fue a visitar a su prima Isabel. Creo que iba a pedir mejores informes a Santa Ana. Allí, en Nazaret, varios amigos de la Sagrada Familia estaban muy tristes por la partida. He visto que Juan, en el desierto, no llevaba sobre el cuerpo más que una piel de cordero, y a los dieciocho meses ya podía correr y saltar. Tenía en la mano un bastoncito blanco, con el que jugaba como juegan los niños. El desierto no era una inmensa extensión arenosa y estéril, sino una soledad con muchas rocas, barrancos y grutas, donde crecían arbustos diversos con bayas y frutos silvestres. Isabel llevó al niño Juan a una gruta donde más tarde vivió María Magdalena después de la muerte del Salvador.

  No sé cuánto tiempo estuvo oculta allí Isabel con el niño: probablemente quedó todo el tiempo hasta que no podía ya temerse la persecución de Herodes. Regresó con su hijo a Juta, pero volvió a huir cuando Herodes convocó a las madres que tenían hijos menores de dos años, lo cual tuvo lugar un año más tarde.


  Santa Isabel vuelve a huir con el niño Juan

  Santa Isabel, avisada por un ángel antes de la matanza de los inocentes, se refugió con el pequeño Juan nuevamente en el desierto. Vi que estaba buscando durante mucho tiempo una cueva que le pareciera segura y escondida: cuando la encontró permaneció allí con el niño durante unos cuarenta días. Más tarde volvió a su hogar, y un esenio del monte Horeb fue al desierto para llevar alimentos al niño y ayudarle en sus necesidades. Este hombre, cuyo nombre he olvidado, era pariente de la profetisa Ana. Al principio iba cada semana y después cada quince días, mientras Juan necesitó ayuda. No tardó en llegar el momento en que al niño le gustaba más estar en el desierto que entre los hombres. Estaba destinado por Dios para crecer allí en toda inocencia, sin contacto con los hombres y sus maldades. Juan, como Jesús, no fue a la escuela, y era instruido por el Espíritu Santo. A menudo vi una luz a su lado o figuras luminosas como las de los ángeles. El desierto no era estéril ni desolador, porque entre las rocas brotaban abundantes hierbas y arbustos con frutas y bayas de diversas clases. He visto allí fresas silvestres que recogía el niño para comer. Tenía extraordinaria familiaridad con los animales, especialmente con los pájaros que venían volando para posarse sobre sus hombros; y mientras él les hablaba, parecía que le comprendieran y le servían de mensajeros. A veces iba a lo largo de los arroyos: los peces le eran familiares, porque se acercaban cuando los llamaba y le seguían cuando caminaba al borde del agua. Vi que se alejaba mucho de los lugares habitados por el peligro que le amenazaba. Los animales lo querían tanto que le servían en muchas cosas. Lo llevaban a sus refugios o a sus nidos, y cuando los hombres se acercaban, él podía huir a los escondites sin peligro.

  Se alimentaba de frutas silvestres y de raíces; no le costaba mucho encontrarlas, pues los animales mismos lo conducían donde estaban y se las mostraban. Llevaba siempre su piel de cordero y su varita y se internaba cada vez más en el desierto. A veces se acercaba a su pueblo y dos veces vio a sus padres que anhelaban vivamente su presencia. Ellos debían tener revelaciones, pues cuando Isabel o Zacarías deseaban ver a Juan, éste no dejaba de acudir a su encuentro desde muy lejos.


Santa Isabel vuelve por tercera vez al desierto con el niño Juan

  Mientras estaba la Sagrada Familia en Egipto, el pequeño Juan había vuelto secretamente a su casa de Juta, porque he visto que fue llevado nuevamente al desierto cuando tenía cuatro o cinco años. Zacarías no estaba presente cuando salieron de la casa; creo que había partido para no presenciar la despedida, porque amaba mucho a su hijito; pero antes de salir le había dado su bendición, como bendecía siempre a Isabel y a Juan antes que saliesen de camino. El pequeño Juan usaba por vestido una piel de carnero, que saliéndole del hombro izquierdo caíale sobre el pecho y los costados y volvía unirse sobre el lado derecho. No usaba más que esta piel. Sus cabellos eran castaños y más oscuros que los de Jesús. Llevaba el bastoncito blanco que había tomado al dejar la casa. Así lo vi mientras su madre lo llevaba de la mano. Isabel era una mujer de edad, alta, de ágiles movimientos, cabeza pequeña y rostro agradable. El niño Juan corría a menudo, adelantándose a la madre. Tenía toda la inocencia propia de su edad, pero no la irreflexión. Al principio se dirigieron hacia el Norte, teniendo a su derecha un pequeño arroyo; luego los vi atravesar la corriente sobre una pequeña balsa de madera, porque no había puente. Isabel era una mujer decidida y dirigía la balsa con una rama de árbol. Más allá del arroyo siguieron camino hacia el Oriente, entrando en un desfiladero de rocas, desnudo y árido en su parte alta, el fondo lleno de zarzales, de frutas silvestres y dé fresas, que el niño recogía y comía. Después de hacer un trecho en aquel desfiladero, Santa Isabel se despidió del niño, lo bendijo, lo estrechó contra su corazón, lo besó en ambas mejillas y en la frente, y regresó, volviéndose varias veces, llorando, para mirarlo. El niño no sentía inquietud alguna: caminaba con pasos seguros por el desfiladero.

  Como durante estas visiones me sentía muy enferma, el Señor me consoló haciendo que asistiese a todo lo que sucedía como si yo fuese una niña. Me parecía tener la misma edad que Juan, y por eso me afligía viendo que se alejaba tanto de su madre. Creía que no iba a poder encontrar la casa paterna; pero una voz me tranquilizó, diciendo: "No te inquietes; el niño sabe muy bien lo que hace". Me pareció entrar en el desierto con el niño, como compañera de juegos infantiles. De este modo pude ver varias veces lo que le sucedía. El niño me contó varios episodios de su vida en el desierto: cómo se mortificaba y violentaba sus sentidos en toda forma y se volvía cada vez más clarividente, y cómo era instruido en todo lo que necesitaba saber. Nada de lo que me contaba me sorprendía, porque yo misma, cuando siendo pequeña cuidaba las vacas, había vivido en el desierto con el niño Juan. Cuando deseaba verlo lo llamaba desde los matorrales: "Niño San Juan, ven a buscarme con tu bastón y la piel sobre tus hombros". Y Juan venía con su bastoncito y su piel de cordero; y jugábamos como niños; y él me enseñaba toda clase de cosas útiles, No me asombraba que supiese tantas cosas de los animales y de las plantas del campo. Yo también, cuando andaba por el campo, por los bosques y las praderas, siendo niña, estudiaba, como en un libro, en cada hoja o en cada  flor, al recoger las espigas y al arrancar el césped, y estas plantas, como los animales que veía pasar, eran para mí motivos de enseñanza y de reflexión.

  Las formas de las hojas, sus colores y la disposición de las plantas me sugerían pensamientos profundos. Las personas a quienes los comunicaba me escuchaban con asombro, pero se reían de mí en la mayoría de los casos.

  Esto fue causa de que más tarde guardase silencio sobre estas cosas, porque pensaba, y pienso todavía, que a todos los hombres les pasa lo mismo, y que en ninguna parte aprende mejor que en este libro de la naturaleza escrito por el mismo Dios. Cuando en mis contemplaciones posteriores seguí al niño Juan por el desierto, he visto sus gestos, sus actitudes y sus acciones; lo vi jugando con los animales y las flores y entreteniéndose con las plantas. Los pájaros, especialmente, estaban familiarizados con él: se posaban sobre su cabeza o sus hombros cuando caminaba o rezaba. A veces ponía su bastoncito atravesado sobre las ramas de los árboles y pájaros cíe todas variedades acudían a su llamado y se posaban sobre su bastón unos tras otros. Él les hablaba y los miraba con familiaridad, los trataba como si les estuviera enseñando. Otras veces lo vi seguir a los animales hasta sus cuevas y darles allí de comer, observándolos con toda atención.


Muerte de Zacarías e Isabel

  Una vez que Zacarías fue al templo a llevar víctimas para el sacrificio, Isabel aprovechó su ausencia y fue a visitar a su hijo en el desierto.

  Juan tendría unos seis años entonces. Zacarías no había ido a ver al niño nunca: de modo que si Heredes le preguntaba por el niño podía, sin mentir, responder que lo ignoraba. Pero para satisfacer el gran cariño de sus padres y por el deseo de verlos, visitó varias veces el niño secretamente, de noche, la casa de sus padres, permaneciendo allí algún tiempo. Sin duda su Ángel de la Guarda lo guiaba para que evitara los peligros que lo amenazaban.

  Siempre lo vi guiado y protegido por espíritus celestiales y muchas veces vi figuras luminosas que lo rodeaban.

  Juan estaba predestinado a vivir así en la soledad, apartado de los hombres y privado de los socorros humanos ordinarios para ser mejor guiado por el espíritu de Dios. La Providencia divina dispuso las cosas de tal manera que aún por las circunstancias exteriores tuviera que retirarse al desierto. También se hallaba como impulsado por un instinto irresistible, pues desde su niñez lo veía siempre pensativo y solitario. Cuando fue llevado el Niño Jesús a Egipto, Juan, su precursor, estaba escondido en el desierto por advertencia divina, ya que también él se hallaba en peligro. Se había hablado mucho de él desde los primeros días de su vida: era conocido su nacimiento maravilloso y mucha gente afirmaba haberlo visto rodeado de resplandor. Por esta causa Herodes quería apoderarse de él para matarlo.

  Repetidas veces Herodes había preguntado a Zacarías dónde se escondía el niño, sin atreverse entonces a prenderlo. Pero ahora, yendo Zacarías al templo, fue asaltado y maltratado por los soldados encargados de vigilarlo, delante de la puerta de Jerusalén, llamada de Belén, en un lugar del camino bajo desde donde no se divisaba la ciudad. Lo llevaron a una prisión, en el flanco de la montaña de Sión, donde pude ver más tarde a los discípulos de Jesús cuando iban al templo. El anciano fue torturado para que descubriese el lugar donde se ocultaba su hijo y como no pudieron obtener lo que deseaban, terminaron por matarlo por orden de Herodes. Sus amigos, más tarde, lo enterraron no lejos del templo…

  Santa Isabel volvió del desierto a la ciudad de Juta para esperar la llegada de su marido, acompañada en una parte del camino por el niño Juan. Isabel lo besó en la frente y lo bendijo, y el niño volvió al desierto. La madre al entrar en su casa conoció la triste noticia de la muerte de su esposo. Su dolor fue muy grande y parecía inconsolable. Retornó al desierto, quedándose allí con el niño, hasta su muerte, que aconteció poco tiempo antes que la Sagrada Familia volviera de Egipto. Aquel esenio que cuidaba al niño Juan, sepultó a Isabel en las arenas del desierto. Después de esto, Juan se internó más en el desierto: abandonando el desfiladero de rocas se fue a un lugar más despejado y se estableció junto a un pequeño lago. En la playa había mucha arena blanca. Lo he visto avanzar bastante aguas adentro, mientras los peces nadaban alrededor de él sin temor. Allí vivió mucho tiempo, porque lo vi fabricarse una cabaña o glorieta en medio de los arbustos, para pasar la noche: era pequeña y baja» de modo que apenas podía acostarse en ella para dormir.

  Allí como en otras partes veía formas luminosas que trataban con él sin temor e inocente piedad: parecía que lo instruían y le hacían notar diferentes cosas. Vi también que tenía una varilla atravesada en su bastoncito, de modo que formaba una cruz. Había una tira de corteza atada al cabo del bastoncito, como una banderilla que flotaba al viento mientras jugaba con ella. La casa de Isabel en Juta la ocupó una hija de la hermana de Isabel. Era una casa muy bien cuidada, en perfecto orden y limpieza. Siendo ya grande, volvió Juan otra vez en secreto a ella, regresando inmediatamente al desierto hasta el momento de su aparición entre los hombres.

Beata Catalina Emmerick – “Nacimiento e Infancia de Jesús” – Ed. Guadalupe 2007 – págs. 114, 125,126,129-131.



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

jueves, 29 de agosto de 2013

DECAPITACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA - Visiones de Catalina Emmerick

Juan libre dentro del casillo
  Durante algún tiempo, habían permitido a Juan acudir a los alrededores del castillo, y sus discípulos también podían ir y venir como ellos quisiera. Un par de veces él dio un discurso público en el cual Herodes mismo estuvo presente. Habían prometido su liberación si él aprobaba el matrimonio de Herodes, o al menos, que nunca lo condenara de nuevo. Pero Juan lo denunciaba cada vez más enérgicamente. Herodes, sin embargo, pensaba en liberarlo durante su propio cumpleaños, pero su esposa en secreto alimentaba pensamientos muy diferentes. Herodes habría deseado que Juan circulara libremente durante las festividades, y que los invitados pudieran apreciar su indulgencia en el tratamiento del preso.

Juan se encierra en su celda en protesta contra Herodes
Recién se habían iniciado los juegos y el banquete cuando comenzaron el vicio y los disturbios en Maqueronte, entonces Juan por si mismo se encerró en su celda de la prisión y mandó a sus discípulos a que se retiraran de la ciudad. Ellos acataron y se fueron a la región de Hebrón, donde ya muchos estaban reunidos.

Naturaleza de las personalidades de Herodías y Salome
  La hija de Herodías había sido entrenada completamente por su madre, quien la había acompañado desde sus tiempos más tempranos. Ella estaba en la flor de su juventud, con su conducta audaz y su atavío desvergonzado. Por un largo tiempo Herodes la había mirado con ojos lascivos. Esto la madre lo veía con complacencia y elaboró sus proyectos en consecuencia. Herodías misma tenía un aspecto muy sorprendente, muy audaz, y ella usaba toda su habilidad para resaltar sus encantos. Ella ya no era tan joven, y había algo agudo, astuto, y diabólico en su semblante que a los hombres malos les gusta ver. En mí, sin embargo, ella provocaba repugnancia y aversión como la produce la belleza de una serpiente. No puedo encontrar ninguna comparación mejor que esta, ella me recordaba a las diosas paganas antiguas. Ella ocupaba un ala del castillo cerca del magnífico patio, que estaba algo más alta que el pasillo opuesto, donde se celebraría el banquete de cumpleaños. De la galería fuera de sus apartamentos, uno podía mirar abajo, al patio abierto de los pilares.

La danza de Salomé ante Herodes y el espectáculo de la fiesta
  Cuando Herodes encaminó sus pasos hacia el arco de triunfo, él fue recibido por un conjunto de muchachos y muchachas que bailaban, Salomé estaba al medio de ellos. Ella se presentó ante el con una corona, que descansaba sobre un cojín cubierto de brillante ornamentación y cubierta por un velo trasparente, llevada por niños de su cortejo. Estos niños estaban vestidos con prendas delgadas y ajustadas a sus cuerpos y sobre sus hombros llevaban imitaciones de alas. Salomé llevaba un largo traje transparente, abrochado en algunas partes sobre sus muslos con broches destellantes. Sus brazos estaban adornados con cintas de oro, pulseras con perlas, y anillos de diminutas plumas; su cuello y pecho estaban cubiertos con perlas y cadenas brillantes y delicadas. Ella bailó durante un rato ante Herodes; el que, muy deslumbrado y encantado, dio expresión a su admiración, a la que todos sus invitados se adhirieron con entusiasmo. Ella debía, le dijo él, repetir ese placer para él a la mañana siguiente. Y ahora el desfile entró por el pasillo, y el banquete comenzó... Mientras tanto, yo vi a Juan en su celda arrodillado en oración, con los brazos extendidos y sus ojos elevados al cielo. Todo el lugar alrededor de él estaba iluminado por una luz, pero era una luz muy diferente a la que brillaba en el salón de Herodes. Esta última comparada con la primera, parecía como una llama del Infierno. La ciudad entera de Maqueronte estaba iluminada por antorchas y por el fuego, y se reflejaba a lo lejos, en las montañas circundantes.

  …Cuando todos habían comido y el vino había fluido libremente, los invitados solicitaron a Herodes que permitiera a Salomé bailar otra vez, y por esta razón, ellos dejaron suficiente espacio para una pista de baile retirándose hacia las paredes…

  Salome pide a Herodes la cabeza de Juan luego de danzar por segunda vez 
  Salomé apareció con algunos de sus compañeros de baile rodeados de una luz y vestida con un traje trasparente. Su pelo estaba entretejido en parte con perlas y piedras preciosas, mientras la otra parte de sus rizos flotada alrededor de su cabeza. Llevaba una corona y era la figura central del grupo de bailarines. El baile consistía en un movimiento constante de inclinación, una suave oscilación y giro. Todo su cuerpo parecía no tener huesos. Apenas tomaba una posición cuando se deslizaba a otra. Los bailarines portaban coronas y llevaban pañuelos en sus manos, que agitaban suavemente tocándose unos a otros. Todo el movimiento expresaba las pasiones más vergonzosas, y en ello Salomé superaba a todas sus compañeros.

  Yo vi al diablo a su lado doblándose y torciéndose para producir este abominable efecto. Herodes estaba totalmente arrebatado y hechizado por estos movimientos. Al final de uno de los actos, Salomé se presentó ante el trono; mientras los otros bailarines siguieron concentrando la atención de los invitados, y sólo aquellos en la vecindad inmediata del trono oyeran decirle a Herodes a ella: "pídeme lo que quieras y yo te lo daré. Y le juró: Todo lo que me pidas te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino "(Mc 6:22-23) Salomé dejó el salón y muy apresuradamente fue al lugar donde se encontraban las mujeres, y consultó a su madre. Ésta le ordenó directamente que ella pidiera la cabeza de Juan sobre una bandeja.

  Salomé volvió apresurada donde Herodes, y le dijo: " quiero que ahora mismo me des como única cosa la cabeza de Juan el Bautista sobre una bandeja” (Mc.6:25) Sólo algunos de los aliados más confidenciales de Herodes oyeron la petición. Herodes miraba como golpeado por una apoplejía, pero Salomé le recordó su juramento. El entonces ordenó a uno de sus guardias a llamar a su verdugo, a quien dio la orden de decapitar a Juan y dar la cabeza, sobre un plato, a Salomé. El verdugo se retiró, y en pocos segundos Salomé lo siguió. Herodes, súbitamente indispuesto, abandonó el salón con sus aliados. Él estaba muy triste. Yo oí a sus seguidores que le decían que él no estaba obligado a conceder tal petición; sin embargo ellos prometieron el mayor secreto, para no interrumpir las festividades. Herodes, sumamente preocupado, siguió caminando como un demente por las habitaciones más remotas de su palacio; pero el banquete siguió sin inconvenientes.

Decapitación y descripción de la muerte de Juan el Bautista
  Juan estaba en oración. El verdugo y sus criados ordenaron a los dos soldados de la guardia de la prisión de Juan a entrar a la celda junto con ellos. Los guardias llevaban antorchas; pero yo vi el espacio alrededor de Juan tan intensamente iluminado que la llama de las antorchas se opacó, como una luz durante la claridad del día.

  Salomé esperaba en la entrada de la enorme e intrincada prisión.

  Con ella estaba una criada quien entregó al verdugo un plato envuelto en un paño rojo. Este último se dirigió a Juan: "Herodes, el Rey, me envía para llevar tu cabeza sobre este plato a su hija Salomé. " Juan le permitió un poco de tiempo para explicarse. Él permaneció arrodillando, e inclinando su cabeza hacia él, le dijo: "Yo sé por qué has venido. Tú eres mi invitado, uno a quien he esperado mucho tiempo. Conozco el arte que tu sabes hacer, tu no quieres hacerlo. Estoy listo." Entonces el giró su cabeza y siguió su oración delante de la piedra del frente, donde siempre se arrodillaba a orar. El verdugo lo decapitó con una máquina que puedo compararla, nada más que con una trampa de zorro. Un anillo de hierro fue puesto sobre sus hombros. Este anillo estaba provisto de dos láminas afiladas, que, con una presión repentina dada por el verdugo, se cerró alrededor de su garganta y en un abrir y cerrar de ojos, separó la cabeza del tronco. Juan aún permanecía de rodillas.

  La cabeza cayó a tierra, y un chorro de tres corrientes de sangre salía del cuerpo rociando a su vez, la cabeza y cuerpo del santo, como si estuviera bautizándose con su propia sangre. El criado del verdugo levantó la cabeza por los cabellos; lo insultaron, y luego lo puso sobre el plato, que su maestro sostenía. Este posteriormente se lo presentó a la expectante Salomé. Ella lo recibió alegremente, a pesar de no poder ocultar su horror secreto y con el afeminado aborrecimiento hacia la sangre y las heridas, que tienen aquellos, que son dados a pecar. Ella llevó la cabeza santa cubierta por un paño rojo sobre el plato. La criada iba delante, llevando una antorcha encendida por los pasos subterráneos. Salomé sostuvo el plato tímidamente alargando sus brazos hacia delante, su cabeza aún cubierta por sus adornos, girada hacia el lado con repugnancia.

  Así ella atravesó los pasillos que conducían hasta una especie de cocina que estaba bajo el castillo de Herodías. Aquí fue encontrada por su madre, quien levantó la cubierta de la cabeza santa, y la cargó con insultos y despóticamente. Luego tomó una daga afilada de la pared, donde había herramientas enganchadas, y con ella perforó la lengua, las mejillas y los ojos de la cabeza. Después de esto, mirando más bien como un demonio, que un ser humano, ella lanzó la cabeza con un puntapié a través de una apertura redonda, hacia abajo por un hoyo por donde expulsada la basura de la cocina.
Entonces aquella mujer infame, junto a su hija, volvió a la juerga ruidosa y malvada del banquete, como si nada hubiese pasado. Yo vi el cuerpo sagrado del santo, cubierto con la piel que él habitualmente llevaba, colocado por los dos soldados sobre un sillón de piedra.

Ocultamiento de la verdad sobre el desaparición de Juan
  Los hombres quedaron muy preocupados de lo que fueron testigos.

  Ellos después fueron liberados de pagar impuestos y encarcelados, ya que no podían revelar lo que ellos sabían del asesinato de Juan.

  Todo lo qué tenía relación con ello, estaba destinado al más riguroso secreto. Los invitados, sin embargo, no pensaron en ningún momento en Juan. Así su muerte permaneció oculta por largo tiempo. Se informó que él había sido puesto en libertad. Las festividades continuaron. En cuanto a Herodes, dejó de tomar parte en ellas, y Herodías comenzó a divertirse. Cinco de aquellos que estaban enterados de la muerte de Juan fueron encerrados en mazmorras; los dos guardias, el verdugo, su criado, y la criada de Salomé quien había mostrado compasión por el santo. Otros guardias fueron puestos en la puerta de la prisión, ellos en turnos, a intervalos regulares fueron substituidos por otros. Uno de los seguidores secretos de Herodes, con regularidad llevaba alimento a la celda de Juan, por consiguiente no se tenía la menor idea de lo que había ocurrido.

 Visto en: www.visionesemmerick.net


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