San Juan Bautista

San Juan Bautista

miércoles, 26 de marzo de 2014

Tentaciones de Cristo y la Iglesia – Por Leonardo Castellani


  De las Tentaciones de Cristo hay mucho que hablar; pero seamos breves y notemos tres puntos principales: el Tentador, el Tentado y nosotros.

  El espíritu maligno no sabía seguro si Cristo era el Mesías, ni mucho menos si era Dios o no. Parece increíble, con el talento que tiene el diablo, y conociendo las profecías mesiánicas mejor que cualquier rabino, que no sacara la conclusión que tantos hombres sacaron. Pero es así, basta leer los Evangelios; además San Pablo dice expresamente que el diablo no hubiera crucificado –por medio de los judíos– a Cristo, si hubiese sabido que era el Hijo de Dios (I Cor II, 8).

  Que un Dios se haga hombre es un Misterio Absoluto; es como si dijéramos un Absurdo: no cabe en ninguna cabeza creada. Eso no se puede conocer y saber si no es mediante un acto de fe sobrenatural, un acto que es imposible sin la gracia de Dios; la cual el diablo no tiene. La ciencia no basta para alcanzar la fe; es necesaria también la buena voluntad, de que el diablo carece.

  Por eso el fin del Tentador fue, como aparece claramente, no sólo hacer pecar a Cristo sino también sacarse él esa duda; lo cual no consiguió: “Si eres Hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en pan.” Pero hay que reconocerle al diablo que su atrevimiento es infinito: es un sinvergüenza, porque no tiene ya nada que perder. ¡Sospechando que Cristo era una persona divina, haberlo sin embargo agarrado y llevado al Campanario! “¡Qué miedo tendría el maldito –dice Santa Teresa– mientras iba volando!”... Pero en realidad no sabemos si fue volando.

  El diablo tiene un poder grandísimo –eso muestra este evangelio– y por otra parte es un poder vano, porque se puede vencer “de palabra”, con la palabra Dios.

  Gran encomio de la Escritura Sagrada hay en este evangelio: Cristo vence las Tres Tentaciones con el arma de la Escritura. Pero el poder del diablo es tremendo en los que están desarmados. Cuando le dijo a Cristo: “'Todo esto es mío y a quien yo quiera se lo doy”, mostrándole los Reinos de la Tierra –en la política se puede decir que el diablo no tiene rival– Cristo no le respondió: “¡Mentiroso! Todo esto es de Dios, no tuyo”; no se metió a discutir con él, porque en algún sentido todo eso es, en efecto, del diantre; en el sentido de que hoy día, por nuestros pecados, él mangonea todo. El es el Fuerte Armado, es la Potencia de las Tinieblas, es el Príncipe de este Mundo, como lo designó Cristo en otros lugares. Es probable que Satán de nacimiento haya sido el Arcángel que estaba predestinado al manejo y control del mundo material; o por lo menos, de este planeta; y por haber pecado, no perdió ese poder connatural para con el pobre “planeta mudo” . Pero todo poder de Dios es.

  Eso que llamaban nuestros mayores “vender el alma al diablo” es posible: es la operación que se propuso a Cristo en la Tercera Tentación. Cuando en este mundo a un malvado le va bien incesantemente, se trata un demoníaco; a los inicuos comunes, la moral los castiga a corto plazo. Si Dios no se lo impide, el diablo puede hacer cosas rarísimas con los hombres; y eso yo lo sé por los libros; pero si yo dijera que lo sé solamente por los libros, mentiría.

  ¿Por qué tentó a Cristo con esas cosas raras? Con la Bobobrígida o algunas de las otras animalitas de Dios que nos hacen el honor de divertir a la plebe porteña; con la llave del Banco Central; o con las urnas llenas de votos en el Congreso, yo lo tiento a cualquiera. Pero ¿con piedras, con vuelos sin motor, con promesas fantásticas de imperios universales?...

  El diablo sabía que Cristo era un varón religioso –lo había visto prepararse para su misión religiosa con el ayuno de Moisés, lo había visto arder como una gran fogata en oración continua–; y lo tentó como a un hombre religioso: en el plano religioso, no en el plano carnal. Una nota del Evangelio traducido por Straubinger dice: “la primera fue una tentación de sensualidad”... Es un error. Las tres fueron tentaciones de soberbia. El diablo tienta de soberbia, no de sensualidad, a los que hacen Cuaresmas tan rigurosas como Cristo.

  El diablo es la mona de Dios, puesto que querer ser como Dios fue su caída y es su constante manía. El diablo tienta prometiendo o dando las cosas de Dios: lo mismo que Dios nos ha de dar si tenemos espero y fidelidad: Cristo podía procurarse pan con esperar un poco –“y los ángeles se lo sirvieron”– sin necesidad de un milagro. El diablo nos empuja, nos precipita, es la espuela del mundo: nos invita a anticipar, a desflorar, a llegar antes. A los primeros hombres les dijo: “Seréis como dioses” que es efectivamente lo que Dios se propuso hacer y hace, por medio de la adopción divina (la gracia elevante) y la visión beatífica, con el hombre. “Entonces seremos como El, porque le veremos como Él es”, dice San Juan. Eva pecó porque codició una anticipación de la visión divina. No podemos ser tentados sino de acuerdo a nuestro natural.

  Así pues a Jesús lo tentó de acuerdo a su natural con lo mismo que Él había de lograr un día: Cristo había de convertir las piedras de la gentilidad en el pan de su Cuerpo Místico, conforme a aquello: “Creéis vosotros que de estas piedras no puedo yo sacar hijos de Abraham?”. Cristo había de volar visiblemente a los cielos delante de sus apóstoles y unos quinientos discípulos. Finalmente, Cristo algún día ha de ser Rey Universal del mundo entero, como lo es desde ya en derecho y esperanza.

  El diablo está hoy día tentando a la Humanidad con un Reino Universal obtenido sin Cristo con las solas fuerzas del hombre. Todo ese gran movimiento del mundo de hoy (la ONU, la UNESCO, la Unión de las Iglesias Protestantes, los Grandes Imperialismos, las promesas de “mil años de paz” por parte de los Conductores) representa esa aspiración irrestrañable de la Humanidad al Milenio, a su unidad natural y pacífica, a su integración como Género Humano.

  Es inútil oponerse a esa aspiración actualísima –se equivocan los ultra-nacionalistas– porque es un anhelo que está en las entrañas de la evolución histórica del mundo, como que es una promesa divina. Pero el diablo quiere llegar antes. Los cristianos sabemos que esto vendrá, pero que sólo puede venir con y por Cristo; y que esta manera como se está haciendo ahora, no podemos aceptarla, porque es la vasta preparación del Anticristo. “Si esto es servir a la patria, a mí no me gusta el cómo.” De manera que aparecemos como impotentes por un lado; como atrasados y reaccionarios por otro. Paciencia.

  La Iglesia hoy día aparece en plena crisis; no puede conseguir la paz de los pueblos, la necesidad más urgente del mundo, está contusionada dentro de sí misma; no hace más que tomar medidas y actitudes aparentemente negativas: Syllabus, Juramento antimodernístico, prohibo esto, prohibo lo otro. No está a la cabeza de la “civilización” como en otros tiempos, no hace más que tirar hacia atrás: es que la “civilización” ha entrado por un mal camino; por el de la Torre de Babel. Camino satánico.

  “Todo esto es mío y lo doy a quien yo quiero; todo esto te daré si cayendo a mis pies me adorares.”

  Un hombre algún día aceptará este trato. No sé qué día…

  No es necesario saber mucho griego ni latín para predecir que la Iglesia será tentada, si Cristo fue tentado; y lo será con las mismas tentaciones de Cristo.

  Podríamos decir quizá que en la Edad Media fue la primera, en el Renacimiento la segunda y ahora la tercera tentación. Así para entendernos; aunque las tres funcionan juntas, mirándolo bien.

  La primera tentación es ésta: por medio de lo religioso procurarse cosas materiales –como si dijéramos cambiar milagros por pan– la cual puede llegar a un extremo que se llama simonía, o venta de lo sagrado. Pero los curas también tienen que comer y la Iglesia necesita bienes. Yo no niego que la Iglesia necesita bienes, lo que yo sé es que hay una rayita finita, pasada la cual los “bienes” se convierten en males. De modo que el efecto más bien viene a ser tomar el pan y convertirlo en piedra; milagro al revés; como por ejemplo hacer grandes templos de piedra donde falta el pan de la palabra divina, “de la cual, como del pan, vive el hombre”, contestó Cristo a Satán.

  La segunda tentación es por medio de la religión procurarse prestigio, poder, pomposidades y “la gloria que dan los hombres”. Y también es verdad que la Iglesia necesita buen nombre, porque una de las notas distintivas de la verdadera religión es que sea santa. Y así uno de los principales argumentos de San Agustín contra los herejes y paganos eran las admirables “costumbres” de la Iglesia primitiva contrapuestas a las malas costumbres de ellos. Véanse sus libros: De Civitate Dei, De Moribus Ecclesiae, De Moribus Manichoeorum...

  Pero una cosa es que los demás lo prediquen a uno santo; y otra, predicarse a sí mismo. Días pasados oí a un predicador que se mandó una alabanza de la orden a que él pertenecía, que tembló el Campanario de la Iglesia (o sea el Pináculo del Templo); y no pude menos que pensar: “Esto sería mejor que lo dijese el pueblo”.

  La tercera tentación es desembozadamente satánica; postrarse ante el diablo a fin de dominar al mundo. ¿Puede la Iglesia ser tentada así? La Iglesia no es más que Cristo. La crueldad, por ejemplo, es demoniaca. Lo santo y lo demoníaco son contrarios y por tanto están en el mismo plano; y la corrupción de lo mejor, es la peor. Hablando de Savonarola, el cardenal Newman dijo: “La Iglesia no puede ser reformada por la desobediencia...”, y su interlocutor le contestó: “Mucho menos por la crueldad, mi caro Cardenal”. El Asceta puede ser tentado de dureza de corazón, de inhumanidad, de crueldad. “Mi hija se ha vuelto cruel como el avestruz”, dice Dios por el Profeta.

  Ésta es la última tentación, de la cual Dios me libre y guarde; y sobre todo, que Dios libre y guarde a los otros. Como dijo el jachalero Ramón Ibarra cuando se peleó a cuchillo con Dionisio Mendoza y lo querían sujetar: “¡Asujetelón! ¡Asujetelón! ¡Asujetelón al otro! ¡Que yo, mal que bien, me asujeto solo!”.


LEONARDO CASTELLANI – “El Evangelio de Jesucristo” Domingo 1° de Cuaresma – 1957



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

8 comentarios:

  1. CESAR BERARDO27/3/14 1:00

    La grandeza de Castellani consiste en su simplicidad para volver sencillo aquello que no lo es. Lo ininteligible en inteligible.La grandeza de la teología, la gracia de la fe y el misterio de la Iglesia y de la Encarnación. Todo ello repito, en forma sencilla y amena, al alcance también de nuestras sencillas y jóvenes almas de entonces. Para el el más sincero homenaje homenaje de alguien que llegó a conocerlo personalmente a través de sus famosos cursos de religión.

    ResponderEliminar
  2. Catalina SCJ27/3/14 8:17

    Esplendido artículo, lleno de sabiduría y ciencia divina. La Palabra de Dios es un arma muy poderosa para vencer a los enemigos del alma. Gran enseñanza nos da Jesucristo, que vence a Satanás "no con su fuerza corporal, ni con el poder de las armas, sino que sometió al ejecutor de la maldad con su Palabra" (Sab 18,22). Debemos tener gran amor respeto y reverencia a la Palabra de Dios, porque si la hacemos vida, creceremos "en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (2Pe 18) Si los israelitas durante su travesía del desierto hubieran tenido en cuenta que "no solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4), hubieran vencido a Satanás y hubieran entrado en la tierra prometida; pero "la mayoría de ellos no fue del agrado de Dios; pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron para que nos sirvieran de ejemplo" 1Cor 10,5.6) y, para que recibamos "con docilidad la Palabra sembrada en nosotros que es capaz de salvar nuestras vidas. Poned por obra la Palabra y no os contentéis solo con oírla, engañándoos a vosotros mismos. En cambio, el que considera atentamente la Ley perfecta de la libertad y se mantiene firme, no como oyente olvidadizo, sino como cumplidor de la Palabra, será feliz practicándola" (Sat 1,21.22.23.25). Usted dice: el diablo es la mona de Dios, pero cuidado con la mona, porque imita con tanta precisión y astucia que termina confundiendo a una gran mayoría. Alguien podrá preguntarse: ¿Por qué las citas bíblicas? Porque esa es la misión que se me ha confiado, dar a conocer a los hombres el verdadero Jesús, (no al Jesús histórico) sino a Jesucristo, Hijo de Dios vivo, segunda Persona de la Santísima Trinidad que, se nos releva en las Sagradas Escrituras. Este es un medio muy eficaz para que los hombres vuelvan sus ojos a la Palabra de Dios fuente de vida y de santidad.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Inestimable misión estimada Catalina. Espero seguir contando son sus tan esclarecedores comentarios.
      Eventualmente sería gratificante contar también con algún escrito suyo para publicar.
      Saludos en Cristo y María Santísima

      Eliminar
    2. Gracias, Catalina. Que edificante este detallado y con un excelente basamento para motivar para la defensa de nuestra Iglesia colectivamente como Cuerpo de Cristo, y mas la salvacion personal, con la poderosisima arma de La Palabra. Un a razo fraterno en los clrazlnes de Jesus y Maria

      Eliminar
  3. Durante un acto en la Universidad Gregoriana el Padre Adolfo Nicolás sostuvo esta herejía:

    “Más que un código de doctrinas y enseñanzas, la religión es una sensibilidad frente a las dimensiones trascendentes que están detrás de la experiencia humana y se parece más al sentido musical que a un sistema racional de enseñanzas y explicaciones”

    http://angelqueen.org/2014/03/23/jesuit-head-religion-isnt-doctrine-but-sensitivity-to-human-experience/
    Frente a semejantes delirios, se podría transcribir íntegramente la Pascendi, pero bastaría con estos párrafos:

    “El aspecto positivo(de la doctrina de los modernistas) está constituido por la llamada inmanencia vital.

    “…abolida por completo toda revelación externa, resulta claro que no puede buscarse fuera del hombre la explicación apetecida, y debe hallarse en lo interior del hombre; pero como la religión es una forma de la vida, la explicación ha de hallarse exclusivamente en la vida misma del hombre. Por tal procedimiento se llega a establecer el principio de la inmanencia religiosa. En efecto, todo fenómeno vital —y ya queda dicho que tal es la religión— reconoce por primer estimulante cierto impulso o indigencia, y por primera manifestación, ese movimiento del corazón que llamamos sentimiento. Por esta razón, siendo Dios el objeto de la religión, síguese de lo expuesto que la fe, principio y fundamento de toda religión, reside en un sentimiento íntimo engendrado por la indigencia de lo divino.

    “…esa indigencia de lo divino …al principio yace sepultada bajo la conciencia, o, para emplear un vocablo tomado de la filosofía moderna, en la subconsciencia, donde también su raíz permanece escondida e inaccesible.

    “Por tradición entienden los modernistas cierta comunicación de alguna experiencia original que se hace a otros mediante la predicación y en virtud de la fórmula intelectual; a la cual fórmula atribuyen, además de su fuerza representativa, como dicen, cierto poder sugestivo que se ejerce, ora en el creyente mismo para despertar en él el sentimiento religioso, tal vez dormido, y restaurar la experiencia que alguna vez tuvo…”

    Espero que en el juicio particular de Nicolás Dios ordene que el Gran Capitán Ignacio que se haga presente. Los vascos saben muy bien cómo tratar a esa clase de gente “sensible” y “musical”.


    http://www.catapulta.com.ar/?p=12409

    miren la expresión pepinillo en vinagre del superior de los que perdieron la fe
    despues bergoglio nos acusa a nosotros, por favor hay que ser hipócrita

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si de la Compañía de Jesús está saliendo lo más heterodoxo de la Iglesia en los últimos siglos, tiene por motivo como bien señala el articulista que la corrupción de lo mejor es lo peor.
      Sin embargo, para reafirmar la original gran obra de San Ignacio de Loyola, tuvimos inmensos exponentes de esta Orden como Castellani, Meinvielle, A. Saenz o Bojorge, que no sin persecuciones, dieron un valiente testimonio del deber ser del jesuita.
      Son tiempos complejos.
      Gracias por visitarnos.

      Eliminar
  4. Esto de la tercera tentación y la entronización del hombre, coincide con la lectura que vengo haciendo de "Pedro, Me amas?". Empalma perfectamente y hay que decirlo, tristemente, muy tristemente.
    Gracias; precioso artículo.

    ResponderEliminar