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viernes, 17 de octubre de 2014

La amenaza Bergoglio - Cesar Uribarri


  Desde el inicio de su pontificado el papa Francisco ha buscado un giro copernicano no sólo en la vida de la Iglesia, sino en la vivencia de la fe. Desde un subjetivismo camuflado en misericordia, Bergoglio ha izado a lo más alto de la Iglesia un equipo de leales que tienen en común la capacidad de destrucción subrepticia de la doctrina. Francisco no se ha servido nunca de declaraciones directas sino de construcciones lingüísticas en las que late una continua invitación a abandonar los rigorismos dogmáticos para abrirse a la realidad moderna, pero todo en una clave moralista en la que se apela a la subjetividad del oyente. Motivo por el cual ni se perciben enfrentadas las verdades doctrinales ni se apela a ellas para establecer un suelo desde el que juzgar el mensaje. Tal moralismo en el lenguaje, acompañado de gestos existenciales en el mismo Papa, son el campo abonado para la siembra del giro copernicano que se pretende. Y en esa estrategia el Sínodo Extraordinario de octubre de 2014 se quiso como la primera y fundamental piedra en esa demolición, pero no está tan claro que lo hayan conseguido.

  La primera pregunta es si hay o no una batalla en el seno de la Iglesia. Y de haberla en qué términos y de qué alcance. A esto la respuesta es sí. Sí hay una batalla crudelísima entre los que tratan de adaptar el Evangelio a la realidad de un mundo que ha apostatado y los que pretenden salvar el núcleo del dogma. El sínodo está siendo clara evidencia de su alcance. Pero los sucesos que llevan ocurriendo más de un año obligan a una segunda pregunta: cuál es el papel del Papa en esta batalla. Y atreverse a responder exige dejar de lado toda construcción mental previa para ceñirse a los hechos. Y los hechos son tozudos: es el papa Francisco quien está impulsando estos cambios. Y cambios que se acercan peligrosamente no sólo a un cisma, tal es la fricción que está causando en esas dos posturas enfrentadas, sino a la validación de la herejía. La comunión a los divorciados vueltos a casar no sólo puede ser una espita que haga saltar toda la antropología y moral cristiana sino que es la terrible puerta a la negación de las enseñanzas de Cristo.

  Pero el Papa, el mismo que ha hecho gala de una dureza total contra los elementos que considera enemigos de sus planteamientos (como es el caso de los franciscanos y franciscanas de la Inmaculada o de Mons. Livieres) parece querer jugar al doloso juego de que sea la voz universal de la Iglesia la que “demande” los cambios aperturistas, para que él sea, solamente, el obligado instrumento que deba dar el placet-de-hecho al recorrido pastoral que, vox populi vox Dei, dinamite el dogma de la Iglesia. Esta estrategia de nuevo ha sido reconocida por el Cardenal Kasper cuando afirma que “es claro lo que (el Papa) quiere y eso es evidente. El quiere una parte importante del episcopado con él y lo necesita. Él no puede hacerlo en contra de la mayoría del episcopado”.

  Los motivos del porqué Bergoglio no quiere imponer su autoridad directamente, dando la cara, en este tema solo parece encontrar una explicación plausible: llevar la contraria a Cristo es más fácil cuando la mayoría del cuerpo episcopal te apoya. Psicológicamente no se está solo ante tal paso y si muchos hablan siempre habrá quien vea la voz de Dios en el barullo.

  Este mecanismo defensivo y perverso, para ser evitado, exigiría obligar al Papa a que se pronuncie directa y expresamente sobre todos estos temas puestos en la mesa de la discusión pública. Ya el cardenal Burke ha reclamado recientemente al Santo Padre que salga de ese silencio omisivo. “El papa no tiene faringitis y debe hablar”. Pero en vano. Al contrario, diversas personalidades de la Iglesia –impulsoras, o condescendientes, de esas medidas aperturistas- trasladan la perfecta sintonía del Papa con ellos y, por ende, con esas posturas aperturistas. “Es el Papa quien lo quiere” dirá el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, “y nosotros estamos con él”.

  Por ello el Sínodo era la estación más importante en la red que lleva al giro perverso de la Iglesia, porque de él debía emanar un documento de trabajo que recogiera todas las “bondades” del cambio pastoral, de la apertura, de la tolerancia. Porque no debía ser el Papa quien comprometiera su oficio, sino que la totalidad de los padres sinodales, en ese abstracto y doloso sustantivo de totalidad que no se sabe cuántos la componen, habría de marcar las directrices educativas con las que habrían de trabajar los obispos, pastores, catequistas y medios de comunicación, para vender a las abandonadas almas de los ingenuos fieles que ya existe un “a partir de ahora”, un nuevo paradigma de cristiandad no sometida a la moral exógena y falaz de unos fariseos rigoristas que se empeñan en poner pesados fardos.

  Y si bien el discurrir del Sínodo está siendo más contestatario de lo que se quería, el largo brazo del Papa aún sigue maniobrando para que no todo se pierda en su estrategia de confusión y pueda ver la luz un documento aperturista y favorecedor de las nuevas andaduras pastorales.

  Sin embargo ya es notorio que la primavera pretendida se ha convertido en una Primavera de Praga. Los tanques puede que pasen, pero en la retina quedará la imagen de algunos valientes defendiendo la Verdad.

  ¿Qué hará el Papa ante esa contestación? El tiempo juega a favor del Santo Padre. Acabado el Sínodo, cada cual irá a su lado, y dispersado el enemigo caerá su fuerza. Desde la Santa Sede bastará con elevar la voz unida de aquellos que estén con él, con sus reformas aperturistas a fin de que durante este año próximo la labor educativa de esa catequesis perversa pueda concluir en un verdadero documento programático de apertura, pero no por decisión del papa reinante, sino por concesión a las conferencias episcopales a las que habrá de dotarse de potestades doctrinales para decidir el alcance de la apertura. Y esto, nuevamente, nos situaría ante un Cisma de hecho al crearse tantas Iglesias como conferencias episcopales decidieran.

  Lo terrible de todo esto es que la situación actual nos está obligando a estar vigilantes, tal es la cercanía de los pasos papales al borde del abismo de lo herético, porque de dar tal paso, nuevamente no sólo rompería un hito en la Iglesia bimilenaria sino que abriría la espita a todo lo peor. Por ello, en mi modesta opinión, lo correcto no es esconder el ruido de sables en aras de una falsa piedad y amor a la Iglesia, sino poner el foco en tal escándalo no vaya a ser que al verse el santo Padre continuamente iluminado no haga por vergüenza lo que haría por agrado.


x   cesar uribarri


Agradecemos a Maite C por enviarnos el artículo


Nacionalismo Católico San Juan Bautista



jueves, 8 de mayo de 2014

Kasper no es Avignon - Por Cesar Uribarri

    ¿Qué decir de la pregunta puesta por el Cardenal Kasper en el consistorio del 21 de febrero de 2014? Más allá de las buenas intenciones, la pregunta no parece que pueda tener una respuesta positiva. Más allá de las diferentes situaciones en las cuales los divorciados vueltos a casar puedan encontrarse, en todas las situaciones se encuentra el mismo problema: la ilicitud de una convivencia more uxorio entre dos personas que no están ligadas por un verdadero vínculo matrimonial. (Cardenal Velasio De Paolis)


  Cuando la fogosa santa Catalina de Siena apremiaba al papa Gregorio XI para que regresara a Roma desde su destierro en Avignon, incendiada por un cálido amor a la Iglesia, lo hacía en términos que son de justicia recordar: “Responded a Dios que os llama que vengáis a tener y poseer el lugar del glorioso pastor San Pedro, cuyo vicario sois.” Lo que había supuesto Avignon no era una burla a la doctrina católica, sino el sometimiento humano del Papado a Francia. Por ello, no estando en juego la doctrina de la Iglesia, bien que pudo callar santa Catalina, pero fue ese amor a la Iglesia lo que la llevó a conminar al Vicario de Cristo para que tomara lo que le pertenecía desligándose de la opresión de los intereses franceses para poder mejor así custodiar los intereses del Papado. Por el contrario, la propuesta de Kasper de admitir a la comunión a los divorciados vueltos a casar -que será tema a discutir el próximo Sínodo de octubre- no es un nuevo Avignon al que se quiere llevar a la Iglesia sino algo más. No, la propuesta de Kasper no es Avignon, es algo peor porque está en juego la doctrina de la Iglesia. Así opina el cardenal De Paolis. Y esperemos que no sólo él. Pero para ubicar el problema en su verdadera dimensión sería conveniente recordar cómo empezó todo:


 1.- El papa Francisco convocó para los días 20 y 21 de febrero de 2014 un sínodo de cardenales para preparar el Sínodo de octubre sobre pastoral familiar.

2.- El Papa elige a Kasper como expositor de dicho sínodo.

3.- El cardenal Kasper a finales del año 2013 había declarado al semanario alemán Die Zeit su postura favorable a admitir a la comunión a los divorciados vueltos a casar.

4.- Iniciado el sínodo de febrero la ponencia introductoria corresponde al cardenal Kasper. Se filtra que ha girado en torno a la misma idea, la comunión de las personas divorciadas vueltas a casar. Desde varios medios se desmiente tal posibilidad y la misma sala de Prensa vaticana indica que es muy probable que nunca se publique dicha conferencia.

5.- El Papa, el día siguiente, viernes, reconoce en términos muy elogiosos ante los cardenales que ha vuelto a leer la ponencia de Kasper : “y que me ha hecho bien, y me ha traído a la cabeza una idea… Perdóneme si le sonrojo, pero la idea es esta: esto se llama hacer teología de rodillas. Gracias, gracias».

6.- Las primeras filtraciones de dicha ponencia confirman el contenido a favor de la comunión a los divorciados vueltos a casar.

7.- El mismo cardenal Kasper reconoce ante la prensa días después que habló con el Papa antes del Sínodo y que éste le transmitió que en su ponencia no diera soluciones sino que planteara preguntas. Añadiendo que “el Papa abrió una discusión en la que no hay decisiones a priori, sino que primero hay que discernir”.

8.- La idea de que el Papa va a admitir a la comunión a los divorciados salta a la portada de toda la prensa internacional. Tal es la presión de los medios dándolo por cierto que algunas plumas señeras, a título personal, se oponen a la postura de Kasper: así destaca el ahora cardenal Müller trayendo a colación su artículo en L´Osservatore Romano, o las palabras críticas del cardenal Burke al planteamiento de Kasper. La misma Conferencia Episcopal Española, ante peticiones de Mons. Ladaria, secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, publica los documentos magisteriales referentes a la prohibición de la comunión de los divorciados vueltos a casar.

9.- Surgen también algunas pocas voces críticas de cierto peso teológico, como la del profesor de San Dámaso, Pérez-Soba, pero en general, son más los artículos favorables con la postura de permitir la comunión a los divorciados (como el reciente del padre Fortea) que la de los críticos.
10.- Salta a los medios la noticia de una llamada telefónica del santo Padre permitiendo la comunión a una mujer casada con un divorciado. Pero no era la primera vez que el Papa hablaba sobre este tema, previamente, en rueda de prensa sorpresa a bordo del avión papal el 29 de julio del 2013, ya anticipó que debería mirarse en la totalidad de la pastoral matrimonial la comunión de los divorciados vueltos a casar. La noticia del permiso telefónico para comulgar a la casada con un divorciado no es desmentida por la sala de Prensa vaticana.

11.- Las expectativas de que finalmente se admita a la comunión a las personas divorciadas vueltas a casar son altas en la opinión pública. La misma calle empieza a asumir como cierto y evidente que en el inminente futuro se cambiará, gracias al papa Francisco, la disciplina de la Iglesia en dicho sentido.

12.- Se publica la conferencia del Cardenal De Paolis ante el Tribunal Eclesiástico Regional de Umbro en la que, entre otras cosas, concluye que con la comunión de los divorciados vueltos a casar propuesta por Kasper “está en juego la ley divina” en cada uno de los siguientes aspectos: “la indisolubilidad del matrimonio”; “la moral sexual”; “acceder a la Eucaristía en estado de gracia”; “el sacramento de la penitencia”; “armonía entre la ley divina y la misericordia divina”; “todo mandamiento de Dios es un don de su amor”. 



  A la vista de lo anterior surge una primera pregunta: ¿estamos, entonces, ante un problema pastoral o ante un problema doctrinal? ¿La comunión de los divorciados vueltos a casar es un nuevo Avignon del que los papas pueden entrar y salir o es tierra que más bien jamás se ha de pisar? Para el cardenal De Paolis la respuesta es clara: atenta a la ley divina. Si el cardenal De Paolis tiene razón no estaríamos ante un nuevo Avignon sino ante un Cisma, ante una ruptura con la doctrina de la Iglesia. Lo grave no es que ésta sea la opinión de De Paolis, sino que verdaderamente estamos ante magisterio continuado de la Iglesia en el que se reitera cómo el acceso libre a la comunión por parte de los divorciados vueltos a casar (a salvo de las condiciones indicadas nítidamente por Juan Pablo II y por Benedicto XVI para permitir su acceso), no es cuestión de ley humana positiva que pueda ser modificada sino que estamos ante una ley divina proclamada por nuestro Señor y por ello inmodificable.

  Pero desgraciadamente hay algo más preocupante. El hecho de que hoy esté sobre la agenda de la Iglesia y del Papa el acceso de la comunión a los divorciados vueltos a casar no es mérito de Kasper -por mucho que se haya erigido en baluarte de dicha propuesta- sino que el (de)mérito de dicha cuestión, más que nos pese, recae en la persona del Papa, pues ha sido Francisco al artífice de que la tal cuestión haya entrado a bombo y platillo en la agenda inmediata de la Iglesia y del mismo Papa. Y que esto es cierto lo confirma una mirada desapasionada a los siguientes hechos:

1.- A los pocos meses de ser elegido papa, Francisco en rueda de prensa sorpresa a bordo del avión papal el 29 de julio del 2013, anticipa la conveniencia de volver a estudiar la totalidad de la pastoral matrimonial, entre otras cuestiones, la relativa a la comunión de los divorciados vueltos a casar.

2.- Nombra personalmente a Kasper como expositor del Sínodo de cardenales, preparación del Sínodo de octubre, siendo conocida la postura del Cardenal sobre el tema de la comunión a los divorciados. El mismo Papa, tal como reconoce Kasper, le conmina antes del Sínodo a que realice una ponencia en la que planteé dudas, preguntas.

3.- La ponencia de Kasper, favorable a admitir a la comunión a los divorciados vueltos a casar, es elogiada favorablemente y fervorosamente por el Papa el día siguiente.

4.- En plena guerra de ideas en los medios, entre defensores de la postura “misericordiante” de Kasper y defensores del magisterio, se hace pública la llamada personal del Papa a una argentina casada con un divorciado, en la que le invita (autoriza) a comulgar, pero en otra iglesia.

5.- La noticia del permiso telefónico para comulgar a la casada con un divorciado no es desmentida por la Santa Sede.

6.- Importantes cabezas de la Iglesia, como el mismo Kasper antes citado, o más recientemente el nuevo arzobispo de Buenos Aires, Mons. Poli, íntimo amigo del Papa, han confirmado que el problema de la comunión de los divorciados es tema personal y fundamental para el Papa Francisco.

  Si ya es preocupante que se pretenda entrar a valorar “pastoralmente” una cuestión con tantas implicaciones doctrinales, más grave aún es que el promotor de dicho “cuestionamiento” sea el papa reinante. Esto es una novedad en toda línea, una provocación desconcertante, por cuanto si dicho paso no se pretende secundar por el Papa no se entiende porqué acerca gasolina a un campo yermo y seco. Sobre todo cuando, como bien dice De Paolis, el problema es de fondo y de nada serviría curar el síntoma sin curar las causas, es decir, admitir a la comunión a los divorciados contra toda ley divina sin buscar como alimentar la fe, cuya ausencia está logrando tantos destrozos.



  Que estos son tiempos recios lo advertía frecuentemente Benedicto XVI, pero el querer buscar el refrigerio o algún alto en el camino, no puede llevarnos a negar la realidad de que sobre el despacho papal se ha colocado una bomba de relojería. Y menos aún a hacernos comulgar con ruedas de molino negándonos toda capacidad crítica o cuanto menos de preocupante sorpresa por reconocer que esa bomba la ha colocado el mismo Papa. No va a salvar a la Iglesia ni al mundo saltarse la ley de Dios en aras de una falsa misericordia sino volver a poner al Señor en el mundo sabiendo que su yugo es suave, pero es yugo, es ley. Y sólo esa Ley de Nuestro Señor es la que libera al mundo. Sólo esa Ley.

cesaruribarri@gmail.com

Visto en: http://infovaticana.com/

Agradecemos a Maite C. el habernos acercado el artículo


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