San Juan Bautista

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viernes, 30 de mayo de 2014

El Verdadero Tercer Secreto de Fátima - Por Alberto Villasana


  El título de este artículo puede causar asombro, ya que la mayoría conoce y da por auténtica la versión oficial, publicada por el Cardenal Angelo Sodano en junio del año 2000, en la que supuestamente se dio a conocer la revelación hecha por la Santísima Virgen María a los tres pastorcitos de Fátima, Portugal, en 1917. También se acepta que la "Hermana Lucía" validó ese texto al año siguiente y falleció en 2005.

  Sin embargo, existen suficientes pruebas de que la verdadera Hermana Lucía murió realmente el 31 de Mayo de 1949, fiesta de María Reina, y de que la fallecida en 2005 fue en realidad una impostora. También hay certeza de que existe una parte del Tercer Secreto que aún no se ha querido publicar oficialmente, si bien se ha dado a conocer ya de forma extraoficial y ofrecemos aquí una reflexión respecto a ella.

  Lucía Dos Santos ingresó al Carmelo de Santa Teresa de Coimbra en 1948, treinta y un años después de las apariciones de la Santísima Virgen en Fátima, teniendo 41 años de edad. Anteriormente, había sido religiosa de las Hermanas Doroteas, en Pontevedra, España, en donde ingresó en 1925, a los 15 años de edad, y profesó en octubre de 1928.

  Desde que estuvo con las Hermanas Doroteas tenía una salud muy precaria, motivo por el que, en 1944, Mons. Da Silva le ordenó escribir el Tercer Secreto de Fátima, temiendo que con su muerte se perdieran las revelaciones de Nuestra Señora.

  Después de ingresar al Carmelo de Porto, en Portugal, la salud de la Hermana Lucía continuó agravándose, y murió el 31 de mayo de 1949, al año y dos meses de haber ingresado.

  Cuando, 65 años después, murió la impostora "Lucía", el 13 de febrero de 2005, en el listado oficial de monjas fallecidas de los Carmelitas Descalzos pusieron a la Hermana "Lucía Dos Santos" en la casilla 265. Pero, por más de un año, apareció allí la fecha real de su fallecimiento, 31 de mayo de 1949, sin que nadie se diera cuenta. Hoy día aparece ya corregido (ver "Moniales Defunctae" de la Orden: (http://www.ocd.pcn.net/defunti/n_def9.htm).

  Con todo, nótese que aún hoy aparece como fecha de su profesión el 3 de octubre de 1928, lo cual simplemente no pudo haber ocurrido, ya que Lucía entró a la Orden Carmelita hasta 1948.

  ¿Porqué el obituario no reproduce el 31 de mayo de 1949 como la fecha de su profesión, como por mucho tiempo se manejó en las biografías oficiales? Por varias razones: la primera, porque la Regla carmelita establece que la profesión se hace hasta después de dos años de noviciado, mismos que Lucía no había cumplido y, la segunda, porque ese fue el día en que ella murió.

  El error, que por más de un año se mantuvo en el sitio de la Orden, llevó a que un lector preguntara ese extraño dato a los editores de Tradition in Action: (Ver tercera conversación titulada "Death Notice in Carmel Archives":


Traducción al español:

Pregunta:

  "No estoy a favor de las teorías de conspiración, pero a las bizarras fotos de la Hna. Lucía a las que se refiere Ms. Hovart añádase otro asunto bizarro: al mirar al sitio web de los Hermanos Carmelitas y ver los obituarios de monjas de 2005, dice que Sor Lucía murió el 31 de mayo de 1949. Esta lista ha estado allí por al menos un año sin que nadie la corrija, quizá ustedes me puedan explicar el porqué. Nuevamente: no creo en las teorías de la conspiración, pero las fotos son raras y esta fecha de fallecimiento me parece muy extraña. Solo quería hacer notar eso".

Respuesta de los Editores:

  "El cuadro 265 enlista correctamente la fecha de nacimiento y de profesión: nació el 22 de marzo de 1907 en Fátima, e hizo sus primeros votos como Hermana Dorotea el 3 de octubre de 1928. Pero es difícil entender por qué el sitio oficial de documentos puso como la fecha de su fallecimiento el 31 de mayo de 1949. Tal vez porque ella realmente murió en aquella fecha, y otra persona, que falleció en 2005, haya tomado su lugar".

  Tan es cierta esa posterior corrección, que en el documento digitalizado aparece aún, en las fuentes originales, la fecha del 31 de mayo de 1949, como se puede observar en la parte baja derecha:

 
  Por otro lado, las clamorosas discrepancias entre la verdadera Lucía y la impostora "Lucía" son la que documentan sin lugar a dudas que se trata de dos personas totalmente distintas. Las diferencias existen al menos en tres elementos: faciales, de caligrafía, y contenido del mensaje.


 En las fotos de la verdadera Lucía I y la impostora "Lucía" II se destacan:
   
Diversa forma de ojos:


Diversa forma de nariz, labios y mentón:



Diversa dentadura, boca, pómulos y mentón:


Verdadera Lucía de joven       Impostora "Lucía" de joven


  La caligrafía también es distinta, como lo revela el estudio elaborado por el Speckin Forensic Laboratories, empresa internacional especializada en falsificación de documentos. Las dos Lucías escriben distinto la "h", la "N" mayúscula, el saludo personal, la "g" minúscula, y las "S, s" mayúscula y minúscula:


  Por último cabe señalar que después de la segunda aparición, la Virgen María le había revelado a Lucía que sus primos, Francisco y Jacinta, morirían en breve, y que ella, Lucía, moriría "algún tiempo" después. Ese "algún tiempo" choca con la edad de 98 años que supuestamente tendría al morir en 2005: "Sim; a Jacinta e o Francisco levo-os en breve. Mas tu ficas cá mais algum tempo".

  Además, hay una prueba concluyente de que estamos ente una falsa "Lucía", y es que ésta apoyó la versión fraudulenta del 3er Secreto de Fátima operada por el Cardenal Sodano en el año 2000. Si se tratara de la auténtica Hermana Lucía no lo hubiera hecho, siendo ella la protagonista y principal conocedora del verdadero Secreto.

  Pero ¿quién creó a la falsa Hermana "Lucía" y por qué?

  Ante todo, es preciso exonerar al Papa Pio XII de este fraude. Él fue un gran creyente de las apariciones en Fátima, al punto que obedeció el mandato de la Virgen y consagró Rusia al Inmaculado Corazón de María el 7 de julio de 1952, si bien no obedeció en hacerlo con los obispos de todo el mundo.

  No. Todos los indicios conducen a un personaje de alto nivel en El Vaticano, con gran poder para influir en los superiores del Carmelo pero a espaldas del Papa, y por motivos de una agenda política personal.

  De haberse difundido el hecho de la muerte de la Hermana Lucía en 1949, los católicos de todo el mundo habrían reclamado la publicación del Tercer Secreto, ya que la Virgen había pedido que éste se diera a conocer a la muerte de la Hermana Lucía, o en 1960, lo que sucediera primero. Igualmente, la feligresía habría pedido la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, cosa que Pio XII no había hecho aún.

  ¿A quién en Roma le interesaba impedir ambas cosas, que se publicara el Secreto y se consagrara a Rusia? Principalmente a un personaje, al Sostituto de la Secretaría de Estado, Mons. Giovanni Battista Montini.

  En su libro "Undermining the Catholic Church", Mary Ball detalla que en 1944 tuvo lugar una reunión de alto nivel entre Montini y Palmiro Togliatti, líder del Partido Comunista Italiano que había vuelto de su exilio de 18 años en la Unión Soviética. En esa reunión, documenta, se pactó un acuerdo entre Democracia Cristiana, los socialistas y los comunistas, para obtener el control total de Italia en cualquier gobierno de la post-guerra, y también se esbozaron las condiciones para un acuerdo de acercamiento entre la Iglesia Católica y la Unión Soviética. Esa reunión, subraya Ball, se hizo sin el conocimiento de Pío XII, puesto que Montini se encargo hábilmente de ocultarle el asunto. En el libro "¿La Iglesia eclipsada?" se menciona que Montini y Togliatti eran amigos desde la infancia. Y afirma que no fue esa la única traición y engaño de Montini a Pío XII.

  Andreas Böhmler explica que la gota que colmó el vaso, y evidencia que se agotó la paciencia del Papa Pío XII, fue un desagradable incidente ocurrido en 1954, en el que se vio salir de El Vaticano a un hombre esposado que fue subido a un coche. Este hombre, despojado de su sotana por orden del Papa, no era otro que Mons. Alighiero Tondi, jesuita, secretario particular de Montini. Según trascendió, el secretario de Montini tenía acceso al Archivo Secreto Vaticano, y de allí obtenía los nombres de los sacerdotes que eran enviados detrás de la Cortina de Hierro. De ello le informaba a Togliatti, quien a su vez se lo transmitía a sus camaradas rusos quienes se encargaban de martirizar y asesinar a esos sacerdotes. En cuanto Pío XII tuvo conocimiento de estos gravísimos hechos, expulsó a Mons. Alighiero Tondi y lo sometió a juicio, en el que confesó ser agente de la KGB formado en Moscú e infiltrado en la Iglesia. Pio XII se quitó de encima a Montini enviándolo a Milán como Arzobispo, pero siempre le negó el birrete cardenalicio impidiendo así, al menos temporalmente, que pudiera ser considerado "papabile". Este gravísimo caso hizo enfermar a Pío XII.

  No solo al pro-comunista Montini, sino a varios modernistas y ecumenistas espantaba la posible publicación del Secreto a la muerte de la Hermana Lucía en 1949. El Hno. Michel de la Trinité en el Cap. VIII del Tomo III de su Corpus sobre Fátima, después citado por el P. Paul Kramer, dice que, además de Montini, existían otros opositores a la revelación del Secreto, entre los que destacaba el jesuita Edouard Dhanis:

  "El obstáculo estaba en Roma, y solamente en Roma. Era el clan de los partidarios de Dhanis, o más bien, el clan anti-Fátima, del cual Dhanis meramente había sido su portavoz. Monseñor Montini había sido trasladado, pero estaba su mano derecha, Monseñor Dell'Acqua, el nuevo sustituto de la Secretaría de Estado. El Padre Bea, confesor del Papa, aún estaba allí -él ya estaba secretamente enamorado del ecumenismo y listo para hacer todas las concesiones, especialmente en el área de la devoción mariana-. También permanecían el Padre Janssens, Superior General de los Jesuitas y Dhanis mismo, quien se había convertido en el experto cuasi-oficial de la Compañía -si no del Vaticano mismo- para todo lo concerniente a Fátima.

  La ofensiva más ingeniosa, la más tenaz, y ciertamente la más efectiva contra Fátima, fue conducida por el jesuita belga, Padre Edouard Dhanis, profesor de Teología en Lovaina de 1933 a 1949, quien enseñó luego en la Universidad Gregoriana de Roma, donde en 1963 fue nombrado Rector por Paulo VI. Con el paso del tiempo, él aparece hoy, a causa de su aparente objetividad y prudente moderación, como el más inflexible y terrible adversario de Fátima".

  Además, fue el propio Montini quien intervino para que la Hna. Lucía saliera de las Hermanas Doroteas de España y entrara al convento de clausura del Carmelo en Portugal. Montini se lo pidió personalmente al Obispo de Porto el 27 de agosto de 1947.

  Y es que a Tuy y Pontevedra acudían ya numerosos peregrinos y la Hna. Lucía estaba en el centro de la atención. Por ello urgía al grupo anti-Fátima trasladarla a la soledad, reclusión y silencio de Porto.

  En una carta que la Hna. Lucia escribió a su confesor, el P. José Aparicio Da Silva, el 11 de enero de 1946, le manifiesta su molestia por las maniobras que había para sacarla de Tuy-Pontevedra y trasladarla a Portugal. Comenta: "un padre de La Compañía de quien se sirvió el demonio, no sé qué cosas contó a la Madre Provincial".

  La impostora Hermana Lucía apareció por primera vez en público en 1957, a los ocho años de fallecida la verdadera Hermana Lucía. Fue en una entrevista con el P. Agustín Fuentes, con motivo de la causa de beatificación de Jacinta y Francisco. El Vaticano declaró que la entrevista había sido "fraudulenta", silenciaron al P. Fuentes regresándolo a México y lo alejaron de la causa de beatificación.

  Después, la impostora "Lucía" apareció en público en diversas ocasiones. En el año 2001, echaron mano de ella para que avalara como verdadero el texto del Tercer Secreto publicado por el Cardenal Angelo Sodano el año anterior. En realidad, esa publicación había sido un fraude mayor.

  El Cardenal Angelo Sodano solo dio a conocer la primera parte del Tercer Secreto, la visión que tuvieron los pastorcitos de Fátima, pero omitió la segunda parte, que son las palabras explicativas de la Virgen sobre esa visión. Los niños vieron, como bien dice el comunicado oficial, a un obispo vestido de blanco (que temían fuera el Papa) huyendo de una ciudad en ruinas, sobre los cadáveres de muchos sacerdotes y laicos, para posteriormente ser asesinado de forma violenta.

  Pero en vez de dar a conocer la explicación dada por la Virgen María a los niños, Sodano inventó una explicación falsa, afirmando que la visión se refiere al atentado que sufrió Juan Pablo II en la Plaza San Pedro en 1981.

  Eso es simplemente absurdo. Cuando el atentado de 1981, Roma no estaba en ruinas, el Papa Juan Pablo II no salió huyendo, no había cadáveres por las calles, y no fue asesinado posteriormente. Es decir, no hay absolutamente ninguna concordancia de ese hecho con la visión que tuvieron los niños.

  Por otro lado, si de verdad se refiriese a ese acontecimiento histórico, ¿por qué esperar veinte años para darlo a conocer?

  No. La visión que tuvieron los tres pastorcitos se refiere a una situación futura de la Iglesia que al día de hoy no ha tenido verificación. Además, cabe mencionar, la visión que tuvieron corresponde casi textualmente con la revelación que tuvo el Papa San Pío X en 1909: "He tenido una visión terrible: no sé si seré yo o uno de mis sucesores, pero vi a un Papa huyendo de Roma entre los cadáveres de sus hermanos. Él se refugiará incógnito en alguna parte y después de breve tiempo morirá una muerte cruel". Ese acontecimiento claramente no ha tenido aún verificación.

  El punto medular y delicado de la cuestión es que después de la visión que tuvieron los niños, la Virgen María les dio a conocer el significado de la visión, explicándoles claramente lo que sucederá con la Iglesia. Esas son las palabras que el Cardenal Angelo Sodano intencionalmente ocultó, dándole a la visión un significado diverso.

  En dos ocasiones, durante su visita a Fátima en mayo de 2010, el Papa Benedicto XVI corrigió las cosas y señaló que el contenido del Tercer Secreto de Fátima tiene un significado de futuro.

  No fue la primera vez que declaró algo parecido. En el año 2003, siendo aún cardenal, Joseph Ratzinger admitió públicamente, en una entrevista en el canal EWTN de la Madre Angélica, que la interpretación del Tercer Secreto podría ser diversa a la ofrecida en junio del año 2000, y también referirse a un acontecimiento futuro. Y algo más revelador aún: a Mons. Williamson, Ratzinger le confesó que el entonces Secretario de Estado lo obligó a aceptar la interpretación falsa: "Sodano me torció la mano" (ver Paronama Católico, Vol. 2, No. 14 (12/01/07).

  ¿Por qué se facilitó el separar la visión de las palabras explicativas de la Virgen? La razón está en que la Hermana Lucía escribió la visión y las palabras explicativas de la Virgen en dos documentos diversos.

El primer documento:

  Ella se enfermó gravemente en junio de 1943. Su superior, Monseñor Da Silva, temiendo que pudiera fallecer por la enfermedad, le ordenó, el 15 de septiembre, escribir el texto del Secreto. La Hermana le pidió la orden formalmente y por escrito. A partir de que la recibió, a la monja le atacó una extraña parálisis que ella consideró de tipo sobrenatural. Finalmente, el 2 de enero de 1944, la misma Virgen María se le apareció nuevamente confirmándole que esa era la Voluntad de Dios, y que le daría la fuerza y la luz necesarias para poder escribirlo, cosa que hizo al día siguiente. Sin embargo, por el decaimiento tan severo que tuvo, la Hermana Lucía sólo pudo escribir, en tres páginas de su diario, la visión, pero no las palabras de la Virgen que interpretan la visión.

El segundo documento:

  No fue sino hasta seis días después que la Hermana Lucía volvió a tener fuerzas y finalmente escribió, en una hoja suelta, las palabras explicativas de la Virgen respecto a la visión. Este hecho sucedió el 9 de enero de 1944 en la Capilla del Convento de Tuy.

  Existen varios testimonios, si bien indirectos, que confirman la existencia de dos documentos diversos: el Cardenal Ottaviani; el Cardenal Luigi Ciappi, teólogo personal del Papa Juan Pablo II; el Padre José Schweigl, enviado por el Papa Pío XII a visitar a Lucía en el Carmelo de Coimbra el 2 de septiembre de 1952; el Padre Agustín Fuentes, sacerdote mexicano postulador de las causas de beatificación de Francisco y Jacinta. Pero el más importante es el del Arzobispo Loris Capovilla, ex secretario particular del Papa Juan XXIII, quien pudo leer personalmente el segundo documento.

  Incluso se sabe en qué fechas, diversas también, llegaron ambos documentos a El Vaticano, en dónde se guardó cada uno de ellos por separado, y hasta en qué fecha los Papas los han leído. Toda esta historia se haya compendiada en diversas obras recientes: Andrea Tornielli (Il Segreto Svelato, Italia, 2000); la del vaticanista Marco Tossati (Il Segreto Non Svelato, Italia, 2002), la de Solideo Paolini (Fátima, non Disprezate le Profezie, Italia, 2005), la de Antonio Socci (Il Quarto Segreto di Fatima, Italia, 2006).

  En el segundo documento, que escribió la Hermana Lucía el 9 de enero de 1944, se encuentra descrito, con detalle, la verdadera explicación de la visión que tuvieron.

  Por cuanto a la entrevista del Cardenal Bertone con la impostora Hermana Lucía, para obligarla a afirmar que lo publicado por El Vaticano era el Tercer Secreto auténtico y completo, sin duda constituye la fuente más desacreditada. El relato que hace Bertone, de una entrevista que según él duró dos horas, consiste en tan solo 44 palabras en italiano (de lo que la impostora dijo en portugués), y de la que no hay ningún registro o grabación.

  Así dice el escritor y periodista Antonio Socci: "Tanto para acallar muchos rumores y leyendas, como para proteger al Vaticano de las acusaciones de manipulación, Bertone debería haber grabado, o a lo mejor también filmado, esos coloquios excepcionales para dejarlos a la posteridad. O al menos transcribir todo, preguntas y respuestas, para que la vidente pudiese al final firmarlos y evitar futuras y previsibles contestaciones. Pero increíblemente esos tres interrogatorios (mayo del 2000, noviembre del 2001 y diciembre de 2003), de al menos diez horas de duración, según el prelado, no fueron ni grabados, ni filmados, ni verbalizados. El prelado hoy nos explica que él "tomó notas". De modo que en los documentos oficiales de Fátima solo constan algunas pocas frases atribuidas a la monja, frases de credibilidad controvertida y para nada exhaustivas dado que las preguntas decisivas, las que eran adecuadas para aclarar todas las dudas, no las hizo, o al menos no son reproducidas por Bertone. Y lo que es peor, le atribuye hoy a la monja, que mientras tanto ya ha muerto y no puede desmentir nada, frases que no fueron reproducidas en el informe oficial del año 2000.

  Según Bertone, la monja con el texto del año 2000 enfrente, habría dicho "éste es el Tercer Secreto", "el único texto", y no he escrito ningún "otro". ¿Por qué una frase tan importante no fue reproducida por Bertone en la publicación oficial? ¿Y por qué no le preguntó el prelado a la vidente si escribió alguna vez la continuación de las misteriosas palabras de la Virgen dejadas en suspenso por el "etcétera" ("En Portugal el dogma de la fe se preservará siempre, etc.") que han sido consideradas siempre por los expertos el comienzo del Tercer Secreto? Realmente extraño. Del mismo modo que la otra frase que ahora, y solo ahora, muerta la vidente, el prelado le atribuye, según lo cual Lucía, cuando supo del atentado al Papa de 1981, "pensó enseguida que se cumplió la profecía del Tercer Secreto". ¿Por qué una confirmación tan decisiva jamás se incluyó en el informe oficial? ¿Por qué en el dossier Vaticano, que publicó el texto de la visión, nadie, ni sor Lucía, ni los cardenales Sodano, Ratzinger y tampoco el propio Bertone, escribió explícitamente que el atentado de 1981 fue el cumplimiento del Tercer Secreto? ¿Y por qué dijo Ratzinger que tal interpretación solo fue una hipótesis y no hubieron "interpretaciones oficiales" de la Iglesia, mientras hoy Bertone pretende imponerla como versión oficial? ¿Y por qué sor Lucía, en su carta al pontífice, adjunta al dossier Vaticano y escrito en el 1982 (un año después del atentado), explicó que "no constatamos todavía la consumación final de esta profecía", pero "nos estamos encaminando poco a poco a grandes pasos"? ¿Por qué en aquella carta al pontífice Lucía no hace mención del atentado que se había verificado hacía muy poco tiempo, si justamente era el cumplimiento del Secreto?

  Hay quien ha sostenido que Bertone no grabó ni verbalizó los coloquios con la vidente porque se habrían puesto de manifiesto las presiones psicológicas ejercidas sobre la monja de clausura, para inducirla a avalar ciertas tesis. Lo he rememorado leyendo la página del libro de Bertone donde el cardenal recuerda que en algún punto la vidente "se irritó" y le dijo "¡no estoy confesándome!" ¿A qué pudo contestar Lucía con esas duras palabras? ¿Quizá alguien le recordó a la anciana monja de clausura el poder eclesiástico y le insinuó la posibilidad de que le negase la absolución? No se sabe, porque el prelado, que recuerda bien la respuesta, por el fastidio de la monja, dice haber retirado su pregunta".

  El contenido de las palabras explicativas de la Virgen, a la visión que tuvieron los niños de Fátima, y que El Vaticano ha ocultado hasta ahora es este en resumen: un grave cisma, un enfrentamiento entre dos Papas, y cómo la apostasía, la destrucción de la fe, vendrá desde el vértice mismo de la Iglesia.

  Así declaró el Cardenal Karol Wojtyla, ante el Congreso Eucarístico de Pennsylvania, en 1977: "Estamos ante la contienda final entre la Iglesia y la anti-iglesia, el Evangelio y el anti-evangelio. Esas palabras hacen eco a la versión diplomática del Tercer Secreto circulada por el Papa Juan XXIII arriba mencionadas: "Habrá cardenales contra cardenales, obispos contra obispos. Satanás marchará en medio de ellos y en Roma habrá grandes cambios".

  Pero citemos otros testimonios:

  Cardenal Luigi Ciappi, 1995: "En el Tercer Secreto se dice que la pérdida de la fe, es decir la apostasía, saldrá de la cúpula de la Iglesia".

  Mons. Eugenio Pacelli, futuro Papa Pío XII, 1938: "Estoy obsesionado por las confidencias de la Virgen a Lucía, la niña de Fátima. La obstinación de Nuestra Señora ante el peligro que amenaza a la Iglesia es una advertencia divina contra el suicidio que supondría la alteración de la fe en su liturgia, su teología y su alma. Escucho a mi alrededor a los innovadores que quieren desmantelar la Capilla Sagrada, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, hacer que se arrepienta de su pasado histórico. Vendrá un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la Iglesia dudará como San Pedro dudó. Estará tentada a creer que el hombre se ha convertido en Dios, que su Hijo no es más que un símbolo, una filosofía como tantas otras, y en las iglesias los cristianos buscarán en vano la lamparilla donde Dios los espera y como María Magdalena gritarán ante la tumba vacía: ¿Dónde le han puesto?"

  El Padre Joaquín Alonso, archivista de Fátima: "El Tercer Secreto habla de la crisis de fe dentro de la Iglesia y a graves diferencias de la alta jerarquía superior de la Iglesia".

  El Cardenal Silvio Oddi, en 1990: "La Virgen Bendita nos alertó en Fátima contra la apostasía en la Iglesia".

  La beata Ana Catalina Emmerick, religiosa Agustina, en 1820: "Vi una fuerte oposición entre dos Papas, y vi cuan funestas serán las consecuencias de la falsa iglesia, vi que la Iglesia de Pedro será socavada por el plan de una secta. Cuando esté cerca el reino del anticristo, aparecerá una religión falsa que estará contra la unidad de Dios y de su Iglesia. Esto causará el cisma más grande que se haya visto en el mundo".

  Si esto es así, si ese es el contenido del segundo documento, entonces se explica el testimonio del Cardenal Luigi Ciappi, teólogo personal del Papa Juan Pablo II cuando dijo: "El Tercer Secreto se refiere a que la pérdida de la fe en la Iglesia, es decir, a que la apostasía saldrá de la cúspide de la Iglesia".

  Y se explican también las palabras del Padre Paul Kramer, "El antipapa y sus colaboradores apóstatas serán, como dijo la Hermana Lucía, partidarios del demonio, los que trabajarán para el mal sin tener miedo de nada".

  Al Padre Stefano Gobbi, fundador del Movimiento Mariano Sacerdotal, la Virgen María le reveló en 1979: "Las fuerzas masónicas han entrado a la Iglesia de manera disimulada y oculta, y han establecido su cuartel general en el mismo lugar donde vive y trabaja el Vicario de mi Hijo Jesús. Se está realizando cuanto está contenido en la Tercera parte de mi mensaje, que aún no ha sido revelado, pero que ya se ha vuelto patente por los mismos sucesos que estáis viendo".

  Si el segundo documento pone en descubierto la trama que altos masones clérigos infiltrados en la Iglesia están fraguando desde la cúspide de la Iglesia, se explican también las palabras del Cardenal Ottaviani cuando dijo: "El Tercer Secreto tenía que ser enterrado en lo más oculto, en el lugar más profundo, oscuro e inaccesible de la Tierra".

  Este sería el texto auténtico del Tercer Secreto de Fátima, fotografiado en 2010 y transmitido vía faxsimil a Tradition in Action:

 

Traducción al español:

JMJ

Tuy 1/4/1944

Ahora voy a revelar la tercera parte del secreto: Esta parte es la apostasía en la Iglesia!

Nuestra Señora nos mostró una visión de un individuo que yo describo como el "santo Padre" frente a una multitud que lo vitoreaba.

Pero había una diferencia con un verdadero santo Padre, la mirada del demonio, éste tenía los ojos del mal.

Entonces, después de algunos momentos vimos al mismo Papa entrando en una iglesia, pero esta Iglesia era la iglesia del infierno; no hay manera de describir la fealdad de ese lugar. Parecía como una fortaleza hecha de cemento gris con ángulos quebrados y ventanas similares a ojos; tenía un pico en el tejado del edificio.

Enseguida levantamos la vista hacia Nuestra Señora que nos dijo: Visteis la apostasía en la Iglesia; esta carta puede ser abierta por el Santo Padre, pero debe ser publicada después de Pío XII y antes de 1960.

En el reinado de Juan Pablo II la piedra angular de la tumba de Pedro debe ser removida y llevada a Fátima. Porque el dogma de la fe no ha sido conservado en Roma, su autoridad será removida y entregada a Fátima. La catedral de Roma debe ser destruida y una nueva construida en Fátima.

Si 69 semanas después de que esta orden se publique, Roma sigue su abominación, la ciudad será destruida. Nuestra Señora nos dijo que esto está escrito en Daniel 9:24-25 y Mateo 21:42-44


Argumentos que apuntan a la autenticidad del Secreto:

1. Respecto a su contenido, es una descripción que ciertamente coincide con la realidad de confusión que estamos viviendo en la Iglesia, con toda una serie de transgresiones a la liturgia y a la doctrina. Si este texto se hubiera revelado antes de 1960 sin duda podría haberse evitado gran parte de la presente crisis;

2. Respecto a su forma, corresponde totalmente con las otras dos partes previamente reveladas, y manifiesta una coherencia con el mensaje general de Fátima;

3. Se trata de un texto completo en sí mismo, con una introducción, una explicación en su parte central y una conclusión, y es de 25 líneas, tal y como el auxiliar del Obispo Da Silva, Mons. Venancio, vio a contraluz;

4. El sentido resulta comprensible para cualquiera que lee el texto, incluso con las referencias meta-temporales;

5. La grafía y el estilo corresponden a los observados en los escritos de la auténtica Hermana Lucía en la primera y segunda parte del Secreto.

6. Concuerda con lo expresado por las personas que han visto el verdadero Tercer Secreto de Fátima personalmente, y cuyos testimonios hemos mencionado arriba: el Papa Pío XII, los cardenales Alfredo Ottaviani, Luigi Ciappi y Silvio Oddi, el Arzobispo Loris Capovilla. Todos ellos mencionan que el contenido se refiere al cisma y enfrentamiento entre dos Papas, y a que la apostasía, la corrupción de la fe, vendrá del vértice mismo de la Iglesia.

  Por otro lado, mencionar el traslado de la piedra angular de la tumba de San Pedro a Fátima y la destrucción de Roma resulta llamativo ya que, cuando se reveló el Secreto, en 1917, todavía no se sabía que los restos de San Pedro estaban allí, lo cual avala el carácter sobrenatural, auténtico y profético del mensaje.

  Con todo, la expresión "la piedra angular de la tumba de Pedro debe ser removida y llevada a Fátima" se refiere de forma eminente a la autoridad doctrinal del papado, y deja de ser misteriosa por cuanto apunta a la legitimidad del sucesor de Pedro como "piedra angular" que vuelve a sostener el "dogma de la Fe", después de que éste ha sido adulterado.

  También hay que subrayar la coherencia que tiene esta versión auténtica del Tercer Secreto con la profecía católica en general. Dice, por ejemplo, la Virgen María en La Salette: "Roma perderá la Fe y se convertirá en la sede del anticristo". Y en el exorcismo del Papa León XIII se lee: "Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la dominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey". Y la famosa profecía del Papa San Pío X que ya citamos: "He tenido una visión terrible: no sé si seré yo o uno de mis sucesores, pero vi a un Papa huyendo de Roma entre los cadáveres de sus hermanos. Él se refugiará incógnito en alguna parte y después de breve tiempo morirá una muerte cruel", misma visión que tuvieron los pastorcitos de Fátima y El Vaticano dio a conocer en junio del año 2000.

  Llama la atención, en el auténtico Tercer Secreto de Fátima, la mención de los Papas Pío XII y Juan Pablo II, pues en el año en que se dieron las revelaciones gobernaba la Iglesia Benedicto XV, y después vendría Pío XI y luego otros tres más hasta llegar a Juan Pablo II.

  Pero aquí también hay concordancia con el conjunto de las revelaciones de Fátima respecto a la mención de Papas futuros que aún no se conocían, pues en la segunda parte del Secreto les dijo la Virgen: "La guerra pronto terminará (Primera Guerra Mundial). Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor". Si alguien hubiera inventado este texto no hubiera mencionado a Papas futuros, dado que esto podría haber sido señalado como una objeción. Es decir, la impugnación misma que se puede hacer a la autenticidad del texto se convierte en prueba de su autenticidad.

  Lo más dramático y grave del Secreto es la que se refiere a la fe: "En el reinado de Juan Pablo II la piedra angular de la tumba de Pedro debe ser removida y llevada a Fátima". De esto hablaremos más abajo.

  Y la parte más difícil, al menos desde le punto de vista teológico, es: "Si 69 semanas después de que esta orden se publique, Roma sigue su abominación, la ciudad será destruida. Nuestra Señora nos dijo que esto está escrito en Daniel 9:24-25 y Mateo 21:42-44".

  Las citas nos dicen que hay una correlación entre Fátima y las profecías escatológicas de la Biblia. La cita de Daniel se refiere a la "70 semana", faltante a las 69 semanas que se cumplieron desde Nabucodonosor hasta el bautismo del Mesías en el Jordán. Para los judíos, la "semana" (shabua) no son 7 días, sino 7 años. Por lo que entonces se verificaron 483 años.

  A ese lapso falta aún la "70 semana" que corresponde a los siete años del gobierno mundial del anticristo (denominada por Jesucristo la "Gran Tribulación"), en que iglesia apóstata estará al servicio del orden global anticristiano, y en que la Iglesia fiel a Dios y a la tradición será perseguida.

  Por ello, la mención de 69 semanas es literal, no puede subyacer a la interpretación judaica del Antiguo Testamento. Son propiamente 69 semanas naturales a partir de un acontecimiento concreto que el Tercer Secreto no menciona explícitamente.

  La otra cita, la de San Mateo, como explicando el que la autoridad doctrinal petrina sea retirada al Papa y transferida a quienes son fieles a la tradición y al mensaje revelado en Fátima, consiste en la condena lanzada por Jesucristo a las autoridades judías farisaicas que rechazaron al Mesías: "Ahora yo les digo, a ustedes se les quitará el Reino de los Cielos, y le será entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos" (Mt 21, 42).

  La "abominación" en que vive Roma actualmente es debida a la infiltración masónico-comunista a la que se refiere el Padre Gobbi, y cuya máxima expresión cristalizará a futuro en el gobierno mundial del anticristo con la complicidad de la nueva iglesia. El plan es construir un gobierno centralizado, socialista y ateo, del cual la falsa iglesia proclamará que puede ser considerado como "cristiano".

  Uno de los mayores secretos con relación a la Iglesia y al Concilio Vaticano II es el "Pacto de Metz". En agosto de 1962, en la ciudad francesa de Metz, el cardenal Tisserant, siguiendo órdenes precisas de Juan XXIII, llevo a cabo un pacto entre la Santa Sede y el patriarca ortodoxo Nikodim, enviado por el politburó soviético. Con ese pacto, la Iglesia se comprometía a que en el Concilio no habría ninguna condena contra el comunismo y el marxismo, a cambio de que los rusos enviaran dos representantes al Concilio.

  Ese Pacto era una traición, ya que el Papa Pío XI, en 1937, había enseñado y explicado ampliamente, en su Encíclica Divini Redemptoris, que "el comunismo es intrínsecamente perverso; y no se puede admitir que colaboren con él, en ningún terreno, quienes deseen salvar la civilización cristiana". Y ya en su Encíclica Non Abbiamo Bisogno había condenado la masonería, y en la Pascendi Dominici Gregis, había advertido de la infiltración a la Iglesia: "Al presente no es menester ir a buscar a los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y esto es precisamente objeto de grandísima ansiedad y angustia, en el seno mismo del corazón de la Iglesia. Enemigos, a la verdad, tanto más perjudiciales, cuanto lo son menos declarados. Hablamos venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes. Ellos traman la ruina de la Iglesia no desde fuera, sino desde adentro; en nuestros días el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas. No hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper".

  La masonería fue creada por nueve prominentes judíos, en el año 43, en la corte del rey Herodes Agripa, con el nombre "La Fuerza Misteriosa" y con la finalidad de perseguir a los cristianos. En el año 1717 cambiaron de nombre y comenzaron a llamarla "Masonería" simulando públicamente una finalidad filantrópica. Pero el hecho de que en los grados superiores se conservase siempre el objetivo último de destruir la Iglesia y a la cristiandad, llevó a que los Papas, desde Benedicto XIV (1751) hayan establecido la excomunión para quien se adhiere a cualquiera de sus ritos, disciplinas, logias y sociedades secretas.

  La advertencia concreta del Papa Pio XI surgió porque en su pontificado se hacían contactos ocultos para hacer una "amnistía", un acuerdo inicuo entre la Iglesia y la masonería negra pro comunista. El primer encuentro formal se tuvo, en 1926, en Aix-La Chapelle de Aachen, en la que se reunieron los sacerdotes jesuitas Herman Gruber y Joseph Berteloot, con los tres eminentes masones Kurt Reichl, del Consejo Supremo de Austria, Eugen Lenhoff, gran maestre de la Gran Logia Austriaca, y el doctor H. Ossian Lang, secretario general de la Gran Logia de Nueva York. Otra entrevista se tuvo, poco después, entre los sacerdotes Gruber y Mukermann, con el cabalista Oswald Wirth y el gran maestre grado 33 Albert Antoine, del Supremo Consejo Escocés, para planear la estrategia de crear un "socialismo global cristiano" vinculado al marxismo.

  En 1937, los dignatarios del Consejo Supremo de Francia emprendieron, con Oswald Wirth, la tarea explícita de propiciar el acercamiento entre sacerdotes católicos y la corriente espiritualista de la masonería negra.

  Contactos con grupos de la masonería siguieron teniendo eminentes jerarcas católicos como los cardenales Bea, Liénar, Frings, Köning y Suenens; los teólogos Han Küng, el dominico Schillebeckx y el jesuita Van Kolsdonk. En París, el delegado apostólico Angelo Roncalli trabajaba por una "reconciliación" entre la Iglesia y la masonería, ya que él mismo había sido iniciado en la logia Rosacruz siendo delegado apostólico en Turquía. En 1953, después de haber sido investido cardenal por Pio XII, quiso regresar a Francia para encontrar al gran masón Vincent Auriol, ante quien se arrodilló para que éste le re-impusiera el capello cardenalicio, ratificando así su lealtad a la masonería.

Angelo Roncali recibiendo el birrete de manos del masón Vincent Auriol

   La revolución había de comenzar en las mentes. En 1946 los jesuitas de Bruselas crearon el Centro Lumen Vitae, con el supuesto de crear y diseminar publicaciones "catequéticas". Pero el propósito de la organización era otro. Dice Farley Clinton en The Wanderer: "Se trataba de una institución dedicada al rechazo de las ideas recibidas y a vaciar la enseñanza religiosa de todo contenido tradicional. Lumen Vitae tuvo un financiamiento amplísimo desde un principio y se creó para funcionar como un movimiento mundial".

  Antes del Concilio se tuvo una reunión secreta de alto nivel, en Münich, presidida por el pro-comunista arzobispo de Milán Giovanni Battista Montini, en la que repasaron los planes de manipulación doctrinal liberalista al detalle. En dicha reunión estuvieron presentes Hans Küng, Bernard Häring, Suenens, Döpfner y Köning.

  Escribió posteriormente Küng en la revista Concilio, Reforma y Reunión: "Todo lo que se presentara al Concilio debía filtrarse previamente a comisiones seleccionadas con cuidado, y luego seguir adelante, no tanto como si fuera voluntad de los obispos, sino como por voluntad del Papa". En efecto, algunos obispos reconocieron, años más tarde, que se les había convencido de firmar bajo ese argumento.

  Terminado el Concilio, un grupo de sacerdotes, obispos y cardenales adheridos a la masonería, entronizaron a Satanás en una misa negra llevada a cabo en la Capilla Paulina de El Vaticano. El rito tuvo lugar en la fiesta de San Pedro y San Pablo, la noche del 28 al 29 de junio de 1963. Hubo un sacrificio ritual con un menor y cada uno de los asistentes, con su propia sangre sellada sobre un pergamino, ofreció su alma a Lucifer y juró solemnemente trabajar por la "Iglesia Universal del Hombre".

  En el libro de Galeazzi y Pinotti "Wojtyla Secreto", tanto el cardenal Secretario de Estado Jean Villot como Mons. Paul Marcinkus del Banco Vaticano IOR, son señalados como participantes en esa misa satánica, y como los ejecutores materiales del asesinato del Papa Juan Pablo I, quien tenía el plan de sacarlos de El Vaticano. Esto mismo lo afirma y documenta el Padre Jesús López Sáez en su libro "El día de la cuenta". El Cardenal Villot apareció como integrante masón de la "Lista Pecorelli" con los datos 6/8/166, 041/3 JEANNI:


  En su libro "Windswept House", el Padre Malachi Martin, exorcista, afirma que también el Cardenal Agostino Casaroli, Secretario de Estado de 1979 a 1990, participó en aquella misa negra de la Capilla Paulina, y fue expuesto como masón de la "Lista Pecoreli" con los datos 28/9/1957, 41/076 CASA. El Cardenal Casaroli fue el principal ejecutor de la Ostpolitik, la política de El Vaticano que costó la vida a millones de católicos que fueron entregados al comunismo. En su libro "Atentado al Papa", el autor Ferdinando Imposimato, quien es magistrado y juez, presidente honorario adjunto de la Suprema Corte de Cassazione de Italia, afirma que Casaroli estuvo al tanto del atentado contra Juan Pablo II y no hizo nada por impedirlo.

  Dice Malachi Martin en las páginas 492-493 de ese libro: "la organización de la Iglesia Católica Romana tenía dentro de sí una permanente presencia de clérigos que practicaban el culto a Satanás y lo apreciaban; de obispos y sacerdotes que se sodomizaban mutuamente y sodomizaban niños; religiosas que practicaban los ritos negros de la Wicca y que vivían en relaciones lésbicas... Cada día, incluso los domingos y los días santos, actos de herejía y blasfemia eran cometidos y permitidos en los sacros altares por hombres que alguna vez fueron llamados sacerdotes. Actos y ritos sacrílegos no sólo eran efectuados ante los sagrados altares, sino que tenían la connivencia, o al menos el tácito permiso, de ciertos cardenales, arzobispos y obispos... Su número total era minoritario, como del uno al diez por ciento de los consagrados. Pero de esta minoría, muchos ocupaban sorprendentemente altas posiciones o rangos".

  También el Padre Gabriele Amorth, exorcista oficial de la diócesis de Roma, ha declarado en diversas ocasiones que está al corriente de la existencia de las sectas satánicas en El Vaticano y de sus actividades contra la Iglesia.

  A todo esto es a lo que se refieren las advertencias de la Virgen María en el Tercer Secreto de Fátima: "si Roma sigue su abominación, la ciudad será destruida".

  Llama la atención que el destino del mundo en estos días gira entorno a Rusia. La Virgen en Fátima avisó, en 1917, apenas unos meses antes de la Revolución Bolchevique, llevada a cabo por eminentes judíos, que si Rusia no se convertía y no era consagraba por el Papa a su Inmaculado Corazón, esa nación esparciría sus errores por todo el mundo.

  Y así ha sido. La caída del Muro de Berlín facilitó que el marxismo se difundiera más ampliamente a nivel global, y hoy nos encontramos con organismos mundialistas como la ONU, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, etc... plagados de principios socialistas y marxistas. También llama la atención la difusión de las políticas internacionales para reducir la población, entre las que destaca el crimen del aborto, siendo que el gobierno de Lenin fue el primero en legalizarlo en 1920.

  Por otro lado, conviene recordar que Rusia sigue siendo un bastión de la masonería negra -conocida como "iluminista"- cuya finalidad es establecer un gobierno mundial centralizado y ateo a través del comunismo. "La meta específica de los Illuminati, escribe John Robinson citando al fundador Adam Weishaupt, es abolir el cristianismo y derrocar los gobiernos civiles".

  Los pasos para la ocupación global, de la que algunos eclesiásticos son colaboradores, fueron claramente definidos por Albert Pike, Gran Soberano del Antiguo y Aceptado Rito de la Francmasonería, en una carta que dirigió, el 15 de agosto de 1871, a Giuseppe Mazzini, Gran Soberano de los Illuminati después de Weishaupt. En ese documento establecía las tres guerras mundiales que habrían de provocar para poder implantar un Nuevo Orden Mundial bajo un Gobierno Mundial:

  La Primera Guerra Mundial habría de destituir a los zares católicos en Rusia para someter el vasto territorio ruso bajo el control de los Illuminati y poder usarlo como plataforma desde la cual difundir sus objetivos.

  La Segunda Guerra Mundial se realizaría exacerbando las diferencias entre el sionismo político y el nacionalismo germano, con el fin de consolidar y extender la influencia rusa y establecer en Palestina el Estado de Israel.

  La Tercera Guerra Mundial se suscitaría, dice textualmente, "exasperando las diferencias entre judíos y árabes para provocar un formidable cataclismo social que en todo su terror demuestre a las naciones el efecto del ateísmo absoluto, origen de la barbarie y de la más violenta confusión. Entonces, las muchedumbres, desilusionadas con el cristianismo y no sabiendo a quién adorar, recibirán la verdadera luz de Lucifer, en una manifestación que será resultado del movimiento general reaccionario, siguiendo la destrucción del cristianismo y del ateísmo, ambos conquistados y exterminados al mismo tiempo".

  Si leemos el libro "Tragedy and Hope", del Dr. Carroll Quigley, quien fuera historiador de la Universidad de Georgetown, vemos cómo el financiamiento de las dos guerras mundiales vino precisamente de los Illuminati, señaladamente de la dinastía Rothschild.

  El impacto de las "nuevas ideas" propagadas por la masonería eclesiástica está a la vista de todos. En conversaciones con católicos, muchas veces se escucha decir, por ejemplo, "el comunismo es algo bueno, aunque su puesta en práctica haya fallado", "el comunismo es parecido al cristianismo, porque se preocupa por los pobres", "si el mundo entero fuera comunista habría justicia social y todos viviríamos mejor", etc, etc.

  Son pocos los que reparan en que el comunismo, como bien dijo el Papa Pio XI, es "intrínsecamente perverso". Y lo es porque va en contra de la dignidad humana, al reducir la persona a una mera pieza dentro de un engranaje social que busca el bienestar material en este mundo con independencia de Dios, porque niega el derecho a la propiedad privada y a la posesión legítima del fruto del propio trabajo, porque persigue la igualdad mediante el odio de clases, porque no busca el Reinado Social de Cristo en este mundo, sino que trata de tergiversarlo y abiertamente lo persigue.

  En este sentido, no pocos católicos se han alarmado, y con razón, de que el Papa Francisco vuelva a introducir la Teología de la Liberación en la Iglesia, después de que a Juan Pablo II y a Benedicto XVI les costó grandes sufrimientos combatirla por las amenazas que implica contra la fe. En efecto, recién electo Papa, Francisco anunció que trabajaría por una "Iglesia de los pobres para los pobres" (cuando en realidad la salvación debe ser para todos), y en su Exhortación Evangelii Gaudium hizo una relectura marxista de la economía al criticar la libertad del mercado (misma que deriva de la libertad de la persona humana). En febrero de 2014 recibió en El Vaticano, con bombo y platillo, a Gustavo Gutiérrez, padre de la Teología de la Liberación, a quien Juan Pablo II había condenado por sus errores doctrinales. Por ende, le prologó su libro "Pobre y para los pobres". Todo esto no hace más que abonar en pro del gobierno mundial socialista que persigue la masonería.

  Desde luego que la Iglesia es santa. Lo sigue siendo, a pesar de la infiltración masónica, marxista y satánica. Y ello porque su fundador es Santo; porque sus medios, los sacramentos, son santos; y porque muchos de sus miembros han alcanzado la santidad. No debería escandalizarnos el tema de la infiltración que se ha dado y se sigue dando en nuestros días. Si nos fijamos detenidamente, en El Vaticano es donde se encuentra el mayor satanismo, pero también la mayor santidad. Es el lugar en donde el bien y el mal libran la batalla suprema antes del establecimiento del Reino de Cristo.

  El mensaje de Fátima es una invitación a la conversión, a volver a Dios mediante la penitencia, la oración y la caridad. Pero también es un llamado a defender la fe contra cualquier relectura marxista del Evangelio que se nos quiera imponer. Y en este sentido es preciso volver a leer la Encíclica Divini Redemptoris del Papa Pio XI.

  Tal vez esa es la razón por la que algunos no quieren que se conozca el auténtico Tercer Secreto de Fátima ni la historia de la verdadera Hermana Lucía. Quieren alargar la mentira lo más que se pueda, para así lograr la perdición del mayor número de almas posible. Pero Jesús ha prometido el triunfo de su Iglesia y estar con nosotros "todos los días hasta la consumación del mundo". Más bien, hay que rezar para que los pobres satanistas, masones y marxistas recapaciten. Y para que la misericordia infinita de Dios toque sus corazones y se conviertan, evitando así la condenación eterna de su alma y que sigan dañando a la Iglesia. Todo es posible para aquel que cree.





  Nota de NCSJB: Nuestra intención no es generar una postura definitiva respecto a este tema, más sí poner en consideración una situación que puede llevar al discernimiento sobre el origen de muchos de los males que hoy se ven como humanamente invencibles en la Iglesia y el mundo.

  Hechos verificables desde el más obsecuente oficialismo como el caso del Mons. Tondi, condenado por espía comunista por Pio XII, profesor de ateísmo y casado con una dirigente marxista; sirven para entender el porqué de la conciliación con el mundo y por consiguiente con la Rusia comunista, pretendida desde Juan XXIII, terminaron dando cumplimiento a la profecía del comunismo expandiendo sus errores a todos los rincones del planeta como bien advirtiera Nuestra Santísima Madre la Virgen en Fátima. Recordemos que no solo fue llamado el obispo marxista y amancebado a colaborar con Pablo VI en su pontificado sino que Juan Pablo II le devolvió el estado clerical.

  Agregamos para mejor consideración del caso un par de fotos del sitio "Amor a la Verdad" que también trató extensamente el tema.



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miércoles, 28 de mayo de 2014

La figura anticrística en Dostoievski – Por P.Alfredo Sáenz S.J.


“La Leyenda del Gran Inquisidor”

  El texto de Dostoievski se encuentra en la segunda parte de “Los hermanos Karamazovi”. El gran novelista hace que Iván le lea a su hermano Alioscha un poema, donde intervienen sólo dos personajes: el Gran Inquisidor de Sevilla y Jesucristo, a quien aquél ordena detener y llevar a la cárcel, manteniendo allí un largo diálogo con él, o mejor, un prolongado monólogo, ya que Cristo permanece durante todo el tiempo en irreductible silencio. Dostoievski volverá allí a uno de sus temas predilectos, y es el valor del don de la libertad que Dios otorgó al hombre. Dios quiso que fuésemos dioses por la gracia, hijos del Altísimo, pero ello fue un llamado, una invitación. La fe es el acto que busca, encuentra y elige libremente el amor de Dios. El libre amor recíproco hace converger las dos voluntades, la del Dios que llama y la del hombre que responde, en un acuerdo “sintético”, como dice Dostoievski, en un acuerdo divino-humano. Éste es el mensaje capital de Dostoievski en todas sus obras.

  Pues bien, el Gran Inquisidor le recrimina a Cristo porque no consintió a las sugestiones de Satanás en el desierto. Si hubieras convertido las piedras en panes, habrías resuelto el problema social de la humanidad, habrías acabado con el flagelo del hambre, el frio y la miseria. Y todos te hubieran seguido, aclamándote por rey. Pero inexplicablemente respondiste: “No sólo de pan vive el hombre” (Mt 4, 4). Te pedían que multiplicases los panes y respondiste hablando del pan del cielo. “Me buscáis por los panes con que os he saciado. Buscad otro alimento” (Jn. 6, 26-27). Lo reprende, asimismo, por su falta de consentimiento a la segunda tentación, la de tirarse del pináculo del templo. ¿Por qué no lo hiciste? Todos te hubieran aclamado por un milagro tan despampanante, que no hubiera dejado ya lugar a ninguna duda, coaccionando el acto de adhesión. En continuidad con ello, hiciste mal cuando no quisiste descender de la cruz, como te pidieron los allí presentes. Y en cuanto a la tercera tentación: “Te daré todo el mundo si postrándote me adorares”, ¿por qué no la aceptaste? Hoy todo el mundo sería tuyo, todo el mundo te aclamaría. “¿Por qué desairaste ese último don? Si hubieras seguido ese tercer consejo del poderoso espíritu, habrías realizado cuanto el hombre busca en la tierra, a saber: a quién adorar, a quién confiar su conciencia, y el modo de unirse todos, finalmente, en un común y concorde hormiguero, porque el ansia de la unión universal es el tercer y último tormento del hombre.

  En cambio, le dice el Gran Inquisidor, nosotros hemos consentido a dichas tentaciones, hemos convertido las piedras en panes, hemos dado de comer a la gente, hemos unificado el mundo, y por eso nos siguen, aunque para hacerlo hayan tenido que abdicar de su libertad.

  La idea de Dostoievski es que Cristo rechazó las tres tentaciones del desierto, justamente porque representaban las tres formas de anulación de la libertad: por el milagro, por el misterio, y finalmente, por el poder de la autoridad. A su vez, Satanás las propone como las tres soluciones insustituibles para resolver los problemas de la existencia humana, apaciguando así todas las inquietudes de los hombres: convertir las piedras en pan, es solucionar el problema económico; triunfar de las leyes de la naturaleza por el milagro, es resolver el problema del conocimiento; reunir todas las naciones bajo el signo de la paz universal mediante el ejercicio de la autoridad despótica, es solucionar el problema político. El Gran Inquisidor acepta las tres tentaciones sobreentendiendo que la trascendencia no es para el hombre, que ella le queda demasiado grande, que éste debe abocarse con todas sus energías al mundo que le corresponde, el de la inmanencia. La sugestión satánica se manifiesta menos como una negación principista del absoluto, cuanto como una absolutización de este mundo, al margen de Dios…

  Destaquemos para terminar este sucinto análisis de la Leyenda, su índole netamente esjatológica. El Gran Inquisidor que disputa con Cristo, es un falso Cristo, sucedáneo suyo… En el Gran Inquisidor, Dostoievski encarna la idea opuesta a Cristo, presentándola en toda su grandeza. Es un esforzado asceta, muy por encima de intereses triviales o bastardos, que encubre un terrible secreto: su falta de fe en Dios. Al mismo tiempo comprende que hay gran cantidad de personas frágiles y timoratas, incapaces de soportar el peso heroico de la libertad que trae consigo el mensaje de Cristo. El Gran Inquisidor no cree en Dios, pero tampoco cree en el hombre, porque ambos son como la cara y el reverso de una sola y misma fe, la fe en el Dios-Hombre. Esto es precisamente lo que rechaza el Gran Inquisidor, la comunión del principio divino con el humano dentro de la libertad. Al imponérsele al hombre la prueba de la libertad, se lo ha juzgado más fuerte de lo que era en realidad, quedando así abocado a un dilema: de un lado la libertad heroica; del otro, la felicidad y la organización racional de la vida. La libertad con sufrimiento o la felicidad sin libertad. La inmensa mayoría de la  gente elige el segundo camino. El primero es el de unos pocos elegidos.


P. Alfredo Sáenz, S.J. – “El fin de los tiempos y siete autores modernos” Ed. Gladius 2008 – Págs. 130-135.


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lunes, 26 de mayo de 2014

EL PRIMADO PETRINO, ¿A NEGOCIARSE? – Por Flavio Infante


  A uno y otro lado del Atlántico no podía sino esperarse la previsible unidad de las consignas en la diversidad de las situaciones convocantes: en Tierra Santa, y perpetrando con su sola lengua una profanación que ni acaso los turcos selyúcidas igualaran en sus más sangrientas incursiones, Francisco fue toda melaza para con sus anfitriones (incluida una prevista ofrenda floral a la tumba de Theodor Herzl, padre del sionismo), ofreciendo sus estancias vaticanas para una oración común (¡¡¡!!!) con los presidentes de Israel y Palestina, a los fines de alcanzar la paz entre ambas naciones. Malabarista consumado en esto del diálogo, cuanto más con circuncisos, habrá que admitir sin atenuantes la declaración de Jorge Kirszembaum, ex-presidente de la Daia (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas), cuando soltó que «Bergoglio, bromeando sobre la fe, me hizo comprender el valor del diálogo».

  En rigor de verdad, el Obispo de Roma no ha dejado ni un momento de bromear sobre la fe en su año y pico de pontificado. Pero nos interesa el eco transatlántico de esta palabra-talismán, «diálogo», en el tradicional Tedéum del 25 de mayo. Allí fue que el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Poli, citando en su homilía a su mentor -hoy en el Trono Petrino-, redundó, por si no quedara lo suficientemente claro en tantos años de perseverante prédica, que «el Papa, un argentino nuestro (...), tanta veces dijo: "cuando los líderes de diferentes sectores me piden un consejo, mi respuesta siempre es la misma: diálogo, diálogo, diálogo"».

  Ya había hecho notar Romano Amerio que la palabra «diálogo», ausente por completo en todos los Concilios previos al Vaticano II (y en las Encíclicas y en la homilética también previas), aparece nada menos que veintiocho veces en los documentos del último Concilio. «Esta palabra, novísima en la Iglesia católica, devino, con propagación fulminante y con enorme dilatación semántica, el vocablo príncipe de la protología post-conciliar y la categoría universal de la mentalidad neotérica». Conque a otro perro con ese hueso de la presunta intrepidez en repetir lo que ya viene siendo pesadamente impuesto con el auxilio de todos los medios. Cuesta creer -en el hastío de estas sociedades ya sin nervio ni porvenir- que se le pueda atribuir mucha más fortuna a términos cuya sola proferición va inmediatamente asociada, en la percepción de los más, a oportunismo, impostación, falsete.

  Pero hay algo que destacar entre todas estas nimiedades ¡ay! asaz anticipables, y que debe entenderse como su consecuencia lógica, hoy lista a enunciarse sin rodeos. Consta, en el artículo reproducido por Giacomo Galeazzi en Vatican Insider acerca del encuentro entre Francisco y el patriarca de Constantinopla Bartolomeo I en el Santo Sepulcro, que aquél, en una enésima manifestación de su apertura al diálogo y a la "cultura del encuentro" con miras a la unidad de los cristianos, no tuvo mejor cosa que decir que «estoy dispuesto a discutir el primado petrino» (nótese que en la transcripción española de la noticia se omite esta declaración, que en el original italiano le da el título al reporte). Bomba de veras letal para la fe y la unidad de la Iglesia, era la perla que le faltaba arrojar a este verdadero oráculo de la demolición, aparentemente dispuesto a superarse a sí mismo en una carrera rauda y descendente que a todos nos involucra -y quizás espoleado, con oportunidad de su periplo, por ciertas vagas, indescifrables sugestiones palestinas- hacia el mismísimo Valle de Josafat.

  Por lo demás, ya había manifestado tiempo atrás no comprender esa expresión «principios no negociables». No se le puede negar, entonces, que habla y obra con alguna coherencia.





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jueves, 22 de mayo de 2014

Santiago Apóstol y la Hispanidad – Por Carmen Rodríguez


  España honra como a su Santo Patrono y Caudillo a Santiago el Mayor, el hijo de Zebedeo, primero de los Apóstoles que derramó su sangre por la Iglesia naciente y también el primero en llevar el Evangelio a la Hispania, esa tierra que el geógrafo griego Estrabón definió como una gran piel de toro tendida en la extremidad del Occidente, entre los montes de los Pirineos y las columnas de Hércules, frente al Océano tenebroso inexplorado.

  No en vano Santiago era “hijo del trueno”, no en vano poseía el carácter bravío que le llevó a pedir a Jesús el castigo del fuego para el pueblo samaritano que no quiso escuchar la Palabra.

  Santiago será llamado a evangelizar a esa “piel de toro”, a esa España como él áspera y bravía, España indomable que se constituiría más tarde en la defensora de la Cristiandad, la que soportará durante ocho soglos la arremetida salvaje del invasor musulmán, para permitir con su agonía la vida del Occidente Cristiano. “España evangelizadora de la mitad del orbe, España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma…” no solo va a recibir la Luz de la Fe por el Apóstol, sino que también va a gozar de su protección visible en los momentos más difíciles de su historia.

  Alrededor de cincuenta y siete apariciones se cuentan de Santiago para dar la victoria a las armas españolas, en igual número de batallas. De todas ellas la aparición del Apóstol en Clavijo es celebrada por la Iglesia que la conmemora el día 23 de mayo.

  Ocurrió cuando se iniciaba la Reconquista en la Península: Don Ramiro I, Rey de Asturias, entabla combate con los musulmanes en los campos de Iregua, Rioja, pero la suerte es propicia a las huestes de Abderramán, debiendo el ejército cristiano replegarse y buscar refugio en el castillo de Clavijo. Es en esa noche, preñada de tristeza y de desesperanza cuando Santiago se aparece a Don Ramiro y le promete la victoria sobre el infiel. Al amanecer el Rey convoca a sus hombres y les hace saber la promesa recibida. Cuando llega la hora de enfrentarse al musulmán al grito de “¡Santiago y Cierra España!”, ven aparecer traspasando las nubes al Apóstol, montado en brioso corcel blanco, enarbolando en su mano izquierda una bandera que ostenta la cruz bermeja, y en la diestra fulgente espada con que se abre paso, sembrando la muerte y la confusión entre los enemigos.

  Los ejércitos hispanos depositaron siempre su esperanza en la victoria por la mediación del Santo Apóstol, y nos cuentan las crónicas que los Reyes Católicos, Don Fernando y Doña Isabel hacían ondear el estandarte de Santiago en el sitio más alto de la plaza conquistada precediendo siempre éste al pabellón de Castilla.

  Era el espíritu de Santiago el que alentó la última y gloriosa Cruzada. Era su espíritu bravo e indomable el que sostenía el brazo del humilde requeté o el del falangista en la lucha. Era su espíritu el que quedó palpitando en el último y desgarrado “¡Arriba España!” de José Antonio, cuando en la fría madrugada de Alicante los fusiles sellaron labios que por haber dicho todo en esta tierra solo podían abrirse nuevamente en el Cielo.

  Pero el hijo de Zebedeo, el que mereció que la Ssma. Virgen lo visitara en carne mortal a orillad del Ebro, no limita su protección a la España sino que la extiende a toda la Hispanidad.

  La Hispanidad es el conjunto de pueblos que han sido conquistados por España, que de ella han recibido la Fe y la lengua, la dulce lengua de Fr. Luis, y que con ella tienen “un destino común universal”:

“Hispanidad es Acero
Del Apóstol Conquistador.
Espada que acaba en flor.
Hispanidad es Santuario
Cimentado en un Pilar
Que nadie podrá borrar.
Hispanidad es Castillo
En que defiende un león
Patria, Honor y Religión”.

  “España, nos dice José Antonio, no se ha justificado nunca sino por el cumplimiento de un universal destino…”, y también: “España no se justifica por tener una lengua ni por ser una raza, ni por ser un acerbo de costumbres, sino que España se justifica por su vocación imperial…”. Vocación Imperial que la hace aún más grande que Roma, pues como dice el Cardenal Gomá y Tomás: “Roma hizo pueblos esclavos, y España les dio la verdadera libertad. Roma dividió al mndo en romanos y bárbaros; España hizo surgir un mundo de hombres a quienes nuestros reyes llamaron hijos y hermanos. Toma levantó un Panteón para honrar a los ídolos del Imperio; España hizo del Panteón horrible de esta América un Templo al único Dios verdadero. Si Roma fue el pueblo el de las construcciones ingentes, obra de los romanos hicieron los españoles en rutas y puentes que al decir de un inglés, hablando de las rutas andinas, compiten con las modernas de San Gotardo; y si Roma pudo concentrar en sus códigos la luz del derecho natural, España dictó este cuerpo de las seis mil leyes de las Indias, monumento de justicia cristiana en que compite la grandeza del genio con el corazón inmenso del legislador”.

  La misión de España y de la Hispanidad ayer, hoy y siempre será la de significar a Cristo entre los pueblos y la de luchar para que Él reine y su reinado sea conocido y amado.

  Cada Pueblo tiene una vocación especial asignada por Dios. La nuestra es ésta, la del combate.

  En este momento se podría definir como la “hora y el poder de las tinieblas”, cuando todos los pueblos de la Europa cristiana se empeñan por marchar por caminos que los llevan a la rutina porque se alejan de Dios, queda como un baluarte la Hispanidad. Desde allí debemos iniciar nuestra Reconquista. Tenemos para ello la ayuda de la Ssma. Virgen, la que tomó posesión del solar hispano plantado en el suelo zaragozano el mojón de su Santo Pilar, tenemos también la ayuda de Santiago el Caudillo de la Hispanidad que como a Ramiro de Clavijo nos alienta al combate y nos asegura la Victoria.


Carmen Rodríguez

Revista Roma Julio de 1969 – Año III – N° 10 – Buenos Aires.



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