San Juan Bautista

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domingo, 16 de febrero de 2014

Francisco adelanta los acontecimientos profetizados - Por Roberto de Mattei

 Motus in fine velocior - Roberto de Mattei

  El 11 de febrero de 2013 es una fecha que ya ha entrado en la historia. Aquel día, Benedicto XVI comunicó su decisión de renunciar al pontificado a una asamblea de cardenales atónitos. El anuncio fue recibido “como un rayo en un cielo sereno”, según las palabras dirigidas al Papa por el cardenal decano Angelo Sodano, y la imagen de un rayo que, ese mismo día, golpeó a la Basílica de San Pedro, se extendió por todo el mundo.

  La abdicación se produjo el 28 de febrero, pero antes Benedicto XVI anunció que quería permanecer en el Vaticano como Papa emérito, algo que nunca había sucedido antes y que era más sorprendente que la renuncia al pontificado. En el mes transcurrido entre el anuncio de la abdicación y el cónclave, abierto el 12 de marzo, fue preparada la elección del nuevo Pontífice para que apareciera ante el mundo como algo inesperado. Más que la identidad del elegido, el argentino Jorge Mario Bergolio, sorprendió el inédito nombre elegido por él, Francisco, como para querer representar algo único (unicum), e impresionó su primer discurso en cual, después de un coloquial “buonasera”, se presentó como “obispo de Roma”, un título que corresponde al Papa, pero sólo después del de Vicario de Cristo y sucesor de Pedro, que constituyen su presupuesto.

  La fotografía de los dos Papas que rezaban juntos el 23 de marzo en Castelgandolfo, ofreciendo la imagen de una inédita “diarquía” pontificia, aumentó la confusión de aquellos días. Pero era sólo el comienzo. Después, viene la entrevista en el vuelo de regreso de Río de Janeiro, el 28 de julio de 2013, con las palabras “¿quién soy yo para juzgar?” destinadas a ser utilizadas para justificar toda transgresión. Siguieron las entrevistas del Papa Francisco al director de la “Civiltà Cattolica” en septiembre y otra al fundador del diario “La Repubblica”, en octubre, que tuvieron un impacto en los medios de masas mayor que su primera encíclica Lumen fidei. Se dice que no eran actos de magisterio, pero todo lo que ha sucedido en la Iglesia a partir de ese momento se deriva , sobre todo, de esas entrevistas que tuvieron un carácter magisterial, de hecho, si no en cuestión de principios.

  El encuentro entre el cardenal Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Fe, y el cardenal arzobispo de Tegucigalpa, Oscar Rodríguez Maradiaga, coordinador de los consejeros de las reformas del Papa Francisco, ha llevado la confusión hasta el extremo. La doctrina tradicional, según Maradiaga, no es suficiente para ofrecer “respuestas para el mundo de hoy”. Va a ser mantenida, pero existen “desafíos pastorales” concretos de estos tiempos a los que no se puede responder “con el autoritarismo y el moralismo”, porque esto “no es la nueva evangelización”.

  A Las declaraciones del cardenal Maradiaga siguieron los resultados de la encuesta sobre los desafíos de la pastoral familiar promovida por el Papa para el Sínodo de los Obispos de 5-19 de octubre. El SIR [*] (Servizio di Informazione Religiosa) ha publicado un resumen de las primeras respuestas que han llegado de Europa Central. Para los obispos belgas, suizos, luxemburgueses y alemanes, la fe católica es demasiado rígida y no corresponde a las exigencias de los fieles. La Iglesia debería aceptar la convivencia pre-matrimonial, reconocer el matrimonio homosexual y las uniones de hecho, admitir el control de la natalidad y la contraconcepción, bendecir las segundos nupcias de los divorciados y permitirles recibir los sacramentos. Si este es el camino que se quiere tomar, es el momento de decir que se trata de un camino que conduce al cisma y la herejía, porque se negaría la fe divina y natural, que en sus mandamientos no sólo afirma la indisolubilidad del matrimonio, sino que también prohíbe los actos sexuales fuera del matrimonio, y más aún si están en contra de la naturaleza. La Iglesia acoge a todos los que se arrepienten de sus propios errores y pecados y que se proponen salir de la situación de desorden moral en que se encuentran, pero de ninguna manera puede justificar la condición de pecador. De nada serviría afirmar que el cambio sólo afectaría la praxis pastoral y no a la doctrina. Si entre la doctrina y la práctica falta la correspondencia, esto quiere decir que es la praxis la que se hace doctrina, como, por otra parte, ya ha venido sucediendo, desgraciadamente, desde el Concilio Vaticano II en adelanta.

  ¿Debe la Iglesia dar respuestas nuevas y “al ritmo de los tiempos “? Muy diferente se comportaron los grandes reformadores de la historia de la Iglesia, como San Pedro Damián y San Gregorio Magno que, en el siglo XI, hubieran debido legitimar la simonía y nicolaismo de los sacerdotes, a fin de no hacer extraña a la Iglesia a la realidad de su tiempo, y, en cambio, denunciaron estas heridas con palabras de fuego, promoviendo la reforma de las costumbres y la restauración de la recta doctrina.

  Es el espíritu intransigente y sin concesiones de los santos el que hoy está dramáticamente ausente. Es urgente una acies ordinata, un ejército en orden de combate que, empuñando las armas del Evangelio, aununcie una palabra de vida al mundo moderno que muere, en lugar de abrazar su cadáver. Los jesuitas ofrecieron, entre el Concilio de Trento y la Revolución Francesa, este núcleo de combatientes a la Iglesia. Hoy sufren la decadencia de todas las órdenes religiosas y si, entre éstas, una se presenta rica en promesas, se suprime inexplicablemente. El caso de los Franciscanos de la Inmaculada, que estalló a partir de julio, ha sacado a la luz una contradicción evidente entre las continuas invitaciones del Papa Francisco a la misericordia, y el bastón entregado al comisario, Fidenzio Volpi, para aniquilar uno de los pocos institutos religiosos hoy florecientes.

  La paradoja no termina ahí. Nunca como en el primer año del pontificado de Francisco ha renunciado la Iglesia a uno de sus atributos divinos, el de la justicia, para presentarse ante el mundo como misericordiosa y bendecidora, pero nunca como en este año la Iglesia ha sido objeto de ataques violentos por parte del mundo hacia el que extiende su mano.

  El matrimonio homosexual, reivindicado por todas las grandes organizaciones internacionales y por la casi totalidad de los gobiernos occidentales, contradice frontalmente, no sólo la fe de la Iglesia, sino la misma ley natural y divina, que está escrita en el corazón de cada hombre. Las grandes movilizaciones de masas que tuvieron lugar sobre todo en Francia con el Manif pour tous ¿Qué son sino la reacción de la conciencia de un pueblo ante una legislación que es a la vez injusta y contra la naturaleza? Pero los grupos de presión inmorales no están satisfechos con esto. Lo que les importa no es la afirmación de los supuestos derechos de los homosexuales, tanto como la negación de los derechos humanos de los cristianos. Christianos esse non licet: el grito blasfemo que fue de Nerón y de Voltaire, resuena en el mundo de hoy, mientras que Jorge Mario Bergoglio es elegido por las revistas mundanas como hombre del año.

  Los acontecimientos se suceden con mayor rapidez. La sentencia latina motus in fine velocior se utiliza comúnmente para indicar el paso más rápido del tiempo al final de un período histórico. La multiplicación de los eventos acorta, de hecho, el transcurso del tiempo, que en sí mismo no existe fuera de las cosas que fluyen. El tiempo, dice Aristóteles, es la medida del movimiento (Física, IV, 219b). Pero precisamente lo definimos como la duración de las cosas mutables. Dios es eterno, precisamente porque Él es inmutable: cada momento tiene su causa en Él, pero nada en Él cambia. Cuanto más se aleja de Dios, más crece el caos, producido por el cambio.

  El 11 de febrero marcó el comienzo de una aceleración del tiempo que es la consecuencia de un movimiento que se está haciendo vertiginoso. Estamos viviendo un momento histórico que no es necesariamente el final de los tiempos, pero es ciertamente el ocaso de una civilización y el final de una época en la vida de la Iglesia. Si al cerrarse esta época, el clero y los laicos católicos no toman su responsabilidad muy en serio, se realizará inevitablemente el destino que la vidente de Fátima vio ante sus propios ojos:

  “Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: ‘algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él’ a un Obispo vestido de Blanco ‘hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre’. También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios”.

  La visión dramática de 13 de mayo debería ser más que suficiente para movernos a meditar, orar y actuar. La ciudad está ya en ruinas, y los soldados enemigos están a las puertas. El que ama a la Iglesia que la defienda, para acelerar el triunfo del Inmaculado Corazón de María.

[*] Agencia de noticias de la Conferencia Episcopal Italiana

Original en Corrispondenza Romana traducido por Tradición Digital


  Nota de NCSJB: Es preciso conocer que Roberto de Mattei fue despedido de RadioMaría.it por "no apoyar la labor pastoral del Sumo Pontífice" (Aquí). Teniendo en cuenta que de la misma emisora hace un par de meses despidieron a los periodistas Alessandro Gnochi y Mario Palmaro por idénticas razones, podemos observar que cualquier tipo de crítica u observaciones a las ambigüedades de Bergoglio es silenciada inmediatamente, salvo que como Infocatolica o Aciprensa, se adapten a la nueva iglesia, que tratando de hacer las paces con el mundo no escatiman esfuerzos en acomodar la doctrina y hasta la moral de cristiana a las  supuestas "necesidades actuales del mundo".

Augusto Torchson

Agradecemos a nuestra amiga Maite C por acercarnos el articulo



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viernes, 14 de febrero de 2014

Sinceridad fingida (I) - Dietrich Von Hildebrand


  El padre Hans Kung, en un discurso pronunciado en el Concilio (y, desde entonces, ha repetido el mismo tema en muchas ocasiones), ha repetido que vivimos en una época caracterizada por la sinceridad intelectual y moral. Nos parece que el padre Kung se ha dejado engañar por una ilusión que se halla muy difundida hoy en día.

  Hay muchas personas que estarían de acuerdo en que nuestra actual postura ante la vida es mucho más sincera, más “auténtica” que la de la época victoriana con toda su hipocresía, convencionalismo y mojigatería. La opinión pública no condena ya aquellas cosas que la mayoría de la gente ha hecho siempre a escondidas. Ya no nos sentimos obligados a ostentar un comportamiento cortés y amable, siendo así que, en realidad, no experimentamos nada que se parezca a la amistad. Ya no se impone a nuestras vidas formas rígidas, artificiales vacías. Ya no nos sentimos obligados a adherirnos a las opiniones tradicionales. El hombre moderno expresa con toda sinceridad sus propias opiniones personales. Incluso cuando una enseñanza o ideal tradicional es hermosa y elevadora para el espíritu, el hombre moderno quiere pensar con sentido realista acerca de ella, y defenderse contra cómodas ilusiones. El  hombre moderno quiere ver la realidad tal como es. El impulso ascensional de la ciencia en nuestra época da testimonio de la sinceridad intelectual en que vivimos.

  Ahora bien, si examinamos rigurosamente esta especial sinceridad del hombre moderno, descubriremos que se trata sólo de una sinceridad fingida.

  En primer lugar, es un completo error el creer que una persona que no viva a tono con sus ideales morales es, por ello, completamente insincera. O, para decirlo con otras palabras, es un error creer que la constante armonía entre los propios principios y la propia conducta es el criterio de la sinceridad. Es deseable, ¡qué duda cabe!, que una persona viva conforme a sus convicciones morales, con tal que esas convicciones sean válidas. Ahora bien, la discrepancia – demasiado frecuente – entre la propia conducta y la convicción es una tragedia enraizada en la naturaleza caída del hombre. Es el eterno conflicto, del que Ovidio dijo: “Veo lo mejor y lo apruebo; pero sigo lo peor”. Y San Pablo lo caracterizó muy vigorosamente: “No hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero”. Esto no implica, ni mucho menos, insinceridad del carácter.

  Claro está que si una persona no pretende hacer lo que reconoce que es moralmente recto, si puede ser indiferente a la necesidad moral de actuar según los principios – si hace lo que sabe que es moralmente malo (y no sufre por ello quemazón de conciencia)-, entonces no cabe duda de que esa persona es muy pobre, desde el punto de vista moral. Pero decir que es insincera sería lo que los americanos llaman “un gran understatement” (una conclusión muy floja). Esa persona es algo mucho peor que insincera. Su comportamiento delata o maldad cínica o una brutal falta de escrúpulos morales.  Y la persona que se esfuerza y no logra vivir conforme a ellos, es una indicación clara de su sinceridad. Lo que es verdaderamente insincero – y lo que es, ciertamente, típico de nuestra época, es que los hombres traten de adaptar la verdad para que se acomode a sus acciones, es que traten de tomar su conducta de facto como la norma decisiva, y nieguen la validez de las leyes morales, porque no han logrado vivir conforme a ellas.

  Así que, antes de sacar ninguna conclusión de la conformidad formal entre las convicciones morales de una persona y su vida, hemos de investigar primero si esta conformidad es resultado de que tal persona viva conforme a sus convicciones para que se acomoden a sus acciones. Y, si ocurre lo primero, entonces debemos preguntarnos si las convicciones morales de esa persona son verdaderas o falsas, buenas o malas. Las personas que sostienen teorías superficiales y relativistas acerca de la moralidad, y consideran los preceptos morales como simples “tabus”, sin embargo -  en situaciones concretas -, dan a veces respuestas morales rectas (desaconsejando cometer un acto de crueldad o de injusticia), porque en su contacto inmediato con la realidad se han hecho conscientes de la validez y poder último de los valores morales. Los hombres, en general, son más inteligentes y están más cerca de la verdad, en su contacto existencial con la vida que en sus razonamientos teóricos acerca de ella. En tales casos, la armonía entre la acción y la convicción teórica no es nada que merezca aprobación. Más bien, lo deseable es que haya inconsecuencia entre la convicción y la acción. Y no surge para nada la cuestión de la sinceridad.

  Otro grave error es creer que una persona que se ha hecho moralmente ciega y que, en consecuencia, actúa de manera abiertamente inmoral, es más sincera que la que trata de ocultar ante los demás su inmoralidad. Indudablemente, es deplorable que las personas oculten sus actos inmorales, únicamente porque tienen temor a la opinión pública. Pero el hombre, por ejemplo, que no ve nada malo en la promiscuidad sexual y que habla desvergonzadamente de ella, no es mejor. No es ni sincero no honrado. En primer lugar, el llamado “hipócrita victoriano” delataba en su misma hipocresía un respeto indirecto hacia los valores morales. Por otra parte, el moderno pecador desvergonzado, que ha perdido todo sentido de la inmoralidad y mezquindad de la promiscuidad sexual, no merece la menor alabanza por su “sinceridad”, ya que temer de la opinión pública, ya que ahora se ha puesto de moda el no extrañarse por la promiscuidad. Lo que antes daba pie al bohemio para considerarse a sí mismo como un revolucionario – el hecho de arrostrar descaradamente la opinión pública – no llama ya la atención. Por tanto, es difícil comprender por qué hay que seguir alabando hoy día a la desvergüenza como valiente y sincera.

  Más aún, hay una razón perfectamente buena para ocultar de la vista de la sociedad nuestros pecados. Nos hallamos en la obligación de evitar dar mal ejemplo o escándalo a los demás. Esto no tiene parecido alguno con el caso de Tartufo: el pícaro que santurronamente asume el papel de una persona verdaderamente virtuosa, con la finalidad de engañar a otras personas que se sienten atraídas por su aparente virtud. Este es un caso extremo de insinceridad. La sinceridad antitética, en este caso, no hay que buscarla en el pecador desvergonzado que no siente necesidad alguna de disimular sus pecados, sino en el hombre virtuoso quepor humildadoculta sus virtudes.


DIETRICH VON HILDEBRAND – “El Caballo de Troya en la Ciudad de Dios” (1967) Ed. Fax – Madrid 1970 - Págs. 130-133


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Triste Aniversario - Por Fray Gerundio



  Con la misma superficialidad e irresponsabilidad con que se acogió e interpretó la dramática noticia y en la línea marcada ya por todos los manipuladores y creadores de opinión mundial, conmemoramos el triste aniversario de la renuncia de Benedicto XVI al pontificado. Aquél funesto día 11 de febrero del pasado año, se derrumbó una parte del edificio que todavía quedaba en pie, a pesar de que ya las ruinas estaban acumuladas desde muchos años antes. El pueblo cristiano se sintió huérfano al escuchar atónito al primer papa de la historia –digan lo que quieran los historiadores hermenéuticos al uso-, que tira la toalla, que abandona sus graves responsabilidades y renuncia a seguir guiando el rebaño a él encomendado. Sólo Dios conoce los pensamientos y los secretos últimos de los corazones, es verdad; pero a la vista de los acontecimientos, y sin saber todavía lo que nos esperaba, muchos dijimos ya en aquel aciago día que algo estaba sucediendo entre bambalinas, perfectamente programado por los directores de la obra escénica. Sean cuales fueran, el Príncipe de este Mundo se constituía en Mentor y Patrono de lo que habría de venir. No me cabe la menor duda, independientemente de los casuales rayos que pudieran caer por aquí o por allá. Y elegir el día de la Virgen de Lourdes para tal representación, añadía todavía más gravedad al tema: dos veces desde entonces, ha quedado completamente anegada la gruta de Lourdes, como en una especie de protesta sencilla, pero anunciadora del desastre.


  Me he referido a la superficialidad e irresponsabilidad de muchos, que acogieron la nueva elección con una euforia desmedida desde la filas católicas; al tiempo que desde los asientos anticatólicos, ateos, escépticos y por supuesto los claramente heréticos y blasfemos, se enorgullecían de la noticia y cantaba loas a la Nueva Era que llegaba, cerrando para siempre una etapa oscura e inquisitorial. Los cardenales electores, bien apiñados antes y después en torno a la perversa situación, iban en la cabeza de la manifestación y del alboroto entusiasta, al tiempo que se diluían entre la multitud de corifeos aduladores, tanto del Recién Elegido, como de esa parte del Mundo Blasfemo que lo aclamaba. Ni uno sólo de estos cardenales ha salido al paso de la tremenda situación. Ni siquiera un San Atanasio que -sin abandonar la Iglesia-, hubiera dado ejemplo de gallardía y nobleza.

  Las anécdotas de cambios menores, clamorosamente aireadas por los medios, no eran sino la cáscara de los auténticos cambios que se avecinaban. Cambios en los modos y maneras –jubilosa e irreflexivamente aceptados-, anunciaban cambios en el fondo, presentados con la etiqueta de la comprensión hacia los que sufren, misericordia divina para todos sin conversión previa, redención de todos sin distinciones y en definitiva una serie de gestos y mensajes implícitos a todo el mundo no católico, a la par que otra serie de mensajes mucho más explícitos de dureza y excesiva severidad, para con los pocos sacerdotes y fieles que denunciaban tales cambios.

  La doctrina de la Iglesia, después de este año, ha quedado herida de muerte. Lo estaba ya en la práctica. Los católicos llevaban tiempo permitiéndose opinar y vivir conforme a las exigencias del mundo. Muchos de ellos, con sus Pastores a la cabeza – alemanes y no alemanes-, ya vivían fuera de las normas más elementales del dogma y la moral católicos. Pero todavía quedaba -como un leve punto de referencia-, la mirada hacia Roma. Los hijos pervertidos, temían que su padre les amonestara y les recordara el texto de la doctrina. Ahora, es el padre quien anima a los hijos a pervertirse. No se puede interpretar de otro modo, las continuas llamadas a comprender a los que cometen los pecados más graves denunciados y castigados por Dios en la Sagrada Biblia, mientras no se dice una palabra acerca de la gravedad de los mismos. A comprender a los homosexuales, los divorciados, los blasfemos, los ateos, los que no tienen fe, los que pisotean los dogmas eternos de la Santa Iglesia… en tanto no se dice una sola palabra sobre los pecados en cuestión.

El Pontificado se ha vaciado de contenido, de prestigio (todavía más), de estilo, de clase, de pose, de autoridad en definitiva. Uno más entre la muchedumbre, podría haber sido el lema del escudo, superado ya el clásico Servus servorum Dei, que ahora se interpreta en clave ramplonamente marxista.

  Pero insisto en que todo esto no es más que un nuevo capítulo del guión. Y  me importa un bledo lo que puedan pensar mis novicios, también entusiasmados y claramente manipulados. El guión empezó a escribirse hace mucho. No han faltado quienes lo denunciaran a su tiempo, entonces y ahora. Pero el guión sigue. El dimitido Benedicto XVI, ya decía hace 40 años lo que iba a suceder. Los tontorrones y malvados de turno (que coinciden casi siempre), lo interpretan en clave profética. Yo lo interpreto en clave programática. No es profeta quien dice a sus oyentes: si hacemos las cosas de este modo, va a pasar esto, y esto, y esto. Y se pone a la cabeza de los actores (aunque eso sí, con la prudencia y la precaución debidas). Todo estaba programado en general, con añadidos programáticos al hilo de la actualidad. El Gran Teatro del Mundo, cada uno con su papel específico, puesto en marcha para destruir lo que quedaba de la Iglesia. Incluso el papel de Pontífice Emérito, al que el Papa Francisco llamaba estos días Su Santidad Benedicto XVI. Malicia sobre malicia.

  Si todo esto ha pasado en el corto plazo de un año, veremos lo que nos espera a lo largo del año venidero. Los estragos acumulativos son siempre exponenciales, porque destruir es más sencillo que edificar. Vamos a ver lo que organizan los nuevos gestores nombrados para ayudar al Papa, quien a pesar de tantas declaraciones en contra de la autoridad que representa, tiene ahora más Autoridad Destructiva que nunca, bajo capa de permisividad, pobreza y humildad.

  No me gusta ser agorero, ni futurista, ni alarmista, pero debemos pedir a Dios la ayuda de su gracia para mantenernos fieles ante las siguientes fases de destrucción que se avecinan. Me gusta recordar la llamada que hacía San Pedro a la conversión (palabra olvidada o maliciosamente interpretada en nuestros días):

  No tarda el Señor en cumplir su promesa, como algunos piensan; más bien tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda, sino que todos se conviertan. Pero como un  ladrón llegará el día del Señor. Entonces los cielos se desharán con estrépito, los elementos se disolverán abrasados, y lo mismo la tierra con lo que hay en ella. Si todas estas cosas se van a destruir de este modo, ¡cuánto más debéis llevar vosotros una conducta santa y piadosa, mientras aguardáis y apresuráis la venida del día de Dios, cuando los cielos se disuelvan ardiendo y los elementos se derritan abrasados! (2 Ped. 3, 9-12)

  Claro que algunos piensan que la conducta santa y piadosa a la que se refiere San Pedro es la comprensión con el pecado, el olvido de la ascesis y el compadreo con las religiones falsas. Es que san Pedro, sin saberlo, era pelagiano.

Que Dios nos ayude




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domingo, 9 de febrero de 2014

LA ESPERANZA, VIRTUD DE LA FAMILIA CATÓLICA


  Pascual Pastore, diputado democristiano en la década del ’50, pidió la palabra en el parlamento italiano y dijo lo siguiente, increpando a los comunistas:

  “Yo siento hacia vosotros una particular atracción, porque sois más infelices puesto que carecéis de esperanza.

  Permitidme este recuerdo: yo tenía diez hijos, la mayor que era toda mi ilusión, ha muerto y ha empleado cuatro años para morir. Cuatro años son tantos días, tantas horas, tantos minutos; pero yo espero verla nuevamente. Yo no hago otra cosa más que esperar, en apariencia yo ejerzo una profesión, trabajo, pero no es verdad, solo busco el cumplimiento de esta esperanza.

  Más cuando pienso que vuestra ciencia, que vuestra ideología dice, con seguridad absoluta y enseña, que entre los huesos de mi hija muerta que espera la resurrección de la carne y los de la carroña de un buey, no hay ninguna diferencia; que mi esperanza es una estúpida ilusión al servicio del capitalismo, ¡Ah, entonces os digo comunistas, mientras hallan hijos que mueran y padres que esperan, se rebelarán contra vosotros!

  Vosotros tenéis de la vida individual y social, un concepto químico. He aquí la razón por la cual sois desgraciados. Los ácidos y las sales se combinan y de ello resulta una reacción dialéctica de la vida, donde no hay lugar para la esperanza. Así concebís vosotros todas las cosas, y aquí está la gran divergencia.

  Vosotros estáis ensayando, un “bleff” colosal; pretendéis hacer creer que vosotros estáis por los pobres y que nosotros estamos por los ricos, pero permitidme que os diga con todo el sentimiento y amargura posible, vosotros, no amáis ni a los pobres ni a los ricos, vosotros no amáis a nadie, porque vosotros no tenéis esperanza”.


  Extraído de la conferencia del Dr. Antonio Caponnetto: “La Esperanza, virtud de la familia católica” citando una anécdota relatada en un libro de Alberto Ezequiel Volpi.

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sábado, 8 de febrero de 2014

BLAS PIÑAR Y EL ANGEL DE ESPAÑA - Por Antonio Caponnetto


“Juro a Dios y ante mi Ángel Custodio, servir perpetua y lealmente al de España”
Eugenio D’Ors


         En la madrugada del pasado 28 de enero, se nos ha muerto Blas Piñar.

         De cuanto pudiéramos decir en su homenaje, hoy nos lo impide el llanto y la congoja. Postergaremos, pues, las palabras propias. Hablarán las oraciones, que elevamos al Dios de los Ejércitos.

         De cuanto debiéramos proferir en honor a su trayectoria límpida, hoy nos lo impiden estos labios sellados por la sensibilidad lacerada y herida. Hablarán los cánticos litúrgicos en la Santa Misa.

         De cuanto estamos obligados a narrar, en testimonio de su catolicidad impar, de su amor singular a la Hispanidad Eterna, de su varonía probada, de su elocuencia magnífica, hoy nos lo impiden estas manos nuestras, crispadas aún por la noticia, y que han tomado el gesto de un nudo elevado hacia el altar. Hablarán los recuerdos, que se encabalgan solos por el alma.

         Pero hay algo que nos urge decir y no callar. Entre las cualidades admirables de Blas, que fueron muchas y esplendentes, siempre nos llamó la atención que,a diferencia de otros “políticos católicos”, o de católicos dedicados a la política, él no omitiera hacer profesión pública y apologética de esos temas que, aún entre los hombres de Fe, suelen ser omitidos, para que no se los tome por exagerados, fanáticos o alucinados.

         Me explicaré mejor, si acaso no se entiende. Es común que un “político católico” defienda la llamada cultura de la vida, con todos los méritos que ello comporta. Es todavía común que tal clase de hombres públicos se atrevan a decir que reciben de vez en vez los sacramentos, asisten a ciertas ceremonias cultuales, o comunican a los suyos salutaciones de fin de año,con la reglamentaria mención a Dios.

         Pero Blas iba muchísimo más lejos en su quijotismo político. Blas estudiaba mariología y daba lecciones sobre la Señora que justificaban el proverbial nunquam satis. Las daba cuando “hacía política”, aunque fuera mejor decir que  uno de sus modos de “hacer política”, era recordar que sin María Santísima no seremos libres, ni soberanos, ni apóstoles recios ni buenos patriotas. Locura para el mundo,claro. ¿Pero es que acaso importa ser cuerdo para el Siglo?

         Blas meditaba sobre hagiografía, y en sus discursos, arengas o proclamas se hacían presentes el Aquinate y el de Hipona, Teresa la Grande y San Juan de la Cruz. Se hacían presentes convocados, no por el docto en un claustro –cosa que también supo ser- sino por el político que arremolinaba las plazas, convirtiéndolas en un tremolar de banderas, de camisas azules, de yugos y flechas entrelazados tras los acordes del Cara al sol. ¿No era demasiado, ya? ¿No era cosa demencial “mezclar” de este modo el quehacer político con el testimonio religioso? Blas no hablaba ni existía para ser aprobado en los exámenes del tiempo. Hablaba y vivía para aprobar el examen del amor en la tarde de la vida. Su calendario político lo marcaba antes el sentido parusíaco de la historia que los llamados a sufragar falsas derechas.

         Blas conocía como pocos la doctrina de la Realeza Social de Jesucristo. Y como en muy pocos, tal doctrina halló en él al orador excelso. Pero no predicaba esta Principalía de Nuestro Señor en clases, tertulias, o conferencias tan solo. La hizo programa de su conducta política; norte de su empresa, culmen de sus sueños, anhelo explícito del orden que se proponía recuperar para España. Ya era excesivamente “imperdonable” para quienes querían ser políticamente correctos y eclesiológicamente mitigados. Y sin embargo, allí estaba una y mil veces el político Blas, brazo en alto, palma al cielo, la roja y gualda al viento sobre sus hombros, vivando a Cristo Rey al final de cada convocatoria. Desmesura para católicos timoratos, recolectores de votos y encuestadores de consensos.

         Pero faltaba el colmo, el exceso mayor e imperdonable, la exageración y el desborde más a contracorriente de cuanto se estila en estos tiempos políticos. Blas Piñar,hombre del 18 de julio, del 20 de noviembre y de las fechas inmóviles y perennes; Blas Piñar, hombre de Toledo, pero también de Castilla o de Andalucía, o de todas las geografías que bautizó la Madre Hispania, amaba a los ángeles, meditaba sobre angelología con verba exacta, pluma erudita y talante poético.  También en tanto político, porque ser piedra de escándalo para el fariseísmo, lo tenía sin cuidado.

         Y sí, por supuesto, angelólogo de ley, creía fervorosamente, como cuadra, en el Angel de España.

         A él le dedicó –entre tantas- unas páginas bellisimas en su libro Tiempo de Ángeles, que se editara en Madrid, hacia 1987. Terminado el encomio del guardián celeste de la patria terrena, recuerda Blas unos versos del Padre Eusebio Rey, que hablan de este modo:


“Tal vez será alucinación de mis oídos
ese son de campanas.
El Angelus ha muerto.
Quebró sus blancas alas
el viento de la estepa”.


         Y después los comenta Blas  a su manera, antes de mostrarnos el final de los mismos: “Pero no sólo el viento de la estepa marxista –viento helado del odio-, sino también el viento cálido y burgués del liberalismo escéptico, comodón y autosuficiente. Pero no importa, le dice al poeta su interlocutor imaginario;y con él nosotros, movidos por la fe y la esperanza:


‘Tal vez no sea ilusión de tus oídos
ese son de campanas.
Aún hay dulzura mística en la tarde.
La tarde está soñando hoy en voz alta.
Y ese son es el eco milenario
del ángel nuestro y de España’ ”.


         Nos permitimos considerar que Blas ya está de fiel y valiente vasallo del Angel de España. Sirviéndolo ahora, cara a cara, próximo al Padre, junto a todos aquellos que hicieron de su vida una Cruzada.

         Y que, saliéndole al encuentro –vertical y espada en mano, como diría José Antonio- el Angel de España le dio la bienvenida diciéndole señero:


Por tí no pudo el viento de la estepa
llagar de frío o calcinar de tedio
a las almas cautivas de un asedio
que atenaza y engrilla, repta y trepa.

Por ti la herencia de la raza increpa
al invasor de nuestro antiguo predio,
y por ti la palabra fue remedio
como el gajo a la vid, cuando se encepa.

Ahora  todo es tañido de campanas,
todo tiempo del Angelus,del Coro:
era verdad que al cielo se lo asalta.

Escucha Blas, las españolas dianas,
aquí el aire es silente y es sonoro.
La tarde está soñando hoy en voz alta.



Antonio Caponnetto



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jueves, 6 de febrero de 2014

Vaticano de Francisco se protestantiza y celebra el pecado - Por Augusto TorchSon

  En otra de las cada vez más increíbles novedades de la "Gestión Bergoglio" al frente del Gobierno Vaticano, leemos en las agencias oficiales de noticias de esta Sede NEWS.VA, y radiovaticana.va, que “luteranos y católicos van a celebrar juntos el quinto centenario de la Reforma Protestante y recordar con alegría los 50 años de diálogo ecuménico oficial llevados a cabo en todo el mundo a raíz del Concilio Vaticano II”.

  Según informa RadioVaticana, el documento para las celebraciones se presentó el 17 de junio de 2013, durante una conferencia de prensa celebrada en el Centro Ecuménico de Ginebra, contando con la presencia del presidente de la Federación Luterana Mundial, Dom Munin Youanm, y el presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, Cardenal Kurt Koch.

  Según lo relatado en esta publicación vaticana, las acusaciones recíprocas entre ambas confesiones ya no existen.

  Tenemos que recordar que el Cardenal Koch trabajando bajo la dirección del Papa Benedicto XVI en junio del 2012 ante la invitación a participar en los festejos de este quinto centenario decía: “Los acontecimientos que dividen a la Iglesia no pueden ser llamados un día de fiesta”, agregando además: “NO PODEMOS CELEBRAR UN PECADO”. Entonces nos preguntamos, no sin preocupación, si este cardenal  no está empezando a padecer del mal de Alzheimer

  El artículo donde hace esta ortodoxa defensa en contra del falso ecumenismo el cardenal Koch, lo publica la ultraoficialista INFOCATÓLICA, que cambia de bandera de acuerdo a las circunstancias con camaleónica destreza.

  Sin embargo, ironías aparte, y para ser sinceros, no podemos decir que nos sorprendan la actitudes del cardenal Koch que más que haber cambiado de actitud, por muchas de sus últimas intervenciones ecumaníacas; parece sentirse liberado y hasta contento de poder manifestarse como lo está haciendo al amparo de Francisco.


  Todavía no podemos recuperarnos de la escena del cardenal Bergoglio predicando a miles de protestantes en el Luna Park en la reunión de esta comunidad CRECES, donde como broche de oro, se arrodilló para hacerse bendecir por herejes. Tristemente el cardenal Bergoglio que dice sufrir problemas en la rodilla, no podía en ese entonces ni puede ahora arrodillarse en el momento de la consagración, más si puede hacerlo para este acto apostático (Según la encíclica Mortalium Animos) y también para desobedecer las normas del Misal Romano para besar los pies de musulmanes y mujeres.


  La prensa oficialista católica, como empleados rentados que son, es lógico que traten de justificar todo lo que se haga en el Vaticano, por más repugnante a nuestra doctrina que sea, pero esperamos de todo corazón que el católico que busca la verdad con sinceridad y rectitud de conciencia, se de cuenta que no es normal lo que está pasando y no podemos pensar que en nombre de la obediencia tenemos que seguir el error y el pecado, haciendo al Espíritu Santo responsable como si éste Espíritu de Verdad Divino pudiera ser contradictorio.


Como dato final tenemos que informar que la noticia de http://www.news.va/pt/news/os-preparativos-para-a-celebracao-ecumenica-dos-50 solamente fue publicada en su versión en portugués, y teniendo en cuenta que en Brasil es el país donde mayor cantidad de católicos hay en el mundo, pero sin embargo estos están migrando masivamente al Pentecostalismo, nos parece que es una cuestión a tener en cuenta.

  Ya mucho publicamos y hablamos sobre la Religión Universal, promovida por la ONU y fundada no en la verdad, sino en el sincretismo. Esta gran impostura religiosa que estamos viviendo tenemos que analizarla a la luz de la Segunda Carta de Tesalonicenses, ya que puede implicar el marco espiritual adecuado para la aparición y gobierno del único y personal Anticristo, que parece estar pronto a manifestarse.

  Para terminar reproducimos las palabras más actuales que nunca del Papa León XIII:

“Retirarse ante el enemigo o callar cuando por todas partes se levanta un incesante clamoreo para oprimir la verdad, es actitud propia o de hombres cobardes o de hombres inseguros de la verdad que profesan.

  La cobardía y la duda son contrarias a la salvación del individuo y a la seguridad del Bien Común, y provechosas únicamente para los enemigos del cristianismo, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos. El cristiano ha nacido para la lucha”

Trabajando para que Cristo Reine

Augusto TorchSon

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

Ante la posibilidad que la noticia desaparezca del portal oficial de noticias del Vaticano, tomamos la precaución de realizar impresiones de pantalla que agregamos. Hacer click en las imágenes para agrandar.

y teniendo en cuenta que la magia de Infocatólica hace desaparecer las noticias inconvenientes, también agregamos impresiones del artículo que mencionamos.

lunes, 3 de febrero de 2014

San Maximiliano Kolbe sobre la judería y la masonería – (Revista Cabildo)

Nota de la Revista Cabildo: En un número del “Catapulta” – la briosa y siempre bien informada publicación digital que dirige el Dr. Augusto Padilla -  se publicó una nota titulada “El libro de cabecera de San Maximiliano Kolbe”, tomado a su vez del N° 125 de la revista “Chiesa Viva”.

  Hemos creído oportuno ofrecer a nuestros lectores una traducción de dicha nota. Porque el caso de San Maximiliano es una prueba de varias cosas que no deben dejar de ser dichas. La primera, bien que triste, del poder de la judería, como diría Israel Shamir. Ya que si hubo una canonización impulsada por Israel y por los partidarios de la herejía judeo-católica fue esta. Era el santo que necesitaban para terminar de demonizar el “holocausto” y anatemizar al Tercer Reich, no por lo que tuviera de reprobable, sino en la línea de la propaganda aliadófila.

  Pero Dios no se deja burlar; y escribe derecho con renglones torcidos, según popular sentencia. Y a poco de elevado a los altares – estudiando y revisando su vida y su obra – se supo que San Maximiliano había dedicado gran parte de su esfuerzo apostólico a combatir la conjura masónica y judaica que no deja de abatirse contra la Cristiandad. Era, pues, un santo católico, y no la ficción hagiográfica que la propaganda modernista quería imponer.


San Maximiliano Kolbe 

  En 1917, Maximiliano Kolbe funda la “Milicia de la Inmaculada”. Naturalmente, su lucha no fue la de abatir las armas del enemigo sino la de llamarlo y convertirlo en pro de su eterna salvación. Por eso, el Padre Kolbe se dirigía a sus enemigos.

  En un artículo suyo titulado “¡Pobrecillos!”, escribía: “El hombre ha sido redimido. Cristo ha fundado su Iglesia sobre la roca. Una parte del pueblo hebreo reconoció en Él al Mesías; los otros, sobre todo los fariseos soberbios, no quisieron reconocerlo, persiguieron a sus seguidores y dieron curso a un gran número de leyes que obligaban a los hebreos a perseguir a los cristianos. Estas leyes, junto a narraciones y a apéndices, hacia el año 500, formaron un libro sagrado, el “Talmud”. En este libro, los cristianos son llamados: idólatras, peores que los turcos, homicidas, libertinos impuros, estiércol, animales con forma humana, peores que animales, hijos del diablo, etc. Los sacerdotes son llamados adivinos y cabezas peladas (…) a la Iglesia se la llama casa de estulticia y suciedad. Las imágenes sagradas, las medallas, los rosarios, son llamados ídolos. En el “Talmud”, los domingos y fiestas son considerados días de perdición. En este libro se enseña, entre otras cosas, que a un hebreo le está permitido engañar y robar a un cristiano, pues todos los bienes de los cristianos – está escrito – “son como el desierto: el primero que los toma se hace dueño”. Esta obra que recoge doce volúmenes y que respira odio contra Cristo y los cristianos, es considerada por estos fariseos un libro sagrado, más importante que la Sagrada Escritura”.

  En ocasión del Congreso Internacional de los masones, celebrado en Bucarest en 1926, el padre Kolbe, escribió en un artículo: “Estos señores (es decir, los masones) creen que son ellos quienes han de gobernar: escuchemos, entonces lo que escriben los “Protocolos de los Sabios de Sión”, documento que el Padre Kolbe llamaba: “el verdadero libro fundamental de la Masonería”.

  Escribe el Santo: “El protocolo número 11 afirma: “Crearemos y pondremos en vigencia las leyes y los gobiernos (…) y, en el momento oportuno, (…) bajo la forma de una revuelta nacional.(…) Es necesario que las poblaciones, desconcertadas por la revuelta, puestas todavía bajo la influencia del terror y de la incertidumbre, comprendan que somos de tal modo fuertes, de tal modo intocables, de tal modo llenos de poder que en ningún caso tendremos en cuenta sus opiniones y sus deseos, sino antes bien, que estamos en grado de aplastar sus manifestaciones en cualquier momento y en cualquier lugar (…) Entonces, por temor, cerrarán los ojos y permanecerán a la espera de las consecuencias (…) ¿Con qué objeto hemos ideado e impuesto a los masones toda esta política, sin darles a ellos la posibilidad de examinar el contenido? Esto ha servido de fundamento para nuestra organización masónica secreta (…) cuya existencia ni siquiera sospechan estas bestias engatusadas por nosotros en las logias masónicas”.

   En este punto, el Padre Kolbe se dirige a los masones diciendo: ¿Habéis oído, señores masones? Los que os han organizado y secretamente os dirigen, los hebreos, os consideran bestias, reclutadas en las logias masónicas para fines que vosotros ni siquiera sospecháis (…) Pero ¿Sabéis, señores masones, que es lo que os espera el día en que os venga a la mente comenzar a pensar por vosotros solos? He aquí, escuchad el mismo protocolo: “La muerte es la inevitable conclusión de toda vida (…) Ajusticiaremos a los masones de tal manera que ninguno (…) podrá sospechar, ni siquiera las misma víctimas: morirán todos en el momento en que sea necesario, aparentemente a causa de enfermedades comunes (…)”.

  Y continúa el Santo: “Señores masones, vosotros que, recientemente, durante el Congreso de Bucarest, os habéis alegrado del hecho que la Masonería se está fortaleciendo por doquier, reflexionad y decid sinceramente: ¡no es mejor servir al creador en la paz interior (…), antes que obedecer las órdenes de quien os odia?”

  San Maximiliano se dirige, finalmente a los Jefes Ocultos de la Masonería con estas palabras: “Y a vosotros, pequeño escuadrón de hebreos, “Sabios de Sion”, que habéis provocado ya conscientemente tantas desgracias y todavía seguís preparando otras, a vosotros me dirijo con la pregunta: ¿qué ventaja obtenéis? (…) Gran cúmulo de oro, de placeres, de diversiones, de poder; nada de todo esto vuelve feliz al hombre. Y si aun esto diera la felicidad, ¿cuánto podría durar? Tal vez una decena de años, quizás veinte (…) Y vosotros, jefes hebreos, que os habéis dejado seducir por Satanás, el enemigo de la humanidad, ¿no sería mejor si también vosotros os volviereis sinceramente a Dios?”

  En otro artículo de 1926, el Padre Kolbe, citando siempre los “Protocolos de los Sabios de Sión”, escribía: “Ellos dicen de sí mismos: “¿Quién o qué cosa está en grado de asestar una fuerza invisible? Nuestra fuerza es, precisamente, de esta clase. La Masonería externa sólo sirve para esconder sus objetivos, pero el plano de acción de esta fuerza será siempre desconocido para la gente”.

  Pero el Santo subraya con sutil ironía: “Nosotros somos un ejército, cuyo “Comandante” os conoce uno a uno, ha observado y observa cada una de vuestras acciones, escucha cada una de vuestras palabras, más aún… ni siquiera uno de vuestros pensamientos escapa a su atención. Decid vosotros mismos: en tales condiciones, ¿se puede hablar de secreto en los planes, de clandestinidad y de invisibilidad?” Y aquí, el Padre Kolbe revela el nombre del “Comandante” de su ejército: “es la Inmaculada, el refugio de los pecadores, pero también la debeladora de la serpiente infernal. ¡Ella aplastará su cabeza!”


Revista Cabildo 3° Época – Año X – N° 83. Págs. 22-23 – Diciembre 2009


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

sábado, 1 de febrero de 2014

El optimismo de los tibios según el Cardenal Pie – Por el P. Alfredo Saenz

  La detección de los errores es un elemento sustancial en la militancia contrarrevolucionaria, que provoca irritación o a veces hilaridad en la gente del mundo. “Hemos visto hombres sabios, incluso doctores y jueces en Israel, que se ponían a sonreír cuando nosotros nos lamentábamos por los signos calamitosos y los excesos criminales de nuestro tiempo ¡Cómo si deficiencias absolutamente semejantes, y concebidas en los mismo términos, decían, no hubiesen sido familiares a todos nuestros antecesores indistintamente¡ Basta pues con esa fraseología pesimista, con esas banalidades lacrimosas. Congratulémonos más bien por todo lo que nuestro tiempo tiene de bueno y generoso; y sepamos mirar al mal en la cara, con el ojo sereno y resignado del observador del filósofo”.

  A esta acusación de “tremendismo pesimista”, Pie responde que es una constante de todos los siglos el que los hombres de Iglesia, especialmente los santos, hayan gemido por los pecados y los males de que eran testigos ¿Por qué prohibimos llorar en esta época? ¿Acaso hemos conquistado el derecho de presentarnos ante Dios, con presuntuosa confianza y audaz suficiencia, para reclamar la recompensa debida a los méritos de nuestra generación? Ello mostraría en nosotros la más espantosa de todas las disposiciones “puesto que implicaría el olvido de la noción misma del mal, el olvido del pecado, el olvido del deber, más aún, de la necesidad casi ilimitada de expiación”.

  A quienes detectan los errores de su tiempo y anuncian las calamidades que dichos errores preludian, se los acusa de ser “profetas de desgracias”. Son muchos los que huyen de todo lo que pueda oler a alarmismo, y no soportan que se desconfíe del futuro; en los síntomas más flagrantes de desorganización social no ven sino motivos de tranquilidad y prendas de prosperidad siempre creciente. “¿Os acordáis de la espantosa catástrofe ocasionada el año último en Burdeos por la explosión de un depósito de combustible? El incendio había devorado una serie de casas; proyectiles mortíferos extendían el desastre a todo el entorno; una calle íntegra estaba cubierta de carbones y escombros. Encima de esas ruinas humeantes se podía ver, a la luz de las llamas, un letrero, lo único que por una especie de fatalidad irónica se había salvado, sobre el cual restaban intactas y bien legibles las últimas palabras escritas con letras enormes: ¡Depósito de combustible inexplotable! Imagen fidelísima de la seguridad que algunos tratan de inspirarnos en esta hora”.

  Otra objeción que se suele elevar contra los que se animan a denunciar los errores de la propia época es que la contradicción puede dar importancia al agresor y conciliarle el favor popular, mientras que el silencio desdeñoso logra que se pierda en la oscuridad y el olvido. “A esto respondo primero que la Iglesia, sin cometer la falta de sobreestimar y agrandar deliberadamente a ninguno de sus adversarios, no acostumbra minimizar ni aminorar a ninguno de ellos, y que si advierte que al combatirlos los honra y exalta, no por ello tiene que privarse de tal procedimiento. Asimismo debo agregar que la teoría del silencio es, generalmente hablando, una teoría demasiado cómoda para no ser sospechosa y constato que en el pasado no tiene a su favor ni la autoridad, ni el ejemplo, ni el éxito.”


ALFREDO SAENZ – “El Cardenal Pie: Lucidez y coraje al servicio de la verdad” Ed. Gladius 2007. Págs.359-361.


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