San Juan Bautista

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lunes, 11 de abril de 2016

Novedad Editorial: Tres años con Francisco - La impostura bergogliana


 Tres años con Francisco

La impostura bergogliana

Miles Christi
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Indice

Nota preliminar.

Prefacio de Flavio Infante : Genealogía, ocasión y ventura de Francisco.

Introducción : Hoy, la devastación.

1. El extraño pontificado del Papa Francisco.
2. Blasfemoglio : crónicas de un impío. 
3. Francisco, el sínodo de obispos y los marcianos.
4. Francisco y su alter ego : del fotomontaje a la realidad.
5. Francisco y la buena onda.
6. Los discursos masónicos de Francisco.
7. Francisco, rabino de referencia.
8. Francisco el Destructor : una antología del magisterio bergogliano.
9. Documentos sobre la heterodoxia del cardenal Bergoglio.
10. Francisco y la raíz de los males sociales. 
11. Sobre la beatificación de Pablo VI.
12. Adivinanzas bergoglianas.
13. La impotencia de Dios según Francisco.
14. No hay respuesta al sufrimiento.
15. Sobre un artículo de Mundabor.
16. Ultimas fechorías de Francisco.
Conclusión: Mañana, la liberación.
Postfacio de Federico Mihura Seeber: Crisis terminal y papolatría.





Nota preliminar

La mayor desgracia para un siglo o para un país, es el abandono o la disminución de la verdad. Podemos recuperarnos de todo lo demás, pero jamás se recupera uno del sacrificio de los principios. (Monseñor Freppel)

Quienquiera que ama la verdad aborrece el error y este aborrecimiento del error es la piedra de toque mediante la cual se reconoce el amor a la verdad. Si no amáis la verdad, podréis decir que la amáis e incluso hacerlo creer a los demás; pero estad seguros que, en ese caso, careceréis de horror a lo que es falso, y por esta señal se reconocerá que no amáis la verdad. (Ernest Hello)

¡Basta de silencios! ¡Gritad con cien mil lenguas! Porque por haber callado, el mundo está podrido. (Santa Catalina de Siena)

Mis centinelas son ciegos, no tienen inteligencia. Son perros mudos que no pueden ladrar. Se acuestan somnolientos, pues son amigos de dormir. (Isaías 56, 10)

Los enemigos declarados de Dios y de la Iglesia deben ser atacados y censurados con toda la fuerza posible. La caridad obliga a gritar ‘‘¡al lobo!’’ cuando un lobo se ha introducido en medio del rebaño y aun en cualquier lugar en que se lo encuentre. (San Francisco de Sales)

Que un simple feligrés, completamente ignoto y carente de pergaminos, se decida a tomar la iniciativa de publicar una recopilación de artículos atacando a quien ocupa la sede petrina podrá sin dudas ser considerado como un gesto escandaloso por algunos, lisa y llanamente demencial por otros. Y con mucha razón.

Con la salvedad siguiente : ése sería el caso en circunstancias normales en la vida de la Iglesia, las que por cierto distan muchísimo de ser las actuales. Se trataría de un acto escandaloso, insensato y merecedor de una reprobación sin atenuantes si adoptara semejante actitud ante un auténtico pastor que condujese el rebaño de Cristo hacia el Cielo, guiado por la revelación divina y por el magisterio de la Iglesia. Este opúsculo sería evidentemente imperdonable si tuviese por blanco a un pastor que protegiera a las ovejas de los falsos doctores, si cargase contra un hombre de Dios que las resguardara de las jaurías de lobos rapaces que buscan seducirlas con sus falsas doctrinas y pervertirlas con sus malos ejemplos.

Pero resulta que ésa no es la situación en la que nos hallamos. Ni remotamente. No percatarse de ello es como no ver el sol en pleno mediodía. Es por ese motivo que, en las circunstancias presentes, este acto de denuncia es no solamente justificado sino particularmente necesario. La razón es muy simple : nos encontramos ante alguien que, en vez de confirmar a sus hermanos en la fe, se dedica a escandalizarlos sin solución de continuidad, con un frenesí diabólico y dando muestras de un atrevimiento sin límites. Los hechos a los que aludo, de público conocimiento, son tan numerosos y tan elocuentes que se podrían llenar bibliotecas enteras si se consignaran en los anales del actual « pontificado » y se llevara una  crónica meticulosa de su verborrágico e incontinente pseudo magisterio mediático.

Que « no existe un Dios católico », que « no me interesa » la religión en la que se eduque a los niños, que se puede « encontrar a Dios » en cualquier religión del « amplio abanico » existente, que Dios no hace « magia » sino que utiliza la « evolución », que Jesús no multiplicó los panes y los peces sino que enseñó a sus discípulos a « compartir », que María se rebeló contra Dios al pie de la Cruz y lo llamó « mentiroso », que lo que el mundo necesita hoy en día es una « conversión ecológica », que el proselitismo es una « solemne tontería », que la fe es incompatible con la « certeza », que la raíz de la felicidad reside en « vivir y dejar vivir » y un sinfín de otras declaraciones del mismo tenor, absolutamente inconcebibles no ya en boca de un papa, sino de cualquier cristiano…

Blasfemias escalofriantes que trasuntan una impiedad luciferina, todas ellas vomitadas por quien pasa por ser, a los ojos del mundo, nada menos que el « Vicario de Jesucristo » y el « Soberano Pontífice » de la Iglesia Católica. Ni más ni menos. Ver para creer…

En estos tiempos de confusión generalizada hay que evitar caer en la trampa sutil, falso dilema y diabólica celada, de sentirse desgarrado entre una obediencia engañosa, descarriada de su fin último, y la defensa incondicional de la fe ultrajada. Desafiar y desacreditar a la autoridad legítima es sin lugar a duda una falta grave y eminentemente reprobable. Guardar silencio ante la manifestación desembozada del misterio de iniquidad en la persona de un falso profeta y de un pastor inicuo no lo es menos.


Contraportada

Cuando el 13 de marzo de 2013 Francisco se dirigió por primera vez a los fieles desprovisto de ornamentos litúrgicos pontificios, dio signos que anunciaban lo que luego habría de suceder. El primero de ellos fue su sorprendente « buona sera », saludo profano inaudito en boca de un Soberano Pontífice y que trasuntaba su voluntad de desacralizar el ministerio petrino. Esta impresión fue confirmada cuando se inclinó ante la multitud, pidiéndole que rezara por él antes de bendecirla, respaldando así implícitamente el principio revolucionario de la soberanía popular. Tres días más tarde renovó su profesión de fe humanista impartiendo una  « bendición silenciosa » a los representantes de los medios de prensa reunidos en la Sala Pablo VI, alegando que no todos los allí presentes eran católicos o creyentes y que él debía « respetar la conciencia de todos ». Para entonces, la orientación de su « pontificado » estaba suficientemente delineada. Los acontecimientos posteriores no hicieron más que confirmar el simbolismo de esos gestos precursores, efectuados a manera de manifiesto ideológico y anunciadores de todo un programa de acción. Esta modesta recopilación de artículos no pretende ser exhaustiva, dado el carácter  inagotable de su « magisterio mediático », que él utiliza para sembrar sistemáticamente la confusión por doquier, sirviéndose para ello del prestigio que le confiere su investidura pontificia. Porque, como es sabido, el ocupante de la Casa Santa Marta lleva « dos cuernos semejantes a los de un cordero » (Ap. 13, 11), pero su lengua, y eso lo comprobamos a diario, no es otra que la del dragón… 


Prefacio

Genealogía, ocasión y ventura de Francisco

Ab homine inicuo et doloso erue me (Ps 42,2)

Causa subjetiva que motivó siempre la aparición y el contagio de las herejías es el escándalo, el tropiezo con el misterio revelado. «Feliz de aquel para quien Yo no sea motivo de tropiezo», dice el Señor, alabando con esto al alma que, por una empatía misteriosa a su vez (el inexplicable don de la fe), recibe con rendido crédito esa noticia suprarracional que tiene en el Redentor a su garante y causa.

Si por boca de sus doctores la Iglesia ha remitido una y mil veces el crimen de herejía (especialmente en caso de contumacia) al pecado capital de la soberbia, no es menos de advertir, en aparente paradoja, que nunca como en la herejía la exigua perspectiva humana ha confesado a su despecho su imposibilidad de proporcionarse a la mente divina: ocurre aquí que los hombres, conscientes de no poder «ser como dioses», se afanan en restarle a la Verdad revelada aquello que sobrepasa la humana comprensión. De lo que se trata ya no es de querer emular insensatamente a un Dios inalcanzable sino de rebajar a Dios al mero nivel de la razón humana, de anteponer al Logos divino el librepensamiento: tal el talante que la soberbia cobra en estas ocasiones. Ya Bossuet había señalado que así como es de católicos el avenirse al común sentir de la Iglesia -y acá queda glosada la nota de «universalidad»-, hereje es aquel que se aferra a sus propias ideas, digamos el hombre de opiniones particulares.

 Admitido el móvil de las herejías, entonces, en la aversión a lo sobrenatural, la consecuencia que se sigue es el carácter más o menos naturalista de todas ellas. De donde la ponderada, morosa simplificación a escala humana del contenido mismo de la fe. Por eso san Cipriano de Cartago dijo que la labor de los herejes era la de reducir la Iglesia a una dimensión meramente humana, humanam conantur facere Ecclesiam. Esto vale incluso para aquellas herejías que, negadoras del orden visible, contrariando al cabo la Encarnación, acaban separando irreconciliablemente tierra y cielo. Digamos un poco con Sartre que la heterodoxia es siempre una forma de humanismo.

Ejemplos históricos cunden, todos en la misma dirección, ora negando la unión hipostática, ora la necesidad de la gracia. Con el consabido reparo de que Mahoma no fue nunca cristiano -lo que lo exime, en rigor, de ser llamado “heresiarca”-, valga apelar con Belloc herejía al Islam, por haber intentado restablecer una religión puramente natural después de que Dios se dignara hablar a través de su Palabra. Esa simplificación brutal que Mahoma intenta de un cristianismo conocido apenas de oídas -como de vino nuevo que se vierte en odres viejos-, esa torsión naturalista de la religión en los tiempos nuevos de la Redención no pudo menos que arrojar frutos tan odiosos como la permisión de la poligamia y el fomento del odio homicida, hitos infrarracionales que documentan el fracaso de este género de empeños y que debieran servir a los doctrinarios de la moderna antropolatría para anticiparse al abismo de males que resulta de la recusación voluntaria del misterio[1].

Todo lo dicho hasta aquí sirva para situar nuestro tiempo en sus reales coordenadas, cuajadas por el avance de opiniones particulares de teólogos y prelados (incluyendo a los mismos pontífices) contra aquel quod semper, quod ubique, quod ab omnibus que san Vicente de Lerins cifraba como distintivo de la fe auténtica. Y que incluyen, como graciosa concesión a la humana ansia de novedad y para ofensa del carácter ucrónico de la verdad, la alteración del ritual de los sacramentos -siendo señaladamente sensible entre todos, por su centralidad y asiduidad, el de la Eucaristía-, la corrección del texto del Padrenuestro y la adición de cinco misterios al rosario, que se dijo facultativa y terminó siendo de fáctica imposición.

Esta consagración del cambio por el cambio mismo vino a pagar su tributo en especies al movilismo moderno, lo que sólo sirvió para corroer un poco más la menguada conciencia de la inmutabilidad que nuestros contemporáneos aún le conceden a algunas poquísimas cosas[2]. Nuevo el catecismo, nuevo el derecho canónico, remozado el proceso de canonizaciones, todo sirve para alentar a aquellos postulantes al doctorado en leyes o en ciencias económicas a que sigan encabezando sus tesis con citas de Heráclito, o a que aquel otro fulano víctima de la reingeniería social continúe sosteniendo el teorema incontrovertible de la perpetua vacilación de lo real. […]

Flavio Infante


Introducción

Hoy : la devastación

« Enemigos llenos de astucia han colmado de oprobios y amarguras a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado, y sobre sus bienes más sagrados han puesto sus manos criminales. Aun en este lugar sagrado, donde fue establecida la Sede de Pedro y la cátedra de la Verdad que debe iluminar al mundo, han elevado el abominable trono de su impiedad con el designio inicuo de herir al Pastor y dispersar al rebaño[3]. » (León XIII)

« Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se pone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. ¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto? Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que sea quitado de en medio. » (2 Tes. 2, 1-7)

« Y vi otra bestia que subía de la tierra; tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero pero hablaba como un dragón. » (Apoc. 13, 11)

« Vivir y dejar vivir es el primer paso hacia la paz y la felicidad[4]. »

« Yo creo en Dios, no en un Dios católico : no existe un Dios católico[5]. »

« Todo ser humano posee su propia visión del bien y del mal. Nuestra tarea reside en incitarlo a seguir el camino que considere bueno[6]. »

« Este buscar y encontrar a Dios en todas las cosas deja siempre un margen a la incertidumbre. Debe dejarlo. Si una persona dice que ha encontrado a Dios con certeza total y ni le roza un margen de incertidumbre, algo no va bien[7]. »

« Respecto a los panes y los peces quisiera agregar un matiz: no se multiplicaron, no, no es verdad. Simplemente los panes no se acabaron.

Como no se acabó la harina y el aceite de la viuda. No se acabaron. Cuando uno dice multiplicar puede confundirse y creer que hace magia[8]. »

« Si un niño recibe su educación de los católicos, protestantes, ortodoxos o judíos, eso no me interesa. A mí lo que me interesa es que lo eduquen y le quiten el hambre[9]. » 

« Dialogar no significa renunciar a sus propias ideas y tradiciones, pero sí a la pretensión de que sean únicas y absolutas[10]. » 

« El mundo ha cambiado y la Iglesia no puede encerrarse en supuestas interpretaciones del dogma[11]. »

« No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible[12]. » 

« El proselitismo es una solemne necedad, no tiene sentido. Es necesario conocerse, escucharse y hacer que el conocimiento del mundo que nos rodea crezca. […] Esto es importante, conocerse, escuchar, ampliar el marco de los pensamientos[13]. »

« Francia debe volverse un país más laico […] Una laicidad sana implica la apertura a todas las formas de trascendencia, según las diferentes tradiciones religiosas y filosóficas. Además, incluso un ateo puede tener una vida interior[14]. »



Conclusión

Mañana : la liberación

« Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que hacía señales en su presencia, con las cuales engañaba a los que habían recibido la marca de la bestia y a los que adoraban su imagen; los dos fueron arrojados vivos al lago de fuego y azufre. » (Apoc. 19, 20)

« Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre; y entonces todas las tribus de la tierra harán duelo, y verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y enviará a sus ángeles con una gran trompeta y juntarán a sus elegidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. » (Mt. 24, 30-31)

« He aquí que os digo un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. » (1 Cor. 15, 51-52)

« Por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. » (1 Tes. 4, 15-17)

« Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas y como el sonido de fuertes truenos, que decía: ¡Aleluya! Porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso ha tomado posesión de su Reino. Regocijémonos y alegrémonos, y démosle gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado. Y a ella le fue concedido vestirse de lino fino, resplandeciente y limpio, porque las acciones justas de los santos son el lino fino. Y el ángel me dijo: Escribe: ‘‘Bienaventurados los que están invitados a la cena de las bodas del Cordero.’’ » (Apoc. 19, 5-9)

« Entonces el ángel le dijo: ‘‘María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.’’ » (Lc. 1, 30-33)

« Los apóstoles reunidos le preguntaron: ‘‘Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel ?’’ Él les respondió: ‘‘No os corresponde a vosotros conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad.’’ » (Hch. 1, 6-7)

« Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. » (Mt. 6, 9-10)

« Y la realeza, el dominio y la grandeza de todos los reinos bajo el cielo serán entregados al pueblo de los Santos del Altísimo. Su reino es un reino eterno, y todos los imperios lo servirán y le obedecerán[15]. » (Dn. 7, 27)

« Cuando instituimos la fiesta de Cristo Rey y su solemne celebración en todo el orbe cristiano no sólo declaramos el sumo imperio de Jesucristo sobre todas las cosas, sobre la sociedad civil y la doméstica y sobre cada uno de los hombres, sino que también presentimos el júbilo de aquel faustísimo día en el que el mundo entero espontáneamente y de buen grado aceptará la dominación suavísima de Cristo Rey[16]. » (Pío XI, encíclica Miserentissimus Redemptor, 1928)

« ¡Aleluya! ¡Porque el Señor nuestro Dios todopoderoso ha tomado posesión de su Reino! » (Apoc. 19, 6)



Postfacio

Crisis terminal y papolatría

En tren de recomendar la lectura de este libro debo hacer una doble salvedad que puede aparecer paradojal en relación con ello. En primer lugar que, para mi alma, su lectura fue una ducha de vitriolo que puso a prueba mis tragaderas. No por lo que su autor dice, es claro, sino por los dichos y hechos de Francisco que el libro nos anoticia. Para mí, el “caso Bergoglio” está cerrado en el sentido que diré. Y, como les pasa a muchos, no quiero oír ni leer más de él. Pero además, en segundo lugar, este mi encomio es paradojal porque, puesto a pensar para quiénes la lectura del libro ha de ser beneficiosa, encontré con que hay dos “franjas”, las más extendidas de la feligresía, para las cuales el libro no ha de servir para nada.

Porque una de ellas, la más abultada por lejos, es la de quienes aprueban con entusiasmo estas “cosas de Begoglio” de las que el el autor nos anoticia y que son, para ambos,  el “baño de vitriolo” que digo. Y a ello añadirán solamente el recrudecimiento del odio hacia los cavernícolas que sufrimos el baño de vitriolo. Para estos, “francisquistas”, digamos, el libro los alentará, en su hereticismo, en razón de sus primicias, de las perfidias del interfecto: “Esto es precisamente lo que hacía falta. “¡Vamos Francisco todavía!”

Y hay otra franja para cuyos integrantes este libro no servirá, esta vez, para nada. Y esta es no ya la de los francisquistas sino la de los “papólatras”. Estos, sencillamente, ni lo leerán. O si pasan de las primeras páginas, terminarán tirándolo al tacho. Estas personas – identifíquelas cada uno en su entorno – aunque se sientan incómodas quizás con “algunas cosas”, resultan impenetrables a toda reflexión crítica respecto de lo que está pasando en el Iglesia. “Aquí no pasa nada”. Nada que no haya pasado mil veces en la historia de la Iglesia. Hay problemas, sí, pero como siempre los ha habido, y la Iglesia los ha superado.

Lo mismo será ahora: tenemos las promesas de Cristo, que dijo a Pedro…, etc., etc. Estos, alguno de los cuales ha dicho, o me dijeron que ha dicho, que “entre estar con la verdad contra los dichos del Papa, o contra la verdad con los dichos del Papa, me quedo con el Papa”. Lo cual es, sin duda, blasfemia. Porque estar con el Papa contra la verdad significa estar con el Papa contra Cristo. Ello no sólo porque Cristo es la Verdad, sino porque en el caso los dichos de este Papa – y de quienes lo secundan – contradicen palabras explícitas de Cristo en las Escrituras. Esta papolatría significa, pues, en la situación actual, venerar al Papa y no a Cristo. Con ello, pues, nada que hacer: el libro de Miles Christi no les sirve de nada. Son impenetrables.

Pero está también la otra franja. Y aunque los que forman parte de ella sean pocos, la lectura de este libro es fundamental para ellos, ya que puede ponerlos en camino de escapar de la apostasía a la que hoy conduce Francisco a los fieles católicos, “papolatría” mediante.

Y estos son los perplejos. Obedecen y honran al Papa, como instancia suprema de la autoridad en la Iglesia Católica, pero se sienten profundamente turbados en su fe por las increíbles infidelidades de este hombre respecto de la fe de siempre. Pero no son “papólatras”: son “papistas” solamente. Y no son impenetrables a razones: están abiertos a ellas. Quieren que se les resuelva la perplejidad.

Para ellos, digo, el libro que comento es de lectura fundamental. Y ello porque, de cualquier modo que sea que se supere la perplejidad, existe un presupuesto ineludible para lograrlo. El cual consiste en reconocer que este “Papa” no es verdadero Papa. Y que la “Iglesia” que lo secunda no es la verdadera Iglesia Católica. Que se trata de un Papa apóstata, que está llevando con él a la apostasía a la Iglesia Católica. Y que, por ende, lo que está pasando hoy en la Iglesia no es “un avatar más” de las crisis que la Iglesia siempre ha sufrido en la historia. Porque se trata de una crisis que – me animo a decir – no pertenece del todo al curso de la Historia, porque es una crisis terminal. Esto es el presupuesto a tener en cuenta por todo aquel que quiera permanecer fiel a Cristo hasta el final. Es necesario que los verdaderos fieles se anoticien de ello. […]

Federico Mihura Seeber




« Voi sapete che il dovere del Conclave era di dare un Vescovo a Roma.           
Sembra che i miei fratelli Cardinali siano andati a prenderlo quasi alla fine del mondo . »




« Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?  Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. » (Mt. 7, 15-19)


« El ladrón sólo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengáis vida, y para que la tengáis en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas […] Yo soy el buen pastor, y conozco a mis ovejas y ellas me conocen, de la misma manera que el Padre me conoce y que yo conozco al Padre. » (Jn. 10, 10-11; 14)





[1] Por lo demás, la herejía subsiste parasitando a la religión verdadera, de la que no constituye sino un deslucido remedo. Así como el demonio es el «mono de Dios», las herejías –que lo tienen siempre por fautor- acaban por ofrecer una imitación simiesca de la Iglesia. Con razón dice el Código de Graciano (siglo XII), con palabras de acuciante actualidad en nuestro días, que «el hereje es como a manera de los simios que, no siendo hombres, imitan la imagen humana. Reclama para sí la apariencia de la Iglesia católica y su autoridad y su verdad, no siendo parte de la Iglesia. Bendice lo que Dios maldice; aunque profano, se arroga la administración del sacerdocio y prepara un altar sacrílego».
[2]Con el acostumbrado exhibicionismo de sus premisas, Francisco ratificó el moderno paradigma del “cambio” en el curso de una de sus recientes homilías: «los cristianos detenidos en el ‘se ha hecho siempre así’ tienen un corazón cerrado a las sorpresas del Espíritu Santo y jamás llegarán a la plenitud de la verdad porque son idólatras y rebeldes [...] Los cristianos obstinados en el ‘siempre se ha hecho así’, ‘éste es el camino’, ‘ésta es la senda’, pecan: pecan de adivinación. La obstinación también es pecado de idolatría: ¡el cristiano obstinado peca!» (homilía del 18/01/16). No se sabe si admirar más la notoria detonación de epítetos contra los que aún tratan de guardar el depósito de la fe y el culto en tiempos de universal naufragio, o la mañosa utilización del nombre de Dios para unos fines tan siniestros. Convéngase, por lo demás, que esta exaltación del cambio por el cambio no supone en las mentes de sus promotores una concesión a la fortuna ciega, una loca opción por lo aleatorio, sino un programa bien definido hacia la completa apostasía.
[3] Extracto de la Súplica a San Miguel Arcángel, contenida en el Exorcismo contra Satanás y los otros ángeles caídos, publicada en las AAS de 1890, p. 743 : http://www.vatican.va/archive/ass/documents/ASS-23-1890-91-ocr.pdf y en el Ritual Romano de 1903, p. 227 : http://saintmichelarchange.free.fr/exoleon.htm, traducción castellana tomada de : https://www.aciprensa.com/recursos/las-oraciones-de-leon-xiii-a-san-miguel-arcangel-por-la-iglesia-1268/
[4] Respondiendo al periodista Pablo Calvo para la revista Viva el 7 de julio de 2014.
[5] Entrevista con Eugenio Scalfari el 24 de septiembre de 2013,  publicado el 1 de octubre en La Repubblica.
[6] Ibidem.
[7] Entrevista con el Padre Antonio Spadaro s.j. director de la Civiltà Cattolica el 19, 23 y 29 de agosto de 2013.
[8] Al Comité Ejecutivo de Caritas Internationalis el 16/5/2013.
[9] Entrevista con Gerson Camarotti de la televisión brasileña en julio de 2013 durante las JMJ de Río de Janeiro.
[10] Mensaje para la 48 Jornada mundial de las comunicaciones sociales : La comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro el 1 de junio de 2014.
[11] Entrevista con  Joaquín Morales Solá el 5 de octubre de 2014 publicado en La Nación.
[12] Entrevista con el Padre Antonio Spadaro s.j. director de la Civiltà Cattolica el 19, 23 y 29 de agosto de 2013.
[13] Entrevista con Eugenio Scalfari el 24 de septiembre de 2013,  publicado el 1 de octubre en La Repubblica.
[14] Audiencia del 1/3/2016 con una delegación de miembros de la agrupación política francesa Poissons roses, socialistas que se dicen de « tradición cristiana ».
[15] « Dico ergo, certum est hoc regnum fore Christi et Sanctorum : illudque non tantum spirituale, quale fuit in terra, cum ipsi persecutionibus, martyriis et morti obnoxii : sed etiam corporale ac gloriosum, quo scilicet Sancti et corpore et anima beati, cum Christo in coelis gloriose regnabunt in saecula saeculorum. Porro hoc regnum inchoabunt Christus et sancti in terra, mox post necem Antichristi ; tunc enim Antichristi regno everso, Ecclesia ubique terrarum regnabit, et fiet tam ex Judaeis quam ex Gentibus unum ovile, et unus pastor : et hoc innuitur hic, cum ait, non ‘‘quae est super’’, sed ‘‘quae est subter omne caelum’’, id est in omni terra, sive in omni plaga caelo subjecta. Deinde paulo post hoc regnum confirmabitur et glorificabitur in coelis per omnem aeternitatem. » (Cornelius a Lapide, Commentaria In Danielem Prophetam 7, 27)
[16] « Quod cum faceremus, non modo summum illud quod Christus obtinet in rerum universitatem, in societatem et civilem et domesticam, in singulos homines imperium in luce collocavimus, sed etiam gaudia iam tum illius diei praecepimus auspicatissimi, quo die omnis orbis libens volensque Christi Regis suavissimae dominationi parebit. »


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

domingo, 10 de abril de 2016

"Cuidado con los falsos pastores" - P. A. Gálvez Morillas


HOMILÍA 10 DE ABRIL DE 2016

II Domingo de Pascua

Evangelio: Jn 10: 11-16





Nota de NCSJB: Las homilías del Padre Gálvez Morillas se reproducen con autorización expresa de los propietarios de las mismas.



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

sábado, 9 de abril de 2016

Sobre la exhortación anticatólica de Bergoglio: Amoris Laetitia


Los católicos no pueden aceptar elementos de la exhortación del Papa que amenazan la fe y la familia - Voice of the Family

 Visto en: Adelante la Fe

  8 de abril de 2016 (Voice of the Family) – La promulgación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia del papa Francisco marca la conclusión de un proceso sinodal que ha sido dominado por los intentos de socavar la enseñanza católica sobre las cuestiones relativas a la vida humana, el matrimonio y la familia, sobre cuestiones que incluyen, pero sin limitarse a la indisolubilidad del matrimonio, la anticoncepción, los métodos artificiales de reproducción, la homosexualidad, “ideología de género” y los derechos de los padres e hijos. Estos intentos de distorsionar la enseñanza católica han debilitado el testimonio de la Iglesia sobre las verdades del orden natural y sobrenatural y han amenazado el bienestar de la familia, especialmente el de sus miembros más débiles y vulnerables.
La exhortación apostólica Amoris Laetitia es un documento muy largo, que analiza una amplia variedad de temas relacionados con la familia. Hay muchos pasajes que reflejan fielmente la doctrina católica, pero esto no puede, y no es así, disminuir la gravedad de los pasajes que socavan la enseñanza y práctica de la Iglesia Católica. Voice of the Family tiene la intención de presentar análisis completos de los problemas graves en el texto en los próximos días y semanas.

  Voice of the Family expresa las siguientes preocupaciones iniciales con el mayor respeto por la sede petrina y exclusivamente como consecuencia de un deseo sincero de ayudar a la jerarquía en su proclamación de la doctrina católica sobre la vida, el matrimonio y la familia y para construir el bien auténtico de la familia y sus miembros más vulnerables.

  Consideramos que al subrayar las siguientes preocupaciones cumplimos con nuestro deber como claramente se establece en el Código de Derecho Canónico, que establece:

De acuerdo con el conocimiento, competencia y prestigio que poseen, tienen el derecho e incluso a veces el deber de manifestar a los pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y dar a conocer su opinión al resto de los fieles cristianos, sin perjuicio de la integridad de la fe y de la moral, la reverencia hacia los pastores y cuidando la utilidad común y la dignidad de las personas. (Canon 212 § 3)


Admisión de los “divorciados vueltos a casar” a la sagrada comunión

  Amoris Laetitia, en el transcurso del capítulo VIII (párrafos 291-312), propone una serie de enfoques que preparan el camino para que los católicos “divorciados vueltos a casar” puedan recibir la comunión sin un verdadero arrepentimiento y enmienda de vida. Estos párrafos incluyen:

1.     Exposiciones confusas de la doctrina católica sobre la naturaleza y los efectos del pecado mortal, sobre la imputabilidad de pecado, y de la naturaleza de la conciencia;
2.     El uso de lenguaje ideológico en lugar de la terminología tradicional de la Iglesia;
3.     y el uso de citas selectivas y engañosas de documentos anteriores de la Iglesia.

  Un ejemplo particularmente preocupante de una cita errónea de la enseñanza anterior se encuentra en el párrafo 298 que cita la declaración del papa Juan Pablo II, realizada en Familiaris consortio, que existen situaciones “donde, por motivos graves, tales como la educación de los hijos, un hombre y una mujer no pueden cumplir la obligación de la separación”. Sin embargo, en Amoris Laetitia se omite la segunda mitad de la frase de Juan Pablo II, que establece que estas parejas “asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de parejas casadas” (Familiaris consortio, n° 84).

  Además, en la nota al pie de esta cita engañosa, leemos:

En tales situaciones, mucha gente, conociendo y aceptando la posibilidad que la Iglesia les ofrece de vivir “como hermanos y hermanas”, señalan que si faltan ciertas expresiones de intimidad, ‘a menudo sucede que la fidelidad está en peligro y el bien de los niños sufre’ (Segundo Concilio Ecuménico Vaticano, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 51).

  El documento hace referencia a este punto de vista erróneo, pero no explica por qué es un enfoque falso, que a saber es:

1.     Todos los actos sexuales fuera del matrimonio válido son intrínsecamente malos y nunca es justificable cometer un acto intrínsecamente malo, incluso con el fin de lograr un buen fin.
2.     “La fidelidad está en peligro” por los actos de intimidad sexual fuera del matrimonio, ya que la fidelidad se vive cuando dos individuos en una unión no válida, se abstienen de intimidad sexual en fidelidad a su unión original, que sigue siendo válida.
3.     La cita insinúa que los niños van a sufrir debido a que sus padres, con la ayuda de la gracia divina viven castamente. Por el contrario, esos padres están dando a sus hijos un ejemplo de la fidelidad, la castidad y la confianza en el poder de la gracia de Dios.

  El documento cita a Gaudium et Spes pero el pasaje se cita fuera de contexto y no respalda al argumento. El contexto deja claro que Gaudium et Spes está hablando de los católicos casados, en el contexto de la procreación, no de los que cohabitan en una unión inválida. La frase completa es como sigue:

  Pero cuando la intimidad de la vida matrimonial se rompe, su fidelidad a veces puede ponerse en peligro y su calidad de fecundidad arruinada, porque entonces la crianza de los hijos y el valor para aceptar nuevos miembros están en peligro (GS, n° 51).

  Por tanto, es difícil evitar la conclusión de que la Exhortación Apostólica está al menos planteando la posibilidad de que los actos sexuales adúlteros pueden en algunos casos ser justificables y ha citado mal Gaudium et Spes como si quisieran establecer bases para ello.

  Otros enfoques que atentan contra la doctrina católica sobre la recepción de los sacramentos serán discutidos por Voice of the Family en su debido momento.


Derechos parentales y educación sexual

  Amoris Laetitia incluye una sección titulada “La necesidad de educación sexual” (párrafos 280-286). Esta sección se extiende por más de cinco páginas sin hacer ni una sola referencia a los padres. Por otra parte se hace referencia a “instituciones educativas”. Sin embargo, la educación sexual es “un derecho y deber fundamental de los padres”, que “siempre debe llevarse a cabo bajo su dirección solícita, tanto en casa como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos” (Juan Pablo II, Familiaris consortio, n ° 37). Al omitir esta enseñanza, se les falla a los padres de manera grave en un momento en que los derechos de los padres respecto a la educación sexual están bajo un serio y sostenido ataque en muchas naciones del mundo, y en las instituciones internacionales. En esta sección Amoris Laetitia no cita ninguno de los documentos anteriores de la Iglesia que afirman claramente este derecho; sin embargo sí cita a un psicoanalista, Erich Fromm, asociado con la escuela de Frankfurt. Las referencias anteriores del documento a los derechos de los padres (párrafo 84), mientras que son bienvenidas, no pueden compensar la exclusión de los padres de esta sección.


Uniones homosexuales

  Amoris Laetitia, siguiendo un enfoque similar al adoptado anteriormente en los documentos sinodales, implica que “uniones del mismo sexo” pueden ofrecer una “cierta estabilidad” y pueden tener una especie de similitud o relación con el matrimonio. Afirma que:

Hay que reconocer la gran variedad de situaciones familiares que pueden ofrecer una cierta estabilidad, pero las uniones de hecho o del mismo sexo, por ejemplo, simplemente no pueden equipararse con el matrimonio. (Párrafo 53)

  Existe una gran presión en las instituciones internacionales para el rechazo de la concepción tradicional de la familia a través de la adopción de un lenguaje que se refiere como “variedad” o “diversidad” a las formas de la familia. La implicación de que “uniones del mismo sexo” forman parte de la “gran variedad de situaciones familiares” es precisamente lo que los grupos pro-familia están luchando con fuerza para oponerse. Al hacer uso de este lenguaje la exhortación apostólica socava la labor del movimiento en favor de la familia para proteger la verdadera definición de la familia y, en consecuencia, para proteger a los niños que dependen de la estructura de la familia deseada por Dios para su bienestar y desarrollo saludable.

  Cabe señalar que el párrafo 251 expresa la auténtica enseñanza de la Iglesia, vuelve a declarar que “no hay absolutamente ninguna razón para considerar que las uniones homosexuales sean de ninguna manera similares o incluso remotamente análogas al plan de Dios para el matrimonio y la familia”.


“Ideología de género”

  Amoris Laetitia respalda un aspecto central de la “ideología de género”, afirmando que “hay que destacar” que el sexo biológico y “género” socio-cultural pueden ser “distinguidos pero no separados” (párrafo 56). Esta aceptación del principio subyacente de la teoría de género socava la crítica, de otra forma bienvenida del documento de la ideología y sus efectos. La falsa idea de que el sexo biológico es distinguible del llamado “género” fue propuesto por primera vez en la década de 1950 y es el fundamento de la “ideología de género”. Si se acepta el primer principio erróneo de la “ideología de género”, la oposición a las consecuencias será imposible.


Los ataques contra la vida humana inocente

  Amoris Laetitia no lidia con la magnitud de la amenaza para los niños aún no nacidos, los ancianos y los discapacitados. Las estimaciones conservadoras indican que más de mil millones de vidas por nacer han sido destruidas por el aborto en el último siglo. Sin embargo, en un documento relativo a los desafíos de la familia, que es de 264 páginas, sólo hay un pequeño número de referencias de pasada al aborto. No hay ninguna mención de la destrucción causada por los métodos artificiales de reproducción, que también han resultado en la pérdida de millones de vidas humanas. La ausencia de una discusión seria sobre los ataques a la vida por nacer en este contexto es una grave omisión.

  También hay una mínima referencia a la eutanasia y el suicidio asistido a pesar de la creciente presión para su legalización en todo el mundo. Otra omisión muy lamentable, es asimismo no discutir adecuadamente esta amenaza.


Anticoncepción

  Amoris Laetitia otra vez no expone adecuadamente la doctrina católica sobre el uso de anticonceptivos. Este es un descuido preocupante teniendo en cuenta que (i) la separación de la procreación y unión del acto sexual es un catalizador importante para la cultura de la muerte y que (ii) existe una desobediencia generalizada e ignorancia de las enseñanzas de la Iglesia en esta zona precisamente debido al fracaso de la jerarquía de comunicar esta verdad. La discusión del documento sobre conciencia es igualmente deficiente tanto en el párrafo 222, que trata de la “paternidad responsable”, y en el Capítulo VIII, que se ocupa de la admisión a los sacramentos de los que están en el adulterio público. El párrafo 303 es de particular preocupación, especialmente en la siguiente afirmación:

  Sin embargo, la conciencia puede hacer más que reconocer que una determinada situación no se corresponde con objetividad a las demandas generales del Evangelio. También puede reconocer con sinceridad y honestidad lo que por ahora es la más generosa respuesta que se puede dar a Dios, y llegar a ver con cierta seguridad moral qué es lo que Dios mismo está pidiendo en medio de la complejidad concreta de los propios límites, mientras que todavía no es totalmente el objetivo ideal. En cualquier caso, recordemos que este discernimiento es dinámico; debe permanecer siempre abierto a nuevas etapas de crecimiento y a nuevas decisiones que pueden permitir que el ideal sea más plenamente alcanzado.

  Esta declaración parece adoptar una falsa comprensión de la “ley de gradualidad” y sugiere que hay ciertas ocasiones en las que el pecado no sólo es inevitable, sino aun deseado activamente por Dios para esa persona. Esto sería claramente inaceptable.


Conclusiones

  Esta es sólo una breve introducción a los muy numerosos problemas que se encuentran dentro de Amoris Laetitia. Se necesitarán más estudios para sacar plenamente todas las implicaciones del texto pero ya es muy claro que el documento no da una exposición clara y fiel de la doctrina católica y conduce inevitablemente a conclusiones que podrían resultar en violaciones de la enseñanza inmutable de la Iglesia Católica, y las disciplinas que están inextricablemente fundadas sobre ella. Nuestro resumen inicial ofrece suficientes razones para considerar este documento como una amenaza a la integridad de la fe católica y el auténtico bien de la familia.

  Reiteramos una vez más que hacemos estas críticas con gran reverencia por la sede papal, pero con la conciencia de nuestros deberes como laicos católicos hacia el bien de la Iglesia, y nuestros deberes como activistas pro-vida/pro-familia para trabajar por la protección a la familia y sus miembros más vulnerables.


[Traducción Rocío Salas.]



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 5 de abril de 2016

La democracia como propiciadora y precursora del Anticristo - Augusto TorchSon



  Parece exagerado el presentar a la democracia como uno de los mayores males de este tiempo, sin embargo nos atrevemos a afirmarlo ya que es la generadora de las mayores  perversiones de la actualidad. Resulta lógico que así sea ya que las democracias liberales actuales, tienen como origen la revolución francesa con su consigna satánica de “Aplastad a la Infame” refiriéndose a la Iglesia.

  Si bien ya tratamos el tema de la soberanía popular que le sirve de fundamento a este sistema, podemos repasar el tema diciendo como León XIII enseñó con toda claridad que la perversidad de dicha propuesta radica en considerar que el poder procede del pueblo y que los que ejercen el poder lo ejercen no como cosa propia, sino como delegación del pueblo. Esto implica el error de desplazar a Dios como el origen de todo poder, pero además, plantea la inmensa mentira de considerar que el pueblo efectivamente gobierna, cuando la realidad indica que al elegir un mandatario, es éste el que gobierna y no el pueblo, teniendo absoluta independencia para actuar sin estar atados a ninguna promesa electoral o supuesto mandato popular. Y repasando una cuestión antes tratada y como para reforzar la cuestión sobre la mentira de la soberanía popular, recordamos lo que decía Fulvio Ramos al sostener que para que exista “poder” se requiere quien mande y quien obedezca, y si todos mandan, no hay quien obedezca, y si el pueblo no puede mandar, significa que no tiene dicho poder, y si no lo tiene, mucho menos lo puede transferir, y si esa soberanía popular no existe, arrastra al Estado el que no puede existir sin poder. Y nuestra Constitución Nacional como la de muchísimos países del mundo basan su sistema en esta inmensa y  ridícula mentira: la soberanía popular.

    Esta cuestión es la que estuvimos leyendo en las cartas que el Dr Caponnetto publicó en nuestro blog  (aquí y aquí), respecto de la disputa que sostuvo con el Dr. Hernandez sobre la cuestión de la “perversión democrática” y su participación en la misma.

  Ahora, el Magisterio eclesiástico en sus años gloriosos y con innegable base tomista estableció lo referente a estas cuestiones con incuestionable claridad; sin embargo, nos dicen que no tenemos que dogmatizar dicho magisterio, pero sin aclarar que es lo que consideran erróneo del mismo, lo cual nos hace suponer que este cuestionamiento tiene más que ver con justificar conseguir un lugar en el sistema y no con una defensa doctrinal. No fueron sólo los Papas León XIII, San Pio X, Pio IX y Pio XI (entre otros) los que manifestaron la correcta postura al respecto, sino hasta el mismo Pio XII al que hoy se le pretende atribuir amenazas de incurrir en pecado mortal a quienes no participen en el ritual religioso revolucionario del “sufragio universal”. Y así sofísticamente se justifica el accionar en el sistema con el “Dad al Cesar lo que es del  Cesar y a Dios lo que es de Dios”, como si lo político no tuviera su origen en el mismo Dios, o sea, reconocer al mismo Cesar como creatura (cualquiera sea el tipo de gobierno). Así al pretender justificar la participación política dentro del perverso sistema partidocrático de las democracias modernas el dr. Hernandez sostiene que: “Pensar que es imposible vivir en la política la moral católica es desconfiar de Dios y de la naturaleza movida por Él, y de que Dios ha hecho al Estado perfectivo del hombre, y estamos obligados a buscar el bien común político”, pero al realizar tal afirmación se presume que la única forma de la búsqueda del bien común, y por consiguiente de acción política es la que se da dentro del gobierno democrático,y además se desconoce la realidad por la cual, para llegar a dicho poder, los partidos políticos del mundo entero se financian con dinero proveniente del narcotrafíco, trata de blancas, juego, y demás actividades mafiosas, y en el caso de nuestro país, se cambian votos por promesas de puestos en la administración pública, subsidios, promesas de negocios con el estado, dinero y hasta droga según sean los sufragantes de clase media, alta, o baja. Y como si esto fuera poco se soslaya la realidad que demuestra con claridad que cada año en las democracias del mundo se imponen leyes más pervertidoras del orden natural, para degradar y destruir moralmente a las naciones a las que pretenden “perfeccionar” . Y al respecto decía Leopoldo Lugones: “Para quienes creemos que la bondad de un sistema político o social consiste ante todo en que sea practicable, lo cual significa la capacidad de realizar sus propósitos de bienestar común; que su persistente inadecuación a este objeto permite calificarlo de malo, y que la práctica del mal no ha de redundar en bien con prolongarse sino, al contrario, en mayor mal todavía; la fe que analizamos constituye un caso de optimismo frecuente que el demócrata en cuestión proclame su ateísmo como una expresión de superioridad intelectual . Entre Dios y el contrasentido irracional que acabamos de exponer, prefiere y profesa este último en nombre del racionalismo… firma todavía el demócrata, lo que ha menester reformar es el hombre y no el sistema; en otros términos, acomodar el cuerpo al traje  no el traje al cuerpo, con disparatada inversión de relaciones naturales, lógicas y posibles, aunque el sentido común enseña que si un traje incomoda se lo reforma, para cambiarlo definitivamente por otro cuando así tampoco sirve”.

  Por eso nos sorprenden los nacionalistas “católicos” que omiten la catolicidad a la hora de la acción política ya que esto conlleva el error esencial de buscar un bien común inmanente soslayando el más importante que es el trascendente, el espiritual; y así las sociedades civiles que son de derecho humano, se pretenden imponer por sobre la Iglesia que es de derecho divino. Y hoy hasta en la neoiglesia, aplicando inversiones antropológica similares, vemos que se promueve más el “como” sobre el “qué” que se traduce en la preeminencia de la “praxis” dejando en la estantería de las viejas reliquias a los dogmas y la sana doctrina.

  Es empíricamente comprobable como las masas democráticas destruyen sus sociedades en nombre de la libertad; libertad que consiste en buscar un bienestar personal prescindiendo de lo dispuesto por Dios. Por eso es que olvidando al supremo Ordenador, las democracias son verdaderos “desordenes ordenados”.

  El político católico no puede participar de una mentira para tratar de conseguir un eventual bien, y mucho menos en un sistema que para llegar al poder hay que hacer tantas concesiones con los principios que son innegociables para los católicos; ya que al llegar a tal objetivo, difícilmente pueda seguir llamándose católico. Meinvielle mencionaba las pautas que no pueden dejarse de tener en cuenta a la hora de actuar en la política en los gobiernos democráticos, esto si se pretende hacerlo desde una concepción católica de la política y enumeraba:

1.     La soberanía viene de Dios y no del pueblo
2.     El orden moral no es una creación humana
3.     El orden jurídico no es tampoco un producto del capricho humano y no puede contrariar la ley de Dios
4.     La ciudad no puede fundarse en el capricho de la multitud y debe procurar el bien común

  y analizando dichos presupuestos del actuar católico en la política democrática podemos observar lo siguiente: en el punto 1 se parte del presupuesto equivocado ya que todas estas se basan en la “soberanía popular”; con respecto al 2 queda claro que la moralidad impuesta por la democracia, en su búsqueda de tolerancia e igualitarismo y libertad sin límites, permite, promueve y defiende las más desviadas y antinaturales conductas; el 3 punto es evidentemente transgredido una y otra vez por los congresos que rechazan el orden natural con sus perversas legislaciones desconociendo al Supremo Legislador; y finalmente con respecto al punto 4 observamos como en las democracias, las multitudes apoyan frecuentemente todas las políticas que destruyen el bien común, en la medida en la que brinde o prometa un poco de confort y bienestar individual, esto lo vemos por ejemplo cuando se obliga a aceptar la homosexualidad como normal y buena a los niños en nombre de la defensa de supuestos “derechos de minorías” afectando la moral y salud espiritual y hasta mental de la mayoría hipotecando el futuro de las naciones pervirtiendo desde la infancia a las venideras generaciones. O sea, se deja al hombre librado a la esclavitud de sus vicios; vicios que se promueven como manifestación de su posibilidad de elegir, de elegir una libertad hasta en contra de Dios. Y por eso es que la democracia sustituye la verdad por el dialogo, por el consenso, y hasta el mismo “obispo de Roma” Bergoglio renuncia a la Verdad por “la cultura del dialogo y del encuentro” tergiversando constantemente el Magisterio inmutable de la Santa Iglesia Católica. Y hay que tener en cuenta que esos vicios que se consiguen aprobar y fomentar gubernamentalmente como formas de libertad, son introducidos científicamente con la reingeniería social ONUsiana a través de los medios de comunicación y la educación con su tentáculo a tal fin, la UNICEF.

  Por eso, en la democracia, al arrogarse hasta potestades que le corresponden a Dios, los Estados democráticos son absolutamente totalitarios, y a través del derecho positivo imponen coercitivamente la libertad viciosa para sus súbditos,  los cuales no pueden negarse a apoyar los mismos bajo la amenaza de ser sancionados penalmente. Decía Castellani respecto a estas sociedades modernas que imperaba el “hazte libre o te mato”.  Y reiterando decimos, que así se nos impone aceptar la homosexualidad como buena y hasta natural, la perversión infantil como educadora, el aborto como una cuestión de “salud”, y la inseguridad en nombre de los “derechos humanos de los delincuentes” dejando indefensa  a la población que no se puede defender porque eso sería hacer “justicia por mano propia”; esto entre miles de ejemplos más. Y nos seguimos preguntando: ¿qué bien puede conseguirse en ese contexto y con ese marco normativo? Como mencionamos antes, nuestra Constitución Nacional establece sus bases en la mentira de la soberanía popular, y encima agrega con rango constitucional perversos tratados internacionales, por los cuales se nos somete a tribunales internacionales en cuestiones, por ejemplo, de “´genero”, con el Protocolo de CEDAW, donde otra vez, desde la “ley magna” se nos obliga no sólo a aceptar errores e iniquidades contranatura, sino que además nos hace perder soberanía al someternos a foráneas y golablistas autoridades judiciales.

  La democracia convierte al Estado en dios, y la gente ya no espera del único y verdadero Dios nada sino del Estado. Y el Estado democrático se pretende omnipotente y omnipresente y de esa forma el totalitarismo de los Estados democráticos avasalla constantemente los derechos de Dios transgrediendo sus mandamientos y subvirtiendo el orden natural con leyes inicuas, que encima se pretenden en nombre del bien de la humanidad y sus libertades. Así se crean los derechos contra los deberes. El derecho natural, que tiene que ser la base de todo ordenamiento jurídico, si cabe aclarar, no se crea sino que se reconoce, pero los Estados democráticos están constantemente “ampliando derechos” creándolos, y pretendiendo así, ser dioses. Y el totalitarismo democrático impone estos “derechos” coercitivamente. Olvidado de Dios el pueblo se bestializa y se convierte en masa. Decía al respecto Pio XII en su radiomensaje navideño de 1944: “… el Estado es y debe ser en realidad, la unidad orgánica y organizadora de un verdadero pueblo” “Pueblo y multitud amorfa, o como suele decirse, masa, son dos conceptos diferentes. El pueblo vive y se mueve de su vida propia; la masa es de por sí inerte y sólo puede ser movida desde afuera. El pueblo vive de la plenitud de la vida de los hombres que la componen, cada uno de los cuales – en su propio puesto y según su manera propia – es una persona consciente de su propia responsabilidad y sus propias convicciones. La masa, por el contrario, espera el impuso exterior, fácil juguete en las manos de cualquiera que explote sus instintos o sus impresiones, presta a seguir hoy esta bandera, mañana otra distinta” “… El Estado… puede servirse también de la fuerza elemental de la masa, manejada y aprovechada con habilidad; en las manos ambiciosas de uno solo o de muchos reagrupados artificialmente por tendencia egoístas, el Estado mismo puede, con el apoyo de la masa reducida a máquina, imponer su capricho a la parte mejor del verdadero pueblo; el interés común queda así gravemente lesionado por largo tiempo, y la herida es con frecuencia muy difícil de curar”. Decía Peguy: “Sólo hay una medio de no ser demócrata, es ¡ser pueblo¡”. Cierto es que las masas se mueven por la pasión, y las élites que las manejan se mueven por la razón, por lo que esa herida a la que se refería ese gran Papa hoy tal vez sea imposible de curar teniendo en cuenta el poderío tecnocrático de los amos del mundo y promotores de las democracias universales. Por eso sin pretender ser negativos o pesimistas sino realistas, observamos que en las democracias socialistas o neoliberales (es decir comunistas o capitalistas) teniendo sus basamentos en el materialismo ateo, las posibilidades de una supuesta restauración con las herramientas y las reglas de juego del enemigo es imposible.  

  Meinvielle señalaba en su “Concepción Católica de la Política” que ante  el poder abusivo del gobernante se puede recurrir a la resistencia pasiva consistente en negar obediencia a las leyes injustas; a la resistencia activa legal pidiendo revisar la ley o la resistencia activa armada oponiéndose por la fuerza a la ley; y hasta la rebelión contra la autoridad de donde emana la ley, todo esto en orden a buscar el bien de la propia conservación, de la familia y de la sociedad. Sabemos sin embargo, que las posibilidades son bastante escasas porque la resistencia armada o rebelión requiere de unos medios a los cuales no podríamos acceder en el estado del supercontrol opresivo que la tecnología policíaca global actual posee. La resistencia legal es igualmente imposible al no contar con los medios para acceder a la misma, y nos quedaría la resistencia pasiva de negar obediencia a las leyes inicuas, cuestión que no sólo no es menor sino que hasta puede implicar el martirio de los santos de los últimos tiempos. Así por ejemplo, negarnos a vacunar a nuestros hijos con vacunas de dudosa efectividad o negarnos a impedir que se los instruya en perversiones sexuales en las escuelas por ejemplo, a pesar de que se presenten como actividades obligatorias. Esto cuando no, resistirnos a la implantación de un microchip o una marca en la frente o en la mano derecha. Pero si escasas son nuestras posibilidades de resistencia, lo que no está permitido de ninguna manera a un católico es aceptar y hasta aliarnos con el Estado enemigo de Dios y nuestra Patria con el pretexto de esperar ganar pequeños espacios de poder para en algún momento plantear un cambio “contrarevolucionario”. El uso de medios ilícitos para conseguir un bien eventual, ya no puede considerarse simplemente utópico, ya que mientras la persona que se introduce en el sistema para esperar el momento adecuado para ese supuesto “fin noble”, goza de sus beneficios (un buen sueldo, status social y escapar a la persecución) mientras que el pueblo espera las concesiones que pueda conseguir al mal intrínseco en vez de buscar el sumo de los bienes que es lo que corresponde en la acción política cristiana. Por ese motivo, rechazando la proposición del dr. Hernandez que mencionamos al principio, y sostenemos que no implica desconfiar de Dios el creer que no se puede participar políticamente como católicos en el sistema partidocrático servil al globalismo juedo-masónico para “mejorar el Estado perfectible”; sino que lo que realmente es desconfiar de Dios, es creer que se debe hacer concesiones con el mal intrínseco para buscar ese perfeccionamiento.

  No buscar un lugar en el poder mediante un sistema que compra voluntades, o el no votar o anular el voto, no es apatía, ni pecado mortal como se pretende hacernos creer, sino todo lo contrario; el colaborar activa y conscientemente con dicho sistema es pecaminoso porque se sabe que sólo conduce al mal y esto es comprobable desde los hechos. Así en la práctica, en la más liberal de las actitudes, separan la política de la religión, aunque pretendan sostener lo contrario, ya que soslayan los principios innegociables como católicos en el accionar político. Apatía es pretender que el cómodo accionar partidocrático pueda conducir a la grandeza de la Patria.

  Una producción cinematográfica relativamente reciente, “Lord of War”, relata el accionar de un “empresario” que vende armas a dictadores y terroristas, y termina sosteniendo que él no es culpable de que con las mismas se masacre gente. Lo mismo podríamos sostener del apoyar, en vez de resistir, a un sistema que promueve el genocidio más grande de la historia de nonatos entre muchísimas otras perversiones.

  En definitiva, contribuir con el sistema democrático actual, es colaborar con las mafias que lo financian, con la masónica ONU que lo condiciona, y con los banqueros judíos que desangran las naciones con la usura. Sostiene Pio IX en la encíclica Quanta Qura: “… cuando en la sociedad civil es desterrada la religión y aún repudiada la doctrina y autoridad de la misma revelación, también se oscurece y aun se pierde la verdadera idea de la justicia y del derecho, en cuyo lugar triunfan la fuerza y la violencia, claramente se ve por qué ciertos hombres, despreciando en absoluto y dejando a un lado los principios más firmes de la sana razón, se atreven a proclamar que "la voluntad del pueblo manifestada por la llamada opinión pública o de otro modo, constituye una suprema ley, libre de todo derecho divino o humano; y que en el orden político los hechos consumados, por lo mismo que son consumados, tienen ya valor de derecho". Pero ¿quién no ve y no siente claramente que una sociedad, sustraída a las leyes de la religión y de la verdadera justicia, no puede tener otro ideal que acumular riquezas, ni seguir más ley, en todos sus actos, que un insaciable deseo de satisfacer la indómita concupiscencia del espíritu sirviendo tan solo a sus propios placeres e intereses?. Sin embargo, esta observación que se constata en la realidad, se pretende no dogmática por lo que el considerarla es optativo, y se recurre, más bien, al democrático magisterio posconciliar que resulta menos incómodo.

  No podemos contribuir a destruir nuestra Patria en pos del internacionalismo masónico por más pretextos que esgrimamos a la hora de contemporizar con el mal supremo y generador de todas las perversiones actuales como lo es la democracia. La masonería al servicio de la judería, promueve la fraternidad democrática universal, pero fraternidad en la orfandad ya que la misma está desprovista de filiación divina; y esa judería como pueblo que nunca echa raíces en ningún lugar donde se establecen, pretenden desenraizar a los pueblos que les brindan hospedaje. De esta manera, destruyendo sus costumbres y tradiciones, los pueblos pierden su identidad y son fácilmente dominables. Y destruyendo nuestra identidad, nuestras familias y nuestras sociedades para lograr una amorfa aldea global, se quiere destruir nuestra Patria y para eso se ataca el debido amor que le corresponde de nuestra parte,  terminando con el sentido de comunidad en la gente. El individualismo es lo buscado y conseguido para la masa democrática, ya que al responder a caprichos no puede pensar en el bien común, sino en el exclusivamente particular. Sin embargo la Patria y a pesar de los intentos de destruirla y de la infidelidad de sus hijos, existe y nos subsiste. La Patria es trascendente, y repitiendo un comentario que le hicimos a una lectora y haciendo nuestras las palabras de Ramiro de Maetzu, afirmamos que la Patria es un espíritu formado por una acumulación de valores con los que se enlaza a los hijos del suelo que habitan. Entonces deberíamos seguir considerando Patria a esos valores fundacionales de nuestro territorio que hacen a la esencia de nuestra identidad y permanecen más allá del desconocimiento de los mismos por la mayoría. Es decir, por más que hoy no se los reconozca (y tal vez en mucho tiempo o hasta el final de estos) no dejan los mismos de ser los constitutivos de nuestro ser nacional. Ese ser nacional que no dejará de existir por más que se trate de con inmenso esfuerzo de borrarse por el internacionalismo apátrida que hoy maneja todos los gobiernos del mundo. Entonces los valores de nuestra Argentina siguen siendo los de San Martín y Rosas, los de Ecuador los de García Moreno, los de la Hispanidad los de Isabel la Católica y Carlos V, y si se trata de taparlos es porque saben que no pueden destruirlos simplemente porque no se puede borrar la historia. Podrán ocultarla, disminuirla y tratar de tergiversarla, pero ella permanecerá siendo la misma ya que tiene por Señor a Cristo mismo, al que igualmente hoy tratan de ocultar, disminuir y tergiversar y sin embargo no pueden cambiar lo que realmente es, y de hecho Él "Es el que Es". Y no hay verdad que no vaya a ser gritada desde lo alto de una montaña, por lo que no queda otra posibilidad más que predicar esa Verdad aunque duela, aunque cueste y Dios a su debido momento sabrá poner las cosas en su lugar. Por eso si hoy por ejemplo, la España masónica no representa a la Hispanidad, ni la Argentina con sus democráticos gobernantes cipayos la América Hispana, el espíritu de ambas es esencia y por lo tanto inalterable.

  Tengamos en cuenta que así como tendremos un juicio particular, también habrá un juicio a las naciones en donde se las juzgará en conjunto y a cada uno como miembro de ellas, en cuanto contribuimos a engrandecerlas o a destruirlas.

  En esta lucha metafísica del ser contra el no ser a la que asistimos, los gobiernos democráticos promueven la destrucción espiritual del hombre y lo animalizan y desocializan en nombre del humanismo y el socialismo; y la democracia tiene ese poder de corromper no sólo individualmente sino también, colectivamente, masivamente.

  En su mensaje radiofónico de 1952 decía Pio XII: “Es preciso impedir que la persona y la familia se dejen arrastrar al abismo al que tiende a arrojarles la socialización al término de la cual la terrible imagen del Leviatán llegará a ser una horrible realidad. Con todas sus energías librará la Iglesia esta batalla, en la que están en juego los valores supremos: dignidad del hombre y la salvación eterna de las almas”. Y creemos que ese tiempo está presente o muy próximo a realizarse.

  La diosa democracia promete el progreso indefinido por medio de la ciencia y de la técnica, y las masas confían más en estos medios que en Dios. Sin embargo, al corroborar cada día más que, en vez del paraíso terrenal prometido por la diosa democracia, ésta sólo trajo caos, desorden y perversidad, incluso la promoción de la democracia en los países que la resistieron sólo trajeron miseria y anarquía (Libia, Siria, Iraq, etc.); se está llevando a las masas democráticas a un estado de insatisfacción y hasta de desesperación que va a generar el ambiente propicio para buscar cambiar esa libertad excesiva por seguridad y ésta será la situación propicia para la aparición del único y personal Anticristo.

  La democracia a pesar de presentarse como un fin, es usada por sus promotores como un medio para llegar al punto de agotamiento espiritual de los pueblos en los que ellos mismos pidan “democráticamente” el fin de la misma en pos de una dictadura global que supuestamente traerá orden. Y ese es el tiempo en el cual aparecerá el que viene en nombre propio, el que se presentará primero como pacificador, ecumenista y ecologista, o sea como representante de los relativos valores que hoy se absolutizan para hacer que se adore a la creación con prescindencia de su Creador.

  Por todo esto nos negamos a contribuir con un sistema pervertidor, nos negamos a contribuir con el ideal de los que sostuvieron Ecrasez l’infame!, nos negamos a buscar como mal menor pequeñas concesiónes al mal supremo y a la suprema de la imposturas; nos negamos a contribuir entronizar al único y personal Anticristo.

  Se nos dice que es lícito buscar resultados positivos y por consiguiente, solo usar medios conducentes a tales fines; pero advertimos que esto se dice solamente para justificar que no van a entrar en la contienda sino cuentan con las herramientas indispensables para tener éxito, es decir, jugar siempre y cuando se crea que se está del lado ganador, y esto en lo referido exclusivamente al éxito temporal, sin tener en cuenta el fin último del hombre que es la salvación eterna. Por ese motivo, sin buscar “la fija” como los ludópatas, nosotros peleamos movidos por amor a nuestras familias, a nuestra Patria, a la Verdad misma, al Amor de los amores. Y sumándonos a Santa Teresa decimos que no nos mueve el cielo prometido ni el infierno tan temido, sino que nos mueve el ver a Nuestro Señor clavado en la cruz y escarnecido. Y nuestra lucha no tiene en cuenta las estadísticas ni las probabilidades humanas; nos anima la fe, nos sostiene la esperanza y nos impulsa el amor a Dios por sobre todas las cosas; el que nos lleva a bien amar a los nuestros y hasta a nuestros enemigos. Pero en ese bien amar a nuestros enemigos deseamos que se conviertan, que depongan su rebeldía hacia el Creador, pero no hacemos causa común con ellos adaptándonos al juego que nos proponen. La democracia no es un mal más sino el supremo propiciador de los males y entre esos el de la suprema impostura, la del Anticristo. Prefiramos entonces permanecer en la Verdad en soledad antes que en la mentira en multitud, y así, hasta perder humanamente con los amigos, en vez de ganar con los enemigos.

Augusto



Nota de NCSJB: Mientras reiteramos nuestro apoyo al Dr. Antonio Caponnetto en su desigual y solitaria lucha contra la perversión democrática, queremos agradecer grandemente el habernos obsequiado los dos tomos de su última producción literaria en defensa de la correcta postura política del caballero católico y recomendamos grandemente su lectura.




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

sábado, 2 de abril de 2016

Actualidad de Tomás de Aquino – P. Leonardo Castellani



  Santo Tomás es sumamente actual, e irá siéndolo más y más in dies. La razón es que intelectualmente no existirán más que Hegel y Tomás de Aquino trabados en lucha a muerte, dentro de poco. Estamparé aquí una afirmación osada, que a quien le parezca disparatada o temeraria no tiene más que pedirme se la pruebe… Es ésta: en la época en la que estamos, la Época Atómica (yo la llamaría “Parusíaca”), no habrá más filosofía. Habrá solamente Teología; la filosofía habrá retrocedido a sus raíces religiosas. Habrá una lucha religiosa a muerte entre el ateísmo y la Iglesia Católica, es decir, entre la teología de Hegel y la de Tomás de Aquino. Podemos adelantar que Hegel vencerá, pero no para siempre.

  Hace ya un siglo, el gran Menéndez Pelayo exclamó (en Ideas Estéticas, tomo 4,1): “¡No hay filósofos, y quizás no los habrá ya nunca!”, que es lo que estamos diciendo. Tampoco los hubo después del gran crítico hasta nuestros días. Pero, ¿y esa bandada de filósofos diseminados por todo? Aquí en Buenos Aires tenemos cinco… No son filósofos: son profesores de filosofía. Son discípulos, seguidores, epígonos e Hegel. Y lo mismo se ha de decir, pese a quien pese, de Bergson, de Max Scheller, de Gentile, de Julián Marías y de Ortega, etc., etc. Son a veces brillantísimos expositores, pero filósofos no son. Son flor de un día.

  El de Aquino tiene en pos de sí a quienes podemos denominar filósofos sil vous plait: Rosmini, Maritain, Marechal, Zeferino Gonzáles, Balmes, Ramírez; Josef Pieper, Haecker, Peter Wust… y otros. Y una brillantísima falange de expositores, como Zigliara, Mercier, Gustave Truc, De Wulf, Descogs, Rousselot, Sertillanges, Mandonnet, Thonnard, Mánser, Bochesnski, Garrigou Lagrange, Gardeil, Gredt, Gilson, etc. Se podría llenar una página de nombres.

  Vean por otro lado las numerosas “escuelas” de filósofos actuales, si no están todas (excepto los tomistas) tocadas de una manera u otra por Hegel: desde los neohegelianos puros, que son legión, hasta los ateos marxistas, materialistas, fenomenólogos, nietzchenanos… Eso irá en aumento hasta que no queden en finiquito más que la religión en su forma más pura y el hegelismo también puro, es decir, panteísta y ateo, con sus derivados, naturalismo y modernismo.

  El causante de esta polarización en marcha fue un teólogo extraño y poderoso llamado Sören Kierkegard – si lo quieren mejor en español, Suero Kirgegord -. Al fin de su vida, todas sus posiciones principales (testigo su expositor, traductor y biógrafo, Knud Ferlov) coincidían con las de Tomás de Aquino. Sobre esto hemos escrito un libro (“De Kirkegord a Tomás de Aquino”). ¿Cómo lo hizo? Rebatiendo a Hegel, con una refutación definitiva que está en su “Posdata no científica definitiva” principalmente, y luego en el resto de su obra. Educado en Hegel y Lutero, se desprendió con energía de los dos en el largo itinerario a Dios de su corta vida. Murió reducido a la Iglesia Católica, pues al teólogo oficial de la Iglesia. Tomás de Aquino, ya había llegado solo, a oscuras, sin conocer de él ni una línea.

  El historiador idealista Kuno Fischer escribió que Hegel era la “cúspide de la filosofía”. Si hubiera añadido “moderna” estaría en lo cierto. Hegel es el final del camino antitomista abierto por Descartes. Es el anti-Aristóteles, el Aristóteles inverdio, patas para arriba: el devenir en lugar del Ser. Pero tiene una potencia de pensar y sistemar comparable a la del Estagirita. Pues bien, el endiosado Kirkegord lo derrumba entero con sólo tirarle el cimiento: el comienzo del filosofar no es el Devenir, sino el Ser. Antes que Heráclito, Parménides, y mejor la síntesis de ambos: Tomás, el “Buey Mudo”.

  Lo primero que conocemos son las cosas sensibles, que por abstracción de nuestro intelecto nos llevan a Dios, tanteado en las tinieblas de los Sumo. El principio de no contradicción “nada puede ser y no ser” (a la vez, en el mismo sentido), eliminado por Hegel, es el in-eliminable. Es el gozne mismo de nuestro pensar. Claro, el que elimina el principio de no contradicción puede llegar después adonde quiera: a decir que el Espíritu Absoluto es a la vez Dios y el hombre, en continua evolución , por ejemplo.

  La filosofía greco-latina-cristiana dijo su última palabra en el de Aquino. La filosofía antiescolástia-anticristiana moderna dijo su última palabra en Jorge Guillermo Federico Hegel. Ya no queda nada que inventar: sólo se puede glosar y, si acaso, reconstruir y completar. Kirkegord quedó sepultado casi un siglo, y lo resucitaron los alemanes, traduciéndolo del danés después de la Guerra del 14. Y Santo Tomás estuvo sepultado como seis siglos y fue resucitado por el Papa León XIII. Los dos escribieron para nuestra época, la Época Atómica; o, si quieren creerme, la Época Parusíaca.


P. Leonardo Castellani


Gladius – Año 5. N° 14 Pascua de 1989. Págs. 43-44.


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