San Juan Bautista

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martes, 9 de junio de 2015

Non Serviam – El cambio de estrategia de Satanás (1974) – Amalia de Estrada de Shaw




   El mundo está reviviendo el pecado de los ángeles. El “non serviam” que fue el grito de rebelión de Luz cuando enterado de la Encarnación del Verbo, le negó el acatamiento y la adoración que le eran debidas a su Persona Divina, aún en su naturaleza humana. Se auto-contempló. Vio su hermosura, su inteligencia, su poder, su gloria y su felicidad. Pese a tantos dones recibidos en el orden sobrenatural, no supo – o no quiso – reconocer al Hijo que se haría hombre por amor a la pobre humanidad caída. Y se rebeló con aquella frase que es la síntesis de la soberbia endiosada, y que han repetido a través de los siglos todos aquellos que se atribuyeron como propios los bienes recibidos: “Non serviam”.

  Todos conocemos la historia y sus consecuencias. Eso fue el principio. Pero he aquí que la historia se repite. Y cuando la vida de los tiempos toca a su fin, retorna Lucifer a lanzar su reto a la Persona del Verbo. En esta batalla final anunciada en el Apocalypsis, revelada por Dios a los profetas de todos los tiempos, y contemplada por muchos santos videntes de nuestra época materialista, vemos a Satanás con su soberbia irredenta, llevar nuevamente la guerra a Jesucristo.

  Sabe de antemano que su causa está perdida. Conoce que nada podrá contra la omnipotencia de la Divinidad. No ignora que el ímpetu de sus furias se estrellará eternamente contra los muros de su cárcel infernal. Sabe que esa roca inconmovible en sus cimientos, que es la Iglesia de Cristo, sobrevivirá rejuvenecida después de este temporal – que como los pasados -  la sacude y la azota despiadadamente… Hoy en día hay momentos en los que a los católicos nos parece percibir el eco de sus blasfemias, y hasta palpar su presencia real, como si se hubiera encarnado en algunos de sus corifeos. Lo que se ha olvidado, es que después de disipadas las sombras del calvario, amaneció el día de la resurrección; que al morir Cristo en la Cruz venció a la muerte; que del encierro de su sepulcro, hizo brotar la vida; y que, como dice un pensador católico: “cada dolor de la Iglesia, es un anticipo de su gloria”.

  ¿Cuándo comenzó esta batalla contra Cristo, directamente contra Él? Quiero limitarme por una elemental prudencia hacia mis lectores al momento actual. La lucha entre el cielo y el infierno es desde siempre. Desde el “non serviam”, hasta el día del juicio universal. Pero, como digo, voy a limitarme a la época en que para mal de nusetras almas y de nuestra salud, nos ha tocado la suerte de vivir.

  El demonio – dogma de fe – que no perdió en su caída su naturaleza ni su inteligencia angélica, hace ya muchos… muchos años, que comprendió la inutilidad de llevar de frente la guerra contra Dios. Ello producía reacciones en los fieles que sacaban la cara en su defensa, y se lanzó por los atajos. Pero llegaba un momento, en que el enfrentamiento con Dios era inevitable. Eso lo condenaba al fracaso de su obra, que no es otra que arrancar de las manos de Cristo las almas rescatadas con su redención, ya que nada podía contra Él. Y fue a partir de entonces, que modificó todos sus planes. Usando el diccionario post-conciliar, yo diría que fue el primero en “promoverse”… Piensa que su obra será más eficaz de adentro hacia afuera, que a la inversa. Y así mata dos pájaros de un tiro. Primero destruye por dentro el edificio, y luego visitiendo el ropaje de la oveja, conquistará las almas que no sepan descubrir al lobo bajo el disfraz del manso cordero. “Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con vestidos de oveja, y por dentro son lobos feroces”(Mat.7 15-21).

  La tarea fue fácil. Tan fácil, que arrastró no sólo almas ingenuas, sino, incluso, las sacerdotales y religiosas, y hasta algunas altas jerarquías que corrieron tras esos falsos profetas “que predican doctrinas que halagan sus pasiones” (2da carta de San Pablo a Timoteo, Cap. 4 3-4-)

  Estando en esta tarea, se le brinda una maravillosa oportunidad. El Papa ha convocado un Concilio para reajustar todo aquello de origen eclesiástico que precisaba ser reconsiderado. Introduce en él, esos corifeos de qu hablaba al principio. Y él mismo, revestido de padre conciliar, se instala en el aula y participa en sus deliberaciones. Presiona. Hace propaganda. Busca votos. Desconcierta. Y casi diría, atemoriza.

  Por eso “aquello que debió ser un nuevo amanecer para la Iglesia, como lo recordara no hace mucho el propio Pontífice, se trocó en oscuridad y confusión, como si el propio demonio hubiera introducido sus manejos”.

  Nadie que haya seguido paso a paso las sesiones del Vaticano II, puede sorprenderse de las reflexiones del Papa. Lo único realmente desconcertante, es que se haya precisado el paso de ocho largos años desde su clausura, para apercibirse de sus consecuencias. Pasados por alto mil detalles que daban la pauta de la trama que se tejía, abreviaré para decir que allí, en ese aula conciliar, tuvo lugar el ultimátum del demonio. Allí comenzó este combate final del anticristo.

  La primer manifestación externa, fue la furia iconoclasta que se desató en el campo católico… En nombre de las reformas litúrgicas y de la pobreza evangélica, se destruyeron los altares y las imágenes, incluyendo las maravillas del arte de los siglos insolentemente llamados obscurantistas. Los enviados de Satanás, se lanzaron por el mundo a predicar – lo que llamaron y siguen llamando – el “nuevo evangelio”. Inconcebible audacia en quienes sabían, y saben, que nada de origen Divino puede ser tocado ni cambiado. Bien claramente se los dice San Juan en su Apocalypsis: “si alguno quita algo de las palabras de este libro, Dios le quitará su parte en el árbol de la vida” (Apoc. 22, 19). Vale decir, que según la amenaza del Evangelista, todo aquel que toque una palabra verá su nombre borrado del libro de la vida. No obstante, se sostuvieron falsas doctrinas. Se disfrazaron de virtud muchos errores, se pretendió en nombre del “aggiornamiento” demoler y destruir todo lo que estaba constituido, y se terminó poniendo un cerco a la Persona del Verbo y a todo cuanto le pertenece: Su Santísima Madre, su Iglesia, su Eucaristía, su sacerdocio, sus Sacramentos, su Primado, y hasta la Santa Misa.

  Por eso, después de las palabras de Juan, causa espanto escuchar ciertas interpretaciones, traducciones y homilías, donde las verdades evangélicas se barajan como los naipes en manos de un jugador tramposo, y donde no se sabe qué admirar más, si la ignorancia teológica, o el desconocimiento total del diccionario…

  ¡Sí! Este lamentable confusionismo en que vivimos, es el prolegómeno de la lucha final del anticristo. Estas son las avanzadas del demonio, que a fuerza de ser el “simio” de Dios – como alguien lo llamara – quería tener también sus precursores. Hay una diferencia. El de Cristo, fue “el más grande profeta nacido de mujer, y su voz clamaría en el desierto”. Los de Satanás son muchos, que no tienen nada de de santos ni de profetas. Son sólo trompetistas que atronan día y noche nuestros pobres oídos con voces altisonantes, haciendo afirmaciones de fabricación casera, que luego tienen la audacia de querer rotular como si fueran decretos conciliares. Evidentemente ¡subestiman a “sus hermanos”! o queriendo rasar todo y a todos, los ponen en un mismo nivel de ignorancia religiosa. Fomentan el odio de clases en nombre de la caridad cristiana; incitan a la rebelión – primogénito pecado – llamando prejuicios a los principios y libertad al libertinaje. Apegan los corazones a la tierra, como si ella fuera lo definitivo, y se permiten hacer discriminaciones entre réprobos y elegidos, dentro mismo del seno de la Iglesia, en olvido absoluto de su catolicidad. Predican el desarrollo económico, el confort, el bienestar, sin tener en cuenta para nada, el sub-desarrollo espiritual de nuestras almas. Plagiando al padre Laburu, diría que predican una religión “amerengada”… Por eso arrastran a las multitudes que siguen a la Bestia.

  Hay entre estos satélites de Satanás algunos ciegos “que tienen ojos y no ven”. Hay débiles incapaces de aferrarse a sus principios para capear el temporal. Hay ignorantes con psicología de rebaño que se deja conducir con mansedumbre vacuna. Hay víctimas inocentes, que son las más sencillas y los jóvenes sin experiencia. Hay niños…, muchos niños, que a fuerza de serlo, y como en el cuento de Caperucita, no sabrán descubrir al lobo en la figura de la abuela, hasta que éste los haya devorado.

  Pero también los hay – y no pocos – cobardes mercenarios. Hay Judas y Pilatos. Hay Sanhedríam, y hay “sinagoga de Satanás”.

  Para alcanzar éxito, el demonio sabe que antes hay que destruir la Iglesia de Cristo, matar la devoción a María nuestra Madre, destrozar el primado, pisotear los Sacramentos, y corromper el sacerdocio.

  Tal vez podamos ir analizando poco a poco estas pertenencias de Cristo – para demostrar, cómo, a imitación de las guardias pretorianas finalmente, el manto de su Realeza. (“Repartieron entre sí mis vestiduras y sobre mi túnica echaron suertes” Jn.19, 24). Desnudo ya el Señor, como en la cumbre del Calvario, sólo resta poner nuestras sacrílegas manos sobre su Divinidad. La tarea ha comenzado con la Eucaristía. Y si esto no se detiene a tiempo y con suprema energía, nada sería de extrañar que las futuras generaciones lo vean despojado de su Mesianismo y de su Filiación Divina. Quiera Dios que me equivoque.

  Lo más peligroso, es que esta campaña, este satanismo que nos invade, y cuyo ídolo moderno es el Hombre – con mayúscula – se hace en nombre de virtudes reales: paz, caridad cristiana, “fraternidad universal” – con un dejo de masonería – tolerancia, comprensión, etc.

  Se cree que por esa escalinata cuyos tramos bajamos uno a uno casi sin percibirnos, llegaremos a una utópica “unidad”. Y digo utópica, porque ella será inalcanzable si ellos no renuncian a sus errores. En lo que a nosotros respecta, no podemos renegar de nuestros dogmas. A Cristo para poner precio a su Persona. Que nos ofrezcamos a quemar incienso delante de la estatua de Nabudoconosor. O que sea para complacer a Salomé, entreguemos la cabeza sangrante del Bautista.

  Ese día – si llega – nos encontraremos con que, lejos de atraer a los ajenos, habremos perdido a los propios.

  Aún aquellos que profesan otros credos perderán todo su respeto hacia una iglesia* que ya no tiene Martiriologio ni Santoral. Una iglesia que pacta con el mundo. Que dicta normas de economía política y tratados de sociología, pero que ha desterrado en la práctica, la Teología, la Moral, la Ascética y la Mística, que fueron los muros impenetrables que durante dos mil años custodiaron el Tabernáculo y la integridad de la Doctrina.


Amalia de Estrada de Shaw


*Naturalmente esta iglesia con minúscula, no tiene nada que ver con la verdadera Iglesia de Cristo, aunque cuente con un aparato eclesiástico “católico”.


Revista ROMA - Año VIII - N°35 - Bs. As., Agosto de 1974.


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

4 comentarios:

  1. Anónimo9/6/15 21:54

    El problema es que estos lobos con piel de oveja son muy astutos para presentar sus ideas. Sin ir más lejos, pensemos en Bergoglio: sus herejías y demás las presenta envueltas con frases sacadas del mismo Evangelio, generalmente les tuerce el significado, pero como se refiere a Dios, etc genera confusión y permite que muchos no se den cuenta de su maldad. Tiene además una especie de protección diabólica, porque aunque diga la barbaridad más grande, siempre sale adelante; en cambio, otros que piensan igual a él - como Kasper, Marx, etc) son señalados cuando hablan de dar la comunión a los adúlteros y homosexuales... pero, ¿acaso no piensa igual Bergoglio?, entonces, ¿por qué no se le encara de una vez?, debe tener la protección de muchos demonios para decir cualquier cosa y no ser molestado ni cuestionado.

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  2. Nos acercamos vertiginosamente al gran CISMA que precede al reinado del anticristo y al nacimiento de su falsa iglesia y salvo cuatro, el resto en todo el orbe no lo ven porque están ciegos espiritualmente, no tienen DISCERNIMIENTO, y es porque Dios da el Espíritu Santo solamente a quienes le obedecen (Hechos 5,32).
    Todos vemos a Bergoglio darle besos y abrazos a los gays y a todos los enemigos de la iglesia, sin embargo a los verdaderos católicos los trata a patadas y con vara de hierro, (Franciscanos de la Inmaculada), a las madres de familia numerosa las llama conejas, a los que cumplimos los Mandamientos nos llama fanáticos, y un largo etc... Catecismo 675. San Pablo 2 Tesalonicenses 2.
    Cantidad de Santos nos dicen que cuando un papa comete herejía y no cambia su postura ni se arrepiente, se autoexcluye de la Iglesia. Y ahí están todos los cardenales mirando la puesta de sol y haciendo fotos. Salvo tres o cuatro, el resto cometen pecado de OMISION. Y a estos les dice nuestro Señor Jesucristo: a los tibios los vomitaré de Mi boca. Son ellos las estrellas que serán arrastradas por la cola del dragón.
    Estos perros mudos, son los culpables de que el enemigo esté gobernando la Iglesia de Jesucristo y engañando a su rebaño. ¡Mas les valdría no haber nacido! Son como Judas, están traicionando a Jesucristo, Están pisoteando la Sangre de nuestro Divino Redentor. Están intentando asesinar a la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo. Pero cuando se crean vencedores y dueños de toda la tierra, se oirán las trompetas de los angeles para avisar de la llegada del dueño y Señor de toda la Creación, JESUCRISTO, Rey de reyes.
    Apocalipsis 19,17: En esta ocasión volverá con la espada para matar a todos los que sirvieron a las dos bestias del Apocalipsis 13. Ambas bestias serán arrojadas al lago de fuego y azufre.
    Entonces comenzará una nueva etapa solamente para la humanidad fiel a los Mandamientos divinos.
    Recemos por las almas consagradas para que Dios les despierte la conciencia y puedan convertirse y salvarse.

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  3. Por la historia sabemos que toda crisis de la Iglesia no se alarga más de 70 años, y en la que estamos debe durar menos porque sino nadie se salvaría, imagináos 20 años más con "Papas" tipo Bergoglio........así que todo esto debe cambiar pronto, y las profecías nos dan seguridad de ello, de hecho Jesús dijo a Beata Isabel Canori Mora en el siglo XIX que la Iglesia quedaría restaurada antes de 2021, algo que concuerda mucho con los tiempos actuales ya que es muy razonable pensar que en pocos años se acabará el eclipse de la Iglesia.

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  4. Anónimo1/7/15 14:45

    Este artículo según entiendo escrito en 1974, tiene una gran clarividencia de lo que sucedería en el futuro (hoy), y es hoy que vemos como se ha desenvuelto el plan siniestro de ese reino oculto que ha tomado el poder de la Iglesia, aniquilando la figura pontificia, y todos los principios éticos y morales. No deben extrañarnos los ataques contra templos y Cristianos alrededor del mundo, tan solo son el aviso de lo que nos espera a aquellos que deseen permanecer firmes en la Fe en un principio, ya que luego será el aniquilamiento de general de la población mundial por mandato del Anticristo y sus agentes.
    Oremos sin cesar ¡Ven señor Jesús!

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