San Juan Bautista

San Juan Bautista

lunes, 10 de marzo de 2014

Santo Domingo y el origen del Santísimo Rosario – Por San Luis María Grignon de Montfort


  La oración mental del Santo Rosario es la meditación de los principales misterios de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre. La oración vocal del Rosario consiste en decir quince decenas de avemarías precedidas por un padrenuestro y terminadas por un gloria. Se meditan y contemplan las quince virtudes principales que Jesús y María han practicado en los quince misterios del Santo Rosario.

  En la primera parte, que consta de cinco decenas, se honran y consideran los cinco misterios gozosos; en la segunda, los cinco misterios dolorosos; y en la tercera, los cinco misterios gloriosos. De este modo, el Rosario es un compuesto sagrado de oración mental y vocal para honrar e imitar los misterios y las virtudes de la vida, muerte, pasión y gloria de Jesucristo y de María.

  El Santo Rosario, compuesto en su fondo y substancia de la oración de Jesucristo y de la salutación angélica -esto es, el padrenuestro y el avemaría- y la meditación de los misterios de Jesús y María, es sin duda la primera oración y la devoción primera de los fieles, que desde los apóstoles y los discípulos se transmitió de siglo en siglo hasta nosotros.

  No obstante, el Santo Rosario, en la forma y método que lo recitamos al presente, sólo fue inspirado a la Iglesia en 1214 por la Santísima Virgen, que lo dio a Santo Domingo para convertir a los herejes albigenses y a los pecadores. Ocurrió en la forma siguiente, según cuenta el Beato Alano de la Roche en su famoso libro titulado De Dignitate Psalterii. Viendo Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses, entró en un bosque próximo a Tolosa y pasó en él tres días y tres noches en continua oración y de penitencia, no cesando de gemir, de llorar y de macerar su cuerpo con disciplinas para calmar la cólera de Dios; de suerte que cayó medio muerto. La Santísima Virgen, acompañada de tres princesas del cielo, se le apareció entonces y le dijo: "¿Sabes tú, mi querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?" "Oh Señora, respondió él, Vos lo sabéis mejor que yo, porque después de vuestro Hijo Jesucristo fuisteis el principal instrumento de nuestra salvación." Ella añadió: "Sabe que la pieza principal de la batería fue la salutación angélica, que es el fundamento del Nuevo Testamento; y por tanto, si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, reza mi salterio." El Santo se levantó muy consolado y, abrasado de celo por el bien de aquellos pueblos, entró en la Catedral. En el mismo momento, sonaron las campanas por intervención de los ángeles para reunir a los habitantes, y al principio de la predicación se levantó una espantosa tormenta; la tierra tembló, el sol se nubló, los repetidos truenos y relámpagos hicieron estremecer y palidecer a los oyentes; y aumentó su terror al ver una imagen de la Santísima Virgen expuesta en lugar preeminente, levantar los brazos tres veces hacia el cielo, para pedir a Dios venganza contra ellos si no se convertían y recurrían a la protección de la Santa Madre de Dios.

  El cielo quería por estos prodigios aumentar la nueva devoción del Santo Rosario y hacerla más notoria.

  La tormenta cesó al fin por las oraciones de Santo Domingo. Continuó su discurso y explicó con tanto fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario, que los moradores de Tolosa lo aceptaron casi todos, renunciaron a sus errores, y en poco tiempo se vio un gran cambio en la vida y las costumbres de la ciudad.

  Este milagroso establecimiento del Santo Rosario, que guarda cierta semejanza con la manera en que Dios promulgó su ley sobre el monte Sinaí, manifiesta evidentemente la excelencia de esta divina práctica. Santo Domingo, inspirado por el Espíritu Santo, predicó todo el resto de su vida el Santo Rosario con el ejemplo y la palabra, en las ciudades y en los campos, ante los grandes y los pequeños, ante sabios e ignorantes, ante católicos y herejes. El Santo Rosario -que rezaba todos los días- era su preparación para predicar y su acción de gracias de haber predicado.

  … Mientras siguiendo a Santo Domingo se predicó la devoción del Santo Rosario, la piedad y el fervor florecían en las órdenes religiosas que practicaban esta devoción y en el mundo cristiano; pero desde que no se hizo tanto aprecio de ese presente venido del cielo, no se ve más que pecado y desórdenes por todas partes.


San Luis Grignon de Montfort “El Secreto Admirable del Santo Rosario”


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

sábado, 8 de marzo de 2014

LA VERDAD SOBRE EL DÍA DE LA MUJER - Por Augusto TorchSon

  Partamos por la definición de la enciclopedia del Nuevo Orden mundial al respecto, es decir Wikipedia: “El Día Internacional de la Mujer Trabajadora o Día Internacional de la Mujer conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona”.

  Saber que la única persona en la historia llamada por mandato de Dios "llena de gracia" fue una mujer, es fundamental para entender que las mujeres no necesitan un día especial para que reconozcamos el valor intrínseco que tienen en la sociedad, en la familia, en la vida religiosa y en la historia misma de la salvación.

  En ese último sentido Juan Pablo II dijo que “la mujer se encuentra en el corazón mismo del acontecimiento salvífico” ya que es “con la respuesta de María cuando realmente el Verbo se hace carne… De esta manera la plenitud de los tiempos manifiesta la dignidad extraordinaria de la mujer” (cf. Mulieris dignitatem, 3 y 4).

  Y así como por la primera mujer nuestra naturaleza quedó herida, fue por otra mujer que vino el Salvador al aceptar María ser la Madre de Dios.

  Por eso es preciso entender que la libertad de la mujer nunca fue ni será, mejor ejercida que por Nuestra Santísima Virgen María, que con su "fiat" hizo posible la llegada del Redentor de la humanidad.

  El ejemplo más grande de amor de una creatura desde el principio hasta el final de los tiempos fue dado por una mujer. Mujer que como madre y esposa llegó a sublimarse en obediencia, humildad y servicio desinteresado.

  Pero parecería que lo que se quiere reivindicar hoy en día no son precisamente estas conductas de Nuestra Madre Celestial.

  Es importante conocer tanto el origen como la finalidad de la designación universal de esta fecha. Esto debe hacerse recalcando la dignidad e importancia de las mujeres en nuestras vidas, ya que fueron ellas por quienes vinimos al mundo. Mundo que se está volviendo más oscuro precisamente por la falta de mujeres ejerciendo el rol que divinamente les fuera asignado. 

  Ahora vamos a intentar explicar brevemente el origen y motivaciones de la institución de este día.

  Para ilustrar la situación vamos a remitirnos al trabajo realizado por Isabel Alvarez Gonzalez con el título: “Los orígenes y la celebración del día de la mujer 1910-1945”, en donde podemos encontrar un pormenorizado estudio sobre la verdad histórica de los supuestos hechos que dieron lugar a este reconocimiento. En el mismo la autora cita diversos estudios que se hicieron respecto al supuesto incendio que dijeron provocó la muerte de 129 mujeres en una fábrica en New York por hacer una huelga. La verdad es que no se encontró ningún registro histórico o periodístico al respecto, ni en Canadá, ni en EEUU ni en Europa. El mito parecería surgir de una huelga de 1911 en una fábrica textil de la misma ciudad en donde se produjo un incendio que murieron 149 personas, en su mayoría mujeres, pero que de ninguna manera fue provocada por perversos patrones sino más bien por las pésimas condiciones de seguridad en las que se trabajaba en esa época.

  Lo que es un dato histórico comprobable es que su antecedente fue el festejo del “Día internacional de la mujer comunista” que se hacía todos los años el 8 de Marzo en Rusia desde la Revolución Bolchevique de Octubre.

  Posteriormente como antecedente directo la ONU decreta “la década de la mujer” entre 1975 y 1985. Y finalmente la masónica UNESCO toma el mito de las mujeres quemadas vivas para declarar el 8 de Marzo como día de la mujer en 1977. Hasta aquí un resumen del articulo marxista.

  Pero lo que es imprescindible conocer son las causas de tal promulgación. Hoy quienes tienen un mínimo conocimiento sobre temas próvida saben perfectamente el papel que juega la ONU y sus tentáculos (como la UNESCO), en la cultura de la muerte. En este caso, el supuesto reconocimiento a la mujer no tiene que ver con devolver a la mujer el derecho que le corresponde ante la discriminación sufrida por parte de los hombres, sino más bien con conseguir igualdad de oportunidades, aún en el caso en que no se den igualdad de condiciones. Pero ese igualitarismo ideológico (y democrático), no busca de ninguna manera una reivindicación de la mujer en la sociedad sino más bien la destrucción de la sociedad a través de la mujer. Parece un poco extremista pero sigamos analizando. Nadie niega la capacidad femenina para realizar trabajos fuera del ámbito del hogar, pero lo que no se puede negar es la exclusiva importancia que tiene esta en el antedicho ámbito. 

  Pero no toda mujer debería realizar cualquier trabajo, como hay trabajos que solo deberían ser hecho por ellas. Por eso todavía, y no se por cuánto tiempo más, no se ven, por ejemplo, maestros jardineros. Así mismo, si una mujer se encuentra atrapada bajo escombros por un incendio en su departamento, me inclino a pensar que preferiría ser rescatada por un bombero varón y esto sin importarle en ese momento hacer consideraciones sobre discriminación o falta de igualitarismo. 

  Bastante esclarecedor es el reportaje que diera Aaron Russo al programa de Alex Jones (aquí) en donde cuenta como su amistad con Nick Rockefeller, llevó a este último a confesarle las verdaderas causas por las que su familia fue la promotora de todo lo que tenga que ver con el movimiento feminista. Esto le decía Nick a Aaron: "...Los Rockefeller financiamos la Liberación Femenina... Conseguimos que las mujeres trabajasen y les cobráramos impuestos. Conseguimos separar las familias y conseguimos que los niños desde muy temprana edad tuvieran que ir al colegio, donde hemos podido adoctrinarlos de la manera que a nosotros nos interesaba...". Después agregaba: "...Hemos conseguido que, por ejemplo, la familia negra en Estados Unidos ya no exista. El 90% de las mujeres negras en USA son madres solteras. Hemos conseguido, en casi todo el planeta la desintegración de la familia. En un mundo de padres separados, los niños buscan al estado como su familia. En las escuelas les convertimos en oficiales, trabajadores, mano de obra para trabajar

  Un dato interesante es que Gloria Steinem, quien fuera abanderada en la lucha por el feminismo y la liberación femenina admitió que la CIA la había financiado con el objeto de destruir las familias.

  Esto es otra movida para descristianizar las sociedades y buscar promover la perversa y absurda perspectiva de género que tanto daño está haciendo a la humanidad.  

  Las diferencias de derechos están dadas por las diferentes condiciones. Por eso no podríamos hablar de discriminación hacia los hombres por no permitírseles hacer un papanicolau o una mamografía, como tampoco podríamos sostener lo mismo en el caso de una mujer a la que se le niega la posibilidad de hacerse un espermograma. Pero hoy vivimos la más absoluta pérdida del sentido común y el poner un poco de claridad a la realidad puede salvar almas. Y en esta guerra contra Dios la mujer juega un papel fundamental para rescatar la familia, célula básica de la sociedad, a las patrias y al mundo entero; y para oponerse a la cultura de la muerte dejando de hacer un culto idolátrico a su libertad.

  Pidamos entonces a la más pura de las creaturas de Dios, la Santísima y siempre Virgen María que nos libre de los engaños e insidias de la antigua serpiente que una vez hizo caer a la primera mujer por su soberbia, y que Nuestra Madre Celestial venció con su humildad.

  Trabajando para que Cristo reine y vuelva pronto.

  Augusto TorchSon

 Publicado originalmente el 08/03/2013


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

viernes, 7 de marzo de 2014

Valiente Obispo defiende depósito de la fe ante propuesta del herético card. Kasper - Secretum Meum Mihi

Mons. Ignacio Barreiro sobre propuesta del card. Kasper: “Es algo inaudito en la historia de la Iglesia”

  Mons. Ignacio Carámbula, director de la delegación en Roma-Vaticano de Vida Humana Internacional, se ha referido a la propuesta del Card. Walter Kasper hecha en su relación en el reciente sínodo extraordinario sobre la familia por la cual, en ciertos casos, se podría dar acceso a la comunión para los divorciados vueltos a casar. Sus opiniones están consignadas en un artículo de LifeSiteNews, Mar-04-2014. Traducimos el aparte respectivo.

(…)
  Entre aquellos preocupados en la nueva dirección está Monseñor Ignacio Barreiro, director de la oficina de Roma de Vida Humana Internacional. La Propuesta de Kasper, le dijo a LifeSiteNews, no solo es una “ofensa” contra la doctrina de la Iglesia, sino que tiene en su centro una contradicción lógica.

  “¿Cómo puede que ser una persona que dice estar arrepentida continuaría y perseveraría en la conducta en la cual pretende arrepentirse y por la cual expresa su arrepentimiento?”

  “La absolución concedida a una persona que no está dispuesta a cambiar su vida es una absolución inválida”, agregó.

  La sugerencia de Kasper, añadió Barreiro, significaría que habrá en efecto, un reconocimiento de dos niveles sobre la familia, uno que se basa en la enseñanza de Cristo y en la práctica de la Iglesia, y el segundo, un reconocimiento de facto de los segundos matrimonios inválidos. Lo comparó con la creación de una versión católica de “uniones civiles”, que el mundo secular ha adoptado para los homosexuales, otorgándoles los mismos derechos y privilegios del matrimonio pero no el nombre.

  “En la medida en que fueran admitidos en la vida sacramental de la Iglesia”, dijo, “vamos a tener dos niveles de matrimonio, los válidos, matrimonios sacramentales y estas uniones civiles.”
(...)




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 4 de marzo de 2014

Fátima y la nueva y ruinosa orientación de la Iglesia


  ...la situación actual de la Iglesia Católica es el resultado de la invasión, sin precedentes, del Liberalismo en la Iglesia.

  Recordemos una vez más las proféticas palabras de Monseñor Pacelli (el que vendría a ser Papa Pío XII), proferidas a la luz del Mensaje de Fátima:

  Me preocupan los mensajes de la Santísima Virgen a Lucía de Fátima. Esa persistencia de María sobre los peligros que amenazan a la Iglesia es un aviso del Cielo contra el suicidio que significa alterar la Fe en Su liturgia, en Su teología y en Su espíritu. (...) Oigo a mi alrededor innovadores que desean desmantelar el Santuario, apagar la llama universal de la Iglesia, rechazar Sus ornamentos y hacer que sienta remordimientos por Su pasado histórico.

  Llegará un día en que el mundo civilizado negará a su Dios, en que la Iglesia dudará, como dudó Pedro. Ella será tentada a creer que el hombre se tornó Dios. En nuestras iglesias, los cristianos buscarán inútilmente la lamparilla roja en donde Dios los espera.

  Como María Magdalena llorando ante el túmulo vacío, se preguntarán: “¿Adónde Lo han llevado?”

 ...este gran cambio de orientación en la Iglesia — “en Su liturgia, en Su teología y en Su espíritu”, como puntualizó Pío XII — era el objetivo, por largo tiempo acariciado, de las fuerzas organizadas que hace siglos vienen conspirando contra la Iglesia; las mismas fuerzas que detentaban el poder en Portugal en 1917, y que fueron repudiadas por la Consagración de aquel país al Corazón Inmaculado de María en 1931. Fue precisamente para rechazar en todo el mundo esas fuerzas, para lo que el Cielo envió a Fátima a la Madre de Dios, a fin de exhortar que se llevara a cabo la Consagración de Rusia. Dichas fuerzas se tornarían, desde bien temprano, el arma principal en la prolongada guerra de Satanás contra la Iglesia. Y ciertamente, el resultado de esa guerra en nuestros tiempos depende de la lucha por el cumplimiento del Mensaje de Fátima.


“LA ÚLTIMA BATALLA DEL DIABLO” Editado y compilado por el Padre Paul Kramer


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

lunes, 3 de marzo de 2014

A un año del pontificado de Francisco (Ampliada) - Por Antonio Caponnetto

Amigos:

En el número 107 de Cabildo(enero-febrero 2014) publiqué la presente nota. Bastante más ampliada y retocada la hago circular ahora por este medio, con la esperanza de que pueda prestar algún servicio.

 Antonio Caponnetto

ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº

     

         El próximo 19 de marzo, Festividad de San José, se cumple un año de la asunción pontificia del Cardenal Bergoglio.

         Otros estarán capacitados para hacer un balance exhaustivo, completo y erudito. Lo esperamos con necesidad espiritual. Otros no querrán hacerlo, limitándose a un aséptico encogimiento de hombros, a una aprobación irrestricta y apriori de carácter papolátrico o a una condena en bloque de todos sus dichos y quehaceres; y otros –me temo que los más- se desvivirán en panegíricos de burdo tinte mundano, como ya viene sucediendo para desconcierto de la católica grey, pues tales encomios gozan del beneplácito del homenajeado, o al menos de su tácita aquiescencia. Lo que no resulta aconsejable para ninguna práctica de la tan declamada humildad.

         De mi parte –y hablo deliberadamente en primera persona, pues no quiero involucrar a nadie en este juicio- debo decir, con genuino dolor de súbdito, que lo que he podido analizar objetivamente hasta hoy confirma y potencia cuanto escribí en su momento en mi obra La Iglesia traicionada, editada en el año 2010.

         En efecto, el Cardenal Bergoglio, devenido ya en el Pontífice Francisco, es un hombre que conspira contra la Verdad. Y lo hace de los cuatro modos posibles más comunes: por vía de la mentira, del error, de la confusión y de la ignorancia.

         Como los ejemplos se multiplican, para nuestra hiriente desazón y pesadumbre impar, sólo pondremos un caso: su tratamiento de la cuestión judía. Y como este tratamiento tiene  su vez un sinfín de facetas –desde dedicarles públicas ternezas a los hebreos que a otros católicos se les niega, hasta permitirles sus ritos cultuales en el Vaticano, acompañando activamente los mismos; desde remitirles misivas con un afecto no simétrico hacia los descalificados por “cristianos restauracionistas”, hasta felicitarlos por sus fiestas, aunque ellas supongan la virtual negación de Cristo como Mesías- nos limitaremos a lo enseñado en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium; esto es, a una expresión formal, institucional y oficial de su magisterio petrino.

         -Es mentira que la Alianza entre Dios y el pueblo judío “jamás ha sido revocada” (Evangelii Gaudium, 247). Se prueba de muchas y complementarias formas –yendo a los Padres, a los Doctores, a los Santos, a las encíclicas, los concilios, las bulas, los textos litúrgicos, a Tomás de Aquino y al Catecismo de primeras nociones- pero está dicho en la Sagrada Escritura, sin posibilidades de equívoco. De modo expreso, por ejemplo en Hebreos 8,6-9: “porque ellos no permanecieron fieles a mi alianza, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor”. “Mirad, días vendrán, dice el Señor, en que concluiré una alianza nueva con la Casa de Israel y con la Casa de Judá, no conforme a la alianza que concerté con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto” (Jeremías, 31, 31-34). Y de modo no menos expreso, pero con lenguaje simbólico, quedó probado en la Parábola de la Higuera Estéril o de Los viñadores Homicidas.

         No; es exactamente al revés: la Alianza fue revocada; lo que no quiere decir –como bien lo explica el Apóstol- que la misericordia de Dios no pueda reinjertar a los israelitas contritos, conversos y vueltos humildemente hacia el Autor de la Vida que “matásteis” (Hechos 3,13-15) y al Señor de la Gloria que “crucificásteis” (I Cor.2,8). Se supone que para eso estábamos hasta hoy, entre otras cosas, los católicos, para procurar la conversión de los judíos, no para mantenerlos en sus idolatrías, agasajándolos con comida kosher.

         -Es error sostener que “creemos juntos [católicos y judíos] en el único Dios que actúa en la historia, y acogemos con ellos [los judíos] la común Palabra revelada” (Evangelii Gaudium, 247).

         El único Dios que actúa en la historia es Jesucristo, Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Ni un catecúmeno de parroquia barrial puede desconocer que los judíos no creen en la Santa Trinidad, ni en Jesucristo como verdadero Dios Hijo del Padre. Y no pueden creerlo, precisamente porque rechazan una parte sustancial de la “Palabra revelada” que es el Nuevo Testamento. La “común Palabra revelada” que podríamos tener, si por ella se alude al universo veterotestamentario, está toda ordenada, encaminada y dirigida a la aceptación de Cristo, como desde siempre enseñó el Magisterio. Luego, al negar los judíos su natural y sobrenatural coronación y desenlace, deja de ser un patrimonio “común”. Por el contrario, se convierte en crucial y dramática divisoria de aguas.

         -Es confusión afirmar que “si bien algunas convicciones cristianas son inaceptables para el Judaísmo”, igual podemos “compartir muchas convicciones éticas y la común preocupación por la justicia y el desarrollo de los pueblos” (Evangelii Gaudium,249). La confusión es presentar “las convicciones cristianas” con un cierto aire de lamento o de reproche hacia las mismas, por no permitir una comunión más plena y totalizadora con los israelitas. La confusión es partir de la base de que “las inaceptables” para el Judaísmo, son “algunas” de nuestras “convicciones”, y no las formulaciones dogmáticas del Credo, empezando por la que dice:“Et in Iesum Christum, filium eius unicum, Dominum Nostrum”.La confusión es pensar que “la común preocupación por la justicia” se puede mantener en pie si el Verdadero Dios no es la fuente y la razón de la Justicia; si las “convicciones éticas” no remiten del ethos al nomos y al logos divinos de Jesucristo. La confusión es hablar del “desarrollo de los pueblos” como supuesto factor de unidad, cuando no es ni puede ser el mismo el concepto de desarrollo popular para quien niega o acepta la Reyecía Social de Jesucristo. La confusión es pensar que podemos obrar en común en acciones inmanentes y temporales, cuando nos separan tajantes e irrevocables diferencias trascendentes e intemporales. La confusión, en suma, es no querer advertir ni manifestar que esas obstaculizantes convicciones no son materia opinable. Han sido pagadas al altísimo precio de la sangre derramada en el Calvario. Efusión en la cual, los judíos, cumplieron y cumplen el trágico protagonismo de verdugos.

         -Es ignorancia “lamentar sincera y amargamente las terribles persecuciones de las que fueron y son objeto [los judíos], particularmente aquellas que involucran o involucraron a cristianos (Evangelii Gaudium,248). Es ignorancia de los innúmeros fraudes con que han enmascarado y enmascaran esas presuntas persecuciones. Es ignorancia de la peligrosa teología dogmática hebrea sobre el holocausto, que destrona a Cristo como víctima para colocarlo como victimario. Es ignorancia del carácter teórico y práctico de persecutores activos que han ejercido los hebreos contra los cristianos, y que aún hasta hoy siguen ejerciendo. Es ignorancia del historial de crímenes y de latrocinios mediante los cuales Israel se constituyó en Poder Mundial. Es ignorancia de las Actas de los Mártires, de los Hechos de los Apóstoles y del santoral pasado y presente que incluye un sinfín de víctimas de la vesania judía. Es ignorancia incluso de que la plana mayor del judaísmo “argentino”, recibida cordialísimamente por el Papa, no sólo representa las antípodas de un supuesto ideal de Iglesia de los pobres, puesto que sus miembros constituyen una voraz oligarquía, persecutora y expoliadora de los que menos tienen, sino que es responsable ineludible de un sinfín de ataques y de vejámenes a las instituciones y tradiciones cristianas de la patria. ¡Cuánto habría que decir al respecto!¡Y cuánto de lo sucedido recientemente por culpa y causa de ellos! ¡Qué cantidad de imperdonables olvidos comete Francisco frente a estos personajes siniestros, al sentarlos a su mesa sin pedirles el más mínimo acto de contrición por la larga lista de iniquidades perpetradas!

         Mentira, error, confusión e ignorancia. Se analice el tema que se analizare, tras un año de pontificado, estas son las cuatro y trágicas notas dominantes que aparecen. Quede en claro que hemos tomado apenas un ejemplo representativo. Tomar el conjunto demandaría mucho más que esta nota. No nos place ser cronistas de la apostasía; quisiéramos acaso merecer el anhelo de ser testigos de la Verdad.


Respuestas rápidas a preguntas difíciles

         ¿Quiere decirse con lo antedicho que no hubo nada bueno durante este año de Pontificado?
        
         Cuanto de bueno se hizo o se pudo haber dicho no lo ignoramos ni nos cerramos a que se nos lo haga notar. Mucho menos juzgamos intenciones, y en absoluto es éste un juicio al Papado o ad personam. El que no quiera entender la diferencia es, redondamente, un necio. Sólo vemos con dolor y preocupación la prevalencia de las funestas notas características ya enunciadas. Prevalencia recurrente, dañina y generalizada. A la par que “lo bueno” ejecutado es lo que obviamente se supone que, como mínimo, debe manifestar un Pontífice o cualquier bautizado fiel. De todos modos, en buena hora puedan señalarse bondades; y no nos las quite el Señor. Antes bien las incremente.

         ¿Basta esta constatación real o potencial de lo bueno para tranquilizar las conciencias?

          Conformarse cada vez con menos es el principio del pecado de la tibieza, según Santo Tomás. Mala cosa si hemos llegado al punto de darnos por satisfecho porque el Papa aún sigue rezando el rosario. Mala cosa si, en virtud de este conformismo absurdo, seguimos callando lo que indefectiblemente ha de ser dicho. Mala y pésima cosa si seguimos forzando la hermenéutica de la continuidad, allí donde se manifieste la alevosa, culpable y patética ruptura. Si hay algo que ya no se soporta es el malabarismo de aquellos que  –a veces con santo afán, otras con irresponsable torpeza- siguen haciendo de cuenta que todo cuanto acontece en Roma es normal y corriente. Como si el anuncio del Anticristo y de sus fieras propedéuticas fuera un cuento de los hermanos Grimm. Tampoco se soporta la irresponsabilidad de los otros que ven al mismísimo demonio tras absolutamente todos y cualesquiera de los detalles de cuanto acontece hoy en el Vaticano. Que haya entrado el humo de Satán y que no se haya declarado su expulsión ni constatado su retirada, es una cosa. Y gravísima, por decir lo menos. Pero de allí tampoco se sigue que hay un diablo escondido tras cada pliego de los cortinados curiales.

         ¿Pero algunos o todos estos extravíos señalados no vienen de lejos, o de las últimas décadas, y aún del pontificado de Benedicto XVI?

         Por cierto que sí. Lamentablemente así son las cosas; aunque lo legítimo sería matizar juicios y lo prudente graduar responsabilidades con sumo cuidado. Más en este año transcurrido los tales extravíos se han exacerbado, radicalizado y popularizado, y han gozado de la horrorosa pleitesía y de los aplausos del mundo y de la Jerarquía Eclesiástica como nunca antes. De allí la perentoriedad e inevitabilidad de referirnos al tema, con tono imprecatorio y urgido. Por eso, es cierto, no es ésta la primera vez que hablamos; y es de temer que no podrá ser la última.

          ¿Nosotros somos la derecha yanki que acusa al Papa de comunista?
        
         No; que no se nos confunda con liberales asustados ni con modernistas prudentosos, ni con conservadores escandalizados, ni con arqueologistas de la Fe o neoconservadores de sus prebendas. Ojalá el Papa hablara más y mejor sobre las verdaderas raíces teológicas y los auténticos responsables del Imperialismo Internacional del Dinero, al que supo referirse Pío XI. Ojalá se diera cuenta de que su denostada usura la practican aquellos a los que sienta a su mesa, kipá insolente en ristre. Ojalá tumbara con el cayado firme en la diestra a tantos calvinistas santones encerrados en prelaturas y a tantos fabricantes de vocaciones que terminan siendo mercaderes de conciencias y de patrimonios.

         Pero la verdad es que, al menos y en principio, desde una perspectiva católico-argentina (legítima perspectiva, porque Francisco no es un ser desgajado de nacionalidad y hace lo posible para que se note), el Papa obra como lo que se conoce técnicamente “un compañero de ruta” del Comunismo. Basta leer la obra de Nello Scavo, La lista de Bergoglio. O de considerar la actitud conciliadora y amable que tiene para con la tiranía marxista de los Kirchner, cada vez más culpable de corrupciones múltiples y de idelogismos castristas. Su conducta en este ámbito, como en otros análogos, puede ser calificada de escandalosa, a fuer de oportunista, de contemporizadora con lo políticamente correcto y de tolerante frente a descarados agentes del gramscismo. No hay representante destacado de las izquierdas nativas o internacionales que no haya encontrado un interlocutor válido y un hospitalario anfitrión en Francisco. Y hasta no hay degenerado multimediático o estulto futbolero que no haya sido acogido en su regazo. Los réprobos parecen ser quienes queremos estar en las antípodas, o a quienes él juzga como tales. Hasta ridiculizaciones o desaires públicos les ha aplicado en ocasiones, faltando a la mentada misericordia.

         ¿Hay antecedentes de pontífices tan mal encaminados?

         Unos cuantos a lo largo de toda la historia de la Iglesia. Quien estudie, por ejemplo, el llamado Siglo de Hierro, difícilmente entenderá cómo la Barca sobrevivió a tamaños desafueros. ¿Pero no eran sólo desarreglos morales el de aquellos Papas, dejando a salvo la integridad doctrinal? No necesariamente fue así. Varios de esos pontífices que consumaron acciones malas, las hacían porque primero había en ellos una traición a la doctrina católica. Erraron en sus actos porque traicionaron enseñanzas, definiciones, doctrinas y principios de la Iglesia. Incluso principios ortodoxos por ellos mismos definidos. El Magisterio quedó comprometido, la Fe lastimada. Y hasta sucedió en ocasiones lo predicho por Nuestro Señor: “heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”(Mt. 26,31).¿Esto no es mal de muchos consuelo de zonzos? No; esto es tomar a la historia como maestra de vida, a la esperanza como guía insustituible; y es no olvidarse de dos promesas del Señor. Una, que rezaría por Pedro para que no desfalleciera su Fe. Otra, que las fuerzas del infierno no prevalecerán. Creemos firmísimamente en ambas promesas de Jesucristo.

         ¿Francisco responde a un plan para destruir a la Iglesia?

         No puede extrañar que haya más de un plan atentatorio contra la Esposa de Cristo. Se conocen unos cuantos a lo largo de la historia y del presente, y rechazar su existencia por el sólo prurito anti-conspirativista sería tan desacertado como ver un complot en cada solapa tenuemente levantada.

         Hay al respecto un hecho que llama la atención. Tiene su fuente precisa y pública de documentación. El artículo The word from Rome, de John Allen Jr., aparecido en The National Catholic Reporter, el 21 de enero de 2005.
                      
          Sucedió que uno de los más encumbrados rabinos de Israel, Joseph Ehrenkranz, tuvo a su cargo la co-organización de un encuentro judeo-católico, que se llevó a cabo en Roma primero, con la anuencia y la bendición presencial de Juan Pablo II, y en Auschwitz después, con la comitiva  orando y comiendo en común. Los obispos católicos asignados al suceso estaban presididos por el Cardenal Keeler, de Baltimore y el Arzobispo Timothy Dolan, de Milwaukee. Vuelta la singular entente judeo-católica a Roma, fue recibida y agasajaga por la Comunidad de San Egidio. Allí entonces, y a modo de epítome del extraño tour, tomó la palabra el susodicho Ehrenkranz, y dijo: a)que sería difícil  mantener esta unión judeo-católica tras la muerte de Juan Pablo II, pues habría que hallar a alguien  "con su misma sensibilidad" al respecto; b)que la hipótesis de un futuro Papa latinoamericano dificultaría algo más el proyecto, pues los latinoamericanos están menos experimentados en esto diálogos; c)que "una excepción, sin embargo,sería el Cardenal Jorge Bergoglio, el Cardenal jesuita de Buenos Aires"(sic).

          La conclusión parece obvia. Ocho años antes de que el Cónclave lo eligiera Papa, el Kahal ya había puesto sus esperanzas en él. Y dos cosas tristes no deberían dejar de decirse aquí: que el Kahal no ha sido nunca ajeno a los planes contra la Iglesia; y que, a juzgar por las evidencias diarias, los altos mandos judíos y masones están conformes con la gestión del Papa Francisco. Al menos hasta este primer aniversario de su nombramiento.

         ¿Se puede decir que Francisco es un hereje? San Pío X, en la pregunta 229 de su Catecismo Mayor, nos dice que el hereje es el que niega "las definiciones ex catedra del Papa", o el que "rehusa con pertinacia creer alguna verdad revelada por Dios y enseñada como de Fe por la Iglesia, por ejemplo los arrianos, los nestorianos y las varias sectas protestantes". Según esta definición, Francisco no  ha negado hasta ahora una definición ex catedra, como la Asuncion de María  a los Cielos, ni alguno de los 14 artículos del Credo, como la creencia en la resurrección de la carne, ni alguna verdad revelada como el misterio de la Trinidad. Ergo, llamémoslo con palabras duras y veraces, pero en principio no estaría imposibilitado de ser Papa por ser hereje, según la tradicional doctrina católica.

         Es cierto no obstante que el Cardenal Bergoglio, en tanto tal, arrastra un triste historial de promoción de heterodoxias y de sincretismos desconcertantes cuanto funestos, y que el festival babilónico de la inter-religiosidad lo ha tenido como partícipe activo. Y es cierto que también dice San Pío X (Pregunta 177 de su Catecismo Mayor) que "los que rechazan las definiciones de la Iglesia, pierden la Fe y se hacen herejes". Con lo que no resultaría impropio llamarlo a Francisco heretizante y sujeto en tan delicado terreno a rodar cuesta abajo, hacia una pendiente aún más escabrosa. No lo permita Dios,y oremos devotamente por ello, pero tómese cabal conciencia de la delicada situación que vivimos al tener a un hombre con estos atributos en la Sede de Pedro.

         La Sede, entonces, estaría privada de un Papa sabio, ortodoxo, defensor de la integridad de la Fe y de la recta y segura doctrina católica, apostólica y romana. También de un Papa con talante señorial y jerárquico, pero ese es otro tema. Es demasiado lo predicho como para permanecer mudo o indiferente. Es demasiado como para no dar, filial y amorosamente, la voz de alarma. Es demasiado como para no irrumpir en llanto. Y por si nadie lo ha advertido, de eso se trata: de la inefable tristeza que expresara el Dante con su famoso verso:”¡oh navecilla mía, que mal cargas!”.  “Cuando estas cosas comenzaren a suceder, cobrad ánimo y levantad vuestras cabezas”(Ls. 21,28). Procuramos tomar este consejo del Señor y cumplirlo; pero al levantar la cabeza no se nos pida que la mirada no esté nublada por el llanto. Somos peregrinos esperanzados, no titanes insensatamente triunfalistas.

         ¿Cabe una lectura parusíaca de cuanto ocurre?

          Creemos firmemente que sí, y lo hemos escrito en ocasiones. Aunque pocos al respecto más entonados que Federico Mihura Seeber para dilucidar estos aspectos. La posibilidad de estar viviendo en la Iglesia de Laodicea no es un despropósito. La posibilidad de la presencia del Anticristo entre nosotros, y de sus anunciantes, servidores o preparadores del terreno, aún entre los primeros dignatarios eclesiásticos o empezando por ellos, tampoco. Decir tales cosas no es ser pesimista ni aguafiestas (a no ser que echemos agua a la fiesta del mundo, en cuyo caso estaríamos cumpliendo con nuestro deber). Muchísimas veces recordamos con Castellani que el Apocalipsis no es una novela de terror sino un libro de Esperanza. Es hora de poner en práctica este dictus castellaniano.

Epílogo galeato

         Recuerdo, a modo de cierre, que esta es una nota periodística escrita a título personal. No es el dictamen de una Junta de Teólogos ni el motu proprio de una Sagrada Congregación, sino la opinión  de un laico católico, perplejo y dolorido por cuanto ocurre. Si falla mi juicio y con razones se me enmienda, los argumentos rectificatorios no me hallarán indócil. Pero no discutiré más con papólatras obtusos, ni con los defensores de lo indefendible, ni con los que dan lecciones de “extremo coraje” o “suprema coherencia” amparados en el anonimato, ni con chiquilines o maduros que no entienden ni atienden. Si más no digo en mis exposiciones sobre estos temas, no es porque me paralice alguna debilidad, de las tantas que humanamente pueden quebrarme. Es, sencillamente, porque sólo sostengo aquello de lo que me cabe el más seguro convencimiento posible, intelectual y moral.

         A mí –de carne y hueso, de nombre y apellido, de cara públicamente expuesta- me persiguen los obispos putoides, el curerío felón y las sedes episcopales capturadas por inauditos malandras. A mi, supuesto línea media según los paladines del inquieto mouse, me guillotinan los libros para que no circulen (hablo sin metáforas), me cierran las parroquias para que no disponga de ámbitos católicos desde los cuales expresarme, y hasta me llegan amenazas larvadas de excomuniones diocesanas. No obstante, temo más a convertirme en un perro mudo que a la jauría eclesial, cebada hoy y dispuesta a las peores mordeduras.

         Aconsejo rezar piadosamente por el Papa. Rezar hasta el alba y rezar durante el día entero. Pedir por la rectitud de sus intenciones y de sus resoluciones. Conservar la cabeza sobre los hombros, sin ceder a las tentaciones de los que se han fabricado una eclesiología propia. Priorizar la vida contemplativa. Participar de la belleza litúrgica. Implorar al Cielo un cambio de rumbo. Aceptar la voluntad de Dios si nos ha tocado enfrentar un tiempo de apostasía. Gritar entonces desde los tejados todo lo que corresponda para salvar el honor de la verdad, hoy conculcada y vilipendiada. Cumplir con las obras de misericordia, para que no pueda acusársenos de desoír la voz de quien con todo derecho nos lo pide. Perder el miedo a ser tomado de desobediente o de alarmista. Y sobre todo, no dejarse vencer por la mentira, el error, la ignorancia y la confusión.

         Permítaseme elevar, una vez más, como lo hice un año atrás, ante la extraña dimisión de Benedicto XVI, esta

Oración a San Pedro

 Ecclesia mergi non potest

                                                                                     San Agustín, Sermón 252


Tenías puesto un mote pero te fue cambiado,
ya no el Simón hebreo: quien oye y obedece,
las manos que religan los nombres y el destino,
te bautizaron roca, la que no se estremece.

Tenías por la sangre un firme apelativo,
aquel que de Jonás se origina y procede
pero quien iba a darte el pábilo y la lumbre
te dio por nombradía la piedra que no cede.

Tenías una patria, en la agreste Betsaida
conminada a la pena de cilicio y ceniza,
pero un nuevo linaje te darían en Roma,
el gallo por escudo, las llaves por divisa.

Tenías un oficio en playas galileas
donde redes y peces se batían en lucha,
pero te fue quitado, y otra barca sin anclas
desde entonces tus voces obedece y escucha.

Tenías una espada que equivocó el momento
de talar enemigos o imponer la justicia,
te alistaron en cambio ejércitos perennes,
la invisible victoria de la aérea milicia.

Tenías una vida de nauta sin borrascas
-las orillas seguras, el velamen riente-
pero te fue exigido navegar mar adentro
y enfrentar al que brama como león rugiente.

Tenías una muerte previsible, serena,
tal vez en una noche de musical adagio,
te pidieron la sangre clavado a la madera,
Orígenes lo cuenta, lo pintó Caravaggio.

Tenías la exigencia del amor navegante
seguro en la cubierta, casi un gesto cobarde,
te volvieron testigo del Amor abrasado,
un amor que tres veces te examina en la tarde.

Nombre, patria u oficio; espada, vida y muerte,
la calma de la arena o la sombra de un cedro,
la juventud viajera, la vejez peregrina,
desde que fuiste Suyo, nada fue tuyo, Pedro.

Danos en esta hora de vigilia y quebranto
la esperanza de un puerto, el frescor del olivo,
sotérrense las puertas del infierno y se escuche:
¡Señor, tú eres el Cristo, el Hijo de Dios Vivo!




Nacionalismo Católico San Juan Bautista
    


sábado, 1 de marzo de 2014

El “Pacifismo”: ¿Es pecado? - Por Federico Ibarguren


  ¿Paz en la tierra? Histéricamente diríase una utopía pocas veces realizada; ni siquiera en beneficio de "los hombres de buena volun­tad": promesa angélica repetida cada domingo en el canto del “Gloria in excelsis Deo” de nuestra Misa. De consiguiente, en este amargo "valle de lágrimas", la paz se nos mezquina y sólo es un medio incompleto para lograr cierto grado de bienestar humano en deter­minadas épocas y nada más. La paz es, así, un  lujo caro, mundano. Supone prosperidad y riqueza en los pueblos que se ufanan de ella; y son los menos. No debe ser considerada en si misma, por tanto, como valor absoluto que soluciona todos los conflictos o   problemas político-sociales de una humanidad agnós­tica, descreída. No. Inalcanzable casi siempre en este controvertido mundo "subdesarrollado" en que vivimos, Dios nos pone a prueba todos los días, habida cuenta de la imperfecta condición de pecadores que cargamos, castigándonos a menudo con.....la guerra. ¡Castigo ejemplar! Para que por la victoria conquistemos aunque sea una precaria paz entre mortales, de duración efímera, por cierto. Con sacrificios, sí. Jugándonos la vida siempre.      
                    
  Porque la verdadera paz no se da fácilmente en la humana conviven­cia de este planeta, a partir con seguridad -para ser exactos- de Adán y Eva. Acaso la consigamos al fin pero mediante la Gracia de Dios y allá Arriba (en el Cielo): superando la muerte física. Aquí» abajo no, aún cuando en ocasiones obtengamos algunas treguas pasajeras. Pues reina soberano entre los mortales el PRINCIPE DE ESTE MUN­DO así llamado reiteradas veces en los Evangelios por Nuestro Señor Jesucristo. Y contra el Maligno estamos todos los cristianos obligados a luchar ascéticamente y a no bajar nunca la guardia. Guerreando sin descanso. No negociando jamás con el Diablo –a lo Fausto- ni vendiéndole por anticipado nuestra alma al bajo precio de no disparar un solo tiro frente al agresor, por cuidar ante los poderosos –haciendo buena letra- nuestra “imagen” internacional(?). Y los poderosos —se sabe— pisotean, en su provecho exclusivo, el natural patriotismo de las naciones.

  Mientras Satán exista, en consecuencia (dogma teologal puro), habrá "guerra y rumor de guerras" entre los hombres, como nos lo enseña la Sagrada Escritura que es de aplicación actual y para todos los tiempos. "Arcángel San Miguel defiéndenos en la batalla —reza la última oración del Ordinario de la Misa de San Pío V—: se nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio.....".

  Pero entendámoslo bien: guerras LEGITIMAS, de  supervivencia, deberán ser las nuestras. Guerras AUTODEFENSIVAS y JUSTAS, nunca imperialistas por principio. A saber: cuando exista un inminente peligro que comprometa la Fe de nuestro pueblo o se pretenda conculcar los derechos inalienables que siempre poseyó la Nación con referencia a mantener su integridad espiritual,  moral... Y también territorial y marítima. ¿Por qué no? Negarse a portar las armas para guerrear en los casos señalados; ya sea por la libertad amenazaba de la Iglesia Católica en nuestro suelo o contra el  avasallamiento de la soberanía y bien común de la Patria en peligro, importa grave apostasía o traición cobarde.

  Todo "pacifismo" a ultranza sostenido como dogma en política, esconde, las más de las veces, una claudicación casi siempre inconfesada. Ante un enemigo que no es "pacifista", significa ni más ni menos la rendición incondicional sin siquiera ofrecer batalla. Indudable pecado de omisión éste, en el orden individual; pero gravísimo PECADO MORTAL si el "pacifismo se vuelve doctrina en los gobernantes. Bien lo dijo Papini, cuando con verdad sentenció: “El hombre está hecho de tal modo, que la guerra demasiado larga lo embrutece, pero LA PAZ A TODA COSTA LO PUDRE”.

  El “Pacifismo” es derrota, hoy lo sabemos. El “pacifismo” es decadencia. No fueron “pacifistas” ni mucho menos Liniers en 1806-1807 y Cornelio Saavedra en 1810. Ni lo podía ser San Martin en 1816-1820. No fueron “pacifistas” los heroicos 33 Orientales en 1825 –dignos herederos de Artigas- peleando contra el poderoso Imperio del Brasil; tampoco lo fue Rosas al ser agredido por Francia e Inglaterra unidas, en 1838-1845. Ni Juan Lavalle, ni Paz, ni Facundo Quiroga al dirimir las rivalidades políticas de su tiempo. En aquella gloriosa epopeya por nuestra Independencia Nacional y luchas civiles subsiguientes, a los criollos de ley —prescindiendo de las distintas ideologías que los separaban: buenas o malas—, la actual mentalidad pacifista todavía no los había castrado con el remanido pretexto izquierdista de la "democracia” y los "derechos humanos". En ningún momento practicó el ''pacifismo" ni el "diálogo constructivo” -como se dice ahora aquí—, el ponderado General Bartolomé Mitre después de Pavón; y mucho menos ante el Paraguay en 1865. Ni lo hicieron en instante alguno Urquiza y el energúmeno de Sarmiento con sus adversarios políticos o meramente ideológicos. ¡Qué esperanza! Mal o bien, así se hizo históricamente (entre cruentas victorias y derrotas) la Patria que nos vio nacer.

  No fueron “pacifistas” —entonces-  nuestros  tan admirados  próceres Rioplatense del siglo pasado, anteriores al famoso "no te metas" típico de la partidocracia demo-liberal cuya pronta restauración hoy se procura. De haberlo sido, la Republica Argentina estaría balcanizada en veinte o más republiquetas anarquizadas ("pluralismo" democrático mediante). Y en la actualidad, solo las apátridas masas consumidoras: turbamulta cosmopolita de la metrópoli porteña transformada en próspera factoría mercantil, gobernada incluso por extranjeros; sólo ellas lograrían el pleno "consenso” —el aplauso— de la UN, de la OEA y de la "Trilateral Comission”.

  ¡Paz, paz, paz a toda costa! ¡Dólares y bienestar son las dos oficiales del momento! ¿A eso hemos llegado? "Cuando un pueblo manifiesta ese horror civilizador por la sangre –es una cita del gran Donoso Cortés, repudiando el “pacifismo” masónico de los liberales españoles en 1849-; luego al punto recibe el castigo de su culpa; Dios muda su sexo, le despoja del signo público de la virilidad, le con vierte en pueblo hembra y le envía conquistadores para que le quiten la honra”.

  Y concluyo reproduciendo en epitome este profético pació de Oswald Spengler publicado en la Europa de 1936, pocos meses antes de su muerte: “Las razas fuertes e inexhaustas no son “pacifistas”. Seria renunciar al futuro porque el ideal "pacifista" significa una condición final que contradice un hecho de la vida. Mientras haya desarrollo humano, habrá guerras. Pero si los pueblos blancos llegaran a cansarse de la guerra en tal forma que sus gobiernos no pudieran en ninguna circunstancia persuadirlos a que fuesen a ella, entonces el mundo sería presa de las razas de color, como el Imperio Romano se convirtió en presa de los germanos. El "pacifismo" significa abandonar el poder a los no pacifistas natos (entre los cuales había siempre también hombres blancos), a los aventureros, los conquistadores, los Herrenmenschen, que siempre encuentran partidarios en cuanto logran el éxito. Si estallara hoy en Asia la gran revolución contra las razas blancas, muchos  hombres  blancos se unirán a sus filas porque  están cansados de la vida pacífica. El "pacifismo” seguirá siendo UN IDEAL y la guerra UN HECHO: y si los pueblos blancos están decididos a no hacer más guerras; las razas de color las harán y se convertirán en las dueñas del mundo”.

Si queremos paz preparémonos para la guerra (sentencia un conocido proverbio latino olvidado).

"Todos los que militáis
Debajo de esta bandera
Ya no durmáis no duermas
"Que no hay paz sobre la tierra"
 poetizaba virilmente Santa Teresa de Avila en el siglo XVI

  Que el  Anticristo –es muy probable- necesitará de un clima “pacifista” total (mediante la irresistible prédica de los medios masivos de comunicación de hoy existen) para reinar sin reacción legitima alguna, en la más absoluta impunidad corruptora. A este respecto, el glorioso pensador francés Charles Pegüy (muerto por la patria guerreando) hace decir a Juana de Arco en su “Mystere de la Charite de Jeanne D´Arc"   -obra teatral paradójica escrita a principios de este siglo- lo siguiente: “Siempre es lo mismo, la partida no es igual. La guerra hace la guerra a la paz. Y la paz, naturalmente, no hace la guerra a la guerra. La paz, deja la paz a merced de la guerra. La paz es muerta por la guerra. Y la guerra nunca lo es por la paz. Puesto que aquella no ha sido matada por la paz de Dios, por la paz de Jesucristo, ¿cómo se matará la guerra por la paz de los hombres? ¿Por una paz de hombre?  A lo que Hauviette –compañera inseparable de la heroína protagonista del drama-  le responde sensatamente a Juana con este estupendo razonamiento ANTIPACIFISTA: “Tienes razón… Lo mejor, si se pudiera, sería notar la guerra como tú dices. Pero para matar la guerra es necesario hacer la guerra; para matar la guerra hace falta un jefe de guerra…”. Y todo jefe de guerra debe reunir, a juicio de Pegüy —"para matar la guerra" precisamente- estas tres condiciones previas que dan importancia trascendental a su acción represiva: la de ser buen CRISTIANO, buen MILITAR y buen PATRIOTA (como lo fue en grado eminente la extraordinaria Santa Juana de Arco en la Francia de su tiempo, invadida por los ingleses). No lo olvidemos nunca: “Una buena guerra —la irrefutable frase de Chesterton- es mejor que una mala paz”. Ciertamente: la “buena guerra” a la larga o a la corta nos conducirá a la ansiada victoria final (o sea: a la buena paz); mientras que una “mala paz” desemboca siempre en fatales derrotas humillantes.

  Ahora bien, con nostálgicas letras de tango, implorando amor y perdón (sin contar el decadente folklore barato para el turismo que es pingüe negocio de los judios avivados), no se  solucionarán jamás nuestros conflictos   fronterizos provocados por agresores oportunistas que no dan cuartel; ni tampoco las catástrofes nacionales provenientes del renunciamiento a combatir en tiempo oportuno,  en defensa de históricos  límites argentinos ocupados por ambiciosos intrusos, serán resueltas a favor por los gobiernos de turno que se sucedan.  Aunque dichos intrusos -¿acaso para despistar?- se proclamen  “hermanos nuestros" de toda la vida. Porque digan lo que digan en 1980 nuestros   “expertos”  internacionalista    -gobernantes,  liberales y políticos de la línea blanda-,  el    “pacifismo”  ideológico elevado a la categoría de permanente conducta nacional… ES PECADO.


Revista Cabildo – 2° Epoca – Año IV – N°32 - 2 de abril de 1980

Artículos relacionados:

Nacionalismo Católico San Juan Bautista