A 40 AÑOS DE
LA JORNADA INTERRELIGIOSA DE ASÍS
Alejandro Sosa Laprida - 27/10/2026
Juan Pablo II orando por la paz en el mundo en Asís en 1986
ÍNDICE
1. Proemio - p. 2
2. Introducción - p. 3
3. El magisterio condena la reunión de Asís - p. 7
4. El pensamiento heterodoxo de Wojtyla - p. 10
5. La nueva eclesiología conciliar - p. 16
6. La salvación universal - p. 18
7. Declaraciones de Benedicto XVI - p. 21
8. Declaraciones de Francisco - p. 24
9. Declaraciones de León XIV - p. 29
10. Otras declaraciones - p. 35
11. Conclusión - p. 45
12. Anexo I: La libertad religiosa - p. 48
13. Anexo II: La apostasía
en la Iglesia - p. 53
Descargar el documento de 57 páginas:
https://drive.google.com/file/d/11IwknEc9Y5vhOIUoUcYKFwgvaKe8VLmJ/view?usp=drive_link
Proemio[1]
“El
28 de octubre de 1965, la Declaración del Concilio Vaticano II Nostra Aetate
sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas abría un
nuevo capítulo en la historia de las relaciones entre católicos, judíos y
creyentes de otras confesiones y tradiciones espirituales. Mucho más que un
simple texto, supuso un cambio profundo en la comprensión y la expresión de la
relación de la Iglesia con los creyentes de otras religiones. (…) Lejos de ser
un tema marginal, es un ámbito teológico, donde el Espíritu Santo quiere
hacerse sentir, a través del encuentro con el otro. (…) La Iglesia católica
contempla el camino recorrido con profunda gratitud. En seis décadas, este
texto, breve pero audaz, ha transformado radicalmente el rostro de las relaciones
interreligiosas.”[2]
La jornada
interreligiosa de Asís, convocada por Juan Pablo II hace cuarenta años,
inspirada en la declaración conciliar Nostra
Aetate, marcó un hito en la historia de la Iglesia, ya que expuso a plena
luz del día el proyecto conciliar de extender los límites de la Iglesia a todas
las “denominaciones” cristianas y hacer de las demás “tradiciones religiosas”
caminos válidos para dirigirse a Dios.
Desde la
realización de ese evento inaudito, se ha vuelto manifiesto que la Iglesia
conciliar ha abandonado el anuncio evangélico que busca convertir las almas a
Jesucristo para adoptar, en su lugar, una actitud basada en el “diálogo”, el
“respeto” y la “estima” hacia las diversas religiones, con el objetivo de
fomentar la “paz mundial”, cuidar la “casa común”, promover la “dignidad
humana” e instaurar la “fraternidad universal”, en colaboración con las
diferentes “tradiciones religiosas”.
Este insólito
giro mundano, humanista y naturalista, efectuado por el Vaticano en las últimas
décadas, refleja la esencia de la herejía modernista condenada por San Pío X,
basada en la doctrina de la “inmanencia vital”, según la cual la “divinidad”
subyace en el psiquismo del hombre, quien toma conciencia de ella a través de
la “experiencia religiosa”. Esta experiencia primordial da origen a las
religiones, que son todas verdaderas, en el sentido de que son todas
expresiones auténticas de esa vivencia personal que acontece en la intimidad de
la conciencia, la que se descubre íntimamente unida a la “esencia divina”.
Los textos
conciliares sobre la libertad religiosa, el ecumenismo y la relación de la
Iglesia con las religiones no cristianas constituyen los pilares “doctrinales”
que sustentan la praxis de la nueva “pastoral ecuménica”, cuyos actos
emblemáticos han sido las reuniones interreligiosas de oración por la paz
celebradas en Asís, por iniciativa de los últimos cuatro “papas conciliares”,
la primera de las cuales fue convocada por Juan Pablo II en octubre de 1986,
hace exactamente cuarenta años.
Es menester
decirlo con total claridad: tanto la pastoral como el magisterio “ecuménico” e
“interreligioso” del post concilio son una innovación absoluta con relación a
la historia de la Iglesia, están en flagrante ruptura con la Tradición
apostólica y se oponen diametralmente a la gran comisión encomendada por
Nuestro Señor a los apóstoles:
“Toda potestad me ha sido dada en el
cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos de todas las naciones,
bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles
a observar todas las cosas que os he mandado.” Mt. 28, 18-20.
Esa impía
asamblea interreligiosa, pergeñada e implementada por Juan Pablo II, ha sido un
acontecimiento subversivo mayor en la historia de la Iglesia, que debe ser
recordado, meditado y denunciado por todos los creyentes, por ser radicalmente
incompatible con la revelación divina y con el magisterio de la Iglesia.
La denuncia del
monstruoso panteón de las religiones de Asís y del falaz ecumenismo conciliar
es indispensable para desenmascarar a los enemigos de la Iglesia, que buscan
desvirtuarla desde el interior, promoviendo el masónico pluralismo religioso.
Ésa es la
finalidad de este modesto opúsculo, que hoy hago público, en defensa de la fe
católica, contra el engaño, la manipulación y las mentiras descaradas de los
modernistas, lobos voraces disfrazados con piel de cordero, que hoy ocupan los
puestos de autoridad en la Iglesia.
Introducción
“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de
ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.” Mt. 7, 15.
“Los enemigos declarados de Dios y de la Iglesia deben ser atacados con
toda la fuerza posible. La caridad obliga a gritar contra el lobo cuando se ha
introducido en medio del rebaño.” San Francisco de Sales, Introducción
a la vida devota, cap. 29.
“Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que juzgará a los vivos y
a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que
instes a tiempo y a destiempo; arguye, reprende, exhorta con toda paciencia y
doctrina. Porque vendrá un tiempo en el que los hombres no soportarán la sana
doctrina, sino que, guiados por sus pasiones, escogerán maestros que halaguen
sus oídos, y se apartarán de la verdad para entregarse a las fábulas.” II Tim. 4, 1-4.
Hoy se cumplen
cuarenta años de la primera reunión interreligiosa por la paz mundial,
convocada por Juan Pablo II en la ciudad italiana de Asís, el 27 de octubre de
1986, en la que participaron numerosos representantes de las principales
religiones del mundo.[3]
Huelga decir que
el evento fue un escándalo mayúsculo, pues en él se hizo la promoción de la
“libertad de culto”, del indiferentismo religioso y de la herejía modernista
condenada por San Pío X en la encíclica Pascendi
del año 1907, deletérea doctrina que establece la bondad de las diversas
“tradiciones religiosas”, al surgir todas ellas de la “experiencia religiosa”
de los hombres, en virtud de la “inmanencia vital” de la divinidad en las
profundidades del psiquismo y que se manifiesta en la conciencia del ser
humano.
Estos gravísimos
errores, puestos de manifiesto y fomentados impíamente durante la jornada
interreligiosa de Asís, han sido condenados por el magisterio eclesiástico, y
carecen de cualquier tipo de sustento en la Sagrada Escritura y en la Tradición
de la Iglesia. A través de esta inaudita reunión multiconfesional Wojtyla
incitó a los herejes, cismáticos e idólatras a que pusiesen en práctica sus
falsos cultos, cometiendo así un pecado de escándalo, en el más estricto
sentido del término, a saber, constituyéndose en una ocasión de tropiezo
espiritual para ellos, alejándolos de la verdad y confirmándolos en sus
errores.
El mensaje enviado
al mundo con esta ceremonia interreligiosa fue inequívoco: las plegarias de las
falsas religiones son gratas a Dios, las diversas “tradiciones religiosas” son
caminos válidos para dirigirse a Él, para rendirle culto y para impetrar sus
dones. Esto significa que los cultos paganos, las sectas heréticas, las
“iglesias” cismáticas y el judaísmo rabínico -posterior al
sacrificio redentor de Nuestro Señor en la Cruz-, pueden lícitamente dirigirse
a Él sin ofender la majestad divina.
De este modo,
según “San” Juan Pablo II, Dios acogería favorablemente las oraciones de todos
los “creyentes”, ya sea el Padre Nuestro
rezado por los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, los mantras recitados por los adoradores de Krishna, los azalás practicados por los adeptos a
Mahoma o las invocaciones chamánicas de los “pueblos originarios”.
El “Santo Padre”
Wojtyla, al invitar a representantes de diversas religiones del mundo a ejercer
sus falsos cultos en los templos católicos de la ciudad del gran santo de Asís,
lo que ha hecho, implícitamente, es alentarlos a permanecer en ellos, los ha
inducido a perseverar en el cisma, en la herejía, en la idolatría y en la
perfidia rabínica, les ha transmitido su beneplácito, les ha brindado su
aprobación moral, los ha alejado todavía más de la verdadera religión y los ha
confirmado en sus gravísimos errores espirituales y morales.
Reflexionemos un
instante al respecto, intentando ser objetivos, haciendo momentáneamente
abstracción de la notoriedad y de la investidura de la persona cuestionada, y
centrémonos exclusivamente en el significado concreto de su proceder y en sus
consecuencias. Para quien hiciera el esfuerzo de efectuar este breve ejercicio
mental, dando muestras de un mínimo de objetividad y de honestidad intelectual,
la conclusión debería ser categórica: semejante forma de obrar, tanto respecto
a Dios como a las personas participantes, supone una malicia supina.
Porque, mantener
alejados de Cristo y de la Iglesia a quienes están en el error, dándoles a
entender que sus “tradiciones religiosas” son buenas y respetables, y que con
ellas pueden legítimamente honrar y agradar a Dios, es un acto radicalmente
contrario a la caridad cristiana, que persigue, ante todo, el bien sobrenatural
del prójimo, es decir, su salvación eterna.
Un hecho de esta
naturaleza jamás pudo haber sido inspirado por Dios. Que la decisión de llevar
a cabo tamaña impiedad ha sido tomada bajo el influjo directo del padre de la
mentira, es algo que cae por su propio peso. La hipocresía y el doblez de esta
acción, que, obviamente, se presenta, sub
specie boni, como una iniciativa “espiritual” y “piadosa”, que persigue el
aparente noble propósito de alcanzar la “paz” y la “fraternidad” en el mundo,
supera lo imaginable y -hay que decirlo sin eufemismos-, trasluce una actitud
lisa y llanamente diabólica.
Hago por
anticipado una pregunta a quienes, previsiblemente, podrían escandalizarse por
mis palabras: ¿Qué otro calificativo habría que emplear para caracterizar lo
hecho por un “Vicario de Cristo” que favorece abiertamente la idolatría y
mantiene a los herejes e infieles en las tinieblas del error? ¿No es éste un
engaño que procede necesariamente del padre de la mentira? ¿No es acaso obra
del maligno alejar a los hombres de Cristo y mantenerlos prisioneros de sus
falsas religiones, que son, objetivamente consideradas, caminos de perdición?
Recordemos las
palabras del Apóstol advirtiéndonos contra este tipo de proceder engañoso por
parte del demonio y de sus secuaces en la tierra, maliciosamente camuflados
bajo la apariencia de la autoridad espiritual:
“Porque estos son falsos apóstoles,
obreros fraudulentos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. Y no es de
maravillarse, porque el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. De modo que
no hay que sorprenderse si también sus servidores se disfrazan de ministros de
justicia, cuyo fin será conforme a sus obras.” II Cor. 11,
13/15.
Para colmo, el
hecho insólito y completamente surrealista (amén de escatológico, en mi modesta
opinión -cf. II Tes. 2, 3-), de que esta acción sacrílega y blasfematoria haya
sido efectuada nada más y nada menos que por quien supuestamente es el “Sucesor
de San Pedro”, el “Soberano Pontífice” de la Iglesia católica y el “Vicario de
Cristo” en la tierra, es algo realmente sobrecogedor.
Ante un acontecimiento
de esta índole, faltan las palabras adecuadas para reflejar acabadamente el
estupor que se ampara del creyente. Al contemplar semejante abominación uno
comprende que nos hallamos frente al enigma insondable del mal, somos presa del
vértigo que provoca su profundidad insondable, testigos azorados de la
manifestación del misterio de iniquidad, acerca del cual nos advirtiera San
Pablo, que se despliega, en vivo y en directo, ante nuestra mirada atónita.
Cada vez que
pienso en lo ocurrido en Asís (en el “misterio” de Asís, en el “espíritu de
Asís” -expresión empleada con frecuencia por los “papas conciliares”-), me
invade una aguda sensación de extrañeza metafísica, una impresión de irrealidad
y de desconcierto ante lo indecible, una profunda inquietud espiritual se
ampara de mi alma y se arremolinan en mi mente multitud de preguntas de todo
tipo:
¿Acaso puede
alguien en su sano juicio imaginar a los Profetas o a los Apóstoles convocando
a representantes de los diferentes cultos de su época a reunirse en una
ceremonia religiosa para elevar al unísono sus plegarias al Cielo, a fin de
obtener la paz en la tierra y propiciar así la fraternidad universal en el
mundo?
¿Cómo es posible
que la reunión de Asís se haya realizado sin provocar una masiva reacción de
protesta por parte de los católicos y se haya llevado a cabo con el silencio
ensordecedor de la cuasi totalidad de la jerarquía eclesiástica?
¿Cómo es posible
que se haya beatificado primero, y luego canonizado, a su autor - ¡en el lapso
vertiginoso de apenas nueve años! -, cuando, en cualquier época de la Iglesia
anterior al CVII, si un obispo hubiera hecho algo por el estilo, habría sido
rápidamente condenado por herejía y depuesto de su cargo, e incluso, entregado
al brazo secular?
¿Cómo se explica
la extrema urgencia del Vaticano en efectuar la “canonización” del aclamado
“Santo Súbito”? Con relación a esta prisa inusual en elevar a Wojtyla a los
altares, me vienen a la mente las palabras del Apóstol San Juan:
“¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! Porque el
diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que le queda poco
tiempo” (Ap. 12, 12).
¿Cómo es posible
que se considere “santo” a quien durante su “pontificado” no cesó de fomentar
el indiferentismo religioso, no perdió ocasión de elogiar a las falsas
religiones, estimuló a sus adeptos a que fueran testigos de su “fe” en la
“divinidad” y en la “trascendencia” del ser humano, los instó a ejercer su
influencia en la sociedad a fin de instaurar la “civilización del amor” en la tierra
y obtener la paz mundial?
¿Cómo es posible
que la inmensa mayoría de los católicos no se percaten de que esta actitud de
Wojtyla -y de los demás “papas conciliares”-, está en las antípodas de la
doctrina y de la pastoral bimilenarias de la Iglesia, pero se encuentra, en
cambio, en perfecta consonancia con el ideario naturalista de la masonería,
condenado claramente por el magisterio preconciliar en múltiples oportunidades?
¿Cómo es posible
que se niegue obstinadamente el “estado de necesidad” en la Iglesia cuando
llevamos cuarenta años asistiendo regularmente a reuniones interreligiosas de
este tipo, que socavan la fe católica y escandalizan a los fieles, organizadas
por la jerarquía eclesiástica, con el Vaticano a la cabeza?
Difundir
sistemáticamente la idea de que todas las “tradiciones religiosas” son buenas,
agradables a Dios, caminos legítimos para honrarlo y no constituyen un
obstáculo para la salvación y, simultáneamente, estimular a los miembros de las
falsas religiones a que perseveren en sus falsos cultos, mediante dichos y
hechos constantes y sistemáticos, perpetrados por la máxima autoridad
eclesiástica, ¿no es acaso apostasía de la fe católica?
Finalmente, ¿cómo
es posible que prácticamente nadie caiga en la cuenta de que, a esta situación inaudita,
sin precedentes en la historia de la Iglesia, se aplica de modo eminente la
consigna paulina sobre la fidelidad a la recta doctrina?
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado
del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.
No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el
evangelio de Cristo. Mas si nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare un
evangelio diferente del que os hemos anunciado, que sea anatema.” Gal. 1, 6-8.
Descargar
el documento “El Vaticano profesa el pluralismo religioso” de 25 páginas:
https://drive.google.com/file/d/1PMldMBP9-6kYPdHMoLq55juPuM6BPN6O/view?usp=drive_link
PARA MÁS
INFORMACIÓN
“Diez años con Francisco”
https://gloria.tv/post/UEqqVjZCCVLQ6g89ps67irXSM
MIS BLOGS
Miles Christi
https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi
Super Omnia Veritas
https://gloria.tv/user/uCZ9iiNQ3eKS1zgLg6MSCmbjY
Miles Christi English
https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi%20-%20English
MIS PUBLICACIONES
Impresas
https://saint-remi.fr/fr/35-livres?q=Filtre%20Auteur-MILES%20CHRISTI-MARIE%20Alexandre
Digitales
[1]
Publicado en mi blog “Miles Christi”: https://gloria.tv/post/SKcBnom1gFSr2UmUGxNHGBeai
[2] “Un camino de esperanza: sesenta años
de diálogo y fraternidad interreligiosa a la luz de la declaración conciliar
Nostra Aetate” - Nota doctrinal de los Dicasterios para la Doctrina de la Fe,
para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y para el Diálogo
Interreligioso, 16/09/2026, n. 1, 51 y 57:
https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_ddf_doc_20260916_nota-cammino-speranza_sp.html#_ftnref91 - Sobre este documento recomiendo la
lectura del análisis de Monseñor Carlo Maria Viganò, “Spes contra spem”: https://gloria.tv/post/zpeCTmcssmKK4XGkszxH3Hqin
[3] Tres breves videos sobre el evento: https://gloria.tv/post/bbzbE9VzZRdH19yFKZ9ACZSeD - https://gloria.tv/post/VCjRCoMNP3Pz2fc8MvbRmbYsn - https://gloria.tv/post/93mZ8eXC6zYe12fbtrn8dWYGZ

No hay comentarios.:
Publicar un comentario