San Juan Bautista

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miércoles, 17 de mayo de 2017

Señor, tenían madres - Antonio Caponnetto



SEÑOR, TENÍAN MADRES


El que cayó partido por esquirlas quemantes
de la anónima pólvora estallada a mansalva,
y se quedó sin rostro para ver el otoño,
sin las manos castrenses de los días tonantes:

Señor, tenía una madre que lo esperaba al alba.

El que olvidó el pellejo tajado por la furia
del insurrecto alzado en la calma de enero,
el que usó de mortaja su uniforme argentino
como el jefe imbatible de una antigua centuria:

Señor, tenía una madre que veló a su guerrero.

El que cruzó la selva tucumana a sablazo
cuando un tiro faccioso se le hundió en la osamenta,
la mirada nublosa por la sangre surgente
con la oración devota del postrimero plazo:

Señor, tenía una madre que aguantó la tormenta.

El que gritó en Formosa que nadie se rendía
enarbolando al tope la juvenil guapeza,
recibiendo la muerte de forajidas turbas
sin tiempo para el rezo de algún Avemaría:

Señor, tenía una madre que sufrió tal crudeza.

El que en tantos recodos del entresijo urbano
con crueldad y violencia trataron sus captores,
hasta extinguir sus huesos en lúgubres camastros
aunque el temple guardaba el valor del cristiano:

Señor, tenía una madre que alumbró con dolores

El que no delinquió ni mancilló su espada,
salvaguardando cruces, custodiando banderas,
en regimientos patrios, en las Islas Malvinas
para que lo aguardara una prisión sellada:

Señor, tenía una madre con su alma en las trincheras.

Guillermina con Gladys, Juan Eduardo tras Paula,
la pequeña María Cristina, toda infancia,
no alcanzaron el tiempo de la flor y la fruta
no más juego a la siesta ni más libro en el aula:

Señor, tenían madres que aún gimen la distancia.

¿No merecen acaso el respeto del luto,
el consuelo impetrante de una carta papal,
la misiva romana del sucesor de Pedro
la bendición solemne en señal de tributo?:

Señor, dales Tú mismo la certeza pascual.

Desagravia esta afrenta a las madres ausentes
de la historia, el recuerdo, la memoria o las plazas.
Nómbralas comensales de tu pan y tu mesa,
condecora sus pechos con tus llagas ardientes.

Señor, a todas ellas, yo sé que las abrazas.



ANTONIO CAPONNETTO



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1 comentario:

  1. Gracias! Por su estupendo trabajo

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