San Juan Bautista

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miércoles, 8 de enero de 2020

Los dos Papas



Y finalmente, se cayó la máscara.

Cayó cuando el telón todavía estaba levantado. Es decir, cuando estaban registrando las cámaras. He ahí el drama.

El mundo pudo ver con sus propios ojos, que Dr. Jekyll y Mr. Hyde son el mismo sujeto, la misma persona. El mismo.

Dos papas conviven en uno.

El sonriente Francisco, el tierno Francisco, el humilde Francisco, perdió por un instante el efecto que la pócima milagrosa le daba, y retornó al primitivo estado de Bergoglio, ese ser grosero, violento, irascible e impiadoso.

Francisco venía sosteniendo la compostura, el don de gentes, la simpatía.

Pero de pronto, por obra de un pequeño, un ínfimo incidente imprevisto, apareció Bergoglio, el depredador que no soporta contradicciones.

Como el hombre que pisó a la niña en la nocturna calle londinense, según lo relatara Stevenson, este otro golpeó a la mujer con violencia inusitada en la noche romana. Ambos se sintieron amenazados, agredidos, estorbados, y actuaron con el mismo modus operandi.

La biopic de netflix (o netflit, pues es productora del género flit, es decir: venenoso, dejó pronto paso a la historia fantástica que algún día algún atrevido osará filmar. La extraña historia de los dos papas, en uno. Ya le regalo el título: “All about Jorge”.

Pero, un momento, ¿no somos acaso todos nosotros dos hombres en uno, no convive con el hombre nuevo el hombre viejo, según la enseñanza paulina?

En efecto, y ese hombre agazapado en nosotros a veces puede surgir, pero convengamos que generalmente los arrebatos o berrinches pertenecen al dominio de lo irracional infantil, o al peligro próximo inmediato con que nos sentimos amenazados: un asaltante violento que coloca una pistola en nuestro abdomen y nos maltrata de manera atroz, o cosa semejante.

Nadie está exento de ninguna bajeza, o, como decía San Agustín: «No hay pecado posible en un hombre con el que yo no pueda mancharme» o la Imitación de Cristo: «Todos somos frágiles; pero tú a nadie tengas por más frágil que tú.» [Libro I, c. 2]. Pero convengamos que se espera que el Sumo Pontífice dé el ejemplo de ser dueño de sí mismo. Y no se trata de “hacer leña del árbol caído”, sino de entender la carga simbólica que esta escena penosa y grotesca, más propia de una película de Fernandel o Pepe Arias, que de un Sumo Pontífice ante sus fieles, trae consigo. Porque esto es el síntoma de una enfermedad, que sale a la luz.

Esto es un caso distinto: el hombre que disfruta de bañarse entre las multitudes, que goza de ser toqueteado, fotografiado, registrado, entrevistado, alabado y aplaudido, de pronto, como si se tratase de un taxista cuyo auto fue encerrado por un colectivero en una esquina porteña, o de un barrabrava herido en su orgullo futbolístico por un clásico rival, súbitamente se encoleriza y “se le sale la cadena” por un pequeño tironeo hecho por la mano de una pequeña mujer oriental. ¿Es para tanto? ¿O será que esa mano pequeña y femenina, había adquirido una fuerza inusitada, tras haberse santiguado, haber rezado y haberse animado a hacer un reclamo por todo un pueblo tiranizado? ¿Era la fuerza de todo un pueblo mártir que estaba tironeando del devastador líder peronimodernista, haciéndole perder el equilibrio? ¿A cuántos estaba representando ese simple gesto de una mano urgida y unas palabras clamando al Vicario de Cristo por quien seguramente habría estado ese pueblo rezando?

La mujer oriental, según se ve, se salió del papel habitualmente esperado: a su alrededor no hay sino fans de sonrisa bobalicona, que parece van a idolatrar al papa, como mañana pueden hacerlo con el actor de cine, el futbolista o…la Pachamama. En cambio la mujer china está y permanece seria, sin euforia ni ánimo festivo.

La insignificancia del incidente junto con la desproporción de la reacción, ameritan una interpretación no sólo del orden psicológico –que alguien hará seguramente- sino simbólico-religioso.

Así es como de lo que acá se está hablando no es de las imborrables miserias humanas que todo hijo de Adán y Eva –salvando la Santísima Virgen Corredentora- porta en sí. Acá de lo que se debe hacer mención es de la “acepción de personas” en cuanto al celo o furor pontificio. Puesto que con los enemigos furibundos de la Iglesia, con los deicidas, los herejes, los satanistas, los mundialistas masónicos y los idólatras pachamámicos, Francisco es todo sonrisas, abrazos, besos y “cultura del encuentro”. Con los fieles de a pie que se muestran “rígidos”, es decir, respetuosos de la Tradición, afectos a la sana doctrina, amantes de María y promotores de la recta moral, contra esos, palabras áridas, gestos despóticos y golpes en las manos.

De lo que acá se trata es de una imagen falsificada del cristianismo, que de pronto pierde su máscara y, por una nimiedad increíble, muestra su verdadero y horrible rostro. Dr. Jekyll es en verdad el disfraz de Mr. Hyde.

El que hasta ahora no lo había visto, ahora no puede no verlo. Esa es la importancia que cobra esta pequeña escena de teatro.

La película de netflit, con esto, se viene abajo. Y el pontificado de Francisco se cae a pedazos.

De modo tal que una situación que podría haberse tratado de un simple incidente, pasó a tomar cuerpo de símbolo, pues se trata de desnudar toda una impostura, y no sólo de Francisco, sino del modernismo que se ha aposentado en Roma desde el Vaticano II y busca ahora llevar la herejía hasta sus últimas consecuencias.
Si queremos apartarnos de esta falsificación presentada a nuestros ojos como si fuese verdaderamente católica, veamos el modelo que nos es propuesto, así como lo contaba el Padre Ezcurra:

“De qué manera en Cristo se juntan las virtudes aparentemente más opuestas. ¡Cómo nos han querido falsificar a Cristo en esas imágenes que antes veíamos! ¡Cómo nos han falsificado a ese cristo dulzón, a ese cristo sentimentalón, a ese cristo barato! ¡A ese cristo difuminado, a ese cristo unisex!
Cristo reúne al mismo tiempo la tremenda misericordia hacia aquellos que tienen hambre, hacia el pecador arrepentido, hacia el publicano, hacia la prostituta, el amor por los niños y al mismo tiempo las palabras más fuertes y más duras. El mismo Cristo que perdona a los pecadores, que cura a los enfermos, que resucita al hijo de la viuda, que llora sobre la tumba del amigo, es el Cristo que cuando PROFANAN LAS COSAS DEL PADRE ES CAPAZ DE AGARRAR EL LÁTIGO Y SACAR A LATIGAZOS A LOS MERCADERES DEL TEMPLO. Los mismos labios de Cristo que son capaces de decir "Dejad que los niños vengan a mí" son capaces de decir, frente a la soberbia de los fariseos. "sepulcros blanqueados", "raza de víboras”, "ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas".
(Tu Reinarás, págs. 26-27)

Hoy que casi todos los pastores están mudos, Dios se vale de los fieles de a pie para “hacer lío”, pero del que hay que hacer, frente al atropello de los enemigos de Cristo: un joven austríaco, una mujer china, armaron gran revuelo. También un obispo perseguido y oculto, pero que habla con auténtico coraje, con claridad y sin eufemismos. ¡Ojalá los que se dicen tradicionalistas o conservadores hablaran de esa forma, sin ningún compromiso!

La máscara cayó del todo, y una simple mano bastó para desequilibrar al gran responsable de la catástrofe actual en la Iglesia. Actitudes valientes que se repitan, que se animen, que sin perder el sentido de pertenencia a la Iglesia, empujen la mentira fuera de obra, animarán a más fieles, quizás a algún clérigo (aunque esto es más difícil, lamentablemente), a seguir pugnando contra la falsedad y la impostura de los ocupantes y asaltantes de la Iglesia, de los revolucionarios que por más películas que hagan para exaltarse, por más medios que manejen para promoverse, por más periodistas que compren para ocultarse, en algún momento inesperado, muestran sus garras y sus colmillos, pero también sus pies de barro, tambaleantes y frágiles.

La mentira siempre termina saliendo a la luz. Y no hay fuerza como la fuerza de la verdad, no es necesaria otra cosa para arrancar las máscaras todas, allí donde estén. Pero esa fuerza se la da a quienes de verdad la aceptan y la proclaman entera, con prudencia pero sin pusilanimidades. Los enemigos son vulnerables. Hay que tener gestos audaces, decididos. Cada vez más fieles católicos comprenden lo que ocurre y están dispuestos a defender a sus buenos pastores. En esa línea, allí es donde hay que apuntar, a ese liderazgo a demandar a Dios y la Virgen mediante el Rosario, a que surja un clero “no juramentado”, vigilante, combativo, esclarecido, sin máscaras ni dobleces.

En definitiva: santo. Basta de publicidad, de películas y de teatro. Llaneza y simplicidad, rectitud y cruz, nos evitarán continuar esta mise-en-scène desquiciada, que termina en el abismo de allá abajo.

Fray Llaneza




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

2 comentarios:

  1. Anónimo9/1/20 09:57

    https://www.youtube.com/watch?v=1lQAVjEnzdM
    El Nuevo Humanismo va en contra del Reinado de Cristo 🤔 Cardenal Burke
    Conoce Ama Y Vive Tu Fe- Luis Roman.
    una convertida del judaísmo que se hizo monja
    se ve que tenía plata porque fundó su propia congregación...jaja
    y como ella es la superiora puede denunciar a bergoglio sino olvidate jejeje

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  2. NInguno de los dos papa-

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