Ante un nuevo aniversario de la muerte de
Don Juan Manuel de Rosas
Le venía por herencia
porte de Conquistadores,
y en estirpe de señores
fue labrando su conciencia.
Cuando forjó su querencia
entre el sudor y el desvelo
era su norte y su anhelo
restituirle a la patria
su perfil de aristrocracia
y su nostalgia de Cielo.
Como los moros al Cid
los indios lo respetaron,
Los Colorados marcharon
tras su coraje a la lid.
Porque él era el adalid
pa’acabar con los agravios
de logistas unitarios
y de herejes invasores
con puños restauradores
y un Padre Nuestro en los labios.
Patriota como el que más,
custodiaba la frontera,
saludaban la bandera
cañones de extranjería.
Y era tal la varonía
que en la Vuelta de Obligado,
todo maula coaligado
salía ni bien d’entraba
si el gauchaje enarbolaba
tacuaras al descampado.
No pudo la historia ruin
menoscabar su estatura,
y si acaso alguno apura
ha de pensar cuál fue el fin,
del sable de San Martín
que en gesta tan altanera
coronó de esta manera
que no conoce rival
a la estrella federal
y a la lanza mazorquera.
Los hombres que hoy tienen mando
no saben nada del pago,
viven haciendo un estrago
y a todo bien traicionando.
Juan Manuel, por lo que has sido
-y es promesa y juramento-:
¡ha de llegar el momento
en que tu Mazorca briosa,
les cante “La resfalosa”
con Cuitiño renacido!
Antonio
Caponnetto

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