San Juan Bautista

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jueves, 27 de agosto de 2020

La epidemia de egoísmo en el nuevo orden virtual – Augusto TorchSon

 


El escenario que se nos presenta en los próximos meses, puede considerarse humanamente desolador. Una crisis económica con miles de millones de empresas fundidas, con cantidades nunca vistas en la historia de personas desempleadas, con gente aterrorizada y capaz de todo con el ánimo de salvarse a cualquier costa; nos lleva a avizorar un panorama verdaderamente apocalíptico de caos y descontrol nunca antes vivido en el globo.

 

Si creyésemos que se puede sostener un mundo con teletrabajo, sin oficios verdaderamente productivos que suelen ser los manuales y que requieren indispensablemente de contacto y cercanía con otros, de “exposición al aire libre”, si pensáramos que hay que adaptarse a esta nueva normalidad con relaciones virtuales y sin projimidad; no dejaríamos asimismo de considerar que el panorama sería igualmente desolador, ya que se busca destruir lo creado por Dios, la naturaleza social del hombre, la necesaria manifestación de aprecio y cariño entre los seres humanos, la necesidad de demostrar empatía en una forma real y no a través de dispositivos electrónicos, y, llegando al extremo, hasta la consideración de que la actividad más peligrosa es "respirar". Dios no puede haberse equivocado tanto.

 

Pensar que los pedófilos y abortistas que hoy lideran la dictadura global son más atendibles en sus compulsivas propuestas y argumentos que Dios y su providencia, va a hacer de este mundo no solamente sería un lugar terriblemente maligno y caprichoso, sino que, además, tendríamos que repensar la forma de existir y relacionarnos, considerando a la supervivencia personal como el valor supremo. Atrás quedarían definitivamente, el ya muy vapuleado sentido patriótico, el rebajado sentido religioso, incluso el amical y hasta el familiar. Lo importante es ahora que no me muera, aún a costa de quedarme sin Dios, sin Patria, sin amigos y hasta sin familia.

 

Y en estas desnaturalizaciones, los sacerdotes requieren para asistir a Misa el uso obligatorio de bozal (mascarilla o barbijo para los gustosos de lenguaje moderado), además de la sacrílega práctica de la comunión en la mano; por lo que lógico resulta considerar que el próximo paso va a ser para poder asistir a las misma, el tener puesta la terrible vacuna con la que pretenden cambiar nuestro ADN y como dijo el Vil Gato (“creador” de Microsoft), hasta reducir la población. En definitiva, se termina trocando completamente el sentido profundo del culto a Dios, para terminar, siendo un culto de vasallaje al Anticristo.

 

El hedonista hombre moderno, se jacta de denostar las posturas paranoicas, anacrónicas, oscurantistas y medievales (las que no conoce y sin poder argumentar su rechazo) de los escépticos respecto a la “Plandemia”. Cuando se habla de la importancia de no perder su libertad con estas ridículas medidas aislacionistas globales, responden diciéndonos sin empacho que lo importante es mantenerse a salvo, cuidarse y “cuidarnos”, aunque poco les interese los que se quedan sin trabajo, los que no pueden asistir a un hospital con graves patologías por no corresponderse las mismas con la “emergencia Covid-19”, los viejos solitarios abandonados por sus hijos “por su propia seguridad”, los niños y jóvenes traumatizados por la falta de aire libre y necesario contacto con sus amigos y compañeros. Ya vendrán tiempos para ser libres de nuevo, dirán. Y es así como se cambia la libertad por seguridad, que como ya dijimos en otros artículos, es el presupuesto necesario para el reinado del Hombre de la Iniquidad.

 

Si los perversos pudieron avanzar hasta el punto en que lo hicieron, esto se debe a que contaban con dos importantes e indispensables presupuestos para su accionar. En primer lugar, con la increíble estupidez del hombre moderno; ese hombre que sabe opinar, le gusta discutir de lo que no estudió, no le gusta leer, pero se siente increíblemente calificado, y los conocimientos implantados en su open-minded cabeza por la caja boba, lo autorizan para asentir en los criterios pseudocientíficos transmitidos en los Mass Media, considerando a los mismos como verdaderos dogmas.

 

Cuando uno trata de establecer algún silogismo básico y hacerles entender que no se puede confiar en un test que está comprobado que da falsos positivos, que si los infectados fueran reales tienen un ridículo porcentaje de mortalidad en relación a la gripe común y a otras enfermedades por la que no se esclavizó a la humanidad anteriormente, que según se reconoce, muchísimos casos ante la duda se tratan como “infectados” aunque no exista comprobación, y lo que es peor, que muchos de los tratamientos son más peligrosos y mortales que el dejar que evolucione “la infección”; se nos responderá inmediatamente que algún doctor, científico, o “autorizado” personaje de traje o delantal en la pantalla sostuvo que dudar del dogma plandémico implica desconocer criterios epidemiológicos, los cuales no se nos explican, no se nos refuta nuestro razonamiento, más se nos ridiculiza por no creer, a esta altura de la civilización en el axioma del nuevo milenio de “confíe en nosotros, somos especialistas”. Entonces, si no podemos establecer razonamientos lógicos, si no podemos negar lo invisible e incomprobable y argumentar desde los hechos y la realidad, ¿cuánto menos podremos hacerle entender a la humanidad lobotomizada por el cientificismo del siglo XXI que tienen que confiar en la Providencia Divina?

 

Y este globalismo judeo-masónico que considera “neo-nazi” oponerse a la encerrona (aquí) se aprovecha no solo de la estupidez humana.

 


Y aquí llegamos al segundo y más importante presupuesto en el que se apoyan los perversos para subyugarnos: la maldad misma de las masas; maldad que proviene del rechazo de esa humanidad autosuficiente que ya no necesita confiar en Dios sino en sus propias fuerzas y su limitada ciencia para mantenerse viva y a flote, sin importar que pase alrededor. El virus narcisista le dirá el israelita escritor Sam Vaknin, considerando que el castigo de la falsa pandemia, es auto-infligida por las sociedades carentes de empatía en los que la armonía y los lazos familiares son relegados por el excesivo y psicótico sentido de autopreservación.

 

No importa cuan aterrorizado se viva, cuan aislado, cuan aburrido y hasta infeliz; lo importante es “no morir”, y más específicamente, no morir a causa del virus narcisista. Es así que se pueden padecer y aguantar los más terribles dolores y enfermedades a fin no concurrir a un hospital donde puedo contraer el virus cuyo contagio informan los medios como el peor de los males actuales, a pesar de la ínfima tasa de mortalidad del mismo y hasta de los generalmente comunes y poco dolorosos síntomas.

 

Ciertamente la frase atribuida a Mark Twain, de que es más fácil engañar a la gente que convencerlos que ha sido engañada, es más actual que nunca. Pero la raíz del engaño tiene que ver antes que con la ignorancia, con el oscurecimiento de la inteligencia producida por haberse alejado la creatura de su Creador, como ya dijéramos, por buscar la seguridad mundana antes que la Providencia, por preferir vivir aun perdiendo las razones para vivir, por invertir las prioridades hasta el grado de rechazar el sentido último de nuestra existencia, mismo que, como bien enseñaba San Luis Rey de Francia a su hijo en su hora postrera,  consiste en cumplir la voluntad de Nuestro Señor para que reciba de nuestra parte servicio y honor, y después de esta vida llegar a verlo, amarlo y alabarlo sin fin.

 

Pero se nos imponen incluso entre los católicos los “criterios prudenciales”, término bastante utilizado para justificar la tibieza, y la estulticia del que prefiere no razonar ni comprometerse.

 

¿Es nuestra propuesta pesimista? Por supuesto. Como bien decía el Padre Castellani que debíamos serlo humanamente ya que la historia de Cristo y de la Iglesia está signada por derrotas terrenas. Pero sobrenaturalmente nos anima la esperanza, esa virtud teologal que nos hace levantar nuestra vista al Alto, la que nos hace apoyarnos no en nuestras fuerzas sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo, confiando en el autor de la promesa que es fiel, como bien enseña el Catecismo (CIC 1818). Y si hablamos de la gran esperanza, la que subyace cuando todo parece perdido, esperamos con ansias y alegría la que va a implicar la liberación definitiva, la del regreso con todo honor y majestad de Nuestro Señor Jesucristo. Pero antes sabemos que tenemos que transitar por la Pasión de la Iglesia. Pidamos entonces a la Santísima Madre de Dios que nos cubra con su manto y nos asista en estos tiempos para dar el testimonio para el cual fuimos creados.

 

¡Ven Señor Jesús!

  

Augusto Espíndola


Nacionalismo Católico San Juan Bautista


8 comentarios:

  1. Muy buen articulo

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  2. MUY BUEN ARTICULO !!!!!!!!!!!

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  3. Viva Cristo Rey!!

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  4. Así es, la estupidez y la autosuficiencia frente a Dios están en la base de toda la mentira que vivimos

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  5. Me parece que se abrió una gran pantalla delante del mundo, que también se puede representar como un gran lago visto desde lo alto de la montaña y a sus orillas todas las naciones del mundo y también como un libro que acaba de abrirse, que existe y vaya si existe, nada menos que en los Santos Evangelios de Nuestro Señor Jesucristo. Hablo de libro en dos sentidos, uno como si se tratase de la presentación de una obra de teatro, con un hecho increible e incontrastable como lo es el de esta llamada Plandemia y a continuación la presentación de los personajes: En primer lugar el Diablo, la masonería-judeo-sionista, con todos sus contactos, empleados, prisioneros, rehenes, esclavos, etc. de todas o practicamente todas las instituciones del mundo, como pueden ser paises, con todos sus diversos sistemas políticos sea el que fuere, de mayor a menor. La Providencia Divina siempre reserva algunas excepciones. Vamos a hacer una aclaración. De la Ssma. Trinidad el Padre Eterno es el que conoce los tiempos. Dentro del trinitarismo diabólico el Diablo no puede ver el futuro, aunque su poderosa inteligencia, que no le fué quitada, actúa por diferentes clases de conocimiento que maneja, de manera tal que nos asombra (siempre falsamente salvo cuando cae de rodillas ante María Ssma. o ante su hijo Ntro. Señor Jesucristo). En cuanto al trinitarismo diabólico está constituido por: el Diablo, el anticristo y el falso profeta, como bien lo dice Rafael Breide Obeid en su conferencia reciente en el Instituto padre Leonardo Castellani sobre el Apokalipsis de San Juan. El otro sentido en que se habla de libro es justamente éste el Apokalipsis de San Juan. Recuerdan Uds.a León Bloy "..cuando quiero conocer las últimas noticias leo el Apokalipsis". Me pregunto que pretende el Diablo, cuál es su plan maestro de falsedad. Me atrevo a decir que es el símil del paraíso en versión diabólica, los Rothschild y los demás grandes banqueros, los Bill Gates, Soros, Corona Inglesa, serían los Adanes y la generación de hijos sería una reducción de la misma, la exaltación de la naturaleza y todo el paganismo serían las Evas, con toda su filosofía sincretista, humanista y subversión ontológica, siempre atacando a la Ssma. Trinidad al Padre Creador al Hijo Redentor y al Espíritu Santo Consolador y a la Eva Inmaculada Ssma. Virgen María. Roguemos que el Señor nos conceda la claridad y la Santidad para leer los tiempos que vivimos hasta su Segunda Venida. Viva Cristo Rey y su Madre Inmaculada.

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  6. https://www.youtube.com/watch?v=5X7gQxgvXOE
    y prepárense para lo que se viene con el nuevo código civil... presten atención a los datos que da sobre cómo los dos fernandez hace años que estaban trabajando para lo que estamos presenciando.

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  7. Excelente articulo!!!!

    Pidamos la Gracia de la perseverancia final.

    Viva Cristo Rey!!!

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  8. Pocos tienen hoy la lucidez del señor Espindola para ver la realidad. El oscurecimiento de la inteligencia y la sequia espiritual han posibilitado esta situación.

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