San Juan Bautista

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martes, 15 de julio de 2014

Cuando la Iglesia no salva pero entretiene - Por Augusto TorchSon


  La desnaturalización de la Iglesia a la que asistimos en los últimos 50 años, en este momento está llegando a un punto en donde se nos presenta como imperativo de coherencia reflexionar hasta cuándo puede ésta seguir considerándose católica mientras continúe con la promoción de esta cada vez menos disimulada apostasía.


  Para sostener nuestra afirmación no necesitamos más que leer un buen catecismo y confrontarlo con lo que hoy se enseña. Tan básico es lo que está perdido en el catolicismo actual que inútil es dar sólidos argumentos de sana doctrina, ya que éstos siempre serán refutados con sofistas contestaciones que no apelan a la razón ni al Magisterio sino al más pueril de los sentimentalismos.


  Considerando que la misión de la Iglesia tiene que ser llevar al Padre, por Jesucristo, en el Espíritu Santo, y para esto se nos exigió ir a las naciones y hacer discípulos, como no quedar atónitos cuando el Obispo de Roma, sostiene que: “No estoy interesado en convertir a los Evangélicos al Catolicismo. Quiero que la gente encuentre a Jesús en su propia comunidad. Hay tantas doctrinas en las cuales nunca estaremos de acuerdo. No gastemos nuestro tiempo en ellas. Más bien, tratemos de mostrar el amor de Jesús” (Aquí). Entonces según el proceder de Francisco la Iglesia Católica deja de ser Una, Santa, Católica y Apostólica para entrar a componer un sincrético conjunto de creencias donde lo importante es dejar de lado las doctrinas en las cuales nunca estaremos de acuerdo, para buscar el común denominador que, a veces es Cristo, a veces es un dios que no es católico y a veces el mismo de los musulmanes que no es trino o el de las demás falsas religiones, cuando no el "gran arquitecto" del deísmo masónico".


  En la nueva función del Papa hoy se renuncia a la de ser mediador entre Dios y los hombres y como supremo sacerdote procurar dar a todos los hombres los medios espirituales que estos necesitan para alcanzar la redención y salvarse. La misericordia bergogliana termina aboliendo el dogma de “extra ecclesiam nulla salus”(no hay salvación fuera de la Iglesia Católica) y evita predicar el verdadero Evangelio con el ánimo de no molestar a los que no están de acuerdo.


  Se podrá entonces argumentar que esas palabras las dijeron los telepredicadores evangelistas amigos de Bergoglio sin constar que de él provengan, y en similar sentido, ante una nueva entrevista con el ateo comunista Scalfari (aquí) vuelve el Vaticano a afirmar que se tergiversan las palabras de Francisco cuando en la anterior entrevista se dijo lo mismo. Lo que cabría entonces preguntarnos es ¿porqué no sale del mismo Francisco la corrección y porque reincide con gente que “supuestamente” lo malinterpreta?, sin embargo las transgresiones a la verdad católica ya salieron muchas veces de su propia boca y en incontables oportunidades como lo documentamos sobradamente.


  Lo que es indudable es que en las prédicas de siempre de Jorge Mario Bergoglio, éste nunca dejó de atentar contra la verdad de todas las maneras posibles; esto es: con el error, con la ignorancia, con la mentira y con la confusión. Y abandonando ya la obligación de cuidar el Culto Divino no queda otra cosa que entretener. Y si hay algo que ama el hombre moderno es estar distraído, le gustan los shows, y así como la televisión necesita para conseguir rating ser cada vez más procaz, más obscena ya que con el tiempo la morbosidad si no crece genera hastío; del mismo modo, observamos en la Iglesia transgresiones cada vez más groseras que encantan a las masas ignorantes, ignorantes ya no solo de la fe sino de la realidad misma. Y en este mundo paralelo y psicodélico de colores y emociones, se nos dice que se “evangeliza” omitiendo el Magisterio inmutable de la Iglesia. Y al levantar nuestras voces contra estas flagrantes acciones en contra de la Verdad Divina, se nos acusa de atacar la unidad de la Iglesia; pero entendiendo la unidad no en la fe, sino en el amontonamiento, en la Religión Universal, que no  es otra que la del Anticristo.


Augusto TorchSon




A fuerza de ver todo, se termina por soportarlo todo.
A fuerza de soportar todo, se termina por tolerar todo.
A fuerza de tolerar todo, se termina por aceptar todo.
A fuerza de aceptar todo, ¡se termina por aprobar todo.
San Agustín


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sábado, 12 de julio de 2014

La fe de Lutero: entendiendo el modernismo en la Iglesia - Por el P. Alfredo Saenz


  Según él (Lutero) la fe es esencialmente un sentimiento de confianza en la misericordia que Dios nos ha dispensado por los meritos de Cristo. Dicha confianza no es algo genérico o generalizable. Lo importante para Lutero es como se aplica al sujeto creyente: “yo creo que es precisamente a mí a quien Dios es favorable y a quien Dios ha perdonado”, lo que me lleva al “temor, la humildad, el abandono desesperado en sus brazos (…), aún sabiendo que uno está cubierto de pecados, que todo lo que hace es pecado”, consigna Kostlin en su obra La Teología de Lutero. Trátase de un complejo conjunto de “sentimientos personales” que el cristiano experimenta y que sigue experimentando. Ello hace que Lutero cultive una piedad prevalentemente sentimental, con lo que la fe, dejando de lado el contenido objetivo del “depósito”, se inclina a romper con la razón teológica. “Los sofistas – afirmaba Lutero – (es decir, la teología escolástica) ha pintado a Cristo en sí mismo, en cuanto él es Dios y Hombre; ellos cuentan sus brazos y sus piernas y mezclan maravillosamente sus dos naturalezas. Pero no es más que un conocimiento sofístico de Cristo Jesús. Porque si Cristo es llamado Cristo no es porque tenga dos naturalezas: ¡a mí que más me da! Si lleva ese nombre grandioso es a causa de la función u la obra que ha asumido. He aquí lo que le da su nombre. Que por naturaleza sea Dios y Hombre, eso le importa a él; pero en cuanto por su función se vuelve hacia mí, él derrama sobre mí su amor, él es mi Redentor y mi Salvador, mi consolación y mi bien”. Eso es lo importante para Lutero: el Dios de la fe, el Dios para mí. El Dios de la razón, en cambio, un Dios-en-sí, un Dios pujante, omnisciente, omnipotente, inefable, no le interesa. Que se queden con él los teólogos, los “sofistas” católicos. No es a “este Dios-en-si – afirma Lutero – a quien se dirige”. Sólo quiere representarse a Dios “en cuanto por su función se vuelve hacia mí”.

  Como consecuencia de semejante actitud, tozudamente sostenida, ante el misterio de Cristo, Lutero no solo divorcia la fe de la razón sino también del comportamiento ético. Si la fe consiste en “tomar conciencia” de la misericordia de Dios que “nos mira como justos”, aun sin serlos, si las obras no son capaces de ayudar a la fe, ni de contribuir a extinguirla, la fe de hecho se separa de la moral. Admitido que la sola fe justifica, la práctica moral entra en un cono de sombra.

  Como se ve por los textos transcriptos, en la concepción religiosa de Lutero se deja advertir un doble y complementario sentido: en la “verdad religiosa” ante todo, predomina lo que “yo siento” sobre lo que “me viene dado”; y, en segundo lugar, esa verdad se construye “a la medida de mi yo”. Dios interesa no por lo que es, soberano y objeto de adoración, sino en cuanto “me interesa”, en cuanto calma “las inquietudes de mi conciencia”, en cuanto “soluciona mis problemas personales”. Dios acaba por convertirse en “algo que satisface las necesidades humanas”. Por eso, acota García de Haro, “si bien Lutero pensó que seguía inmerso bajo el signo de la trascendencia divina, en realidad iniciaba un proceso de absolutización del “yo”, de autodivinización, a partir de la propia conciencia”.

  ¿Quién podría negar que Lutero fue un hombre profundamente religioso? Con todo, para llevar adelante su lucha ascética personal prefirió volverse sobre sí mismo. De ahí que aunque pensaba seguir buscando a Dios, en realidad sólo se buscaba a sí mismo. Dios no era el fin último de sus anhelos, sino un instrumento de su personal promoción.  Cuando afirma “a mí que más me da” que Cristo tenga dos naturalezas – “esto le importa a él”, acota -, está subordinándolo y poniéndolo a la medida del hombre. Que no se interponga pues, el magisterio de la Iglesia entre Cristo y yo. Si la revelación es algo estrictamente individual, incomunicable, ¿cómo admitir que una autoridad exterior, por sagrada que se pretenda, pueda mediar entre Dios y él para comunicarle ésta revelación que él solo percibe, y menos aun, para interpretarla? El Dios trascendente, el Dios en sí, explica García de Haro, le resulta opresivo, y por tanto inconscientemente intenta destruir a ese Dios. En un libro que Federico Jacobi, filosofo alemán abrevado en las corrientes del sentimentalismo, publicó en 1816, decía: “para que cualquier ser pueda llegar a convertirse en un objeto completamente comprendido por nosotros, debemos suprimirlo y aniquilarlo en el pensamiento como objeto, como realidad subsistente en sí, para transformarlo en algo subjetivo, en una criatura nuestra”.

  Por lo que el autor español concluye señalando “la connaturalidad de la lectura luterana con los sectores extremos del modernismo.  Todo giro subjetivizante ante la fe (…) a una rebelión frente al principio de la autoridad en la Iglesia (…) A la vez implica una reforma de la doctrina de la fe, donde la «experiencia interior» priva sobre el «don» sobrenatural; donde la fe tiende a confundirse con el sentimiento religioso y a perder todo contenido intelectual «dado»; en fin, donde se le reduce además, a algo «privado», «individual» e incapaz de «informar» la propia vida o de la sociedad”. Lutero invirtió la estructura del acto de fe, anteponiendo al don recibido la propia experiencia personal, la propia conciencia. De éste modo procederían los modernistas. Se entiendo así porqué el modernismo pudo ser colocado por Pio X en la línea dinámica que va del protestantismo hacia el ateísmo total. La subjetivización de la fe conduce tendencialmente no solo a la disolución de lo sobrenatural sino también de la religiosidad natural.


Alfredo Saenz – “El Modernismo: Crisis en las venas de la Iglesia” Ed. Gladius 201. Págs. 50-53.


Nota de NCSJB: el título del artículo es nuestro.


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jueves, 10 de julio de 2014

Los crímenes de los "buenos" - La traición de los Aliados a Polonia - Por Carlos García

  El 1° de septiembre de 1939, las fuerzas alemanas irrumpieron en Polonia. Ese día, a las 21.30, Inglaterra en virtud de la garantía que – junto con Francia – brindó a Polonia, emitió el primer ultimátum; el día 3, a las 9:00, lanzó el segundo y a las 11:15 del mismo día se declaró en estado de guerra con Alemania.

  No pondremos énfasis aquí en la justicia o no del reclamo alemán ante Polonia, consistente en la ciudad de Danzig y un corredor (o autopista) que la vinculara con Prusia oriental.

  Sabemos que se dividen aquí los argumentos a favor de uno y otro en el marco de esta disputa. Es innegable que Polonia se consideraba con derecho a resistir toda pretensión sobre territorios que entendía propios o bajo su jurisdicción, pues le fueron asignados como tales. Por otra parte, también es razonable que Alemania reivindicara tierras que le habían pertenecido y le fueron cercenadas en un grosero tratado de paz cuestionado por todo el mundo.

  Peter Kleist (“Tú también, Mr. Churchil…”) nos recuerda las expresiones del entonces Primer ministro Británico, Lloyd George, frente a la entrega de Danzig al control polaco: “La injusticia y la arrogancia que se ejercen en el momento de la victoria, jamás serán olvidadas ni perdonadas. La proposición de la comisión polaca de someter 2.100.000 alemanes a la vigilancia de un pueblo que profesa otra religión, el cual hace cerca de 300 años que no ha tenido una soberanía independiente, conducirá, en mi opinión, más pronto o más tarde a una nueva guerra en el este de Europa”.

  Hitler había intentado un acuerdo con Inglaterra que le dejara las manos libres en sus pretensiones sobre Polonia. Al no logralo, suscribió el Pacto de No agresión con Rusia. Era menester desactivar alguno d elos dos fretnes y, muy a su pesar, debió optar por el ruso.

  Afirma Ennio Innocenti: “Que Inglaterra quisiese entonces la guerra por un cálculo estratégico que resguardaba sus intereses, parece evidente examinando el comportamiento que tuvieron los diversos países frente al problema de Danzig y del famoso “corredor”. Cuando Hitler pidió a Polonia que le fuese concedida la posibilidad de construir una autopista y una vía férrea que uniesen la ciudad a Alemania (de esto se trataba prácticamente), se topó con la inflexibilidad de este país, que había recibido garantías (¡se ha visto luego cuanto valían!) de Francia y de Inglaterra para que no cediese. Estos dos países trataron de entenderse con la U.R.S.S., pero en este sucio juego tuvo éxito Alemania, que alcanzó a establecer un acuerdo secreto con la U.R.S.S: para el reparto de Polonia en caso de guerra” (“La conversión religiosa de Benito Mussolini”).

  Sabido es que el resultado de una guerra suele modificar las pretensiones diplomáticas, como bien señala Irving, Hitler “pedía como mínimo la devolución de Danzig y la solución al problema del Corredor, como máximo pedía lo que la guerra pudiera traerle” (“El camino de la guerra”).

  El Pacto de No Agresión suscrito con la U.R.S.S., establecía, sustancialmente, que tanto Alemania como la Unión Soviética se obligaban a desistir de cualquier ataque entre ellos, en forma individual o conjuntamente con otra potencias. Otras cláusulas de información y arbitrajes por el estilo.

  Conjuntamente se firmó el Protocolo Adicional y Secreto, que contiene el reparto de Polonia entre Rusia y Alemania y la asignación de las zonas de influencia de ambos en Europa del este. En lo que a Polonia respecta, el artículo segundo del protocolo establecía que: “En caso de llegarse a un arreglo territorial y político en el área perteneciente al Estado polaco, las zonas de influencia de Alemania y la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, serán señaladas aproximadamente según la línea de los ríos Narew, Vístula y San”. La suerte de Polonia quedó sellada.

  El 17 de septiembre de 1939, Rusia invadió Polonia. Así lo recuerda quien fuera en aquel tiempo ministro polaco y luego primer ministro, Stanislaw Mikolajczyk: “Pero fue una traición calculada. El Ejército Rojo ocupó toda la Polonia oriental y no se detuvo hasta que se unió con los nazis en el centro de nuestro país. La línea de separación Norte-Sur, que estaba concertada desde hacía algunas semanas por Ribbentrop y Molotov se ensañó en nuestra derrota. Hablando de la U.R.S.S., el 31 de octubre de 1939, este vehemente personaje rindió pleitesía a la colaboración de su país con Alemania, que con sus operaciones combinadas había conquistado Polonia, y exclamó: “Ya no queda nada del ese monstruo bastardo nacido del Tratado de Versalles”.

  No obstante de tratarse de una agresión de naturaleza similar a la alemana, acordada y nacida en el mismo acto, Inglaterra no declaró la guerra a la Unión Soviética en flagrante violación a la alianza defensiva que la unía con Polonia. Londres “Hace suyos los argumentos soviéticos de que el Estado polaco prácticamente ha dejado de existir e incluso Churchill declara que los soviets ha ocupado unas regiones que no les corresponde no por la fuerza, sino en derecho”.

  Años después, en sus memorias, afirmaba Curchill: “Así todo acabó en un mes, y una nación de treinta y cinco millones de almas cayó entre las implacables garras de los que no sólo ansiaban la conquista, sino la esclavización y hasta la extinción de grandes masas de gentes”, pero que por conveniencia “…no expresé libremente la indignación que sentía… ante la brutal e insensible política rusa”. ¡Cuánta hipocresía en quien había perdonado a Rusia todos su crímenes al convertirse en su aliado!

  A los polacos no los engañó la diatriba de Churchill. Su primer ministro Mikolajczyk recordó: “Fuimos vencidos incluso antes de que terminara la guerra porque fuimos sacrificador por nuestros aliados, Estados Unidos y Gran Bretaña”. Más adelante relata, no sin marcada amargura e impotencia: “En la situación en que nos hallábamos, en escala inferior a Churchill y Roosevelt, nuestra posición empeoró. Se nos comunicó que no hiciéramos ningún gesto ni declaración que pudiera molestar a Stalin… Se nos impuso un silencio cada vez más intolerable ante las acusaciones de que empezaron a hacernos objeto los Soviets, por ejemplo insinuando, al principio vagamente, más tarde con afirmaciones rotundas, que Polonia abrigaba proyectos imperialistas contra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”.

  La presión inglesa sobre los polacos para que no realizaran acción alguna que pudiera molestar a sus socios rusos, llevó a Stanislaw Grabski – socialista miembro del Consejo Nacional Polaco – a formular su dramático pedido: “Yo les pido a nuestros amigos ingleses que no aconsejan con las mejores intenciones que entreguemos a la Rusia soviética nuestros territorios orientales que se hagan a sí mismos la pregunta si es correcto y justo condenar a millones de personas que tenían en Polonia su propiedad privada, protegida por el estado, libertad de hablar, de asociación y de expresar sus opiniones políticas, y la seguridad de una educación religiosa para sus niños en la escuela, si es correcto y justo condenarlos a la pérdida de todos esos derechos, entregándolos a un estado totalitario, que no reconoce el derecho a tener propiedades particulares, en donde un hombre puede ser enviado, sin que se le procese (como me pasó a mi), por simple orden administrativa, a un campo de trabajos forzados por ocho años, y en donde en las escuelas se les enseña ateísmo”.

  Grabski escribía esto antes de terminada la guerra, no sabía todavía que la concesión de los Aliados a Rusia iba a ser infinitamente mayor que el territorio oriental de Polonia.

  El mariscal de campo Montgomery recuerda: “La tinta todavía estaba fresca en el pacto, cuando Stalin comenzó a mostrar su juego. Decoró tres estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), la parte oriental de Polonia, una porción de Finlandia, Besarabia, Bucovina ciertas islas del Danubio. Todas estas conquistas territoriales tuvieron lugar en momentos en que Rusia estaba asociada a Alemania. Posiblemente alarmaron a Hitler…” (“Hacia la cordura”)

  Mikolajczyk concluye en la mayor perversidad rusa, sobre la evidencia denunciada por los alemanes: “Hitler intentó mandar él y servirse de alemanes para administrar; Stalin, en cambio, manda por medio de cabecillas rusos colocados en los puestos de control y administra con traidores, corrompidos o débiles súbditos del país que quiere gobernar. Actualmente en Rusia, hombres y mujeres de todas las naciones son educados y se les enseña para el día que vuelvan a sus países de origen, para gobernar bajo el mando directo de Moscú… Porque Stalin, verdadero genio del mal, posee un poder con más eficacia que el de cualquier otro tirano en la historia. E intenta conquistar el mundo”.

  Superado por los hechos, Winston Churchill debió reconocer en sus “Memorias”: “No veo ninguna interrupción en la continuidad de mi pensamiento sobre este gran dominio. Pero en el reino de los hechos han recaído sobre nosotros vastos y desastrosos cambios. Las fronteras polacas sólo existen de nombre, y Polonia yace palpitando en la garra ruso-comunista. Alemania, en realidad, ha sido partida pero sólo mediante una horrible división en zonas de ocupación militar. Sobre esta tragedia cabe decir: “NO PUEDE DURAR””. ¿No pudo durar?

  Cuánta razón tuvo Montgomery cuando analizó la conducta británica en el conflicto y concluyó: “Lo bueno de ganar la guerra es que uno no termina ahorcado”.


Revista Cabildo – 3° Época – Año XII – N° 107 – Julio 2012



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lunes, 7 de julio de 2014

LA VERDAD NO CAMBIA - Por el Padre Nicholas Gruner


Si perdemos el dogma, perdemos nuestra alma
La Fe es soberana

  El depósito de la Fe es el fundamento de nuestra salvación. Es el fundamento del papado. Es el fundamento de los sacramentos. Si el depósito de la Fe no es salvaguardado, no hay nada en la Iglesia que se libre del ataque. Esa actitud de importancia principal de salvaguardar todos y cada uno de los dogmas de la Fe no es solo mi opinión. Es la enseñanza solemne de la Iglesia Católica. Uno de los Credos católicos que todos estamos obligados a creer, comienza como sigue: “Quien quiera salvarse, necesita sobre todo guardar la Fe Católica; a menos que cada uno la preserve una e inviolada, perecerá sin duda en la eternidad”. (D.S. 75)

  Esta obligación sobrepasa la ley de la caridad para con el pobre o con nuestro prójimo – está ante todas las buenas obras. La obligación respecto a la Fe es más importante que el respeto o la deferencia debida al Papa, a los obispos, sacerdotes o familiares y amigos. San Pablo dijo: “Pero aunque nosotros o un ángel del Cielo os anunciase otro Evangelio distinto del que habéis recibido, sea anatema”. (Gal. 1:8) Nosotros no debemos escuchar a tales predicadores, quienes contradicen las enseñanzas católicas tradicionales.

  ¿Qué será de nosotros, especialmente en este tiempo de Apostasía General, si no amamos la verdad por sobre todos nuestros prójimos, sobre el amor que debemos a nuestros sacerdotes y obispos, sobre el amor que debemos incluso a los Papas? ¿Que será si nosotros no amamos la verdad por sobre la riqueza, la posición y el respeto humano? Entonces nosotros podemos caer bajo la consiguiente maldición de Dios: “...y de seducciones de iniquidad para los destinados a la perdición por no haber recibido el amor de la verdad que los salvaría. Por eso Dios les envía un poder engañoso, para que crean en la mentira y sean condenados cuantos, no creyendo en la verdad, se complacen en el iniquidad”. (II Tes. 2:10-11)

  Esta recuperación de la certeza, de la importancia vital y de la necesidad absoluta de las verdades dogmáticas como fueron definidas infaliblemente para todos los tiempos, es crucial para que la gente no sea ganada por la apostasía general que nos rodea.

  Para salvar nuestra alma no es suficiente seguir a este o a aquel sacerdote, a este o a aquel Cardenal u obispo – ni siquiera a este o a aquel Papa – sin importar cuán aclamados ellos sean, si contradicen un dogma infaliblemente definido.

  Algunos sacerdotes y maestros ignorantes dicen, “Nosotros no prestamos atención a las definiciones dogmáticas de una época anterior; nosotros seguimos ‘el Magisterio Viviente’”…

  Estos guías ciegos razonan como sigue: Dios está complacido con nosotros porque somos humildes, porque somos obedientes, y Dios se complace de aquellos hombres como el Papa y el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe que están sobre nosotros. Esas personas dicen que es usted quien no se somete, quien está en el error, quien será castigado por Dios por no creer en el ‘Magisterio Viviente”.

  Tal pensamiento es, en realidad “la operación del error” para “los destinados a la perdición” (ver II Tes. 2:10-11) que “Dios le envía” porque ellos “no creyendo en la verdad, se complacen en la iniquidad”.

  ¿Permitiría Dios a una persona ser engañada de esa forma? ¿Como podría Él...? se pregunta alguno. En respuesta, nosotros tenemos la enseñanza de San Juan Eudes y de la Sagrada Escritura.

  San Juan Eudes explica que los castigos más terribles que Dios puede enviar a su pueblo son para los malos sacerdotes (lo que obviamente incluye a los malos obispos, Cardenales e hasta incluso a un Papa). He aquí lo que dice San Juan Eudes:

  “La marca más evidente de la ira de Dios y de los castigos más terribles que Él puede infligir al mundo se manifiestan cuando Él permite a Su pueblo caer en manos de un clero en el que hay sacerdotes más en el nombre que en los hechos, sacerdotes que practican la crueldad de los lobos feroces más que la caridad y afecto de los pastores devotos...

“Cuando Dios permite tales cosas, es una prueba positiva que El está profundamente enfadado con Su pueblo, y está (descargando) Su más espantosa cólera sobre ellos. Por eso El pregona incesantemente a los cristianos, Volved, oh vosotros, hijos rebeldes... Yo os daré pastores según Mi corazón. (Jer. 3:14,15). Por eso, las irregularidades en la vida de los sacerdotes constituyen un flagelo sobre el pueblo a consecuencia del pecado”.

  …Debemos recordar que Dios nos envía castigos y expiaciones y advertencias en esta vida, como apunta San Alfonso, para que prestemos atención a sus advertencias mientras aún haya tiempo, antes que sea demasiado tarde para nosotros. Los escándalos en el clero son signos claros que Dios alcanzó sobradamente el límite de sus advertencias. Ese tiempo ha llegado a su fin; nosotros al menos debemos tenerlo en cuenta haciendo penitencia por nuestros pecados y rezando muy fervientemente pidiendo a Dios gracia y misericordia en este tiempo, para nosotros al igual que para todos aquellos encomendados a nuestro cuidado. Pero esos escándalos no están limitados a los sacerdotes y obispos corruptos. Peor aún es la corrupción de nuestra Fe Católica por los supuestos “defensores de la Fe”. Aquellos que pretenden que el “Magisterio viviente” tiene prioridad sobre las definiciones dogmáticas infalibles, inmutables, y están descarriando incontables almas hacia el infierno.

  La perversión de sacerdotes, obispos y Cardenales que nos dicen que no hay necesidad de convertir a los no creyentes a Fe Católica es una perversión mayor que la pedofilia – tan horrible como es la pedofilia. La herejía – incluso si es promovida por Cardenales del Vaticano, incluso si ésta fuera implícita o explícitamente respaldada por el Papa – no cambia un ápice la perversidad de tales enseñanzas. Aquellos quienes defienden esas enseñanzas del “Magisterio viviente”, o bien ha perdido su Fe, o han sido completamente ignorantes de todos esto durante todas sus vidas. Pero su ignorancia no necesariamente los excusa del pecado grave en esta materia.

  La Fe Católica – el depósito de la Fe transmitido a nosotros por Jesucristo en el que todos los católicos deben creer para salvar su alma – nos enseña entre otras cosas que:

1) Dios es el autor de nuestra Fe.
2) Se debe creer en Dios porque El nos enseña la Verdad.
– Como Dios es omnisapiente, El no puede equivocarse o o tener solo una parte de la Verdad;
– Como Dios es todo santo, El no nos puede mentir. El puede permitir que seamos engañados porque nosotros no amamos la verdad, pero El no puede mentirnos.
3) Desde que Dios nos dice la verdad y como todos y cada uno de los artículos de la Fe son ciertos porque Dios los ha revelado, se sigue que:

a) Lo que fue cierto en el 33 aD. es tambien es cierto en el 2003 a.D.
b) Lo que fue definido como verdadero por la Iglesia
• en 325 a.D. en Nicea
• en 1438-45 a.D. en Florencia
• en 1545-1565 a.D. en Trento
• en 1870 en el Vaticano I      

todavía es cierto hoy.

  Eso es, que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre. Así, cuando el Concilio de Florencia define que ni los judíos, ni los herejes, ni los cismáticos entrarán en el Reino de Dios a menos que se arrepientan de su error antes de morir, luego eso es verdad para todos los tiempos.


  

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viernes, 4 de julio de 2014

Tópicos Modernistas – Por el P. Santiago González Alba (Adelante la Fe)


 Revisión telegráfica de los tópicos modernistas: Anunciemos la Verdad Católica


 A cada tópico modernista hay que responder con la Verdad Católica. En este artículo se hará una revisión básica de los más extendidos hoy. se entrecomilla el tópico:

1: “La verdadera Iglesia de Cristo es sólo la de los tres primeros siglos, y enlaza luego con el Concilio Vaticano II”.  Supondría la interrupción de la sucesión apostólica y el rechazo a la tradición de la Iglesia.

2: “La Iglesia entre el siglo IV y el XX languidece en su etapa más oscura”. Resulta que en esa etapa “oscura” se proclaman los principales dogmas de fe y se desarrolla provechosamente toda la estructura visible de la Iglesia.

3: “La Iglesia no ha sido fundada por Cristo”. Entonces, ¿quién la ha fundado?……..no sólo ha sido fundada por Él sino que la Iglesia es Su CUERPO MÍSTICO

4: “La Iglesia no ha de pretender que todos formen parte de ella”. Pues en ese caso no tendría sentido el mandato misionero universal de Nuestro Señor al pedir “id por todo el mundo y bautizad a todos” (Marcos 16, 15)

5: “En la Misa no hay ningún sacrificio. Es sólo banquete”. Afirmar eso es despreciar el sacrificio de Cristo en la cruz, a causa de nuestros pecados, y, por ende, eliminar toda lucha ascética contra el pecado y el egoísmo ya que, según dicen….”todos estamos salvados”.

6: “En la Iglesia no hay un sacerdocio ministerial”. Esa afirmación, más o menos velada, es un aval de la herejía luterana con todos sus efectos desastrosos para la humanidad. “Dejad un pueblo sin sacerdote (decía el Santo Cura de Ars” y acabarán adorando a las bestias”

7: “Es una soberbia creer que se puede ofender a Dios pecando”. Esa idea en si es contradictoria: pues se afirma lo mismo que se niega. Esa idea niega la libertad humana personal y deja sin explicación a Cristo sufriendo en vida por los pecados de los hombres. Además esa idea humaniza la fe religiosa privándola de todo contenido trascendente.

8: “La Santidad es un Don y no una Tarea”. Esa afirmación determinista proyecta un ser humano incapaz de hacer el bien desde su libertad y con la ayuda esencial de la Gracia Sacramental. A la vez esa idea destruye toda devoción a los santos e incluso a la Virgen María.

9: “Jesucristo no es Redentor sino Liberador, y esa liberación se hace real en su Resurrección”. Es el típico tópico la la llamada “espiritualidad solo pascual”. La muerte en la cruz de Cristo aparece como algo accidental que nada tiene que ver con nuestros pecados. De ese modo el ser humano queda “liberado” de toda responsabilidad moral al no ser capaz por si mismo de nada bueno ni malo. Esa afirmación es letal para la vida cristiana, pues convierte al ser humano en un siervo de Dios a la fuerza y no le da opción de ser un amigo de Dios desde la libertad.

10: “Todos estamos salvados por la misericordia de Dios”. Esa afirmación niega la misma Palabra de Cristo que en muchas ocasiones llama a la conversión y previene del infierno como opción segura si no se es fiel. Esa idea quizás sea la herejía que mayor daño está haciendo hoy en las conciencias, drogando las mismas desde una dulce mentira y a la vez ahogando todo esfuerzo moral que se calificaría de “pelagiano”.

11: “La transubstanciación en la Misa es un concepto superado”. Se trata de recalcar, al estilo protestante, la sola presencia real de Cristo en la asamblea de oración en común, reduciendo la Eucaristía al símbolo o signo. Por lo que se niegan las mismas palabras de Cristo en le Cena del Jueves Santo, y a la vez se desprecia hasta lo insuperable el infinito regalo de su presencia real en todos los Sagrarios del mundo.

12: “La Confesión no es necesaria porque Cristo nos perdonó a todos en la Cruz”. Tremenda y sutil herejía, adornada de una aparente bondad muy en conexión con el pensamiento posmoderno. Este tópico niega al mismo Jesucristo que instituyó este sacramento antes de ascender al Cielo y tras su resurrección (Juan 20,19).

Como puede verse, todos los tópicos modernistas……….y hay muchos más porque el modernismo ataca a TODA la doctrina cristiana…..tienen una muy sencilla respuesta desde la Verdad. Pero de forma increíble se han ido extendiendo por el tejido de la cristiandad como un cáncer maligno con aspecto de disfraz humanista. Y a nosotros nos corresponde (a todos lo católicos) no sólo no comulgar con ruedas de molino sino además ayudar a otros (Caridad Fraterna) a no dejarse engañar por estas mentiras con apariencia de bondad.



Agradecemos a nuestra amiga Maite C el acercarnos el artículo.


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martes, 1 de julio de 2014

Dios comprende la debilidad, pero se disgusta con la obstinación – San Alfonso María de Ligorio


  Dice el Salmo 102 que el Señor tiene misericordia de nosotros porque sabe que qué barro hemos sido hechos. Pero lo que no acepta de ninguna manera el buen Dios es la mala voluntad. Se llama obstinación o pertinacia el querer seguir tercamente pecando, sin importarle malas consecuencias que esto trae.


El caso Sansón

  Tanto va el cántaro al agua, que al fin se rompe. Así le sucedió a Sansón. Fue avisado varias veces de que no le convenía tener amistad con una mujer de otra religión y siguió tercamente tratando a Dalila. Y como las primeras veces pudo librarse de las trampas de los enemigos, se imaginó que podía seguir por ese mal camino, y ya sabemos cómo terminó: le sacaron los ojos y fue reducido a la esclavitud, porque Dios se cansó de ser tan seguidamente desobedecido por Sansón, y le retiró su espíritu y quedó hecho un pobre hombre desamparados y sin fuerzas.

  Es que se sigue cumpliendo aquello tan impresionante que dice el Libro del Eclesiástico: “Al seguir pecando no te hagas ilusión diciendo: “¿he pecado y que me ha pasado?”. Porque Dios es paciente, pero también castiga. Y estalla de pronto su ira y no te quedarás sin ser castigado” (Ecl.5). Es lo mismo que dice el Salmo Segundo: “Sirvan al Señor con temor, no sea que se disguste y vayan a la ruina. Porque se inflama de pronto su ira”.

  San Gregorio dice que le consta el caso de muchos que se obstinaron en seguir pecando, con la esperanza de que un día se convertirían y que murieron sin convertirse. Y puede ser que Dios le les diga aquellas palabras del Libro de los Proverbios: “Yo los llamé y dijeron que no. Les tendí mi mano y no me quisieron prestar atención. Despreciaron mis buenos consejos y no hicieron caso de mis reprensiones. Ahora cuando les llegue la tribulación y la angustia, me llamarán y ya no les responderé” (Prov. 1,24s).

  Dice el Libro de los Proverbios: “Como el perro que vuelve a su vómito, así de antipático es el que vuelve repetidamente a cometer sus pecados” (Prov. 26,11). Y San Pedro dice que a estos pecadores les sucede como a una puerca o cerda que después de que la levaron con agua limpia se va a revolcar en el barrizal inmundo (2 Per. 2,22). Y es que en verdad es asqueroso para Dios el pecador que sigue obstinado, terco, en su costumbre de pecar, y que no hace nada serio por apartarse de esa perversa costumbre…

  Cuanto más ha ofendido una persona a Dios, tanto más debe tener temor a seguir ofendiéndole, porque puede ser que ya esté para colmarse la medida de los pecados que el Señor, ha resuelto tolerarle, y le llegue el castigo de la Justicia Divina.



San Alfonso María de Ligorio “Preparación para la muerte y la eternidad” – Ed. Mundial n°313. 3° Ed. Colombiana. Págs. 194-197.


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sábado, 28 de junio de 2014

María en los últimos tiempos de la Iglesia – San Luis María Grignión de Montfort


María y los últimos tiempos
 
  La salvación del mundo comenzó por medio de María y por medio de Ella debe consumarse María casi no se manifestó en la primera venida de Jesucristo, a fin de que los hombres poco instruidos e iluminados aún cerca de la persona de su Hijo, no se alejaran de la verdad aficionándose demasiado fuerte e imperfectamente a la Madre, como habría ocurrido seguramente, si Ella hubiera sido conocida, a causa de los admirables encantos que el Altísimo le había concedido aún en su exterior. Tan cierto es esto que San Dionisio Areopagita escribe que cuando la vio, la hubiera tomado por una divinidad, a causa de sus secretos encantos e incomparable belleza, si la fe en la que se hallaba bien cimentado no le hubiera enseñado lo contrario.
 
  Pero, en la segunda venida de Jesucristo, María tiene que ser conocida y puesta de manifiesto por el Espíritu Santo, a fin de que por Ella Jesucristo sea conocido, amado y servido. Pues ya no valen los motivos que movieron al Espíritu Santo a ocultar a su Esposa durante su vida y manifestarla sólo parcialmente aun después de la predicación del Evangelio.
 
  Dios quiere, pues, revelar y manifestar a María, la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos.
 
a . porque Ella se ocultó en este mundo y se colocó más baja que el polvo por su profunda humildad, habiendo alcanzado de Dios, de los Apóstoles y Evangelistas que no la dieran a conocer.
 
b.  porque Ella es la obra maestra de las manos de Dios, tanto en el orden de la gracia como en el de la gloria y El quiere ser glorificado y alabado en la tierra por los hombres.
 
c. porque Ella es la aurora que precede y anuncia al Sol de Justicia, Jesucristo, y por lo mismo, debe ser conocida y manifestada, si queremos que Jesucristo lo sea.
 
d.  porque Ella es el camino por donde vino Jesucristo a nosotros la primera vez y lo será también cuando venga la segunda, aunque de modo diferente.
 
e.  porque Ella es el medio seguro y el camino directo e inmaculado para ir a Jesucristo y hallarlo perfectamente. Por ella deben resplandecer en santidad. Quien halla a María, halla la vida, es decir, a Jesucristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Ahora bien, no se puede hallar a María sino se la busca, ni buscarla si no se la conoce, pues no se busca ni desea lo que no se conoce. Es, por tanto, necesario que María sea mejor conocida que nunca, para mayor conocimiento y gloria de la Santísima Trinidad.
 
f.  porque María debe resplandecer más que nunca en los últimos tiempos en misericordia, poder y gracia:
 
· en misericordia, para recoger y acoger amorosamente a los pobres pecadores y a los extraviados que se convertirán y volverán a la Iglesia católica;

· en poder, contra los enemigos de Dios, los idólatras, cismáticos, mahometanos, judíos e impíos endurecidos que se rebelarán terriblemente para seducir y hacer caer, con promesas y amenazas, a cuantos se les opongan,
· en gracia, finalmente, para animar y sostener a los valientes soldados y fieles servidores de Jesucristo, que combatirán por los intereses del Señor,
 
g.  por último, porque María debe ser terrible al diablo y a sus secuaces "como un ejército en orden de batalla" sobre todo en estos últimos tiempos, porque el diablo sabiendo que le queda poco tiempo y menos que nunca para perder a las gentes, redoblará cada día sus esfuerzos y ataques. De hecho, suscitará a en breve crueles persecuciones y tenderá terribles emboscadas a los fieles servidores y verdaderos hijos de María, a quienes le cuesta vencer mucho más que a los demás.
 
María y la lucha final.
 
   A estas últimas y crueles persecuciones de Satanás, que aumentarán de día en día hasta que llegue el anticristo, debe referirse sobre todo aquella primera y célebre predicación y maldición lanzada por Dios contra la serpiente en el paraíso terrestre. Nos parece oportuno explicarla aquí, para la gloria de la Santísima Virgen, salvación de sus hijos y confusión de los demonios:
 
"Haré que haya enemistad entre ti y la mujer,
entre tu descendencia y la suya,
ésta te pisará la cabeza
mientras tú te abalanzarás sobre tu talón".


  Dios ha hecho y preparado una sola e irreconciliable enemistad, que durará y se intensificará hasta el fin. Y es entre María, su digna Madre, y el diablo; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer. De suerte que el enemigo más terrible que Dios ha suscitado como Satanás es María, su Santísima Madre. Ya desde el paraíso terrenal aunque María sólo estaba entonces en la mente divina le inspiró tanto odio contra ese maldito enemigo de Dios, Sea los ángeles y hombres, sino en cierto modo más que al mismo Dios.
 
  No ya porque la ira, odio y poder divinos no sean infinitamente mayores que los de la Santísima Virgen, cuyas perfecciones son limitadas, sino:
a.  porque Satanás, que es tan orgulloso sufre infinitamente más al verse vencido y castigado por una sencilla y humilde esclava de Dios y la humildad de la Virgen lo humilla más que el poder divino;
 
  porque Dios ha concedido a María un poder tan grande contra los demonios que como a pesar suyo se han visto muchas veces obligados a confesarlo por boca de los posesos tienen más miedo a un solo suspiro de María a favor de una persona, que a las oraciones de todos los santos y a una sola amenaza suya contra ellos más que a todos los demás tormentos.
 
  Lo que Lucifer perdió por orgullo, lo ganó María con la humildad. Lo que Eva condenó y perdió por desobediencia, lo salvó María con la obediencia. Eva, al obedecer a la serpiente, se hizo causa de perdición para sí y para todos sus hijos, entregándolos a Satanás; María, al permanecer perfectamente fiel a Dios, se convirtió en causa de salvación para sí y para todos sus hijos y servidores, consagrándolos al Señor.
 
   Dios nos puso solamente una enemistad, sino enemistades, y no sólo entre María y Lucifer, sino también entre la descendencia de la Virgen y la del demonio. Es decir: Dios puso enemistades, antipatías y los odios secretos entre los verdaderos hijos y servidores de la Santísima. Virgen y los hijos y esclavos del diablo: no pueden amarse ni entenderse unos a otros.
 
  Los hijos de Belial, los esclavos de Satanás, los amigos de este mundo de pecado ¡todo viene a ser lo mismo! han perseguido siempre y perseguirán más que nunca de hoy en adelante a quienes pertenezcan a la Santísima Virgen, como en otro tiempo Caín y Esaú figuras de los réprobos persiguieron a sus hermanos Abel y Jacob figuras de los predestinados.
 
  Pero la humilde María triunfará siempre sobre aquel orgulloso y con victoria tan completa que llegará a aplastarle la cabeza, donde reside su orgullo. ¡María descubrirá siempre su malicia de serpiente, manifestará sus tramas infernales, desvanecerá sus planes diabólicos y defenderá hasta el fin a sus servidores de aquellas garras mortíferas!
 
  El poder de María sobre todos los demonios resplandecerá, sin embargo, de modo particular en los últimos tiempos, cuando Satanás pondrá asechanzas a su calcañar, o sea, a sus humildes servidores y pobres a juicio del mundo; humillados delante de todos; rebajados y oprimidos como el calcañar respecto de los demás miembros del cuerpo. Pero, en cambio, serán ricos en gracias y carismas, que María les distribuirá con abundancia, grandes y elevados en santidad delante de Dios, superiores a cualquier otra creatura por su celo ardoroso; y tan fuertemente apoyados en el socorro divino que, con la humildad de su calcañar y unidos a María, aplastarán la cabeza del demonio y harán triunfar a Jesucristo.

  
San Luis María Grignion de Montfort - "Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen" - Ed.Sagrados Corazones - Las Heras - Mendoza. 2010. Págs. 27-32

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viernes, 27 de junio de 2014

Desorientaciones magisteriales(?). El instrumentum terroris del Sínodo de la Familia - Por Terzio (Ex Orbe)



Cada vez que se avanza algún pormenor del próximo Sínodo sobre la Familia, crecen las aprensiones entre los católicos conscientes, ya alertados (alarmados!) por la labor pre-sinodal de Kasper y su lobby. La presentación del instrumentum laboris sinodal, confirma nuestros nefastos augurios, adelantándonos que todo lo que sea que vaya a ser el primer sínodo francisquista, ya está fraguado, listo solamente para la presentación, formal discusión, aprobación y publicación.

Aunque se diga que insista en negarlo y nos lo pinten del color del arcoíris (para que cada cual escoja el color de su cristal visor), lo que postula Kasper, ya está concedido. Se disimulará con tecnicismos canonicistas-pastoralistas, pero se concederá y articulará una praxis sacramental permisiva (excusativa?) para los incursos en desórdenes matrimoniales post-divorcio.

Los sínodos (el Sínodo de los Obispos) se concibieron, en cierto sentido, como una prolongación del Concilio, un ejercicio de la colegialidad y una actualización revisada de las directrices del Vaticano IIº. La sintonía conciliar-sinodal es tanta, que hasta repiten idénticas definiciones: Dicen a propósito del instrumentum laboris (y el documento sinodal posterior, claro) que "se trata de un documento pastoral, no doctrinal; no se cambian las ideas, sino la manera de afrontar las situaciones delicadas". Se mantiene aquella equívoca anfibología que denunciaba el maestro Romano Amerio. Por ejemplo, sobre el gravísimo tema de la homosexualidad se dice (y se des-dice) esto:

"...No existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. No obstante, los hombres y las mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto, compasión, delicadeza. Se evitará respecto a ellos todo signo de discriminacion injusta..."

El esquema táctico es el ya archi-manido enunciado que condena en la primera parte y aprueba/concede en la segunda, un ejercicio de exquisita perfidia retórica que se consagró, passim, en quasi todos los documentos conciliares.

Obsérvese, por otra parte, que la cita del instrumentum laboris sigue la línea que quedó fijada en el Catecismo de la Iglesia Católica: En los puntos tocantes al pecado contra sextum, la práctica homosexual no figura en la enumeración de los pecados titulados como 'ofensa de la castidad' (lujuria, masturbación, fornicación, pornografía, prostitución y violación), sino que aparece bajo un epígrafe distinto titulado 'Castidad y homosexualidad', otro ejemplo de la equivocidad textual a la que aludí más arriba: Un primer párrafo recoge la condena constatable en citas de la Sagrada Escritura, considerándolos pecados contra-natura, para, seguidamente, declarar:

"Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición."


El instrumentum laboris del sínodo se expresa con las mismas palabras que el Catecismo: " ...los hombres y las mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto, compasión, delicadeza. Se evitará respecto a ellos todo signo de discriminacion injusta".

El trabajo (la sensible apertura a los afectados) ya ocurrió en tiempos del Santo Wojtyla. Ahora, los hombres de PP Franciscus, sólo avanzan un paso más, otro nuevo jalón. Lo que pueda seguir es tan dantesco como se atreva uno a imaginar.

No me explico, sin embargo, cómo teniendo a toda la opinión a su favor, todos rendidos y entusiasmados, el mundo entero vitoreando y aplaudiendo, cómo no se atreven a, simple y llanamente, sancionar la caducidad de la Humanae Vitae, la Familiaris Consortio, la moral de Patriarcas, Profetas y Apóstoles, incluso proclamar out a la Sagrada Familia de Nazareth, mal-ejemplo, impolítcamente incorrecto, de no-modelo familiar.

Sería más breve y todos lo entenderían mejor (y aplaudirían más).

Aunque ya sabemos que es parte del juego el que no se enteren y sigan aplaudiendo, fascinados, mientras se acelera la ruína.

Tu autem, Domine, miserere.




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miércoles, 25 de junio de 2014

¿Juzgar sí o no? El rompecabezas de Francisco - Por Sandro Magister


  En menos de un par de días el Papa Francisco ha emitido primero un tremendo juicio de condena que ha conquistado las primeras planas de todos los periódicos, y luego ha dedicado toda su homilía matutina de Santa Marta a decir que nunca se debe juzgar y condenar sino sólo hacerse defensores e intercesores por los demás.

  La sentencia condenatoria la ha emitido el Sábado, 21 de junio contra los mafiosos de la ‘Ndrangheta en Calabria. Con estas palabras exactas:

  Cuando no se adora a Dios, el Señor, se convierten en adoradores del mal como lo son aquellos que viven de deshonestidad y de violencia. .. ¡La Ndrangheta es esto: Adoración del mal y desprecio del bien común! Este mal debe ser combatido, debe ser alejado y ¡es necesario decirle que no! Aquellos que siguen este camino en su vida de maldad, como son de la mafia, no están en comunión con Dios, están excomulgados “.

  Las crónicas han registrado en este punto el aplauso general de doscientos mil presentes. Seguido por los aplausos aún más universal de los medios de comunicación.

  Pero resulta que un consenso igualmente generalizada sonríe al Papa Francisco también cada vez que nos exhorta a no emitir un juicio, desde el ya memorable “¿Quién soy yo para juzgar?” que es quizá la máxima más universalmente citada y elogiada de su pontificado .

  El rompecabezas se encuentra precisamente aquí. Francisco es el Papa que juzga, condena, absuelve, sentencia, promueve, remueve. Pero al mismo tiempo constantemente predica que nunca se debe juzgar o acusar o condenar.

  Quien juzga “siempre se equivoca”, dijo en su homilía del 23 de junio en Santa Marta. Es un error, dijo, “porque toma el lugar de Dios, quien es el único juez.” Se arroga “el poder de juzgar de todo: la gente, la vida, todo.” Y “con la capacidad de juzgar” cree que tiene también “la capacidad de condenar.”

  Con la excomunión de los mafiosos, dos días antes, la música era muy diferente. Galantino , Obispo de Cassano all’Jonio predilecto de Francisco y por él nombrado secretario de la CEI tradujo así las palabras del Papa:

  “La excomunión significa que la mafia está impedida de vida en la Iglesia. Eligieron el mal como forma de vida. Y cuando esto sucede, se está fuera de la comunión. No puedes recibir los sacramentos, y hacer de padrino, formar parte del Comité de la patrona, nada. Esta no es tu comunidad. No importa que guardes la imagen de la Virgen María o un altar o la Biblia en tu ratonera donde te escondes: no significa nada.

  Otros que no juzgan! Con una advertencia, porque si el mafioso en cuestión se esconde “en las ratoneras” es una señal de que está en la clandestinidad y que ya ha sido declarado culpable por la justicia en la tierra, y si es censurado, no es tan fácil para la Iglesia condenarlo en el fuero externo.

  Pero es aún más difícil conciliar las condenas del Papa a la mafia, a los corruptos, y a todos los demás que se encuentran cotidianamente bajo su juicio con sus exhortaciones incesantes a no juzgar. Tanto más sorprendentes estas exhortaciones debido a que son de un sucesor de Pedro, a quien se le dieron las llaves de “atar y desatar” en la tierra y en los cielos.

  En realidad, en su homilía del 23 de junio en Santa Marta Francisco también dijo que “El único que juzga es Dios, y aquellos a los cuales Dios ha dado la potestad de hacerlo.” Pero no especificó quiénes son. El enigma continúa.


*La ilustración es un agregado nuestro

                                                                                                                     

Agradecemos a nuestra amiga Maite C. por acercarnos el artículo



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