San Juan Bautista

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martes, 6 de agosto de 2019

Ante las elecciones: El caso Blas Piñar - Antonio Caponnetto



EL RECURSO A LOS PERSONAJES PRESTIGIOSOS: 
EL CASO DE BLAS PIÑAR.

Por Antonio Caponnetto


Tras el anticipo de mi próximo libro, “Democracia y Providismo”, y la seguidilla de tres notas, que bajo el título común de “Ante las elecciones” fui dando a conocer, pensaba llamarme a silencio, y continuar trabajando en los temas a los que estoy abocado.

Pero las circunstancias parecen no querer darnos respiro. Los promotores del error tampoco, y menos aún los escandalosos agentes de la confusión. Primero fue el turno de los malabarismos casuísticos, para probar que se puede mentir pero no mentir, cooperar con el mal pero no cooperar, elegir un mal pero que no sería mal, ser cómplice de la estructura de pecado que es la partidocracia, pero conservarse impoluto y ortodoxo.

Ahora ha llegado el viejo y remandido truco de la recurrencia a los personajes prestigiosos. Aunque para ello tengan que incurrir los unos en la traición a la memoria y al legado de los grandes maestros, y los otros en el oportunismo vil de utilizar los nombres de esos maestros, a los que nunca jamás le rindieron honor ni homenaje y cuyas obras desconocen con la ignorancia que les es connatural. Con tal de conseguir un voto y medio son capaces de todo: hasta de descubrir 45 años después que la guerrilla marxista mató a Genta y a Sacheri.

Como en los casos anteriores de los tres artículos precitados, ya me he ocupado largamente de analizar este sofisma en mis obras. Es inútil. A nadie le importa saltearse el pequeño detalle lógico y ético que impone la disciplina intelectual más básica, según el cual, para escribir sobre un tema en debate hay que respetar el status quaestionis. Si voy a seguir repitiendo que dos más dos es igual a cinco; y no quiero prestarle atención al que ya me explicó que es cuatro, incurro en un acto de ignorancia culposa. De esos actos –sumados a argumentaciones tan ligeras cuanto inconsistentes, tan previsibles como miles de veces desmentidas, tan torpes como soberbias- se vienen llenando estos días grises previos al vómito electoral.

Por ahora han sacado de la galera, por enésima vez, lo casos de Blas Piñar y de José Antonio. Pero ya aparecerán los restantes, de todos los cuales, insistimos, nos hemos ocupado en su momento.

El portentoso argumento esgrimido sería el siguiente: es una incongruencia admirar a José Antonio y a Blas Piñar, perdonándoles a ambos que hayan sido diputados “sin fe y sin respeto”, y descalificar a quienes intentan lo mismo aquí.

Aquí, por empezar, no hay nadie en la carrera electoralista que le llegue a las suelas a José Antonio o a Blas Piñar. Pero no hay tampoco alguien supuestamente nuestro que se jacte públicamente de candidatearse sin fe y sin respeto en el sistema. Todo lo contrario. Pugnan por mostrarse respetuosísimos del Régimen, haciendo todos y cada uno muy prolijamente los deberes que el mismo les ordena para tenerlos bien encuadraditos, domesticados y dóciles. Como pugnan por tenerse fe y tenerle fe a los votantes, que en un súbito acto de conversión a la santidad y a la sabiduría, según parece, se volverían de masa amorfa a cristiandad justiciera que elige a su Clodoveo.

Si algo les sobra es fe y respeto hacia el sistema. Hablan, gesticulan, callan y se adecuan exactamente a los modos que el sistema puede tolerar. Más allá está el famoso cortocircuito del que hablara Fukuyama. Un paso en falso y explota el tablero. Así que la consigna es respetar al tablero. Dentro de la ley todo, nos enseñó el General. De la ley positiva, claro; creada por el sistema de dominación imperante al amparo del Imperialismo Internacional del Dinero. Dentro de la ley democrática todo lo que quieran, señores. Bienvenidos a la disidencia controlada.

En mi caso particular, lo he dicho hasta el cansancio: no admiro a José Antonio y a Blas Piñar por haber sido diputados, sino a pesar de ello. Y porque en ambos, las eventuales candidaturas, en el conjunto de sus vidas testimoniales –con testimonio cruento en un caso e incruento en el otro, pero martiriales ambos- no significan absolutamente nada que refrende a la perversión democrática.

Todo lo contrario. Uno murió joven anunciando los albores del Alzamiento Nacional devenido en Cruzada. El otro murió gloriosamente cargado de años, honrando y renovando cada día los ideales épicos del 18 de Julio. Son hombres de la Guerra Justa por Dios y por la Patria, no candidatos funcionales al sistema por cuya vigencia, en 1983, mataron a nuestros hombres en la guerra justa de Malvinas.

Recordar en las vidas de Blas y de José Antonio su paso por una banca de diputados, y hacer de esos hechos hitos emulables de un modo de concebir y de consagrarse a la política, es como señalársenos para la incentivación de nuestra imitación de las formas monárquicas, que Carolus Magnus inventó la minúscula carolingia.

Reproducimos, pues, a continuación, un fragmento del volumen II de mi obra “La Democracia: un debate pendiente” (cap. V, XVI). Suprimo con toda intención el nombre del sujeto al que tales aclaraciones fueron hechas en su momento, porque como ya lo he aclarado, no me interesa contarlo como interlocutor válido.

ººººººººººººº

  a) El pensamiento político, el ideario y la doctrina de Blas Piñar, no tienen nada que ver con la partidocracia, ni con el voto popular, ni con el democratismo ni con la soberanía del pueblo. Está en las antípodas de estas estupideces. Blas fue toda su larga, fecunda y generosa vida, un hombre del 18 de Julio, de la Cruzada, de Franco y de José Antonio. Y dejó asentado este corpus de principios en una  montaña de páginas y de testimonios audiovisuales, que no nos dejarían mentir.

Su arquetipicidad política era una “monarquía católica, tradicional, social y representativa”; como la llamó recurrentemente, acudiendo para ello a lo que entendía que era la propuesta de Franco para cuando él ya no estuviese con vida. En consecuencia con este norte, dice, por ejemplo: “nos repugna que se entregue a los partidos políticos la tarea de elaborar las leyes y se les confisque a las estructuras básicas de la comunidad y, especialmente, a los sindicatos”[1][...].No hay en España un sólo monárquico –ni siquiera de los más liberales- que pretenda restaurar el absurdo sufragio directo, el funesto sufragio universal. Nosotros somos hijos del 18 de Julio, y queremos una Monarquía Católica, tradicional, social y representativa, con una representación de la nación más auténtica, efectiva y justa que la basada en dicho sufragio[...]. Porque, efectivamente, la monarquía actual[...]es la monarquía laica, liberal, partitocrática y parlamentaria, que nada tiene que ver con aquélla[...].Lo que vamos a defender como sustancia racional de la monarquía –mando de uno- es incompatible con todo mando democrático de la pluralidad. No se crea que al defender la monarquía defendemos al muñeco constitucional que las democracias colocaron en las cúspides de sus desorganizaciones”[2].

Esto es lo primero que debería decirse. Que ese modelo que fue para todos nosotros Blas Piñar, estaba en el polo opuesto de una concepción política democrática, partidocrática, pro sufragio universal y liberal constitucionalista. En cambio se comete el doble error de mostrarlo, por un lado, como un hombre afín al acto de “votopartidar”; y de mostrarnos a nosotros como sostenedores de una tesis que jamás hemos sostenido, y que consistiría en haber dicho que la fundación o la pertenencia a un partido político era un hecho intrínsecamente perverso. Ni pensamos esto, ni pensaba Blas Piñar que la partidocracia y el sufragio universal eran soluciones políticas.

b) La oposición a los partidos políticos estaba entre los principios mismos de Blas Piñar. Por eso dice: “Fuerza Nueva nació como semanario, con el propósito de auspiciar y recoger una corriente de opinión que se oponía a que la unidad desapareciese[se refiere a la unidad de España, amenaza, entre otras cosas, por “la anarquía de la partidocracia”].Con ello no se hacía otra cosa que aceptar los postulados del tradicionalismo que se definía no como partido sino como ‘comunión’, y los de José Antonio, que quiso integrar a sus militantes, más que en un partido en un ‘antipartido’[3] [...]. “Para el 18 de Julio el hombre no es un ciudadano que vota, ni un productor o consumidor necesarios para el funcionamiento de la economía. El hombre es imago Dei, filius Dei, redimido en la Cruz, al precio de la sangre, por un Dios hecho hombre, envoltura corporal, como decía José Antonio, de un alma capaz de salvarse o de condenarse por toda la eternidad”[4].

Pero está faltando algo esencial en este momento específico del relato. No se puede mentar a Blas Piñar y desconocer que uno de los episodios más significativos de su vida y de su lucha tuvo lugar en 1974, cuando se opuso en soledad –más con la razón y la vehemencia que siempre lo caracterizaron- al proyecto de las Asociaciones Políticas, que él juzgó como “un síntoma del proceso de liquidación del Régimen del 18 de julio”. Y ese proyecto no era otro más que el de permitir la formación de partidos políticos con perspectivas electorales; lo que constituía en su opinión una “falta de fe en los postulados ideológicos del Movimiento y [un querer] sustituirlo por un sistema liberal de partidos políticos, con inclusión del comunista”[5]. Fue en esa ocasión que Blas Piñar escribió medulosos artículos y pronunció severas palabras para adherir a los postulados iniciales del Movimiento, en los cuales “no sólo se vetan sino que se condenan como nefastos los partidos políticos”[6].

Quienes quieran conocer en extensión la postura anti-partidocrática de Fuerza Nueva y de su Jefe, precisamente en las circunstancias en las que el mismo régimen franquista parecía dispuesto a esta apertura, deberán leer, de mínima, los cuatro artículos editados por Blas Piñar los días 1º, 17, 24 y 31 de agosto de 1974,en la revista Fuerza Nueva, bajo el título común de Movimiento y Asociaciones[7]. Pero es intelectual y éticamente inadmisible escamotear este aspecto fundamental de la postura de Piñar, al que se pretende poner en discordia con nuestra tesis.

c) Así como Blas Piñar recurre frecuentemente a Franco y a José Antonio para asentar su pensamiento político, de raigambre “onésimo-redondiana” es su alegato del 14 de agosto de 1980, dirigido a los Jóvenes de Fuerza Nueva que se hallaban en un campamento militante en San Lorenzo de El Escorial. Escuchemos sus principales consignas: “sólo el que ignora la Verdad venera el sufragio de la multitud. El que conoce la Verdad no la abandona a la violencia cuantitativa del voto”[8][...].El Estado Nacional no cree en los partidos políticos ni en los sindicatos horizontales. No cree en aquellos –auténticas sociedades de explotación electoral- porque parten a la Nación enfrentándola en lucha civiles [...]. En lugar de los partidos políticos, el Estado Nacional cree en un Movimiento en que la unidad no se confunde con la uniformidad, pero donde la diversidad no se transforma en dispersión [...][9].

d) Recién ahora, y teniendo muy en cuenta todo lo predicho, puede afirmarse que, tras la muerte de Franco, Blas Piñar sopesó las ventajas y desventajas, y decidió convertir a Fuerza Nueva en partido. No se le escaparon nunca las paradojas o incoherencias que tal paso significaban en su carrera; y con frecuencia –amén de con el detallismo que lo caracterizaba para registrar, anotar y documentar todos los hechos- hizo la salvedad de que “nosotros, por muchas razones, no creíamos en la eficacia constructiva de los partidos políticos”[10]. Con la misma y escrupulosa minuciosidad relató todos los obstáculos, persecuciones, atentados y hasta muertes que el sistema posfranquista le infligió a su partido; los sucesivos fracasos electorales, las desilusiones y decepciones causados por el gentío que lo aplaudía pero no lo votaba, las derrotas en el campo de las urnas, las trampas intrínsecas del electoralismo, el intento de reorganización de un nuevo partido, el Frente Nacional, y la decisión previsible que tuvo que tomar, de disolver ambos intentos partidarios, tras reconocer la derrota en el terreno regiminoso y una victoria moral abrumadora en el terreno del testimonio de la Verdad. Lo concreto es que  habiendo nacido Movimiento, probó los desengaños y las inconducencias y las inutilidades del partido, y regresó a ser Movimiento[11]. “Decidimos proceder a la disolución del partido. Tuvimos una cena multitudinaria en el restaurante Biarritz. Era el 20 de noviembre de 1982. Allí pronuncié un discurso en el que abrí mi corazón, analicé el panorama político y expuse tanto las razones que aconsejaban la disolución de Fuerza Nueva como partido, así como las que también aconsejaban su continuidad como Movimiento Ideológico. Dimos una nota a los medios de comunicación, que decía así: ‘Comprobada la imposibilidad de cumplir los fines que Fuerza Nueva se propuso como partido político, se decide la extinción del mismo[12]

e) Volvemos a insistir en este punto crucial. No es posible que se mencione el ejemplo de Blas Piñar y se ignore –además de su posición doctrinal antisistema- la honestísima autocrítica que hizo al hecho de haberse constituido en partido político, así como las que podríamos llamar objeciones de conciencia ante el hecho de haberse “partidopolizado”. De todo esto, el mismo Blas ha dejado larguísimas constataciones en los inmensos volúmenes de Memorias a los que se abocó con responsabilidad y tesón en los últimos años de su vida. Tenemos a la vista, por ejemplo, el discurso del 20 de noviembre de 1982,titulado “Fuerza Nueva no muere, se transforma”[13]: “La verdad es que si Fuerza Nueva como partido ha descarrilado[...], lo que no ha descarrilado ni puede descarrilar nunca es Fuerza Nueva como Movimiento ideológico[...]. Pero a estas alturas, pretender que el Movimiento siga actuando con la investidura de partido sería un grave error. Si hemos confesado tantas veces que la calificación de partido nos molestaba, que de partido teníamos tan solo lo que exigía el ordenamiento jurídico para dar la batalla en el campo de juego de un Sistema que no habíamos traído y que rechazábamos, sería una contradicción plena continuar siendo partido, hacer profesión de partidismo, cuando la realidad, después de someternos a las pruebas más duras, ha puesto de relieve que de cara al futuro, la presencia del partido podría acabar con el Movimiento[14].

Otro 20 de noviembre, de 1994, y hablando de lo que dio en llamar “la prostitución de la democracia”, volvió a cargar contra los partidos políticos, tras señoriales pero amargas quejas, durante años, de la conducta que habían tenido aquellas muchísimas personas que lo ovacionaban en los actos pero le volvían la espalda en los comicios. “Los partidos políticos son máquinas electorales fabricadas para la conquista del voto a cualquier precio. Si los votos consiguen el poder y los votos se consiguen con dinero, cualquier  tipo de financiación vale [aún]la que se obtiene por vía deshonesta[...]. Los partidos que no pueden obtener mayoría absoluta, han de acudir sistemáticamente al pacto para gobernar, y por ello y para ello, abdican de lo que sea preciso[...].Los partidos que dicen representar al pueblo, y de un modo especial sus cuadros dirigentes, cuando tienen en sus manos los resortes del poder, olvidan ese pueblo y se ponen al servicio de las fuerzas internacionales[...]. Los partidos son entes artificiales, y en ocasiones contra natura. Su desprestigio lo ponen de relieve la abstención mayoritaria en los comicios y la oleada de indignación que los barre”[15].

Por último, con la hidalguía y el sentido del humor que lo caracterizaron siempre, Blas Piñar no trepidó en agregarle una cuota de ironía a su fracaso “votopartidopolizante”. Y con esa capacidad propia de los magnánimos, la de trazar chanzas sobre las propias desdichas, nos dejó apuntados dos versos por demás reveladores que se escribieron sobre él y sus derrotas regiminosas. Uno es de Alfonso Ussía y apareció en Época del 17 de noviembre de 1986:

“...Y llegaron las horas deseadas
Y el coraje votó, pero de olvido.
Retornó Blas de Blases hacia Europa
con su blasón azul de alto vigía,
pero los votos diéronle en la popa
y Europa es, otra vez, su notaría”[16].

El otro es un logrado cántico que le hizo llegar personalmente Juan José Barcia Goyanes, “y que no sabe cuánto se lo agradecí y se lo agradezco, por el cariño que refleja y por lo que tiene de radiografía personal:

Tú libraste el combate de los sucios comicios;
esta vez, viejo amigo, te ganó tu ilusión.
¿Imaginaste al pueblo que a las urnas corría
capaz de ir, de Cruzado, a libertar Sión? “[17].

Así las cosas, sólo resta decir que se ha cometido una vez más el evidente gazapo de remitirnos a un ejemplo para probar una tesis, cuando en rigor, dicho ejemplo, nos da la razón de un modo expreso, claro, doloroso y terminante[18].
Vaya como estrambote el soneto que le escribí en el 2018, con ocasión de conmemorar sus allegados el centenario de su natalicio:

Te has quedado en los pliegos rojo y gualda,
en el yugo y las flechas, la camisa
bordada ayer en rojo, la divisa
que de altivez hispana se enguirnalda.

Te has quedado en los campos esmeralda
que recorriste con tu voz precisa,
ese verbo que aún suena y profetiza,
el Bien pregona y la Verdad respalda.

Naces cada crepúsculo en Toledo,
cuando el Alcázar  su honra rememora,
la gloria acuna y el dolor restaña.

En tu bautismo un ángel rezó el Credo
y consultando a Dios,sin más demora
te llamó Blas Piñar Arriba España.







[1] Blas Piñar, ¿Hacia la III República?, Madrid, Fuerza Nueva, 1979, p.47-48.
[2] Ibidem, p. 53,73, 91. Algunos de los conceptos vertidos los toma el autor, remitiendo a las fuentes, de Juan Ignacio Luca de Tena y de José María Pemán.
[3] Ibidem, p. 107-108.
[4] Blas Piñar, Fieles al 18 de Julio, Madrid, Fuerza Nueva, 2002, p. 50.
[5]Blas Piñar, Escrito para la historia, volumen I,Madrid, Fuerza Nueva,Colección Denuncia, 2000, p. 175-181.
[6] Ibidem, p. 183.
[7] Ibidem,p. 182 y ss.
[8] Blas Piñar, Hacia un Estado Nacional, Madrid, Fuerza Nueva, 1981,p. 21-22.
[9] Ibidem, p. 27.
[10] Blas Piñar, Por España entera, Madrid, Fuerza Nueva, 2001,p. 13. Abundan en el volumen este tipo de autocríticas o de salvedades o de justificaciones.
[11] Sugerimos sobre el particular la lectura de Blas Piñar,La pura verdad,Madrid, Fuerza Nueva, 2001. En especial el capítulo 8 en el que se revela, una vez más, lo que hemos sostenido en ocasiones: cómo el Sistema está blindado de tal modo que impide que alguien quiera coparlo desde adentro. “El Sistema lo tiene todo y nosotros algo más que nada”[p.342].Y más adelante –citando una epístola recibida- : “El ambiente actual de agnosicismo, hedonismo y pasatismo reinantes ha hecho que muchos españoles equivocados hayan vuelto a votar el partido que representa estas actitudes negativas. Los grandes ideales de España han sido otra vez abandonados por la mayoría del pueblo, engañado por hábiles y desaforadas propagandas[...].La persistencia en intentos[electorales y partidistas] sin resultados alentadores, inevitablemente provoca cansancio espiritual y físico primero, y  abandonismo después. Ante lo dicho, según mi criterio, no cabe más postura que la puramente testimonial”[p.354-355].
[12] Blas Piñar, Por España entera...etc.ob.cit.,p.29.
[13] Cfr. Blas Piñar, Mis mensajes políticos del 20-N, Madrid, Fuerza Nueva, 2005.
[14] Ibidem,p. 58-59.
[15] Ibidem,p.219-220.
[16] Blas Piñar, Así sucedió, Madrid, Fuerza Nueva, 2004,p.95.
[17] Ibidem, p. 642-643.
[18] Para evitar la odiosidad del autoreferencialismo, omitimos aquí la transcripción de las diversas cartas,mails, escritos o discursos públicos, en los cuales Blas Piñar tuvo la caridad propia de los hombres de su talla, de encomiar nuestra postura política y de hacer expresas referencias a la plena hermandad y comunión de ideales que nos unían en la lucha. Lo único que queremos significar con esta alusión es cuán errado anda Hernández al sostener que nuestra tesis está en soledad y en opugnación al tradicionalismo argentinista-nacionalista o a movimientos afines como el que encabezara Blas Piñar.






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1 comentario:

  1. tenéis razón vosotros. Aquí en España durante muchos años,la revista Fuerza Nueva,el MCE y la CTC han defendido la abstención la mayoría de las ocasiones.

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